martes, 3 de noviembre de 2015

EL MUSEO CRISTIANO DE LA ULTRATUMBA: LA INQUIETANTE COLECCIÓN DEL PADRE JOÜET SOBRE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

La salita de la exposición: un pequeño lugar con un enorme misterio.
Coordenadas:  41°54'15.48"N 12°28'20.35"E
"Anda al Museo de las Ánimas del Purgatorio, es impresionante...", escribió María Isabel en su correo cuando supo que me encuentro por estas tierras de la capital italiana, adjuntándome la ubicación de tan singular exposición: en una sala de la Parroquia del Sagrado Corazón en Prati, conocida acá como la Iglesia del Sacro Cuore del Suffragio, en Lungotevere Prati 12. Tiempo que no recibía tan buen consejo, y además está justo en mi ruta del domingo 1° de noviembre, precisamente el original Día de los Difuntos después trasladado al día 2 (y convertido en Todos los Santos), pues partía temprano en esa jornada con una ceremonia en San Lorenzo de Panisperna y seguía desde allí al Castillo de San Ángelo, a sólo dos cuadras y algo más de este sitio.
Me he tomado la tarea de investigar sobre este curioso lugar y su muestra, como es mi obligación de buen andariego. Advierto desde ya que, como era de esperar, mientras unos la consideran demostración categórica de la existencia de una instancia de conciencia del alma humana después de la muerte, particularmente del Purgatorio descrito por el Magisterium Ecclesiae católico, otros creen que se trató sólo de un montaje bien urdido en tiempos de mayor influencia religiosa sobre la sociedad y en plena moda del espiritismo, para encontrarle financiamiento al proyecto de construcción de la parroquia donde se encuentra la colección.
El templo y la parroquia están de cara al río Tevere. Popularmente, era llamada la Pequeña Catedral de Milán por su parecido con ella, aunque siendo menor tamaño. Es reconocible por ser uno de los escasos referentes de la arquitectura gótica en Roma, o más bien neogótico en este caso; y aunque reservaré una futura entrada para esta bella iglesia, es necesario advertir acá que su primer edificio fue levantado luego de que, hacia 1893, el sacerdote francés Víctor Jouët (1839-1912), natural de Marsella y muy importante en esta historia, comprara los terrenos junto al río gracias a limosnas, colectas y aportes de fieles, iniciando el proyecto de construcción del centro religioso dedicado a Jesús y a la Virgen María, con autorización del Papa León XIII. Según la creencia, en este terreno era frecuente encontrar calaveras y otros huesos humanos, testimonios de antiguas batallas y enterramientos, lo que -de alguna forma- habría hecho predestinado el lugar a la relación con los difuntos.
Copia de base fotográfica del rostro estampado por el humo y el fuego en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, realizada por Raffaele Gagliardi. En este cuadro se indica que la fecha correcta del incendio y "aparición" sería el 15 de septiembre de 1897. La mancha original está escondida del público tras un panel  con iconos religiosos.
Poco después de terminados los primeros trabajos, en 1897 (la fecha exacta pasea en las fuentes entre el 2 de julio, el 15 de septiembre y el 15 de noviembre, pero apuesto a la segunda) se produjo un incendio en la Capilla de la Virgen del Rosario allí dispuesta, que no llegó a ser grande aunque el folklore ha ido magnificándolo en la tradición. La leyenda dice que el propio cura francés estaba rezando frente al altar cuando la llamita de un cirio alcanzó el marco de madera del cuadro de la Virgen María o alguna de las cortinas, iniciándose el fuego en esta capilla que se encontraba en un punto intermedio entre donde está el actual edificio de la iglesia y la casa religiosa de la parroquia.
Grande fue la sorpresa del párroco y de los feligreses cuando, controlado ya el siniestro, advirtieron que en una pilastra del marco de la capilla las llamas y el humo habían dejado estampada una extraña figura con forma como de rostro sufriente, angustiado, con una aparente expresión de dolor que conmocionó a los testigos llevándolos a interpretar el suceso como un cuasi milagro.  Bien fuese una mera pareidolia o una espeluznante intervención desde el Más Allá, el Padre Jouët quedó tan impactado con la aparición del muro que la estimó el intento desesperado de un alma del Purgatorio por comunicarse con el mundo de los vivos, alertando de su incapacidad de descanso eterno.
La noticia corrió por Roma gracias a los testigos y la gente llegó en masa peregrinando hasta la capilla, para presenciar el insólito suceso. El sacerdote francés hizo fotografiar y retratar la silueta, en tanto, y comenzó a investigar afanosamente sobre los reinos de la ultratumba, convencido de que que había más casos en que los muertos intentaban comunicarse con el Más Acá a través de esta clase de intervenciones. Inició, así, la quizás primera y breve cruzada casuística que alguna vez se haya intentado para reunir pruebas sobre la existencia del Purgatorio. Y no sólo eso: entusiasmado con el campo de trabajo que se le abría, Jouët decidió salir de Italia e iniciar una extraordinaria peregrinación por Europa, especialmente Francia, Bélgica y Alemania, entrevistando testigos y recolectando cuanta información le apareció en el camino sobre casos fantasmagóricos que estimaba parecidos a los sucedidos en su parroquia. Gran desafío fue aquel, pues la falta de dinero había obligado a detener los trabajos de la iglesia proyectada en Roma y su aventura no contaba con gran respaldo.
Para felicidad de sus propósitos, sin embargo, Jouët fue advirtiendo en el trayecto de su largo viaje, la existencia de varios otros ejemplos de supuestas manifestaciones desde el Más Allá en el mundo de los vivos. Merced a su perseverancia e insistencia, en años de andar logró convencer a varios poseedores de estas evidencias que se las cedieran, reuniendo así una inquietante colección de huellas fantasmales sobre reliquias, trozos de telas, prendas, Biblias, tablillas, libros de oración y, cuando no, fotografías o ilustraciones de la pieza original, que trajo hasta su parroquia para exponerlas como pruebas.
Cerca de 280 piezas logró almacenar en esta titánica tarea, y la presencia de marcas de fuego o calor en muchas de ellas le llevó a concluir que las llamas del castigo también estaban presentes en el Purgatorio, a pesar de estar asociadas a instancias más relacionadas con reinos infernales. Certificó todos sus hallazgos y tomó nota directa de sus propietarios. De acuerdo a su interpretación de aquellas piezas, éstas demostraban la existencia de este lugar de penitencia para las almas de los fallecidos, además de los intentos de aquellas ánimas por comunicarse con los vivos buscando así expiarse de culpas y salir de la transición para llegar por fin al Cielo, a través de plegarias y misas a su nombre.
Decidido a demostrar la existencia del Purgatorio, entonces, el Padre Jouët montó una sala en la sacristía del templo en construcción para exponer sus hallazgos, en lo que sería llamado por entonces el Museo Cristiano de la Ultratumba o del Inframundo. Quizás se trate de la primera colección de lo que se plantearía como evidencias "paranormales" hecha alguna vez y ajena al romántico boom de los médiums de la época victoriana, pues antecede incluso a las famosas recopilaciones de "hechos condenados" de Charles Fort o el Instituto Metapsíquico de París. De todos modos, la Iglesia siempre ha sido enfática en recalcar que la colección no guarda relación con esta clase de prácticas o doctrinas, ajenas al cristianismo.
Jouët también siempre procuró apartarse de cualquier vinculación con el espiritismo y las comparaciones con prácticas nigrománticas. No obstante, no logró conseguir que la Iglesia reconociera formal y categóricamente su colección como pruebas auténticas, definitivas e incontestables de la existencia de almas en el Purgatorio descrito en el El Concilio de Trento, intentando entablar contacto con los vivos, por lo que falló en el principal objetivo que se había propuesto con esta obra. Aún así, él y sus colaboradores continuaron incrementando la colección del pequeño museo, con la bendición del Papa Pío X, quien estimó que era útil para difundir el compromiso de los cristianos orando para sus fallecidos y pidiendo por sus almas, revitalizando con esto también el proyecto de edificar la iglesia gótica, misma que hoy se emplaza allí, que había encargado al arquitecto boloñés Giuseppe Gualandi pidiéndole que destinara una sala especial para la colección.
Sólo a fines del siglo XIX la sala del museo pudo quedar bien habilitada, como él la había deseado. La colección fue reunida en un cuarto al que se accede hasta hoy por la sacristía, mientras que la pared con el primer rostro de 1897 quedó preservada tras un biombo tríptico con una escena mariana, lejos de la percepción del público. Poco después, hacia 1900, el Padre Jouët fundó la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús por el Descanso Eterno de las Ánimas del Purgatorio (Associazione del Sacro Cuore di Gesù per il Suffragio delle Anime del Purgatorio), con sede en esta misma parroquia, publicando un libro titulado "Un pequeño tour por el Purgatorio" con sus observaciones y recolecciones. Esta agrupación obtenía aportes a la Iglesia vendiendo indulgencias del Papa León XIII, además de publicar una gaceta llamada "Revista Mensual de la Asociación", convertida más tarde en "El Purgatorio", que circuló hasta poco después de la Primera Guerra Mundial. También siguieron reuniendo e investigando testimonios, mientras pedían por las almas en el tormento de la transición en la ultratumba.
El Padre Jouët aún saluda a los visitantes, en el pasillo hacia su museo.
Vitrina de la exposición.
LA COLECCIÓN, HOY
De la colección de Jouët han escrito, por ejemplo, Paola Giovetti en "Il mondo dei misteri" y Nica Fiori en "Roma arcana: i misteri della Roma più segreta". Empero, una vitrina en el muro de la sala basta, en nuestros días, para contener toda la muestra permanente de lo que fueran aquellas colecciones. Ya veremos por qué razón tan enorme reunión de piezas quedó minimizada en sólo esta pequeña muestra.
Hojas explicativas en varios idiomas y algunos iconos religiosos reciben a los visitantes en la sala. Sólo los objetos definidos como los "más notables" están a la vista y reseñados, y corresponden a los siguientes, aunque recalco que las imágenes son sólo una aproximación tenue a la contemplación presencial de estas misteriosas piezas:
1.- Copias de las fotografías enmarcadas del siniestrado altar en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, con el rostro que se formó a uno de sus costados en el incendio del 15 de septiembre de 1897 (fecha señalada en una de las piezas de esta secuencia). Aunque la fotografía está muy gastada y deslavada, se observa una imagen del altar completo, con la "cara" estampada a la izquierda sobre la pilastra del marco, y un acercamiento a esta figura. El cuadro a color que coloqué más arriba de este artículo, pertenece a esta misma secuencia.
2.- Huellas de tres dedos extendidos, estampados sobre la cubierta del libro de rezos o devocionario de María Zaganti. Esto sucedió el domingo 5 de marzo de 1871, en la Parroquia de San Andrés del Poggio en Berni, Remini. Las marcas se atribuyen a la difunta Palmira Rastelli, hermana del párroco Sante Rastelli y fallecida el 28 de diciembre de 1870, sólo dos meses y algunos días antes de su supuesta manifestación. Doña María era amiga del párroco, por lo que se interpretó que la difunta pedía, a través de ella, la celebración de santas misas por su alma.
3.- Los cinco dedos marcados con huellas ardientes de Luisa Le Sénéchal, nacida en Chanvrieres. La mujer había fallecido el 7 de mayo de 1873, pero se le apareció de esta manera a su marido Luigi Le Sénéchal en 1875, en la casa que ambos habían compartido en Ducey, en La Mancha, Francia, dejándole la señal sobre su gorra de dormir. El alma realizó una petición de oraciones y santas misas a favor de su descanso, según el relato de autentificación, pues antes de morir la mujer le había pedido a su esposo tres misas por su descanso etenero, sin que él cumpliera con la promesa. Durante la aparición, el señor Luigi se disculpó diciéndole que no tenía dinero para pagarlas, pero su hija sí, aunque no creería en la aparición de la difunta. Ante este problema, ella le dejó la marca sobre la gorra de dormir como demostración de que se había hecho presente en el mundo de los vivos. Tras conseguir el dinero de esta manera y solicitar las misas, Luisa se le habría aparecido una vez más al viudo, mostrándose ascendiendo al Cielo. Lamentablemente, por la posición en que está el gorro dentro de la caja, la percepción visual de la mano y de la perforación se hace muy difícil.
4.- Copia facsimilar de una impronta de fuego plasmada el sábado 13 de octubre de 1696 sobre la tela del grembiule o delantal mandil de Sor María Harendorps (en otras versiones, llamada Margarita Herendorps o Rerendorts), religiosa del Monasterio Benedictino de Winneberg, cerca de Warendorf en Westfalia, donde se conserva la pieza original. Las manos estampadas serían de la difunta Clara Schoelers según se informa, hermana del mismo convento y corista de la orden, que había fallecido a causa de la epidemia de peste, el 13 de octubre de 1637. En la pieza principal de la imagen se ve una mano oscura, mientras en la parte inferior de la fotografía se observa también la huella quemada de dos manos, dejada por la misma hermana sobre la tela de lino de su faja.
5.- Mano estampada por la madre fallecida de Giuseppe Leleux sobre la manga de su camisón, durante una aparición ocurrida la noche del 21 de junio de 1789 en Wodecq-But, Bélgica. El sujeto había escuchado ruidos y señales inquietantes por once noches seguidas, que lo tenían asustado y casi lo enfermaron de angustias. Habían pasado 27 años desde la muerte de la mujer que ahora regresaba luego de esos aterradores días, para advertirle a su hijo que la vida que éste llevaba en ese momento le costaría después de muerto, rogándole rectificar sus comportamientos, cumplir con la obligación de las santas misas como legado paterno y trabajar para la Iglesia. Luego de poner su mano sobre la camiseta, quedó esta huella clarísima, impactando tanto en  Giuseppe que éste enderezó su vida y fundó una congregación propia. Falleció el 19 de abril de 1825.
6.- Dedo de la hermana Pía María de San Luis Gonzaga (en otras fuentes, María Margarita), muerta en la mañana del 5 de junio de 1894 víctima de la tuberculosis, cerca de Perugia. Quedó estampado en la funda de la almohada de Sor Margherita del Sacro Cuore, luego de aparecérsele sólo horas después de morir, en la noche del 5 al 6 de junio de 1894, según consta en la relación del hecho que es conservada en el Monasterio de Santa Clara del Niño Jesús en Bastia, Perugia. La hermana Pía María había sufrido desde hacía dos años los efectos de la enfermedad, con fuertes fiebres, tos y hemoptisis, llevándola al deseo de querer morir para no sufrir más a pesar de las exigencias de la Madre Superiora de seguir firme en la lucha por la vida. Tras fallecer el día 5, se le apareció en la noche a la hermana Margherita, primero como una sombra que fue adoptando la forma de la religiosa, vestida de clarisa y rodeada de otras sombras, comunicándole que se encontraba en el Purgatorio a la espera de expiar su alma, pidiéndole oraciones para favorecer su destino. Al parecer, la hermana Margherita había sido muy severa con María, por lo que ésta le había llegado a desear la muerte, según le confesó, error la privó de un paso directo al Edén. En esta aparición puso su dedo índice sobre el cojín quemando la funda con la marca que se observa, prometiéndole volver. Cumplió la promesa entre los días 20 y 25 de junio, reapareciendo para dar las gracias a la comunidad religiosa y avisar de que iba a entrar al Cielo.
7.- Huellas que se aseguran dejadas por el fallecido Abad Olivetano de Montova, el Padre Panzini, el 1° de noviembre de 1731, al aparecérsele a la madre Isabella Fornari, venerable abadesa de las Hermanas Clarisas del Monasterio de San Francisco en Todi, mientras ésta trabaja en su telar. El difunto se hizo presente ante ella con los dedos fulgurantes y dejando marcas sobre lo que tocara, incluso sus ropas cuando ella, aterrada, intentó huir y fue detenida por el propio espíritu que la tomó del brazo. Cuatro improntas resultaron de aquella increíble experiencia: 1) marcas carbonizadas de una mano izquierda y una cruz (supuestamente trazada con su dedo índice incandescente) sobre una mesita que usaba para su trabajo de telar la madre Isabella, donde se apoyó el aparecido; 2) luego, la misma mano estampada ahora sobre una hoja blanca de papel; 3) una mano derecha sobre la manga del hábito de la abadesa cuando la cogió del brazo; y 4)finalmente, la misma mano de fuego que traspasó el hábito marcándose también en la tela de la camisa de la madre Isabella y manchándola con su sangre. La relación de los hechos está registrada por el padre Isidoro Gazala del Santísimo Crucifijo, confesor de la abadesa, a la que, tras oír su testimonio, le ordenó cortar los trozos de tela de su hábito y camisa, junto al fragmento quemado de la mesa, para procurar su conservación. La aparición se interpretó como su venida desde el Purgatorio para pedir ruegos, oraciones y misas a favor de su alma.
8.- Dedos supuestamente marcados a fuego sobre un libro de Marguerite Demmerlé, en la Parroquia de Ellingen de la Diocesis de Mertz, por el espectro de su suegra que se le comenzó a aparecer 30 años después de su muerte, según la certificación y testimonio recogido. La fallecida, que había vivido entre 1785 y 1815, se materializaba con aspecto de peregrina y con el típico traje usado en su país, bajando por la escalera del granero de la casa mientras gemía y miraba con profundo dolor a la aterrada nuera sin saber quién era aún. La testigo corrió a contar al cura párroco de su localidad lo que sucedía, y el sacerdote le aconsejó intentar interactuar con la mujer. Así lo hizo, consiguiendo que la fallecida le contestara: "Soy tu suegra, muerta en el parto hace 30 años... Ve en peregrinación al Santuario del Marienthal y allí haz celebrar santas misas para mí". Marguerite cumplió con el encargo y peregrinó hasta el santuario. Cuando regresó, la suegra reaparecería agradeciendo su obediencia y anunciándole que por fin saldría del Purgatorio para ir al Cielo. Nuevamente siguiendo un consejo dado por el párroco, Marguerite le pidió que dejara una señal antes de que se marchara, y la fallecida puso su mano sobre el libro "La Imitación de Cristo", dejando una quemadura con las yemas de sus dedos, acto tras el cual desapareció sin volver a manifestarse.
9.- Otro caso que podríamos definir como piroplastias digitales: correspondería a los dedos de la mano derecha del difunto Giuseppe Schitz, marcados sobre un libro de oraciones en alemán perteneciente a su hermano Giorgo, experiencia ocurrida el 21 de diciembre de 1838 en Serralbe, Lorena. De acuerdo al testimonio, el fallecido sorprendió a su hermano despertándolo con su voz y pidiéndole oraciones por su eterno descanso, pues en la ultratumba estaba siendo atormentado por la falta de piedad que había demostrado cuando estuvo vivo.
10.- Fotocopia de un billete bancario de 10 liras, que formó parte de un sorprendente caso también registrado en forma póstuma para el Padre Jouët por los miembros de su Asociación. Corresponde a uno de los 30 billetes que, entre los días 18 de agosto y 9 de noviembre de 1919, dejó en la puerta del Monasterio de San Leonardo de Montefalco un sacerdote fallecido. El misterioso y fantasmal personaje colocaba un billete cada día en la puerta del convento y, según se recuerda, eran todos de 10 liras como éste, hasta completar 300. Su pago desde el Más Allá era para que se hicieran misas en su recuerdo y la expiación de su alma. El museo tuvo el billete original de la imagen, pero tras una solicitud fue devuelto al Monasterio de San Leonardo donde es conservado, guardándose acá la copia facsimilar del ejemplar.
OTROS CASOS ESTUDIADOS POR LA ASOCIACIÓN
Los archivos que sobreviven de la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús por el Descanso Eterno de las Ánimas del Purgatorio, dan cuenta de otros casos que fueron investigados o testimoniados como "pruebas" de las comunicaciones con el Más Allá, aunque no están reseñados en los boletines informativos actuales de la parroquia. También hay 4 ó 5 piezas de la muestra sin reseñas, aunque es de suponer que están ligadas a algunos de los casos revisados o a otros no comentados en los mismos informativos de la exposición.
Algunos de estos casos no reseñados en la exposición, son:
  • En su momento, la Asociación investigó el caso del Rey de Italia Humberto I "El Bueno", asesinado en Monza el 29 de julio de 1900 por los disparos de un anarquista  italo-americano llamado Gaetano Bresci. Curiosamente, el rey salía del funeral de un entonces célebre comerciante conocido como su "doble", por el parecido físico de ambos y por haber nacido el mismo día en el mismo lugar, en una historia que ha sido deleite de los amantes de las coincidencias asombrosas. Pasaron 32 años y un soldado que hacía guardia en el cenotafio monumental levantado a la memoria del soberano, pidió autorización para entrevistarse con el Rey Víctor Manuel III, declarando tener importante información que darle. Al serle concedida la visita, informó al monarca que Humberto I se le había aparecido durante sus turnos y con su mano ardiente había chamuscado parte del grueso capote militar de invierno, dejando marcada la huella.
  • Uno de los casos no exhibidos es el de una supuesta aparición de un fraile capuchino a Sor María Magdalena de la Santísima Trinidad, fundadora del Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción., dejando estampado un dedo y una especie de círculo en la mesa de madera que ocupaba la religiosa.
  • Otro caso habla de un sujeto avaro que, tras morir, debió ser sepultado con una bolsa con todo su dinero, según lo dispuso en su testamento. Sin embargo, pasados unos días comenzó a aparecérsele el difunto a un amigo,  rogándole que hiciera misas en su nombre, pues se encontraba atrapado en el Purgatorio, entregándole en el acto la misma bolsa de dinero con la que había sido enterrado para pagar los servicios religiosos. En la mesa donde el fantasma habría dejado colocada la bolsa, quedó una marca circular parecida a un timbre incandescente que quemó la madera.
  • También existe una imagen de una antigua publicación de la parroquia, de una pieza que no está hoy en exhibición y que corresponde a un libro con una marca de fuego de un dedo. Sería la "prueba" de que, en 1670, el primer párroco de Hall, Padre Cristóbal Wallbach, dejó una huella conocida como el "dedo de fuego" en un libro de oraciones, 63 años después de su muerte. La marca atravesó el libro hecho  con pasta de madera, cubierto de piel de jabalí y llegó hasta la página 81, en prenda de sus súplicas para que se hicieran oraciones a su alma.
  • Muy parecido es el caso de otra pieza que actualmente no está disponible, cuya fecha reportada es muy anterior: una marca de "dedo de fuego" sobre otro grueso libro, atravesando varias páginas con una forma ovoide, desde el borde superior. Correspondía a un libro de oraciones que había pertenecido a Jakob Rem, aparecido en 1595.
  • Se tenía nota del caso del camisón de una muchacha siciliana, a la que se le apareció en los sueños su hermana muerta rogándole que rezara y celebrar misas por ella. Cuando la chica despertó creyendo que todo había sido una pesadilla, descubrió esta quemadura con forma de mano en la tela de su camisón de dormir.
Un tiempo después de fallecer el Padre Jouët, la habitación y la colección fueron reducidas drásticamente. Muchos de sus hallazgos desaparecieron en este período que siguió al año 1917, cuando se terminó la mayor parte del templo definitivo con los planos de Gualandi.
En 1921 el futuro Arzobispo Gilla Vincenzo Gremigni, a la sazón encargado de la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio en Prati, se deshizo de los objetos que podían ser considerados más dudosos o menos espectaculares según se ha dicho, aunque fotografías de las piezas que no están en exhibición provocan algunas dudas sobre la selectividad con que se habría aplicado este criterio, en caso de haber sido real. Junto al Padre Ricasoli, pidió autorización papal para destruir la enorme mayoría de ellos, dejando la exposición casi tal como se la puede encontrar hoy, rebautizada con el menos tétrico nombre de Museo de las Ánimas del Purgatorio (Museo delle Anime del Purgatorio). Las piezas destruidas entonces contaban con menos certificaciones y acreditación, al parecer, pero existe información de que todavía en el último cambio de siglo hubo más destrucciones y eliminación de material, a pesar de la cantidad de fieles que llegan a conocer la colección.
La Asociación del Sagrado Corazón de Jesús por el Descanso Eterno de las Ánimas del Purgatorio, en tanto, había sido reconocida por el Papa Pío X, quien se negó a cerrar la exposición luego de recibir peticiones al respecto. Pese a todo, la agrupación cesó funciones en 1923, poniéndose fin a la investigación de esta clase de casos en particular, sobre apariciones e improntas de almas supuestamente atrapadas en el intermedio entre el Cielo y el Infierno, de los reinos del Más Allá.
La gran colección quedaría, finalmente, con sólo 19 piezas de 12 casos disponibles de entre 1637 y 1919, especialmente de Francia y a los que se agregarían los otros posteriores, luego de esta extraña purga museológica al interior de la Iglesia Católica. Rondan suposiciones sombrías sobre las verdaderas motivaciones de la destrucción, o de supuestas pruebas que en realidad habrían sido escondidas del público por razones inconfesables. Algunas de las piezas que no están disponibles, sin embargo, pueden encontrarse en fotografías antiguas y documentos ligados al pasado de la parroquia.
A pesar de las desapariciones de piezas y las grandes dudas que han llevado a la negativa de la propia parroquia a identificar estos objetos como pruebas irrefutables de la existencia del Purgatorio, la pequeña colección sobreviviente sigue siendo una atracción para los estudiosos del misterio de la muerte, constituyendo una de las muestras más impresionantes que quizás puedan hallarse en el mundo sobre este tema.
Páginas de un libro religioso con quemaduras sobrenaturales, sin reseña.
Otro libro religioso con profundas quemaduras de dedos, sin reseña.
Tela quemada, por supuesta acción de un ánima. Sin reseña.
Telas quemadas por acción de almas, sin reseña.

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