viernes, 23 de octubre de 2015

EL SANTUARIO DE LOS SANTUARIOS: TESOROS HISTÓRICOS Y RELIGIOSOS DEL SANCTA SANCTORUM Y LA ESCALERA SANTA

Altar con el Santissimi Salvatore Acheiropoieton del Sancta Sanctorum de Roma.
Coordenadas:  41°53'13.63"N 12°30'24.77"E
Sancta Sanctorum puede traducirse del latín como Santo de los Santos o Santo Santísimo, para referirse a un depósito de reliquias u objetos cotizados como santos. El que trataré aquí se ubica casi vecino a la enorme Archibasílica de San Giovanni in Laterano y al actual Palacio de Laterano (Letrán) en Roma, frente a las plazas donde está acceso a estos edificios cuyas magnitudes opacan un poco al que nos interesa describir, relegándolo a un injusto lugar secundario en la percepción del turista que discrimina por volúmenes y majestuosidades.
Suele afirmarse que los templos de Roma consagrados a la imagen de San Lorenzo, mártir del cristianismo quemado vivo en una parrilla en el siglo III, son siete, destacando entre los principales el Extramuros (junto al cementerio), el de Lucina y el de Panisperna. Sin embargo, muchas de estas cuentas y revisiones suelen dejar de lado a este templo y santuario del Sancta Sanctorum y de la Escala Santa en el barrio de Monti, que en su origen fuera una capilla dedicada también a dicho diácono mártir de origen español, razón por la que el edificio es conocido hasta ahora también como la Iglesia de San Lorenzo in Palatio ad Sancta Sanctorum o bien como la Capilla de San Lorenzo in Palatio.
Hubo una época en que los tesoros de la historia de Roma y de toda la fe de Cristo que se encontraban acá, no tenían comparación para sus creyentes, que aún siguen visitándolo en penitencia y haciendo enormes pruebas de fe para llegar a contemplar las maravillas del arte religioso del Sancta Sanctorum, aunque sea a través de los barrotes y rejas de los vanos en los muros que le cierran el paso al hombre común a esta cámara sagrada, durante la mayor parte del tiempo.
Vista del complejo con el edificio de las monjas pasionistas al frente, de 1853.
Vista por el costado Sur. De izquierda a derecha se ven tres etapas-unidades del mismo santuario: el edificio del ingreso hecho con el convento de las monjas pasionistas; luego, el espacio donde está la Escalera Santa y en Sancta Sanctorum, y finalmente el Triclinio Leoniano con su bóveda, mosaicos y escalinatas.
Accesos al edificio frontal del santuario, vigilado por personal uniformado.
EL SANTUARIO
El complejo general del santuario tiene dos pisos en el sector principal y tres por el de los patios, a pesar de mantener ambos la misma altura. El frente que da hacia el poniente, de estilo neoclásico y con arcos en el zócalo, forma parte del convento de la congregación de las monjas pasionistas que le dan custodia y mantención al lugar. Este convento fue construido allí por disposición de Pío IX en 1853 (la fecha está inscrita en la fachada, sobre uno de los accesos), rodeado de hermosos jardines hacia el lado Norte, donde está el acceso a la Biblioteca de San Pablo por la Vía Domenico Fontana, cuyas dependencias también están conectadas con el complejo religioso del muy anterior espacio del Sancta Sanactorum. Hacia el lado oriente el recinto general limita hoy con dependencias del Centro Internacional de Arte Contemporáneo y las frondosas áreas verdes de la cuadra que da a Vía Emanuele Filiberto, entre los restos de los antiguos muros aurelianos que bordean este sector de la ciudad de Roma.
La sacra capilla principal del Sancta Sanctorum se encuentra en el segundo piso, accediéndose por cuatro escalas con antiguas pinturas interiores desde el hall o atrio principal, una de ellas bastante particular, como veremos. Su origen está en una capilla anterior que los sacerdotes y papas del Palacio de Laterano (hoy separados por la calzada de la calle) usaban en forma privada allí mismo, como oratorio interno, pues formaba parte del enorme edificio antiguo. Como se recordará, aquel extraordinario palacio había sido construido por los romanos de tiempos imperiales y cedido en el siglo IV a los pontífices por el Emperador Constantino, pasando a ser oficialmente la primera casa papal. Permaneció largo tiempo en este servicio, hasta que este antiguo palacio fue demolido en el siglo XVI, para abrirle paso al proyecto urbanístico de Sixto V, quien construye la etapa primitiva de este santuario (un sencillo edificio cuadrado con techo a dos aguas y ventanas simétricas, a juzgar de grabados antiguos) entre los años 1586 y 1589. El actual Palacio de Laterano adjunto a la Basílica de San Giovanni, es sólo una sombra nostálgica del que alguna vez existió en ese mismo lugar y del que formaron parte estas dependencias.
El espacio del Sancta Sanctorum propiamente, ya es mencionado en alguna documentación procedente del período del papado de Esteban III, en el siglo VIII, por lo que es presumible que su construcción dentro del antiguo palacio sea un poco anterior a aquellas fechas. Y ya entonces habría estado dedicado a San Lorenzo quien, según su leyenda, fue ejecutado por el emperador Valeriano cuando se le exigió entregar a Roma todos los tesoros de la Iglesia, y él llevó hasta su presencia a todos los mendigos, enfermos, parias y abandonados de la ciudad, declarando que ellos eran los verdaderos tesoros del cristianismo.
Sin embargo, de acuerdo a la información histórica dispuesta en el mismo lugar, el nombre del Sancta Sanctorum aparece en el siglo IX. Según parece, se la apodó así aludiendo al Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén, por la cantidad de reliquias y tesoros religiosos que se fueron acumulando y resguardando en su interior, bajo el altar y una arqueta rodeada de cadenas de hierro. Por algo, sobre el mismo altar de las reliquias, en el arquitrabe y sobre el marco, existe una inscripción con la categórica sentencia que se hizo colocar  durante el mismo papado de Sixto V: "NON EST IN TOTO SANCTIOR ORBE LOCUS", traducible como "No hay más santo lugar del mundo". A mayor abundamiento, alguna vez conocieron este centro religioso como "El lugar más santo de Roma y del mundo", mientras que el cronista alemán Ferdinand Gregorovius lo definió como "El santuario más venerado de Roma" hacia mediados del siglo XIX.
Sin embargo, la santidad del lugar no le salvó de los embates del deterioro y los daños del tiempo, especialmente a consecuencia del terremoto de 1277. El papa Honorio III hizo reconstruir parte del mismo y Nicolás III ordenó trabajos de ampliación y restauración del recinto, ambos en el siglo XIII. El último de los mencionados encomendó obras a un artista Cosmatus, quien introdujo detalles interiores propios del arte y la arquitectura gótica dejando, así, uno de los pocos referentes de este movimiento en Roma. Una inscripción interior recuerda esto diciendo sobre un muro: "Magister Cosmatus opus fecit hoc" ("Maestro Cosmatus realizó este trabajo").
La sala principal del Sancta Sanctorum es un espacio admirado también por tener uno de los mejores casos de pavimento cosmatesco romano, en este caso formando diseños de círculos de pórfido y de losetas policromas. Los muros tienen una cobertura de piezas de mármol de tono pavoneado y con vetas, habiendo entre ellas planchas de hasta cuatro metros. Las pinturas en arcos y las decoraciones en bóvedas y muros parecen corresponder a dos etapas, de acuerdo a los minuciosos estudios que se han realizado de ellas durante las últimas restauraciones:
  1. A un taller romano de fines del siglo XIII no identificado, que incluye los hermosos mosaicos sobre el altar y los frescos de la bóveda y la parte superior de la capilla. Serían de esta época las representaciones de los cuatro evangelistas, de los martirios de San Pedro y San Pablo, a la derecha del altar, y los martirios de San Esteban, San Lorenzo, Santa Inés y San Nicolás adelante del mismo. También hay escenas de Esteban III e imágenes de Cristo con los ángeles.
  2. A la intervención de los artistas "sixtinos", destacando las imágenes de los apóstoles y santos, el falso triforio de columnas entorchadas y los arcos góticos al medio de cada cara de muros. Es el período a fines del siglo XVI en que también es decorada la Escalera Santa, como veremos. Los frescos de este período también fueron hechos bajo el papado de Sixto V, hacia junio y julio de 1590 según se cree, bajo la dirección de los pintores Cesare Nebbia y Giovanni Guerra, con colaboración de varios otros artistas.
A consecuencia de las reconstrucciones y restauraciones, entonces, se ha perdido la mayor parte de la arquitectura original de la habitación y el edificio central del Sancta Sanctorum en nuestros días, aunque una realizada en 1927 permitió realzar los aspectos visibles de sus interiores y facilitar la contemplación de sus detalles. Actualmente, además, se encuentra habilitado justo al costado de la sala del Sancta Sanctorum un cómodo salón ceremonial para la capilla del Santísimo Sacramento de la Iglesia de San Lorenzo, con hermosas pinturas en su cielo abovedado; y del otro lado está una sala con un altar de la Virgen de los Dolores, y una capilla que recuerda a Benedicto XIII, ambos frente a ellos una tribuna de madera, todo también cubierto de exquisitas pinturas religiosas en los techos, al igual que el pasillo transversal intermedio de este segundo nivel, sus cúpulas entre los accesos a esas salas y el final de cada escalera, con escenas bíblicas.
Hall o atrio tras los accesos, con estatuas decorativas y entradas a las escaleras que dan hacia el segundo piso, donde está el Sancta Sanctorum y una sala capilla ceremonial.
Influencia del estilo gótico en el cielo abovedado del espacio tras el ingreso al edificio, con hermosas pinturas religiosas. El estilo le fue adicionado al santuario en el siglo XIII, con la ampliación y remodelación del conjunto.
Pasillos y muros de las escalas interiores, vistas desde el segundo piso.
Frescos y bóvedas de los techos del pasillo en el segundo nivel del santuario.
EL TRICLINIO LEONIANO
Debemos salir fuera del santuario otra vez para no perder de vista algo muy relevante del mismo: por el costado exterior del conjunto, justo haciendo lado a la calle Piazza de Porta San Giovanni y de frente a la explanada del gran templo del mismo santo, se levanta una curiosa estructura de enorme belleza y evocación bizantina, alguna vez llamada Triclinium Leoninum y también Nicchione del Laterano, hoy Triclinio Leoniano o Leonino.
No es parte directa del Sancta Sanctorum, pero su posición adosada e integrada en contacto directo con el mismo, lo hacen formar parte de la unidad mayor de este complejo religioso y del santuario mismo. En sus orígenes, además, tanto la sala del Sancta Sanctorum como la Escalera Santa de la que ya hablaremos más, formaron parte del antiguo Palacio de Laterano de la misma forma que lo hizo esta estructura, así que el pasado une estrechamente a estas distintas etapas del santuario.
El Triclinio Leoniano es un enorme nicho con cúpula construido por León III durante su pontificado de  795 a 816. De ahí el apellido leoniano que se le otorga. El espacio original estaba más precisamente en el lugar que ocupaba el comedor en el palacio del patriarcado en Laterano, y se disponía arquitectónicamente como uno de los tres ábsides de las dependencias religiosas dentro del primer edificio del que ya dijimos algo.
Diseñado e instalado inspirándose un nicho similar del salón del Palacio Imperial de Constantinopla, el Triclinio Leoniano se mantuvo en pie tras la demolición de gran parte del palacio en el siglo XVI, gracias a la decisión de Sixto V de preservarla y dejarla formando parte del nuevo santuario que albergaría al Sancta Sanctorum, aunque quedará aislado de la Piazza de Porta San Giovanni y separado por la vía que allí fue abierta.
Dañado y vetusto con el paso de otros dos siglos, el papa Benedicto XIV ordenó la restauración y reconstrucción de gran parte del triclinio en 1743, encargando los trabajos al insigne arquitecto florentino Ferdinando Fuga, autor de obras como el Palacio de la Consulta de Roma y la fachada de la Basílica de Santa María la Mayor. Para esta reconstrucción se utilizaron todos los fragmentos originales del Triclinio Leoniano que fue posible recuperar. La labor fue celebrada con la colocación de una gran inscripción en latín sobre mármol bajo la bóveda, con el nombre de Benedicto XIV en destacado en la parte superior.
El hermoso mosaico con la escena de Jesús y los Apóstoles, justo en la concavidad de la cúpula y su encuadre, suele ser descrito como original del antiguo palacio demolido, pues también fue un encargo de León III, representando con ellos la trascendencia del poder papal fundado en la tradición fundacional del cristianismo. A la izquierda de la obra se observa el traspaso de llaves de San Pedro a San Silvestre y la entrega del el Labarum al Emperador Constantino, en tanto a la derecha se ve al mismo fundador de la tradición papal dándole la estola sagrada a León III y el santo estandarte a Carlomagno. El diseño incluye también el antiguo emblema de los Estados Pontificios.
El Triclinio Leoniano, junto a las dependencias que ocupó la capilla de San Lorenzo.
Vista de frente al mismo.
Un acceso lateral al antiguo sector del edificio cúbico del Sancta Sanctorum, por el lado Sur, cerca del Triclinio Leoniano. Como muchos templos, éste también atrae a algunas personas que piden limosna, como la ancianita de la imagen que se ubica precisamente en este sitio junto a las escaleras.
RELIQUIAS Y TESOROS
La habitación central del Sancta Sanctorum, que dijimos fue la antigua capilla privada y original de las dependencias papales y que guardaría los tesoros dentro del edificio, estuvo abierta a los fieles hasta fines del siglo XVI, constituyendo un lugar de frecuente peregrinación y mucho movimiento de personas según se deduce de lo gastados que están sus mármoles de pavimento.
Pasando directamente a los tesoros que alberga hasta ahora esta capilla principal y de los que pueden saber más los curiosos solicitando las visitas guiadas que se ofrecen acá de lunes a sábado, destaca sin duda -y por sobre todo- la imagen del Salvador, llamada Jesús el Redentor o Santissimi Salvatore Acheiropoieton, sobre el tabernáculo del altar, icono estimado como obra "acheropita" o "no pintada por manos humanas" según la tradición cristiana. Se cree entre los expertos que fue hecha sobre madera en Roma entre los siglos V y VI, pero la creencia medieval aseguraba que fue pintado por San Lucas ayudado por un ángel. Es una de la más importantes y valiosas reliquias cristianas conocidas, por cierto, representando la principal atracción para el culto en este santuario y constituyéndose en un objeto de muchos ruegos por la paz y contra las calamidades públicas a lo largo de la historia italiana.
Originalmente, este icono estaba colocado al fondo del altar de la capilla papal antes de ser el Sancta Sanctorum como tal, apareciendo mencionada por primera vez en el "Liber Pontificalis" por la mitad del siglo VIII durante el papado de Esteban II. De acuerdo a la leyenda, el pontífice la paseó personalmente sobre su espalda y descalzo por las calles de la ciudad, a la cabeza de una procesión pidiendo protección divina contra las agresiones y amenazas lombardas del Rey Astolfo en contra de Roma, rogativa que resultó exitosa con la intervención militar de Pipino el Breve y sus ejércitos francos en el conflicto.
No queda mucho de la obra, sin embargo: en una de sus varias restauraciones, la ejecutada por Alejandro III en el siglo XII, se puso sobre el madero una cubierta de seda pintándose la imagen nuevamente sobre esta superficie, quizás porque la original ya era casi invisible. Hoy sólo se ve el rostro de esta pieza, con una aureola en forma de cruz de fondo, y parte de su posición sentada en el trono del Rey de Reyes, adivinándose que corresponde a la figura tradicional del Cristo con un pergamino de la Ley en la mano izquierda y bendiciendo con la derecha.
Habría sido Inocencio III quien, hacia el siguiente cambio de siglo, hizo colocarle a la reliquia una cobertura hecha con láminas de plata repujada y con relieves. Desconociéndose su origen y época precisa, de acuerdo a los estudios del historiador benedictino Mariano Armellini, la placa de plata podría provenir del arte bizantino en fase iconoclasta del siglo VIII, pero dicho ornamento fue modificado y ampliado con el correr de los años, como sucedió con la adición de las contrapuertas de los costados hechas también en plata con relieve artístico, que le fueron agregadas en el siglo XV. Además, el altar tenía un baldaquino hecho por el artista Caradossi hacia 1452, pero que desapareció tras el saqueo de Roma de 1527 por los ejércitos de Carlos I, siendo reemplazado por el actual de madera y metal dorado.
Muchos de los demás tesoros religiosos que alguna vez tuvo o que se cree estuvieron en el Sancta Sanctorum, parecen provenir más del folklore cristiano que de auténticas y confirmadas reliquias, como el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley de Moisés, la mandíbula de San Bartolomé, el manto de Juan Bautista, los cráneos de San Pedro, San Pablo, Santa Inés y Santa Eufemia, huesos del hombro de San Mateo, las sandalias de Cristo (o una de ellas), su Santo Ombligo y Santo Prepucio, el sillón triclinio y una hogaza de pan usados en la Última Cena y el garrote con el que fue golpeado Jesús cuando se le colocó la corona de espinas, entre otras piezas que León III había hecho guardar en un arca de cedro, hacia el año 800.
Durante el breve papado de Gelasio II, hacia 1118, el diácono Juan realizó un inventario titulado "Descriptio". En 1513, León X ordenaría hacer un nuevo inventario, pues el contenido del arca de las reliquias habría ido siendo modificado en todos los siglos transcurridos. Sólo en 1903 la Santa Sede autorizó volver a ver las reliquias y abrir su baúl, para el inventario realizado por el sacerdote y escritor Florian Jubaru, ocasión en la que éste pudo identificar la cabeza atribuida a Santa Inés. Dos años después, los investigadores P. Hermann Grisar y Philippe Lauer iniciaron un nuevo estudio de las reliquias reconociendo entre los tesoros cruces de materiales preciosos, relicarios de plata, marfil, cedro y cristal de roca, además de fardos con trozos de telas. Detalles de estos hallazgos se pueden leer en el trabajo "Rome and Religion in the Medieval World" de Valerie L. Garber y Owen L. Phelam.
El señalado inventario de entre 1905 y 1906 arrojó al conocimiento también varios pergaminos históricos o envoltorios de rollos de papiro con cartas que figuraban entre las reliquias. De acuerdo a lo que dice Raffaello Volpini en su informe titulado "Documenti nel Sancta Sanctorum del Laterano", ochenta años después, fueron en su mayoría parte del archivo de Gelasio II, reutilizadas para escribir sobre ellas reseñas sobre las reliquias, notas o misivas, por no haberse considerado necesario preservarlas. Estos pergaminos han sido datados principalmente entre los siglos IX y XII, aunque destaca uno con parte de un texto de Tito Livio, historiador romano contemporáneo a Jesús, que habría sido transcrito en siglo IV ó V.
A pesar de los redescubrimientos, la habitación sacra no guarda los mismos tesoros de antaño, sin embargo, pues desde ese mismo año del inventario de 1905, muchos de ellos comenzaron a ser trasladados hasta dependencias más centrales de la Ciudad del Vaticano.
Sala del Sancta Sanctorum, sobre el altar. Se observan los frescos de los santos, los mosaicos decorativos y la leyenda dorada "No hay más santo lugar del mundo (que éste)", sobre el altar del Salvador.
El Sancta Sanctorum visto de frente, con su pavimento formando círculos.
Tribunas y estrados en sala adyacente al Sancta Sanctorum, izquierda del santuario.
Techo decorado de la misma sala.
Altar de Benedicto XIII en el mismo espacio.
LA SANTA ESCALERA
Otro de los elementos más determinantes de la identidad sacra de este lugar es la escalera ubicada al centro-derecho del edificio y frente al hall. Llamada Santa Escala, Escalera Santa o Scala Santa, cantidades de peregrinos la visitan cada día y quizás millones en toda su historia, incluyendo célebres autoridades eclesiásticas y papas, subiendo de rodillas lentamente y con una oración por cada escalón, en un sacrificado rito hasta el Sancta Sanctorum ubicado justo frente a ella, tradición que tuve ocasión de confirmar de manera personal como sumamente dolorosa y extenuante.
La tradición dice que esta escala de mármol había llegado a Roma cuando Santa Elena, madre del Emperador Constantino, la hizo traer desde el Pretorio de Jerusalén hacia el año 326. Quedó ubicada largo tiempo en el sector externo al Norte del Palacio de Laterano, donde era recorrida por los peregrinos autorizados y admitidos bajo bendición del sumo pontífice, hasta que dicho edificio fue demolido casi al mismo tiempo en que se construía en santuario donde fue ubicada con las otras escalas que proyectó el arquitecto Domenico Fontana, cuyo nombre hoy luce la calle lateral. Así, en el siglo XVI, el papa Sixto V decide dignificar el acceso de los fieles al Sancta Sanctorum haciendo que la Santa Escala o Santa Scala fuera colocada ahora en el santuario en construcción, uniendo el primer piso con el segundo y desembocando justo al frente de las tres ventanas a la habitación principal del santuario y su salón ceremonial.
Lo particular de esta escala es que, según la leyenda, habría pertenecido en sus orígenes al palacio de Poncio Pilatos en Jerusalén, por lo que la tradición considera que el mismísimo Jesucristo habría caminado sobre ella subiéndola y bajándola varias veces, para el célebre episodio bíblico del juicio del Viernes Santo donde se decidió su crucifixión. Podrá imaginarse, entonces, el carácter venerable y devocional que le otorgan los creyentes a la Santa Escalera en cada visita a este singular sitio. Es la razón por la que sus fieles suben de rodillas en tortuoso pero leal acto devocional, lentamente y murmurando sus plegarias y rogativas en el acto, como si se tratase de una ofrenda de esfuerzo físico, mientras al fondo de ella, arriba, se observa en todo el trayecto la imagen de la crucifixión sobre el muro que la enfrenta.
La escalera cuenta con 28 peldaños de mármol. Antes, los fieles iban arrodillados directamente sobre su blancura, pero el desgaste y la antigüedad de los peldaños obligó a cubrirlos con gruesas y crujientes tablas de madera de nogal en 1723, que protegen el material interior del mármol aunque permiten verlo por entre pliegues a modo de calados en la misma madera, en cada peldaño. Las maderas, curiosamente, también se ven hoy muy desgastadas y redondeadas por las rodillas de miles y miles de visitantes cada año. También se colocaron unas especies de ventanillas minúsculas o mirillas en algunos peldaños, con forma floral de bronce con un centro de cristal, por donde desde antaño podían verse manchas que eran interpretadas como gotas de sangre del Salvador sobre la palidez del mármol. Los peregrinos suelen detenerse un poco más de tiempo en estas ventanillas y hasta las acarician o besan durante el duro ascenso.
Como las otras escaleras, el cielo de ésta fue adornada con pinturas mostrando escenas de la Pasión de Cristo, mismo episodio al que aluden las estatuas de mármol colocadas en el atrio del primer piso (como el beso de Judas y Pilatos entregando a Jesús), aunque estas últimas fueron colocadas en tiempos posteriores, en el siglo XIX, según se informa en el mismo lugar.
Conmueve ver a personas mayores o con dificultades físicas cumpliendo devotamente el ritual de penitencia en estos escalones, y los Viernes de Cuaresma esta escalera es colmada por feligreses deseosos de ejecutar una analogía de la Pasión de Cristo sobre esta escalinata que se supone fue parte de aquella misma historia. Algunas de las rogativas más frecuentes están relacionadas con indulgencias plenarias (viernes de la Cuaresma, de la Pasión y un día elegido del año) e indulgencias parciales o de arrepentimiento (demás días del año, siendo válido también hacer el rito en las otras escalas del complejo).
La Escalera Santa, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de Europa por la Unesco en 1980, es tan importante en este complejo religioso que incluso se conoce a todo este lado del edificio de las monjas pasionistas que da acceso al Santo Sancta Sanctorum con su nombre, lo que sumado al Triclinio Leoniano, nos permite distinguir las tres unidades principales en este extraordinario conjunto histórico.
La Escalera Santa y sus fieles, ascendiéndola de rodillas y orando.
Detalle de los peldaños forrados en madera de nogal, con los calados por donde se observa el mármol original y las mirillas para las supuestas gotas de sangre de Cristo que estarían en la Escalera Santa.
Sala ceremonial de la capilla, al costado derecho del santuario y junto al espacio principal del Sancta Sanctorum. Se accede por el corredor al final de la Escalera Santa.
Prolija y colorida decoración de la nave del templo.

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