sábado, 26 de septiembre de 2015

QUE NO SE TE "ACONCHEN LOS MEADOS"

Aviso publicitario de una revista Zig-Zag de 1933.
"Se te aconcharon los meados", le gritan en nuestro país al amigo miedoso y pusilánime que no se atreve a ir a la pelea o al cobarde que se asustó en un pleito cuando tomó olor a riña y escapó escurridizamente. También al que posterga una decisión por puro miedo a las consecuencias e implicaciones. Pocos conceptos pueden ser tan extraños y surrealistas para referirse al acobardamiento, entonces.
Así definía la expresión el profesor Jaime Campusano, en las fichas del diario "La Cuarta" del 15 de agosto de 2005:
"SE TE ACONCHARON LOS MEADOS: Particularmente este chilenismo no es muy bien visto (ni oído) por ser casi grosero, pero es claro al reflejar la cobardía, el temor o la timidez cuando alguien no se atreve a enfrentar con valentía un problema y retrocede con miedo, entonces no falta aquel que le enrostra la falta de osadía con este modismo".
Emilio Rivano Fischer, por su parte, lo define de la siguiente manera en su "Dictionary of chilean slang: your key to chilean language and culture" de 2010:
"aconchársele los meados (acobardarse; no atreverse; cf. hacérsele así el poto, amariconarse, dar julepe, acartucharse, achaplinarse, echarse pa' atrás, quedarse, cortarse, arrugar; 'me iba a tirar en parapentes, pero se me aconcharon los meados', 'al Manuel se le aconcharon los meados el otro día cuando el hermano de la María le echó la choreada', 'quiero casarme con la Rosita, pero se me aconchan los meados')"
Gracias a las cámaras portátiles y de teléfonos celulares, muchos hampones y mentecatos callejeros con pretensiones de “choros” han quedado en tremendo ridículo al ser expuestos aconchándosele los meados cuando les aparece en el camino una potencial víctima que fue capaz de darles batalla. Situación complicada para su prestigio, pues terminar con los meados aconchados es toda una humillación pública y un motivo de duro escarnio en los códigos delincuenciales duros, parecido al caso del "cochino culia'o" que debe sacrificar sus hábitos de higiene en la cárcel evitando bañarse por miedo a las agresiones sexuales. Llanto, gritos histéricos y hasta miccionados de verdad sobre sus propias ropas, se han visto en videos que circulan por los canales de internet, mientras con suerte la turba enfurecida a su alrededor y deseosa de lincharlo logra ser controlada.
Empero, parece que nadie tiene totalmente claro de dónde proviene la metáfora y a qué se refiere exactamente en la comparación. Para algunos, sería simplemente un guiño a la costumbre de algunos mamíferos territoriales de orinarse encima cuando pierden una disputa jerárquica o por las hembras, como sucede con perros y gatos domésticos; pero el que aluda al asunto de "aconcharse" perturba un poco la sencillez de esta idea. Durante toda mi vida escuchándola (creo), he oído también de al menos tres teorías más complejas sobre el origen del concepto y su singular asociación con la cobardía y el miedo menos decorosos, que algunos relacionan también con actitudes que podrían ser juzgadas como "afeminadas" en el macho recio que cae presa de ellas:
  1. La primera, dice relación con los cálculos renales o el "aconchado" de orina (como se le llamaba en el campo y popularmente a veces), y con la vulnerable y poco decorosa situación de sufrimiento en que queda quien los padece, haciendo llorar de dolor y susto hasta al más resistente de los varones y la más aguerrida de las damas. Sólo quienes han pasado por el calvario de los cálculos renales pueden saber a qué se refiere la burlona comparación, en caso de corresponder a tal.
  2. Otra idea propone cierta relación con la  tradición de meicas indígenas, que fue siendo adoptada también en curanderas y santiguadoras de ciudades. Valiéndose de la atención que la medicina primitiva mapuche ponía en los fluidos del cuerpo, empleaban un método curioso de ver a contraluz frascos de cristal con muestras de pichís (orina) o su reflejo de luz en una superficie tras pasar por el mismo, revelando supuestos padecimientos de salud a partir de esta observación. Una de las posibilidades de enfermedades graves a veces ha sido relacionada con la presencia de diminutos residuos sólidos o "conchos" en esa misma orina, aunque no tengo claro si la asociación popular con el miedo, con acobardarse, se refiere a una analogía con la severidad del padecimiento, o al susto que provocará el diagnóstico en el paciente o bien a alguna relación con el mal del "espanto" que es muy conocido en el ambiente de las meicas y las santiguadoras y con tratamientos para contrarrestarlo. En "Medicina aborigen" de 1977, por ejemplo, Eduardo Estrella comenta que los "conchos" en la orina serían indicio de enfermedades de los riñones, al igual que el aspecto de chicha o la fetidez en la misma.
  3. Por último, hay quienes suponen que se trata sólo de una simple y gratuita asociación del estado de miedo con la borra o "concho" que se acumula en las botellas, chuicos, garrafas, pipas y barricas de alcoholes, especialmente las de vino tinto, indicándose incluso la existencia de un color denominado "concho de vino" de conocimiento general entre los chilenos, peruanos, españoles y otros países. También aparece el "concho" en otros productos alcohólicos y fermentos como cerveza o chicha, e incluso en destilados como el aguardiente y pisco artesanal, además de licores de macerado tipo mistela, frutales, licor de oro y apiaos, aunque en muchos casos se debe más bien a residuos de algún ingrediente o pequeños fragmentos de una parte del proceso de producción, como restos del material de alambiques, barriles o botijas de cerámica, más que a un sedimento del propio producto como sucede con el vino tinto. Quizás la comparación sea, en este caso, que un sujeto se asusta tanto en una situación que la orina llega a aconchársele por cantidad y volumen de micción refleja de pánico.
Si alguien conoce otra posibilidad sobre el origen de tan poco elegante expresión, entonces, disponga plenamente del foro de comentarios de esta entrada para seguir aprendiendo.

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