viernes, 6 de marzo de 2015

ORIGEN DEL CUERPO DE BOMBEROS DE VALPARAÍSO Y SUS PRIMEROS AÑOS, DESCRITOS POR ISMAEL VALDÉS VERGARA

Presentación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, siglo XIX.
Coordenadas: 33° 2'19.67"S 71°37'42.45"W (Cuartel General)
Éste es el primer capítulo del libro "El Cuerpo de Bomberos de Santiago. 1863-1900", escrito por don Ismael Valdés Vergara (1853-1916) y publicado en Valparaíso por Babra y Ca. Impresores, en 1900. Además de fundador del Club del Progreso y más tarde diputado y alcalde por Santiago, don Ismael fue cofundador de la 5ª Compañía de Bomberos de Santiago junto a sus hermanos Francisco y Alberto Valdés Vergara, asumiendo también como Secretario General, Vice-Superintendente y Superintendente del Cuerpo de Bomberos. Junto con resultar muy ilustrativo e informativo, este texto tiene algo de homenaje romántico bellamente dirigido a los bomberos voluntarios de Valparaíso, pioneros de esta casta institucional de héroes y mártires en Chile. El cuerpo porteño, fundado oficialmente el 30 de junio de 1851, volvió a medir sus arrojos en varias ocasiones que quedaron cronológicamente fuera de la revisión de Valdés Vergara, poniendo a prueba su lema "Abnegación y Constancia" desde el trágico Terremoto de1906 hasta el catastrófico incendio del 2014 que, en este próximo 12 de abril, cumplirá su primer aniversario.
El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso es la cepa de que proceden todas las asociaciones de Bomberos Voluntarios que existen en la República.
Valparaíso fue el hogar generoso en que prendió el fuego del noble entusiasmo que puso en las manos de sus viriles habitantes las herramientas del bombero; fue la santa escuela en que se formaron los Apóstoles de la nueva institución, cuyo ejemplo irradió cual antorcha luminosa en todos los confines del territorio chileno; fue el taller en que se templaron las voluntades y los entusiasmos que, después de cincuenta años de ruda prueba, permanecen tan poderosos y resueltos como en el primer día; fue la progresista, la culta y altiva ciudad de Valparaíso, la cuna de la manifestación más elocuente del poder de la iniciativa individual puesta incondicionalmente al servicio de necesidades apremiantes y de conveniencias indiscutibles.
La formación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso se nos representa hoy con todos los caracteres de un hecho prodigioso, de imposible realización en la época presente, cuyas tendencias se inclinan a separar más bien que a unir a los hombres, a causa de la carencia de ideales y de aspiraciones generosas que son el antídoto más eficaz contra. El egoísmo frío y calculador, que todo lo invade y esteriliza, hasta los más potentes y ardorosos ensueños de la juventud.
Corresponde, pues, con indiscutible derecho, al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, la primera página de este trabajo destinado a recordar la fundación y los hechos mas culminantes del Cuerpo de Bomberos de Santiago.
Quien visite hoy a Valparaíso no puede formarse idea, ni aproximada siquiera, de lo que era en el año 1850, especialmente el barrio llamado el Puerto. En el Almendral, cuya principal avenida, la de la Victoria, no ha sufrido grandes modificaciones, subsiste la misma planta, más o menos, que en aquel año.
El viajero que entonces conoció esa parte de Valparaíso y que de nuevo la visitara hoy, no advertiría otras variaciones que las producidas por el reemplazo de los antiguos y vetustos edificios, de los cuales quedan no pocos ejemplares, por otros nuevos de materiales sólidos, de arquitectura moderna y de doble o triple elevación.
En cambio, el barrio del Puerto ha sido transformado radicalmente en la segunda mitad del siglo. En 1850, los edificios en su mayor parte eran de materiales y las calles sumamente estrechas e irregulares. El material casi exclusivo de las construcciones era la madera, de la que se empleaba en gran cantidad el alerce, que tan escaso es hoy, traído de los bosques del archipiélago de Chiloé. La superficie de la parte baja del barrio del Puerto, ocupada como en la actualidad por el comercio, era tan reducida que apenas contenía las habitaciones y las casas destinadas al comercio. La antigua calle del Cabo (hoy de Esmeralda) la única que entonces mereciera la denominación de calle, terminaba por el lado del Almendral en la histórica Cueva del Chivato, que había en la prolongación de uno de los cerros hacia el mar. Este cerro era el que separaba los dos grandes barrios de Valparaíso. Según la tradición, en ciertas ocasiones era menester esperar la baja marea para pasar en ese punto de una parte a otra de Valparaíso.
El adelanto y progreso de la ciudad en cuanto a su extensión y a sus construcciones, se debe a dos causas principales. La formación de terrenos en lo que era dominio del mar y los frecuentes y grandes incendios.
Durante la administración de los presidentes Pérez y Errázuriz, esto es, desde 1861 hasta 1875, el Gobierno se ocupó con gran empeño en aumentar la superficie plana de esa ciudad y se formaron en efecto grandes extensiones de terreno, arrebatándolo al mar, en que hoy están las calles de Blanco y de Errázuriz, la sección destinada a las líneas férreas del Estado y los valiosos edificios que se ostentan en aquellas avenidas.
Los grandes y sucesivos incendios que consumieron casi todas las construcciones antiguas, permitieron a la autoridad local el ensanche de las calles y plazas y el reemplazo de las coloniales construcciones de madera por los sólidos y hermoso edificios de las calles Esmeralda, Serrano y otras. Puede decirse con estricta verdad que en el riñón del Puerto no queda una sola tabla de las construcciones que había antes de 1850, y que todo, absolutamente todo, edificios, calles, plazas, está totalmente transformado.
La ciudad antigua estaba especialmente preparada para la combustión. Se había formado con menosprecio del fuego, sin considerar para nada absolutamente su acción devastadora y terrible. La previsión de entonces no era superior a la que gastan hoy las autoridades locales. Material combustible, calles estrechas, fuertes y sostenidos vientos. Todo era lo más adecuado para las grandes hogueras. Sólo faltaba la chispa y luego las hubo en abundancia. Y para complemento, carecía casi en absoluto la ciudad de los elementos indispensables para combatir el fuego. La autoridad no había tenido a bien preocuparse todavía de esa necesidad.
En 1850 sólo había en Valparaíso dos bombas adquiridas por los mismos vecinos comerciantes, las cuales eran servidas por una brigada de Zapadores Bomberos, formada por los aguadores. La ciudad no tenía entonces cañerías de agua, y se entregaba este elemento al vecindario, para la bebida y demás menesteres domésticos, por individuos que la conducían desde las vertientes inmediatas a la ciudad, en caballos o asnos cargados con dos pequeños barriles. Esos individuos eran los aguadores, que formaban la Brigada de Zapadores.
El día 15 de marzo de 1843 presenció la ciudad de Valparaíso uno de los más terribles incendios que la han azotado. El fuego consumió trece edificios del barrio del Puerto, cerca de tres mil bultos de mercaderías depositados en los almacenes de la Aduana, una cantidad considerable de mercaderías existentes en las casas de comercio, y gran número de menajes de los habitantes de los edificios incendiados. Los perjuicios de ese desastroso siniestro fueron calculados en $709.000 más o menos, cantidad enorme en aquella época tan remota, cuando el comercio apenas principiaba a tomar incremento.
El barrio del Puerto quedó convertido en un hacinamiento de ruinas y escombros. La parte más importante, algunos edificios recientemente construidos, grandes riquezas, fueron convertidas en cenizas en unas cuantas horas.
La tremenda lección no fue aprovechada. El tiempo devolvió la tranquilidad á las autoridades y a los habitantes y echaron al olvido las amenazas del fuego.
Siete años después, el domingo 15 de diciembre de 1850 estalló un incendio en una cigarrería establecida en el edificio perteneciente a don Josué Waddington, situado en la calle del Cabo (hoy Esmeralda).
El fuego tomó luego incremento; se apoderó primero de los edificios contiguos y, comunicándose en seguida a los del frente en la misma calle, por el lado del cerro, formó una hoguera inmensa que llenó de consternación a los habitantes. La Brigada de Zapadores Bomberos, que era esperada con ansiedad, llegó con su material media hora después al lugar del siniestro, pero no logró prestar el más insignificante servicio en la extinción del fuego, porque las bombas estaban en mal estado y las mangueras inútiles.
Las llamas consumieron impunemente todos los edificios que encontraron á su alcance, y se habrían apoderado también de los situados en el cerro, si los comandantes de las naves inglesas y francesas al ancla en el puerto, no hubieran prestado oportuno auxilio echando a tierra bombas y marinería. Merced a esos elementos se logró impedir la propagación del fuego por el lado del cerro. Por los otros costados no pudo ser contenido y sólo cesó en su obra destructora cuando no tuvo a sus alcances otros edificios de que apoderarse.
La severa lección de esa noche, hizo comprender la necesidad ya muy urgente de poseer suficientes elementos defensa contra el fuego y de arbitrar los medios de combatir a ese enemigo de las sociedades, cuya ferocidad excede con mucho al más avezado criminal, y cuyo poder es incomparablemente superior al de una legión de bandidos.
Y sin esperar lo que hiciera la autoridad, a quien correspondía satisfacer esa necesidad, alguien, uno cuyo nombre nadie podrá indicar, lanzó la idea feliz de organizar un Cuerpo de Bomberos Voluntarios.
La simiente cayó en buen terreno, como que estaba preparado por la amarga experiencia del reciente incendio y por la impotencia, más amarga aún, para combatirlo, con que hubo de presenciarlo la multitud. Cundió la idea, y nacionales y extranjeros acudieron presurosos a enrolarse en las filas de la primera asociación que en Chile se organizaba, exigiendo de sus miembros, además del dinero, el servicio personal más rudo y más ingrato.
El resultado de esa empresa acometida quizás sin la conciencia de su magnitud y de sus inconvenientes, no sólo correspondió, sino que superó con mucho las expectativas que el más optimista pudo entonces concebir.
¿Quién pudo creer en 1850 que el Cuerpo de Bomberos voluntarios había de arraigarse en el país y de propagarse desde un extremo hasta el otro de la República? ¿Quién pudo sospechar que esa institución había de tener el don de seducir a la juventud de todos los órdenes sociales, desde la más modesta hasta la más acaudalada? ¿Quién se habría atrevido entonces a asegurar que los jóvenes de la mejor sociedad y los más favorecidos por la fortuna, habían de rivalizar en el trabajo confundidos con el modesto obrero o artesano? ¿Quién pudo imaginarse que esa misma juventud había de ser capaz de llevar su abnegación hasta rendir la vida en el puesto del deber?
El éxito de aquella idea lanzada en 1850, ha sido inmensamente superior a la suposición más optimista. Ese éxito ha sido un prodigio. El amor patrio tiene la virtud de enloquecer y de convertir en héroes a los más pusilánimes. Las empresas arriesgadas, de las que se reporta gloria y renombre, seducen a los animosos y valientes. Los más atrevidos proyectos, que prometen grandes beneficios pecuniarios, atraen como el imán a los temperamentos ardientes o ambiciosos.
El trabajo del Bombero no da ni gloria ni renombre, ni riquezas, ni siquiera la satisfacción que produce la gratitud por un servicio personal. El trabajo del Bombero, más que modesto es humilde, y para prestarlo es menester abandonar ocupaciones, urgentes a veces, gratos placeres o pasatiempos en otras, y siempre algo más agradable que la tarea peligrosa de extinguir los incendios, trepando escalas, salvando tejados, soportando el frío o la lluvia en las heladas noches de invierno, o el calor sofocante de la misma hoguera, y estando siempre expuesto a toda clase de accidentes. Mas aún, exige el servicio del Bombero desembolsos considerables de dinero, que para los no pudientes, que son los más, representan un sacrificio no despreciable.
¿Cómo se explica entontes el asombroso éxito de la asociación de Bomberos voluntarios en Chile? ¿Por qué ha surgido esa institución, siendo notorio el caso de tantas y tantas otras asociaciones benéficas que imponen una contribución harto más liviana de sacrificios?
El secreto del éxito del Cuerpo de Bomberos no puede ser otro que su objeto mismo.
Es el trabajo rudo y penoso que acerca, iguala y confunde a los hombres de todas las condiciones; que a todos levanta y enaltece ante ellos mismos y ante los demás; que satisface una necesidad física que muy pocos dejarán sentir y la necesidad moral, más sentida que aquella, de tener relaciones y amistades tan sólidas como las que sólo se adquieren en los bancos de la escuela; es el trabajo, repetimos, que purificando al hombre del mal del egoísmo, lo hace capaz de servir sin preguntar a quién sirve, y de hacer el bien sin expectativa de recompensa.
La juventud llega a las filas del Cuerpo de Bomberos sin conciencia de esas nociones, atraída casi siempre por la amistad con otro bombero, a por un entusiasmo pasajero, pero en muy corto tiempo sabe comprender que ha hecho una buena obra y principia a mirar como cosa suya la Bomba, que es el símbolo de unión de los asociados. Así, como la planta una vez arraigada se convierte con el tiempo en árbol, así también los jóvenes bomberos, al calor de los afectos del compañerismo, conviértense con el transcurso del tiempo, en abnegados servidores de la humanidad.
La 1ª Compañía de Bomberos de Valparaíso en 1863, en el muelle que había en la Plaza del Orden, que más tarde pasaría a ser la Plaza Aníbal Pinto de la misma ciudad.
Imagen del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso en 1861.
El Cuerpo de Bomberos de Valparaíso quedó definitivamente organizado el día 30 de junio de 1851, fecha oficial de su fundación. Los seis primeros meses de ese año fueron ocupados en reunir recursos, en organizar el personal y en preparar cuarteles para instalar las bombas y el resto del material encargado al extranjero.
La primera reunión de los asociados se celebró en el Teatro de la Victoria el 30 de abril de 1851 y entre otras medidas se acordó el nombramiento de tres comisiones encargadas de formar los Estatutos, de constituir un Directorio y de proceder a organizar las primeras compañías.
Esas comisiones cumplieron con el mayor celo y actividad el encargo que se les hizo y presentaron muy pronto los Estatutos de la Asociación. En el mes de junio siguiente estaban ya organizadas con numeroso personal, las cuatro compañías conque se inauguró el Cuerpo, a saber:
  • Dos compañías de Bombas.
  • Una de Hachas y Escaleras.
  • Una de Guardia de Propiedad.
El primer material de la 1ª y 2ª Compañías, consistió en las dos Bombas de la antigua Brigada de Zapadores Bomberos que fueron convenientemente reparadas. Pero como eran insuficientes para las necesidades de la población, el Directorio encargó a Estados Unidos otras dos Bombas con todos sus accesorios y con dotación bastante de mangueras.
El material de escalas, hachas y demás útiles para las otras dos Compañías, fue preparado en la misma ciudad. El importe total de los gastos que demandó el material para las cuatro compañías, incluyendo, las dos Bombas encargadas a Estados Unidos de Norteamérica, ascendió á $6.000 mas o menos.
Esa suma fue erogada casi en su totalidad por el comercio de Valparaíso. La Municipalidad se suscribió con la miserable suma de tres onzas (cincuenta y un pesos y setenta y cinco centavos oro) y meses después votó una subvención de cincuenta pesos mensuales. Para estimar en toda su importancia la conducta de la Municipalidad, debe tenerse presente que el Superintendente del Cuerpo, señor José Tomás Ramos, era miembro de ella, y que trabajó, por tanto empeñosamente, como puede suponerse, para estimular la liberalidad de sus colegas del Cabildo.
Todo el trabajo realizado hasta esa fecha era una parte solamente de la atrevida empresa acometida con tanto entusiasmo. Quedaba todavía mucho por hacer. Era menester, en primer lugar, asegurar los medios de disponer del agua necesaria para combatir los incendios. El agua no faltaba seguramente, como que estaba el mar Pacífico a disposición de los Bomberos, pero ella sólo servía para las propiedades inmediatas a la playa y así sucedió que en varias ocasiones fueran enteramente inútiles las bombas.
Acordó pues el Directorio la construcción de pozos a medida que sus recursos lo permitieron y contrató desde luego la construcción del primero por el precio de $386,18.
En todo el año 1851, no se consiguió que el Cuerpo de Bomberos se presentara en público con su material por diversos inconvenientes, entre otros, por los relacionados con los acontecimientos políticos de ese año.
Aprovechándose en los primeros meses de 1852 la presencia en Valparaíso del Presidente don Manuel Montt, el Directorio fijó el día 2 de Marzo para la primera Revista y Ejercicio General.
El Presidente de la República presenció desde los salones de la Bolsa Comercial el ejercicio general, practicado en el muelle, y pocos días después, en un gran banquete que le ofreció el comercio de Valparaíso, ese magistrado y el Ministro del Interior, don Antonio Varas, se expresaron en los siguientes términos, sobre la nueva institución organizada en Valparaíso. El señor Montt, dijo:
"Valparaíso se apropia día por día algunas de las grandes conquistas de la ciencia y de la industria moderna; centro de comercio y vivificando con sus capitales los ángulos más apartados de la República, ejecuta en su suelo importantes obras de utilidad. Acaba de poner el agua a disposición de los vecinos y de adaptarla á la extinción de los incendios, una de las terribles plagas que ha sufrido este pueblo.
(...) Una manifestación más alta, si cabe, del espíritu de Valparaíso, son las diversas instituciones que ha creado, y entre ellas debo una mención especial a las Compañías de Bomberos, hermoso plantel que no puede mirarse sin complacencia y sin formar al mismo tiempo el voto de que este ejemplo, fecundo en grandes aplicaciones, sea imitado en toda la República".
El señor don Antonio Varas, Ministro del Interior, refiriéndose al Cuerpo de Bomberos, se expresó en los siguientes términos:
"A cada pueblo le llega en el curso de los tiempos la ocasión de mostrarse tal cual es, de dar a conocer su espíritu, de revelar los altos destinos que le están deparados por la Providencia: a Valparaíso le ha llegado su vez en 1851 los temblores, los incendios, las tempestades del océano, las tormentas de revoluciones políticas han venido a llamar a sus puertas amenazándole destrucción, y él ha respondido a los temblores reparando sus estragos y construyendo, animoso, nuevos y suntuosos edificios; a los incendios, armándose para combatirlos, improvisando esa falange de guerreros de paz, esos bomberos preparados a combates en que su propia sangre es la única que puede ser vertida...".
Esas hermosas y alentadoras palabras de los dos más altos funcionarios de la nación, tuvieron la resonancia que les correspondía. Con el tiempo cumpliose el voto que formuló el primer mandatario en esa tan solemne ocasión.
El Cuerpo de Bomberos creció rápidamente y extendiendo sus ramas á todos los ámbitos de la República, llegó a ser una institución nacional. Cada día que transcurría se hacía sentir con mayor fuerza la necesidad de disponer de las bombas encargadas a Estados Unidos de Norteamérica.
Un gran incendio que ocurrió el 28 de abril, en la calle de la Victoria, a media cuadra de la plaza del mismo nombre, dejó corroborada una vez más la ineficacia de las viejas bombas y que con ellas eran estériles todos los esfuerzos y sacrificios de los bomberos.
El 16 de junio de 1852 ancló en el puerto la barca Independencia, procedente de Boston, portadora de las nuevas bombas, y el 23 del mismo mes eran conducidas solemnemente, y con loco entusiasmo, al cuartel ubicado en el edificio de La Bolsa.
La Americana de la 1ª Compañía y la Chilena de la 2ª Compañía, importaron con sus accesorios la suma de $5.315. La bomba Salamandra, que con justo orgullo conserva como reliquia el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, es la misma que recibió el año 1852 la 2a. Compañía.
Estimulada la juventud de Valparaíso por el éxito tan feliz del Cuerpo de Bomberos, y por la necesidad de radicar alguna compañía en el barrio del Almendral, se procedió a organizar la 3ª Compañía con las dos antiguas bombas que habían quedado sobrantes desde la recepción de la Americana y la Chilena, lo que sólo vino a conseguirse después de vencer muchos y graves inconvenientes, algunos de los cuales llegaron a parecer insuperables.
La Compañía del Almendral se disolvió antes de que hubiera prestado servicio alguno, y sólo se consiguió reorganizarla en buenas condiciones a fines del ano 1853. Contribuyó poderosamente a la constitución de esa nueva Compañía un rasgo de generosidad del señor Matías Cousiño de que sería injusticia no hacer mención.
El 1° de septiembre de 1853 se daba la alarma de un nuevo incendio en la calle de la Victoria, que tomó muy grandes proporciones, á pesar del vigor con que fue atacado por los bomberos. El señor Cousiño, propietario de un edificio inmediato al lugar del siniestro, quiso manifestar el concepto que le merecía el Cuerpo de Bomberos, obsequiándole una bomba de primera clase que se apresuró a pedir a Estados Unidos de Norteamérica unos cuantos días después del incendio.
A ese rasgo de excepcional generosidad a favor de la institución se refieren las siguientes comunicaciones:
"Valparaíso, Septiembre 6 de 1853.
Señores Directores de la Sociedad de Bomberos de Valparaíso.
Muy Señores míos:
Me ha sido muy satisfactorio saber el noble empeño con que la Sociedad que ustedes representan, ha prestado sus importantes trabajos en la mañana del 1° del presente para mermar los desastres del desgraciado incendio de ese día. A esos esfuerzos he debido yo, tal vez, la conservación de mi casa cerca del lugar incendiado, y deseando acreditar a esa Sociedad mi admiración por sus trabajos en favor de la humanidad y mi agradecimiento por la parte en que he sido favorecido, he acordado obsequiar a la Sociedad una Bomba de primera clase, para cuyo efecto encargo con esta fecha al señor don Thomas Bland Garland, uno de los miembros de ese Directorio, para que de acuerdo con ustedes, proceda a encargarla de mi cuenta. Suplico a ustedes se sirvan admitir esta manifestación de gratitud, con que me suscribo de ustedes atento servidor,
M. COUSIÑO".
Esa tan generosa manifestación fue correspondida por el Directorio con la siguiente nota:
"Valparaíso, 9 de septiembre de 1853.
Señor Don Matías Cousiño.
Señor:
El Directorio en sesión de ayer, ha recibido por manos del Director señor Thomas Bland Garland la apreciada nota de usted, fecha 6 del corriente, ofreciendo el obsequio de una Bomba como premio de los esfuerzos de las Compañías en el último incendio. Esta generosa manifestación de parte de Ud. ha evocado el mayor entusiasmo e interés de nuestra asociación, y no sólo obliga a nuestros cuerpos y los estimula a mayores esfuerzos por la apreciación de sus trabajos así demostrada, sino que redunda en beneficio de la humanidad y del público, exigiendo el reconocimiento de toda la población por la eficaz cooperación suya al mejoramiento de nuestra institución, tan necesitada de socorros para llegar a la altura que quisiéramos darle.
El galardón no podía ser más apetecido, porque se ha sentido ya la falta de una Bomba de primera clase para el servicio del Almendral, capaz de contrarrestar un incendio en su principio, y a cuyo efecto las Bombas del Puerto se hallan a una distancia demasiado grande.
Cumplo pues con un encargo cuando a nombre del Directorio le dirijo a Ud. la palabra para demostrar a Ud. los sentimientos de gratitud que merece un servicio de tanta importancia, y ante cuya consideración se ha determinado darle a la Bomba el nombre de Cousiño.
Aprovecho esta oportunidad para ofrecerme de Ud. su seguro servidor:
JUAN A. VIVES
Superintendente
JORGE FEHRMAN
Director-Secretario"
Con el transcurso del tiempo y con los importantísimos servicios prestados a la ciudad, el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso llegó a ser la asociación predilecta de la población y merecer la más decidida protección del vecindario y especialmente del comercio.
El Cuerpo de Bomberos ha sido más que el defensor de la propiedad contra el fuego; ha estado siempre alerta y siempre listo para concurrir a todos los llamados que se le han hecho en las circunstancias más difíciles y angustiosas.
Brillante ha sido su comportamiento en los miles de incendios que ha combatido y en todas las jornadas que ha hecho desde su fundación. El año 1866 asistió al bombardeo de Valparaíso por la escuadra española, y salvó de las llamas inmensos valores. Durante la guerra con el Perú y Bolivia prestó señalados servicios, extraños al objeto de su existencia. En 1891 después de la batalla de la Placilla, y especialmente en la
noche siguiente a esa acción, el Cuerpo de Bomberos libró rudísima batalla contra el populacho y la soldadesca, tratando de impedir los saqueos y los incendios y combatiendo el fuego en todos los puntos en que la tea incendiaria hacía estragos. La actitud del Cuerpo de Bomberos en esa noche inolvidable, la valentía de sus miembros al frente de las masas ebrias y armadas, y en medio de un vivo fuego de fusilería, merece la gratitud de la ciudad.
Para comprobar cómo ha cumplido el Cuerpo de Bomberos la misión que le impusieron sus fundadores, basta recordar el nombre de los voluntarios que han rendido su vida en el cumplimiento del deber. Las víctimas de su abnegación se llamaron Farley, Blackwood, Lawrence, Rodríguez, Forno y Bilbao. Esos seis bomberos han perecido en actos del servicio, cumpliendo la obligación voluntariamente contraída de servir a sus semejantes.
Así entiende el Bombero el compromiso de honor a que está ligado. El guerrero tiene el deber de hacer el sacrificio de su vida si es necesario en defensa de la patria, y cumpliéndolo cae gloriosamente. El bombero, cuya misión es de paz, no economiza tampoco su sangre ni su vida, y la rinde modestamente entre las llamas o bajo los escombros, a sabiendas de que no tiene derecho a glorioso renombre, ni siquiera a un mendrugo de pan para sus hijos huérfanos.
Ello quiere decir que la juventud que acude a la filas del Cuerpo de Bomberos, no va en busca de glorias ni de conveniencias personales. Ella sólo ve en la institución un altar adonde se rinde culto al trabajo desinteresado, y se consagran los ideales más altos y las más nobles aspiraciones, haciendo el sacrificio de los egoísmos humanos, en vez de los holocaustos con que el paganismo rendía homenaje a la divinidad.
La juventud de Valparaíso que dio en el año 1851 el más alto ejemplo de civismo, creando una institución que ha sido y es y seguirá siendo hermosa manifestación de cultura y virilidad, y que ha sido, es y seguirá siendo el centinela avanzado de la ciudad y la mano providencial en todas las horas de peligros y calamidades, tiene derecho indisputable a los homenajes del reconocimiento y de la gratitud.
Rendimos aquí el tributo más preciado a que es dado aspirar, recordando que los Cuerpos de Bomberos de toda la República, son la resultante inmediata del ejemplo dado por los habitantes de Valparaíso, y que todos han nacido y han prosperado imitando las tradiciones consagradas en el transcurso de cincuenta años por el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.
¡Honor a él y a sus fundadores!
Otra imagen histórica de los Bomberos de Valparaíso.
2ª Compañía Bomba "Germania" de Valparaíso, en 1888.

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