jueves, 26 de marzo de 2015

DE SUBTERRÁNEOS PERDIDOS A FANTASMAS DESCABEZADOS: BREVE REVISIÓN DE LAS ATERRADORAS LEYENDAS SOBRE MISTERIOS Y APARICIONES EN EL EX CONGRESO NACIONAL DE SANTIAGO

Una fantasía sobre la leyenda del fantasma del jesuita sin cabeza.
Coordenadas:  33°26'17.98"S 70°39'12.38"W (ex Congreso Nacional)
Éste es el primer artículo que redacto y completo casi desde cero para este blog en más de un año y medio ya, tras mi largo y creo que merecido retiro, pues había estado trabajado hasta ahora casi exclusivamente con material que tenía en archivos. El tema aquí abordado siempre me apareció y reapareció en todo lo relativo al edificio del ex Congreso Nacional de Santiago y sus misterios, así que voy a sacarme de una vez la presión íntima por querer dejar registros de este asunto que encuentro muy interesante y apropiado al interés por el folklore urbano contemporáneo.
Sin embargo, confieso que el contenido de este artículo no lo he hecho totalmente solo, pues he recibido dosis de valiosísima ayuda por parte de una importante fuente relacionada con el mismo lugar al que se refieren estas leyendas de la ciudad: mi amigo el destacado periodista, investigador y escritor Juan Guillermo Prado. Experto en esta clase de temas, además, conoce muy bien todo el contenido legendario de este edificio en el que trabaja desde mediados de los años setenta, y nos reunimos un día en la intrigante Sala de Libros Raros y Valiosos que está a su cargo en la Biblioteca del Congreso Nacional a conversar de ésta y varias otras materias, hará un año y medio ya, acompañado de mi otro amigo investigador Marcelo Villalba Solanas. "En el edificio del Congreso Nacional hay un curioso sincretismo entre el mito y la realidad", dice de entrada en nuestra última correspondencia, y veremos que es bastante exacto en esta apreciación.
Remontándonos a los orígenes de este lugar en su época como convento e iglesia, en calle Compañía con Bandera, creo haber comentado ya que su vida como templo empieza con la construcción de una capilla iniciada en 1595 y terminada recién en 1631, que sería consagrada a San Miguel Arcángel. Sin embargo, cabe señalar que los sacerdotes habrían traído con ellos y guardado en el lugar una valiosa reliquia religiosa según los antiguos cronistas de la orden, probablemente enterrada en los cimientos: la cabeza de una de las once mil vírgenes de Santa Úrsula, patrona de la ciudad alemana de Colonia. Así lo comenta don Benjamín Vicuña Mackenna en su conocido libro sobre este templo y su tragedia, agregando: "¡Fatídica ofrenda hecha al sitio del que debían volar al cielo de una sola vez tantas almas virginales!".
En la mitología cristiana, el relato de Santa Úrsula y las mujeres castas dice que fueron martirizadas y asesinadas por decapitación en manos de los bárbaros hunos del siglo V. Están representadas en el escudo de Colonia, que muestra en la parte superior tres coronas de los Tres Reyes Magos (patronos de la ciudad, a los que se cree enterrados en el sarcófago de oro del coro de la basílica local) y en la inferior once llamas simbolizando las 11.000 vírgenes mártires, de entre las que habría sido obtenida esta cabeza-reliquia. La historia en realidad surge de interpretaciones erradas, relativas a la muerte de Santa Úrsula y las doncellas Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegonda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia, Odialia de Britania y Undecimilla. Fueron asesinadas porque Úrsula (figura cristiana de evidentes semejanzas con la diosa pagana germano-nórdica de la belleza y el amor Freya, protectora de las mujeres vírgenes) se negó a corresponder a las seducciones de Atila en el año 451, tras invadir Germania. Como el nombre de la última de las mencionadas, Undecimilla, se traduce como "Pequeña Undécima",  se entendió que las doncellas asesinadas eran 11. Sin embargo, en un documento del año 922 que aún se conserva en un monasterio local relatando esta matanza, se leía: "Dei et Sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum", traducible como "Dios y Santa María acojan a las XI mártires vírgenes", pues la letra m después del número romano era la inicial de la palabra "martyres". Esto generó el error numérico, pues la m comenzó a ser interpretada en algún momento como "millia" y así se creyó que la historia hablaba de 11 mil vírgenes martirizadas.
Con el terremoto de 13 de mayo de 1647, el templo jesuita quedo destruido hasta sus cimientos, siendo reconstruido con un nuevo edificio de cal y canto, pero el siguiente gran terremoto del 8 de julio de 1730, volvió a destruirlo a pesar de que había sido terminado hacía pocos años. Para peor desgracia de los religiosos, en 1767 se hizo efectiva la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III, y sus bienes fueron confiscados, incluida la iglesia. La leyenda de un subterráneo donde supuestamente guardaban todas sus riquezas los jesuitas, de la que diremos algo más abajo, puede haberse gestado en este negro período. Como en 1769 hubo un incendio en la Catedral Metropolitana, el templo de la Compañía, fue terminado y reutilizado para las labores religiosas oficiales mientras se reconstruía el principal, hasta 1775.
Una creencia popular decía antaño que en este sitio el Padre Nicolás Mascardi expulsó un repulsivo demonio que acosaba a una sirvienta adolescente india en el convento, en mayo de 1653, valiéndose de la imagen de San Ignacio de Loyola. Una descripción de este episodio aparece en la "Guía Mágica de Santiago" de César Parra, otro gran amigo nuestro e investigador afanoso. Pero parece ser que la leyenda original caída después en la crónica, se referiría a un supuesto hecho sucedido en la Misión de Buena Esperanza, cerca de Chillán, donde ya se hallaba a la sazón el célebre sacerdote buscador de la Ciudad de los Césares. Por alguna razón, la expulsión del demonio salido de una oreja de la niña y en forma de perro negro, lograda por Mascardi, a veces ha sido colocada por el folklore oral en nuestra capital y también en Concepción, ciudad más cercana al lugar señalado.
He comentado bastante en este blog sobre el resto de la historia del templo y el convento, además de que el Congreso Nacional de Santiago fue construido sobre el terreno que antaño pertenecía al solar jesuita junto a la Iglesia de San Miguel de la Compañía de Jesús, siniestrada el 8 de diciembre de 1863 en un catastrófico incendio con cerca de 2.000 víctimas, gran cantidad de ellas mujeres jóvenes, quizás como las mismas vírgenes de Colonia. Curiosamente, la noche del 31 de mayo de 1841 ya se había producido un voraz incendio anterior que consumió la torre principal de madera y derrumbó parte de las estructuras. Su reparación culminó en 1847, pero el juicio histórico ha señalado que no se tomó ninguna precaución de parte de los religiosos tras esta experiencia para evitar que la calamidad se repitiera, como efectivamente sucedió en 1863.
Tras sacar los muertos a carretadas, las ruinas del templo calcinado continuaron causando pavor en la sociedad santiaguina y reportándose en ella supuestos casos de apariciones fantasmagóricas por el largo tiempo que permanecieron allí, especialmente en las noches, como un caso descrito por Vicuña Mackenna sobre la mano de un esqueleto que asomaba por entre los muros saludando a los aterrados criollos; pero al día siguiente, en una inspección, se verificó que la mano blanca no era otra cosa que unas inocentes tiras de papel agitadas por la brisa. Las victimas del incendio de 1863, en tanto, serían recordadas con dos monumentos, uno colocado en los jardines del ex Congreso y otro en la fosa de los cuerpos frente al Cementerio General de Recoleta, al centro de la Plaza de las Columnatas de Avenida La Paz. Ambos conjuntos conmemorativos, dicho sea de paso, también cargan con sus propios mitos y leyendas oscuras, pues las figuras originales que estaban en los jardines del Congreso Nacional (justo sobre el lugar donde se hallaba antes el altar de la iglesia) debieron ser reemplazadas por las actuales imágenes de la Virgen y los ángeles de mármol, al ser considerada la anterior demasiado "pagana" y de connotaciones reñidas con la cristiandad tras ser inaugurada en 1873. Por eso la obra está actualmente en el Cementerio General, frente al gran panteón.
Cabe recordar, adicionalmente, que una extraña y trágica recurrencia histórica ha quedado atrapada en los hilos del tiempo tras la tragedia del Incendio de la Iglesia de San Miguel de la Compañía de Jesús: inmediatamente después del trágico incendio del templo el 8 de diciembre de 1863 en las celebraciones del Día de la Inmaculada Concepción, se llamó a la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Y, curiosamente, Germán Tenderini, el primer mártir de los bomberos de Santiago, caería exactos 7 años después, también en el Día de la Purísima: el 8 de diciembre de 1870, en el incendio del Teatro Municipal. La coincidencia se repetirá en nuestra época: el 8 de diciembre de 2010, pasadas las fiestas del Primer Centenario, tiene lugar el trágico Incendio de la Cárcel de San Miguel, con el mismo nombre del templo quemado ese mismo día en 1863, homenajeando al arcángel que lucha contra las llamas del infierno derrotando al Demonio. Además, en el mismo día en que se incendió la cárcel tras un intento de motín y dejado 81 muertos, se iba a realizar la ceremonia de recepción de las campanas originales del Templo de la Compañía de Jesús, que también tienen su propio aporte a las leyendas terroríficas del lugar, como veremos. Para los interesados, doy aviso de que la agencia capitalina de turismo urbano Santiago Freak, hace caudal de estas y otras relaciones entre las tres tragedias, en un completo tour titulado "Santiago Paranormal" y que tiene como uno de sus puntos principales al ex Congreso Nacional, precisamente.
Vieja imagen de la Iglesia de la Compañía desde su costado, vista desde calle Compañía hacia el oriente. El muro blanco corresponde al antiguo solar del convento, donde sesionó el Congreso Nacional y donde se construiría después el actual edificio del ex Congreso.
Portadas de dos de las primeras ediciones del libro de Ramón Pacheco.
El Edificio del ex Congreso Nacional de Santiago, por el lado de Bandera esquina Compañía, en  fotografía fue publicada por "The Illustrated London News" el 31 de enero de 1891. Los jardines y el monumento a las víctimas del incendio están en el sitio que antes ocupaba la iglesia siniestrada.
Ya hemos hablado en otra parte, también, de la leyenda del Subterráneo de los Jesuitas que supuestamente existía en este lugar, muy popularizado en la segunda mitad del siglo XIX con la entonces famosa novela del mismo nombre escrita por Ramón Pacheco, y cuya existencia no habría sido tan imaginaria como se creía, de acuerdo a evidencia encontrada en trabajos realizados bajo el edificio, apareciendo en estas obras un túnel de aproximadamente un metro y medio de altura, de medio punto, que conducía hacia el Norte. Esto sucedió en los años sesenta, con un equipo de trabajadores del que formó parte el fallecido bibliotecólogo Fernando Concha, alguna vez encargado también de la Sala de Libros Raros y Valiosos. De acuerdo al testimonio dado por Concha, encontraron y exploraron parcialmente un extraño túnel hallado bajo el Salón de Honor, debiendo retroceder por lo viciado del aire. Posteriormente, un funcionario de la Cámara Baja encontró indicios de la existencia de otro túnel en el mismo sector, pero más cercano al monumento a las víctimas.
Nunca se han vuelto a realizar trabajos de investigación de estos túneles ni de su posible relación con el mítico Subterráneo de los Jesuitas. Mitos adicionales especulan que este túnel secreto tenía salida por varias partes, como la Calle de la Ollería (Portugal), el templo de San Ignacio e incluso varios kilómetros al Norte en la Hacienda La Punta de Quilicura, propietada también por los jesuitas, y entre cuyas ruinas también "existía una devoción popular que aseguraba que había una imagen de la Virgen que le crecía el pelo", como nos comenta Prado sobre este interesante caso.
A todo este grupo de historias sobre terrores, enigmas y fantasmas, se suma el retorno desde Gales a este lugar de las campanas originales del templo de la Compañía de Jesús luego de que, según la creencia, sonaron solas allá mientras tenía lugar acá en Chile el terremoto del 27 de febrero de 2010. Están colocadas en los jardines frente a calle Bandera, donde se han realizado importantes hallazgos arqueológicos recientes, y su ceremonia oficial de colocación se vio opacada con el ya descrito incendio de la Cárcel de San Miguel, ese mismo año.
Luego del reemplazo del inmueble por el nuevo, que fuera por casi una centuria la sede formal de nuestro Poder Legislativo, el mismo edificio del Congreso Nacional sufrió varios retrasos en sus terminaciones y reconstrucciones parciales, a consecuencia de un incendio en 1895 y del terremoto de 1906. La maldición destructiva que pesó sobre el templo jesuita se extendió hasta esta edificación, según parece. A su vez, este edificio sólo pudo estar en tales funciones hasta el Golpe Militar de 1973, cuando cesaron abruptamente las labores para las que había sido creado, pasando después a ser una sede secundaria del Poder Legislativo con su actual casa en Valparaíso.
En todo el extraordinario legendario relativo al edificio, encontramos también historias de aparecidos, poltergeist, procedencias controversiales de algunos objetos ornamentales todavía dispuestos allí, simbologías interpretadas como alusiones a logias o sociedades secretas, salones misteriosos ocultos (incluyendo un supuesto sótano de torturas) y el recuerdo de un brutal asesinato con suicidio en la Cámara de Diputados en 1923 (caso Correa-Torrealba). Abundan las historias de empleados de este lugar hablando de sucesos inexplicables, pero pocas de ellas son conocidas y la mayoría quizás ha quedado dispersa por las generaciones de funcionarios que pasaron por esos elegantes y espaciosos salones y pasillos.
Una de las menos conocidas pero más horrorosas historias que se cuentan aún en el edificio que es Monumento Histórico Nacional desde 1976, es la de cierta aparición fugaz y de sólo unos segundos por vez, correspondiente a un grotesco fantasma que adquiere la forma de un sacerdote, probablemente un jesuita, pero sin cabeza. La imagen ha causado pánico en varias ocasiones, tanto por su aspecto terrorífico como por su afición a aparecerse en las noches y de súbito por el sector del atrio del Salón de Honor, y quienes se han encontrado con ella juran mirando al cielo que su testimonio es real. No sé si la leyenda tendrá alguna relación con la cabeza-reliquia de una de las 11.000 vírgenes de Colonia que, como vimos, habría sido llevada al lugar al construirse el templo.
No es el único fantasma del legendario de este gran inmueble, por cierto: me revelan también que en una de las salas de la Biblioteca del Congreso, según testimonios, se ha visto el espectro de un marino, y que además a una antigua máquina de escribir que se halla en esta sección se le escucha teclear durante la noche. He sabido también de historias de libros que se movían solos por las estanterías o ruidos de objetos arrastrados en la oscuridad, años atrás.
Un artículo del diario "La Cuarta" del 11 de abril de 2006, además, repasa algunos testimonios de mozos del edificio, especialmente los del sector donde estaban las oficinas de la Cancillería que fueron trasladadas al ex Hotel Carrera. Allí cuenta el copero Juan Macías, por ejemplo, que desde que había entrado a trabajar al lugar en 1968 le ocurrían las cosas más insólitas dentro del edificio, especialmente después de las 2 AM cuando ya todos se han ido, reportando sonidos de carreras de pasos, risas, tiradas de cadenas en los sanitarios de los baños en desuso, apagones de luces y hasta voces golpeadas sonando desde lugares indeterminados. "Capaz que sea el alma de un político que falleció en la cafetería o de alguien a quien se veló en el Salón de Honor", especulaba el trabajador que, a pesar de los años de experiencias, no se acostumbraba al susto que éstas le provocaban. En tanto, el guardia Jaime Fuentes confesaba al mismo medio haber observador cómo se abrían solas puertas de pasillos y otras manifestaciones por el estilo.
Finalmente, hay otro grupo de historias igual de espeluznantes, que sucederían en los jardines del ex Congreso y especialmente en el sector donde estaba antes el siniestrado templo jesuita, comprometiendo en este caso a funcionarios de Carabineros de Chile que hacen la ronda nocturna del lugar. De acuerdo a lo que se ha comentado en la comunidad de trabajadores del edificio, estos uniformados han visto con frecuencia unas especies de espectros negros, que en ocasiones avanzan sobre ellos como tratando de embestirlos y los traspasan como si fueran de éter. Se cuenta que ciertos carabineros han pedido cambio de destino después de la traumática y aterradora experiencia, aunque también dice el chisme que ha sido cosa más frecuente y pedestre el hallar entre las plantas y ornamentos franceses, en las noches, a ciudadanos extranjeros del sector desatando sus fogosas pasiones tras saltar las rejas y entrar furtivamente a los jardines.
Salón de la Cámara de Diputados del ex Congreso.
Alegorías del Comercio y del Progreso en el Congreso Nacional. Aluden a Mercurio-Hermes, en el caso del varón, pero de acuerdo a posibles códigos de criptosimbología, podría aludir a la diosa Ceres-Démeter (de la agricultura y la fecundidad) en el caso de la figura femenina. Son similares en aspecto a las representaciones que estaban en la fechada de la Estación Mapocho y en lo alto del antiguo edificio del Correo de Santiago, ambos conjuntos ornamentales desaparecidos de esos respectivos inmuebles.
Pasillos interiores del edificio.

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