sábado, 24 de enero de 2015

LANCES DE TRADICIONES, TRAGOS POPULARES Y MITOS CON PEDICULOSIS EN "LA PIOJERA"

"La Piojera" en los años 60. Imagen de revista "En Viaje".
Coordenadas: 33°26'1.25"S 70°39'7.71"W
No sé si coincide mi apreciación actual de "La Piojera" con las descripciones idealizadas y nostálgicas que ciertos autores asumen, como Maximiliano A. Salinas Campos en su "¡Vamos remoliendo, mi alma!"... Pero es innegable para mí que el boliche que conocí hace tantos años ya, cuando no había que llegar a codazos hasta su antigua caja registradora (una  hermosa National digna de tasar en "El Precio de la Historia" del History Channel) y donde los mozos podían conversar largo rato con uno en la barra de irregular y apozada superficie, ha cambiado mucho desde entonces.
Ubicada en la calle Aillavilú 103o frente a Gabriel de Avilés y llegando a la Estación Metro Puente Cal y Canto, el crecimiento ya no tanto de su popularidad como característica sino más bien su fama transversal como secular y tradicional chichería-restaurante del Barrio Mapocho, le ha significado sacrificar un poco su esencia de "picada" añeja y salvaje, aunque las generaciones más jóvenes que ahora repletan sus salas quizás difícilmente sepan distinguir la diferencia. La irrupción de su imagen como atractivo turístico y la moda de "lo guachaca" han abonado a esta transformación, para bien o para mal dependiendo de cada opinión.
Mencionada por escritores como Waldo Vila Suárez, Javier Mujías, Juan Rubén Valenzuela, André Jouffé Louis, Mónica Echeverría Yáñez y especialmente Ramón Díaz Etérovic en sus sagas del Detective Heredia, "La Piojera" es, sin grietas para la duda, uno de los más internacionales y sólidos símbolos de la actual diversión urbana santiaguina.
Imagen de calle Aillavilú en los sesenta, de revista "En Viaje", cuando las micros pasaban por allí hacia Bandera. Nótese la carreta detenida justo en donde está "La Piojera", con el Mercado Central de fondo.
ORÍGENES DE "LA PIOJERA"
La historia de "La Piojera" está indivisiblemente asociada a la calle Aillavilú, antes llamada Calle de Zañartu por haber tenido allí, frente a la chichería, su casa de vigilancia de las obras del Puente de Cal y Canto el temido Corregidor Luis Manuel de Zañartu, en el siglo XVIII. En "Santiago calles viejas”, Sady Zañartu informa que esta corta callejuela hacía "esquina con el rancherío riberano, antes de llegar a San Pablo". Y en su "Novelario del 900", Lautaro García hace una descripción de cómo lucía la cuadra de calle Puente con Aillavilú vista desde el lado del Mercado Central a exactos principios del siglo XX, con los últimos restos del Puente de Cal y Canto a la vista:
"Pasada la calle de San Pablo, frente al Mercado Central, se alzaba solitario, con aspecto de ruina romana, un alto y grueso muro de cal y ladrillo, de unos cincuenta metros de largo. Nacía bajo, casi a ras de suelo, junto a una calleja oblicua, e iba a rematar su reciedumbre de unos diez metros de altura muy cerca de las márgenes del Mapocho. La calleja se llamaba Zañartu. ¿Fue acaso en homenaje al famoso Corregidor?, y estaba compuesta por sucios bodegones en cuyas murallas se leía: ¡¡¡Llegó la rica chicha de Quilicura!!!... ¡¡¡Aquí se vende la auténtica rubia de Curacaví!!!".
Quizás sea al mismo local que ocupará después "La Piojera" que se refiere García, por cierto, en este callejón antes dominado por los bares, la prostitución y las cantinas herederas de las más viejas casas de jolgorio y algarabía plebeya. Se sabe que fue fundado unos años después y allí mismo por el inmigrante italiano Carlos Benedetti Pini, quien se quedó en Chile y se vino a Santiago tras un naufragio del vapor en que viajaba por tierras magallánicas. Hasta entonces, el establecimiento de la Calle de Zañartu era llamado "El Parrón" o "La Viña", pero el italiano lo rebautizó "Santiago Antiguo", no obstante que flotan ciertas versiones indicando que se le llamaba también "Club Democrático" y "Bar Santiago", entre otras propuestas.
En "El Santiago que se fue", dice Oreste Plath tras entrevistar a su actual dueño que el local de esta cantina se podría remontar a los tiempos de la Guerra del Pacífico, según cuenta, y que el restaurante actual nace hacia 1916, cuando lo compró Benedetti a su dueña, quien escogió personalmente al que iba a ser propietario del célebre sitio. La misma fuente indica que el boliche tenía ya unos 60 años de exitosa vida al momento de ser comprado en el año señalado, aunque versiones nuevas reproducidas en la página web del propio bar, sostienen que empezó a funcionar como cantina en 1896.
Aunque es común que en Chile se apode como "piojera" a cualquier lugar sucio, desastroso o picante, el origen del extraño nombre del negocio tiene al menos dos teorías. Una de ellas supone la presencia real de estas alimañas en el pasado del local, como explica Plath:
"Es llamada así porque en esta chichería picaban piojos grandes y chicos".
La segunda y más conocida propuesta, tomada como la oficial por los actuales dueños, se refiere a un berrinche hecho por el explosivo Presidente Arturo Alessandri Palma cuando lo llevaron hasta allá, al "Santiago Antiguo", en 1922 tras una ceremonia de la Escuela de Detectives. Se cuenta que apenas entró y miró el rústico establecimiento, rugió iracundo ante de todos los presentes:
- ¡¡Y a esta piojera me trajeron!!
Desde entonces, según esta leyenda, el bar jamás pudo librarse de semejante motete, asumiéndolo como su nombre oficial muy al pesar de Benedetti, a quien no le agradaba al punto de intentar cambiarlo en al menos una ocasión, según comentaban los mozos hace unos años.
"La Piojera" en imagen de revista "En Viaje" de 1963.
En imagen de 1997, publicada por el diario "La Tercera".
Interior del local en 1997, también en "La Tercera".
EL CLÁSICO BOLICHE
A la sazón, en días tan auténticamente bohemios del barrio, calle Aillavilú lucía muy distinta a como es ahora, pues tenía una curvatura o quebradura en su forma que seguía una línea angular en la misma desviación que aún se le observa a la fachada de "La Piojera", pero que las remodelaciones urbanas dejaron como un callejón recto en nuestros días, disimulando esta anomalía. En donde ahora existe una construcción vecina al poniente del bar, se formaba la esquina o ángulo interior de Aillavilú con el resto del callejón, en una línea quebrada hacia la dirección de calle Bandera, tramo que también era zona de asentamiento para comerciantes callejeros y oscuras posadas clandestinas, que funcionaban como virtuales mancebías o casas de concertación de citas en ciertos casos, según relatan los viejos. Es por esto que el frontis del local se observa con ese ángulo extraño en relación a la actual calzada.
A pesar de las transformaciones durante las tres generaciones de Benedetti que han estado a cargo del local, el recinto de "La Piojera" siempre ha sido básicamente el mismo y parece corresponder a una decimonónica construcción solariega (de 1850, presumen algunos), cuyos patios y pasillos con parrones aún se distinguen entre las intervenciones y mejoramientos ejecutados en más de un siglo ya.
Los vinos y las chichas de San Javier se lucían con destacados en la oferta de antaño. Además, antes del boom del "terremoto" y sus variedades, en "La Piojera" eran muy solicitados los pipeños blancos, borgoñas, colas de mono y los ponches de culén, antigua ambrosía de campo que tuvo popularidad en las "picadas" del barrio de los mercados santiaguinos hasta hace no demasiado tiempo.
Por muchos de sus primeros años y décadas, sin embargo, ni "La Piojera" ni varios otros locales de Aillavilú tenían cocinería propia, por lo que el callejón solía estar lleno de comerciantes de comistrajos como "pequenes", una delicia que fuera especialmente popular en Mapocho, además de tortillas y otros bocadillos. Uno de estos vendedores, don Eulogio Horta, más conocido como don Mario, ofreció pan amasado y huevos duros en las puertas de “La Piojera” por 30 años o más, llegando a ser muy querido y conocido en el vecindario.
Por la ausencia de un menú, entonces, era costumbre entre los visitantes antiguos el desconchar y comer grandes cantidades de mariscos retorciéndose al limón sobre sus valvas y frescura, que se compraban en el vecino Mercado Central. Solían llevarlos para degustar en sus mesas las sabrosuras marinas, acompañados de algún diablillo al vaso. Plath recuerda de estas escenas:
"En la calle no faltaban los muchachos que pregonaban limones que se consumían en gran cantidad para los mariscos".
Si bien fue inevitable que terminara introduciéndose al local la comida criolla y típica para la carta de los hambrientos, ya entonces "La Piojera" tenía una característica estética que la acompaña todo el año y más allá de las fiestas dieciocheras: banderas y escarapelas patriotas entre pipas y barriles, al estilo de ramadas o chinganas del viejo y auténtico Chile.
Entrada del boliche en 2009.
Entrando por el pasillo y el patio emparrado.
Músicos de ranchera amenizando al interior.
CLIENTES CONNOTADOS
"La Piojera" ha sido visitada a lo largo de su historia por importantes autoridades e incluso Jefes de Estado. Se cuenta allí pues que, además del ingrato Alessandri Palma, pusieron pies en sus pastelones y baldosas los Presidentes Juan Antonio Ríos, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende Gossens y Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
Tampoco faltaron las estrellas de las artes doctas: aparecía por allí el bienquisto cantante de ópera Ramón Vinay quien, en una ocasión de entusiasmo con el ambiente de público (y probablemente con alguna otra cosilla adentro alentándolo) cantó solemnemente ante los presentes, encaramado sobre una de las pipas que abundaban adentro.
Plath declara haber visto también al pintor Arturo Pacheco Altamirano y al Premio Nacional de Literatura Francisco Coloane. De hecho, parece ser que Coloane fue otro visitante corriente del Barrio Chino de Mapocho y sus alrededores, pues conoció al periodista José Boch en uno de los bares de calle Bandera, el mismo que le convenció de escribir -en sólo un par de horas- un cuento titulado "Lobo de un pelo", que sería revisado y luego publicado en el diario "El Mercurio", dando origen a la exitosa serie de relatos del célebre "Cabo de Hornos", editados como libro único en 1941.
Hay, también, tradiciones institucionales que han quedado instaladas en la relación de "La Piojera" con sus clientes, como la que conserva con la Marina hasta nuestros días y que se vio interrumpida por algunos años a causa de los contextos ya superados. Esto comenzó cuando se presentó a la ciudad el Monumento a Arturo Prat y los Héroes de la Esmeralda en 1962, allí cerca junto al mercado, y las autoridades presentes comenzaron a buscar de inmediato algún sitio del entorno para ir festejar la inauguración. Cuenta la leyenda que siguieron la dirección del propio dedo de la estatua del Capitán Arturo Prat (que apunta en dirección al mar) y así llegaron a "La Piojera", convirtiéndola desde entonces en el sitio donde remataba la conmemoración de cada 21 de Mayo en Santiago, con presencia de altos jefes de la institución en la capital.
Otros que han acudido a sus comedores en reuniones de camaradería o de celebración, son clubes como la Hermandad de los Patos, sociedades de trabajadores de los mercados, conjuntos musicales y agrupaciones deportivas, algunos testimoniados por fotografías que ya son parte de la decoración entre los carteles colorinches de precios y los desteñidos cuadros al óleo atrás de la barra.
Díaz Eterovic agrega a estas historias (en la "Guía de patrimonio y cultura del Barrio de la Chimba" de Editorial Ciudad Viva) que, en los años ochenta todavía quedaba una fuerte presencia literaria en la vida interior de "La Piojera", con improvisadas lecturas de poemas que realizaron los escritores Rolando Cárdenas, Álvaro Ruiz y Aristóteles España; y que Diego Muñoz Valenzuela, autor de "Todo el amor en tus ojos", solía pasar al local luego de haber realizado algunas compras en el Mercado Central o en La Vega.
Frente de "La Piojera", probablemente por donde está ahora un cabaret, existió un "Café Santiago", que aparece en las escenas del filme chileno "Largo viaje", de 1967, y posteriormente el desaparecido restaurante "Chicha y Chancho". Por largo tiempo, muchos músicos de tonadas, rancheras y folklore, al igual que fotógrafos de cámara instantánea, intercambiaban sesiones entre los clientes de "La Piojera" y los de otros locales de Aillavilú como los mencionados, juntando monedas y vaciando potrillos de vino.
Uno de aquellos músicos populares, el cantante callejero René Huesillo, paseaba desde los años setenta por restaurantes de Aillavilú entregando sus canciones y guitarreos de boleros, valses y tristes tonadas a cambio de algunas propinas y aplausos. Don René a veces se sentía pagado con sólo una cañita; o varias, demasiadas… Su voz se apagó al soplo de la muerte, por el año 2003, justo en los días en que había sido entrevistado por un medio de televisión que lo presentó como uno de los personajes más importantes del Barrio Mapocho.
No sólo los visitantes ilustres dejan huellas en "La Piojera", sino también varios de sus mozos, algunos verdaderos símbolos del gremio como es el caso de Fermín Antimán, Walter Bernales o René Parraguez.
Jarrones de alegría en el mesón, con el antiguo refrigerador atrás.
Vista de sus salas y mesas.
Los célebres "terremotos" de "La Piojera".
"LA PIOJERA" FOR EVER...
Si bien el nombre de "La Piojera" se remontaría a los tiempos de Alessandri Palma y su primer gobierno, según la leyenda ya revisada, sucede que este título aparece formalmente en la fachada en tiempos más bien recientes, diría incluso que posteriores a la fecha que se señala en la reseña del sitio web oficial, correspondiente a 1981, pues tengo a mano fotografías posteriores donde aún no se observa tal letrero.
Sí es interesante que los ochenta parecen haber sido una muy buena época para "La Piojera" hasta el cierre de la Estación Mapocho, cuando la clientela decayó abruptamente y se volvió un lugar más íntimo como "picada", pues los pasajeros del ferrocarril constituían buena parte de su público. A pesar de los cambios ambientales, si embargo, "La Piojera" logró sobrevivir, y ha resistido tanto al tiempo como a las amenazas inmobiliarias o proyectos de "progreso", que también han acosado por el vecindario riberano a la Estación Mapocho, al ex Hotel Bristol, al Mercado de La Vega e incluso la Población Manuel Montt de Independencia, alguna vez amenazada por el trazado original de la Costanera Norte hacia Vivaceta.
El actual dueño -desde mediados de los noventa- y nieto del fundador, don Hubert Bernatz Benedetti, tiene bastante claro el peso de historia y folklore que entrega en cada plato, vaso y boleta de tan clásico lugar, en especial después del año 2003, cuando hubo un intento de cerrar el local y demolerlo para la construcción de un centro comercial, proyecto que fue duramente resistido por los dueños y por el público, y que acabó dándole más publicidad a "La Piojera" cuando el llamado Movimiento Guachaca, parodiando las declaraciones de Monumentos Históricos Nacionales, tituló al sitio como Monumento de los Sentimientos de la Nación, además de tenerlo convertido en uno de sus principales cuarteles de operaciones en la ciudad.
Por esa misma época, también se recuperó la tradición perdida de la visita de los Oficiales de la Armada de Chile a "La Piojera" luego de las conmemoraciones del 21 de Mayo en el monumento, para tomarse el trago de chicha que, en tiempos más recientes, ha sido reemplazado por una gran repartición de elíxires vitivinícolas en el mismo lugar del final de la ceremonia y frente al mercado. Los grumetes han hecho grandes y festivos encuentros en aquellas regadas salas, por lo demás.
La mayor demanda de "La Piojera" es sin duda, el trago nacional a base de pipeño "terremoto", en versiones donde además de helado de piña, se lo acompaña con fernet o con granadina según el gusto del cliente. En los últimos años se ha incorporado a la carta la verdosa versión con menta o "maremoto", la "absenta de los pobres" como le apodan algunos. Sin embargo, esta fama tiene un ribete controversial: actualmente, "La Piojera" mantiene una disputa por la creación original y el registro del "terremoto" con el no menos famoso bar de "El Hoyo" de Estación Central, al que se ha adjudicado tradicionalmente el nacimiento y bautizo del trago luego de una anécdota con periodistas extranjeros que reporteaban las consecuencias del terremoto de 1985. De hecho, la disputa enfrentó a la oficina Carey representando a Benedetti, con la Alessandri por los dueños de "El Hoyo", por los derechos de propiedad intelectual.
En tanto, los rasgos de chanchería, abundante en comidas como pernil, prietas y longanizas, aún se conservan dentro de su cocina esencialmente criolla, siempre acompañada de bocados como huevos duros y empanadas de horno tentando el apetito de los presentes sobre el vetusto y chorreado mesón principal. Los perniles con papas y los bifes a lo pobre están entre los más solicitados por los turistas internacionales que llegan allá. Y los universitarios, que ya son uno de los grupos más importantes de la clientela que continúa rayando con mensajes de saludo y recuerdos sus muros, siguen prefiriendo los "terremotos" y las cervezas.
Generalmente, comienzan a levantarse las sillas de "La Piojera" cerca de la medianoche. Y si bien es cierto que su carácter de "picada" se ha ido perdiendo por los precios y por el estilo dominante de público actual, no es raro que la fiesta pueda llegar a durar hasta bien pasadas las 2 AM, por lo que el boliche sigue teniendo -a pesar de todo- mucho de aquella originaria inspiración bohemia popular que fue tan propia del territorio riberano mapochino.
El retablo con decoración folklórica, sobre el salón principal.
Detrás del mesón de la barra.
Para prevenir borracheras y también para bajones de hambre

1 comentario:

  1. Tengo ganas de repetir la visita a La Piojera. Ojalá en momentos en que no esté tan llena de gente.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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