jueves, 27 de junio de 2013

ESO DE SER "MÁS MALO QUE EL NATRE"

"Más malo que el natre" es lo que se ha repetido por mucho tiempo en nuestro país para señalar a un individuo despiadado, inmisericorde, dominado por la maldad vernácula, de preferencia vinculado al bajo mundo o a las cáfilas delincuenciales, territorios de "choros" y "patos malos". No ha faltado, por eso, el hampón apodado El Natre en nuestra nutrida historia delincuencial, como corolario y coronación de su mala fama en el ambiente.
El verdadero natre o tomatillo, en tanto, es un pequeño arbustillo perenne llamado Solanum crispum por los científicos, de flores amoratadas con forma de estrella y pistilo amarillo, que crece en Perú, Argentina pero especialmente en el campo chileno, entre las regiones de Coquimbo y O’Higgins.
¿Cómo esta pequeña belleza, frecuentemente usada en la decoración de jardines, pudo llegar a ser sinónimo de maldad, crueldad y maledicencia?
Resulta que el agüita de natre se ha consumido desde tiempos inmemoriales como medicina natural para catarros, fiebres, dolores de cabeza y otros malestares, pero representa un desafío para el pobre enfermo: su sabor amargo, malísimo, suele ser abominable en muchos casos, por lo que pocas veces un convaleciente se enfrenta a una medicina tan “mala” esperando mejoría…
Para peor, el fruto del natre es un pequeño “tomatillo” de color púrpura o fucsia, que ha mandado al hospital a varios tontos que se las han echado a la boca ignorantes de que son sumamente tóxicas, provocando diarreas, vómitos y envenenamientos severos.
Se sabe incluso que los ganaderos intentan mantener lejos del natre a sus animales, pues la intoxicación con el fruto podría llegar a matarlos…
He ahí el temible título entonces: "Más malo que el natre".

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