sábado, 9 de noviembre de 2013

LADRIDOS Y MAULLIDOS DESDE EL MÁS ALLÁ: EL CEMENTERIO DE MASCOTAS DE ALTO HOSPICIO

Coordenadas: 20°15'0.04"S 70° 4'18.64"W
Uno de los libros de terror más pavorosos del famoso escritor estadounidense Stephen King, es "Pet Sematary" de 1983, con una posterior versión fílmica. Trata sobre los hechos sobrenaturales que se desencadenan a partir de la existencia de un cementerio de animales donde desconsolados niños han ido sepultando a sus mascotas fallecidas (de ahí la ortografía infantil del título), y desde donde el protagonista conoce un misterioso lugar de entierro usado por pieles rojas, en donde los cadáveres recuperaban la vida si eran sepultados allí, pero con el detalle de que volvían sin alma.
Existe un curioso y atractivo cementerio de mascotas al Sur de Iquique, en la Ruta A-1 poco antes de llegar al aeropuerto. El esmero que le han puesto los dueños de los perros, gatos y otras criaturas allí sepultadas, ha convertido el improvisado camposanto en una imagen bastante parecida a lo que se describe en la célebre novela de King, con cruces, pequeños mausoleos y monolitos conmemorativos, aunque en este caso sobre el escenario único del desierto costero y con constantes pugnas entre quienes siguen enterrando allí a sus mascotas y las autoridades, que incluso han amenazado con sacarlo.
Sin embargo, pocos saben que éste no es el único cementerio de animales de Iquique, ya que sólo se trata del más conocido y popular: menos visible, está otro más pequeño y rústico colocado -en tiempos recientes- en la cara Norte de una loma ubicada junto a la Ruta A-616, casi llegando a la A-610, próximo al histórico sector de Huantajaya y divisable entre quienes van hacia el complejo penitenciario que se encuentra cerca de allí, o bien para los que salen de la ciudad por esta misma carretera situada sobre el Camino Zig Zag, que se prolonga más allá de Alto Hospicio y de la ex Base Aérea Los Cóndores.
Este "pet sematary" hospiciano es muchísimo más humilde que el gran cementerio de abajo, en la carretera costera: carece de grandes piezas conmemorativas y luce mucho más sencillo, pero extrañamente parecido a esos enterramientos más pobres que pueden verse en los antiguos cementerios pampinos y salitreros para seres humanos. Destacan, sin embargo, algunas casuchas completas colocadas sobre ciertas sepulturas, que en vida pertenecieron al perro fallecido e inhumado allí. No difieren mucho de esas casitas a dos aguas, parecidas a animitas, y que también se colocan con frecuencia por el Norte de Chile en las tumbas de humanos, aunque claramente se trata de una tradición importada, pues la costumbre en Chile había sido siempre la de sepultar mascotas en jardines o patios para que simbólicamente sigan cuidándolos y jugando por ellos.
Muchas de las sepultaciones de este curiosa constelación funeraria, situadas justo al lado del camino, tienen otras clases de recuerdos relacionados con el animal regalón enterrado: trastes de agua, pocillos para comida, cojines, cajas para dormir, peluches para jugar, etc. Otras tienen incluso fotografías del recordado, de esas imágenes que sus amos sacaron sin pensar que podría ser la última.
Sus nombres se leen inscritos en maderos, carteles colgantes y hasta trozos de cartón: Chocolate, Panchito, Gordita, Tamy, Duke, Gato Loco, Simba y el infaltable can Firulais; la perrita Shakira está con un corazón en la "i", mientras que a Osito le han dedicado un vistoso "te queremos"; Tommy, en cambio, tiene una cruz hecha con maderos en forma de huesos cruzados y una fotografía que lo revela cercano a la raza cocker.
Cuentan en el sector de El Boro, en Alto Hospicio, que este cementerio nació hacia las proximidades de Bicentenario Nacional por iniciativa de algunos grupos animalistas, que escogieron este punto en lo alto de los territorios del Gran Iquique para hacer lo mismo que en el otro cementerio cercano al aeropuerto. Los vecinos respondieron rápidamente, comenzando a enterrar sus mascotas allí en ese suave suelo arenoso, naciendo casi espontáneamente una tradición que aún se conserva, aunque ha pasado menos advertida que en el otro caso local descrito.
Las tumbas más antiguas que encuentro acá datan del año 2010, aunque me han dicho que había algunas anteriores. La mayoría son de perros, pero hallo unas pocas que son de gatos. También hay algunas banderas negras entre las cruces, y otro grupo de sepulturas que se observa un poco más apartado, hacia el poniente. En la distancia y sin información, perfectamente podrían ser confundidas con sepulcros humanos. A diferencia del cementerio de animales de la novela, sin embargo, acá no aparecen aún reportes de hechos macabros o sucesos que asombren a la razón.
Finamente, no me parece casual el lugar elegido: es un monte bajo de mucha paz y tranquilidad, apartado de la urbanidad y con magníficas postales de la mañana y del atardecer. La calma sólo es interrumpida por los vehículos que pasan abajo en la carretera, mientras que en la noche toda una bóveda cósmica cubre este paisaje de cruces y lápidas donde niños, amos y familias completas lloraron a sus fieles compañeros, y donde flores de papel o de plástico intentan darle color o poesía a estas tristes hileras de resignación ante la muerte.

2 comentarios:

Criss Salazar dijo...

Mensaje rescatado desde la antigua ubicación de esta entrada:

Anónimo25 de noviembre de 2013, 9:13
buena entrada, tengo un perrito en el "cementerio" que está cerca del aeropuerto.
consulta, tienes contemplada alguna entrada respecto a las unidades militares (granaderos, pisagua(no existe) tarapacá(tampoco existe)) que funcionaron en mi viejo y heróico iquique. deben tener muchas historias esos lugares.
ah, que hay de los locos de iqq... la charo (creo que se inmoló) el carolo, el "que le poní conch..." con una verborrea que asustaba, el manoliiito que casi casi muere cuando lo atropellaron.

salu2 y muy buen blog.

cindy-lia dijo...

Se acaba de morir mi perrito cómo llego ahí??? Contactaré a una veterinaria para averiguar, no sabía que existía es muy bueno .

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