viernes, 25 de octubre de 2013

LOS PRIMEROS GLOBOS AEROSTÁTICOS QUE CONQUISTARON EL CIELO DE SANTIAGO

Globo "Jeanne d'Arc", de Eduardo Laiselle. Fuente imagen: diario "El Austral" de Osorno.
El pasado día 22 de octubre, el siempre ingenioso doodle del buscador Google recordó a sus usuarios que era el aniversario del salto en paracaídas ejecutado en 1797 por el francés André Jacques Garnerin, quien se arrojó en caída soltando el globo de hidrógeno que lo había elevado hasta el alto cielo de París, pero bajó suavemente cuando se infló su artilugio de tela de seda sin abandonar la canasta. Vivió haciendo sus demostraciones y progresos en globos hasta 1823, cuando un absurdo accidente en tierra le quitó la vida justo mientras armaba un globo para otro ascenso.
Como se recordará, oficialmente se considera que los iniciadores de la tecnología de los aeróstatos fueron los hermanos  Joseph y Jacques Montgolfier, con sus célebres pruebas y exhibiciones de vuelos en Francia iniciadas en 1782. En los años siguientes, además, los propios ciudadanos y científicos franceses tendrán gran influencia en la difusión de esta tecnología por el resto del mundo.
Sin embargo, América no estuvo ajena estos avances y novedades tempranos: se sabe que el sacerdote jesuita Bartolomeu de Gusmão, nacido en Brasil, hizo una prueba exitosa aunque en Portugal, ante la corte del rey Juan V, con un globo levantado por aire caliente y bautizado "Passarola". Esto fue mucho antes que los Montgolfier: en 1709, aunque los roces del religioso con agentes de la Sagrada Inquisición a raíz de esta experiencia, le impidieron desarrollar su trabajoo. Hay registros de experiencias parecidas en Venezuela y en México, en 1785, y en Cuba en 1828.
Chile también tiene interesantes historias con respecto a esta época inicial de la navegación a globo, como veremos.
EXPERIENCIAS PIONERAS EN CHILE
Guillermo Lagos Carmona comenta algo interesante en "Los títulos históricos" sobre un primer vuelo de globos realizado en Chile en 1786, a propósito del arribo a Concepción de la expedición de Jean François de Galaup, Conde de la Pérouse:
"El Gobernador de Chile le ofreció una recepción y en la retribución que hizo La Pérouse los franceses elevaron un globo aerostático. Fue el primer acto que se realizaba en el espacio aéreo de Chile; abrió, pues, la primera página en la historia aeronáutica chilena".
De acuerdo a los registros que se tienen de aquella singular experiencia, particularmente en la primera parte de la colección titulada ''Voyage de La Pérouse", publicada en París en 1797, se detalla que el globo elevado entre fuegos artificiales, bailes y festejos realizados en la playa, era de papel y "de tamaño suficiente para darle un espectáculo a interesante" a los cerca de 150 invitados allí presentes en el gran banquete.
Sin embargo, hay un detalle importante sobre este ingenio volador francés en Chile: el globo no era tripulado. Alexander von Humboldt recuerda por cuál motivo -y no precisamente el de la aeronavegación- los empleaban en el equipo científico, en su "Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente" escrito hacia el 1800:
"La Academia de Ciencias había recomendado a los físicos que acompañaban al infortunado La Pérouse que se sirviesen de pequeños globos aerostáticos para examinar en el mar entre los trópicos la extensión de los vientos alisios".
Hacia inicios del siglo XIX, estos globos de aire caliente ya eran conocidos en la sociedad chilena: siendo pequeños y de función decorativa, eran elevados en Fiestas Patrias, el Te Deum y otros encuentros populares, acompañando la pirotecnia y guirnaldas festivas. Se sabe que en 1830, por ejemplo, se los vendía a 11 pesos y 4 reales, por lo que de todos modos era una entretención costosa.
La historia de la aeronavegación en Chile propiamente dicha, entonces, comienza recién pasados los días de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, con los intentos pioneros de elevar globos aerostáticos, unos exitosos pero otros fracasados estrepitosamente. Estas hazañas tuvieron lugar mucho antes del primer vuelo de avión realizado en el país por el piloto César Copetta, que ya estuvo en su primer centenario hace pocos años, pero de todos modos se inscriben como antecedentes de la aeronáutica chilena en la misma línea iniciada por la mencionada prueba de los franceses en el siglo XVIII.
Estos primeros intentos de elevar globos tripulados en Chile tienen lugar en Santiago, causando gran asombro en la ciudadanía aunque -por alguna extraña razón- poca repercusión en los medios de prensa. La hazaña de uno de estos pioneros casi totalmente olvidados, de hecho, tendrá su aniversario por estos mismos días: la de Eduardo Laiselle, lograda en 1877.
Grabado con el histórico vuelo de los Montgolfier sobre Versalles.
ESCANDALOSO PRIMER INTENTO EN PLAZA DE ARMAS
De no ser por recuerdos de su infancia comentados por Diego Barros Arana en nota a pie de página del que fuera su último libro, "Un decenio de la historia de Chile", quizás se habría perdido en el total olvido el primer intento de elevar en Chile un globo aerostático con un hombre arriba, más el escandaloso resultado que tuvo este asunto. Como el propio autor lo hace notar, además, el episodio prácticamente no apareció en los periódicos que revisó.
Cuenta el historiador que, hacia abril o mayo de 1839, año que fue casi completo para la euforia y el festejo nacional tras la brillante victoria chilena en los campos peruanos de Yungay, llegó a Santiago un aeronauta norteamericano con más alma de comerciante que de aventurero, trayendo un gran globo en el que quería elevarse cobrando una entrada a los espectadores y solicitando un lugar para tal exhibición a las autoridades chilenas. Para un día domingo, se le facilitó la propia Plaza de Armas que, como se recordará, en esos años era plaza dura, sólo "interrumpida" por el jardín circular de la fuente central de mármol. De hecho, había sido empedrada hacía sólo tres o cuatro años antes.
Se publicitó el encuentro y así se generó una expectativa extraordinaria en la atención pública, quizás combinada con el fervor nacionalista de aquellos meses. La novedad atrajo avalanchas de almas hacia lo que iba a ser uno de los eventos más asombrosos de la joven República.
"Ese día -recuerda Barros Arana-, como a las tres de la tarde, la plaza fue despejada de transeúntes; y en las ocho calles que dan entrada a la plaza, y como a media cuadra de ésta, se colocaron centinelas con un portero que no dejaba pasar sino al que pagaba dos reales (25 centavos). El espectáculo era tan nuevo en Chile, que la plaza se llenó de gente de todas las condiciones, y especialmente de plebe, porque las gentes de otra condición se habían acogido en gran parte a las casas, para presenciar la ascensión desde las ventanas o balcones. El globo pendía en medio de la plaza de unos aparatos de madera, y cerca de ellos había algunos barriles llenos de gas que debían inflar el globo y producir su elevación".
Pero, tras una larga espera, ocurrió algo sorpresivo, que cambiaría para siempre el desenlace de esta historia que iba a ser la del pintoresco primer vuelo en globo por Chile...
Se estaba en los preparativos del evento, con toda la muchedumbre aguardando ansiosa e impaciente el decisivo momento, cuando el aeronauta hizo un inesperado anuncio: había descubierto que el globo tenía una filtración de gas por una pequeña rotura, por lo que se cancelaba el ascenso. El público debía retirarse y el dinero le sería devuelto a todos los que salieran del recinto.
Sin embargo, la ira del populacho estalló al instante: incapaces de tragarse tamaña frustración, no aceptaron la devolución y alegaron que todo había sido una estafa o un engaño. La turba comenzó a protestar, comenzaron las escaramuzas y de ahí hubo sólo un paso a la masa arrojándose sobre el globo y las instalaciones, que fueron totalmente destruidas, enfrentándose al mismo tiempo con la policía de vigilantes.
No bien terminaron de destrozar los equipos, en medio del griterío escandaloso los más exaltados advirtieron cómo el piloto gringo era albergado de la muchedumbre iracunda en la cárcel, donde se ubicará años después la Municipalidad de Santiago. Esta presunta complicidad de las autoridades con el aeronauta puso más furiosos a los revoltosos y se arrojaron así en carga frontal contra la policía. Los guijarros del empedrado que lucía desde hacía poco la plaza, sirvieron de proyectiles e hicieron caer a algunos de los vigilantes a caballo, rompiéndose innumerables ventanales en el ataque y de seguro más de una cabeza.
Como este espectáculo digno de la peor vergüenza tenía lugar a sólo metros de la casa presidencial, ocupada ahora por el sector del Correo Central y el Museo Histórico Nacional, se dio orden suprema para que un escuadrón de caballería de 150 a 180 hombres de la escolta presidencial, situados en donde se ubicó después el Cuartel de Bomberos de calle Puente, recuperar la Plaza de Armas a golpe y a sable. Lo hicieron dejando cantidades de heridos tirados allí tras la espectacular gresca, que llenó el hospital de contusos y heridos aquella jornada, recuperándose la paz antes del anochecer.
Aparentemente y por fortuna, no hubo muertos aquella tarde; pero tampoco vuelos de globos debutando en cielo chileno.
Instalaciones para inflar el globo de Laiselle. Imagen publicada por Flores Álvarez.
UN ANÓNIMO PIONERO Y SU HAZAÑA EN LA MAESTRANZA
Pasado el bochorno de los sucesos de aquel día domingo en la Plaza de Armas, un muchacho de pueblo cuyo nombre, por desgracia, ha quedado en el olvido, logró sacar un saldo positivo a esta experiencia e inspirarse para realizar su propia hazaña, con el auténtico primer vuelo en globo realizado en territorio chileno.
Barros Arana recodaba que este nuevo intento tuvo lugar pocos días después del fracaso anterior. Por su parte, el aviador e investigador Enrique Flores Álvarez escribe en su "Historia aeronáutica de Chile", que el anónimo muchacho recibió instrucciones directamente del infortunado norteamericano para construir su propio globo y subirlo por el aire.
El aparato del joven y audaz chileno era de aire caliente, de más bien pequeño tamaño, hecho de cascos tela corriente y de varios colores, lo que debe haberle dado un aspecto curioso y casi gracioso. Tenía una canasta colgante para el tripulante y su globo se llenaba con humo de paja en combustión.
El lugar donde encontró autorización para hacer su exhibición con entrada pagada, fue el patio de lo que sería poco después la Escuela Militar en la entonces llamada calle de la Maestranza, hoy avenida Portugal, por el sector que en la actualidad se halla entre Marcoleta y Diagonal Paraguay. Este recinto, que pertenecía a la sazón a la Cuartel de Artillería y Maestranza y al Regimiento de Cazadores, por el mismo sector que en el siglo siguiente acogió al Mercado Modelo o Mercado Regulador "Presidente Juan Antonio Ríos", con dependencias que corresponden actualmente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile.
Se podrá imaginar la tensión que debe haber sentido el organizador del evento aquel día, considerando el desastre que había tenido lugar en la Plaza de Armas hacía tan poco, al abortarse el vuelo con toda la batahola consiguiente. Sin embargo, en esta ocasión el experimento fue un aplaudido éxito: el joven temerario y sin experiencia como aeronauta se elevó por cerca de 200 a 300 metros sobre las casas del Santiago de la temprana República, con dos vistosas banderas chilenas en la canasta y que batía con orgullo ante la mirada de todos los presentes con sus cuellos torcidos y la mano sobre la frente.
"Agotado el aire caliente -dice Flores Álvarez-, el globo descendió algunas cuadras distantes del lugar de ascensión, depositado en tierra, con toda felicidad, a su valiente tripulante".
El espectáculo se siguió repitiendo por dos domingos consecutivos, llenando de interés y orgullo a la sociedad santiaguina de entonces. Sin embargo, como dijimos, el nombre de este héroe popular se perdió en los remolinos del tiempo, "pasando a constituir el símbolo del aviador que se encierra en cada alma de chileno", según reflexiona Flores.
Si la fecha reportada por los investigadores es la correcta, en el otoño meridional de 1839, entonces la experiencia chilena de vuelo en globo antecede otras más famosas y que parecen estar mejor documentadas incluso, como la de Perú y la de Colombia, ambas logradas en la década siguiente. También acusaría como imprecisa la idea deslizada por algún biógrafo del aventurero argentino José María Flores, respecto de que él podría haber realizado el primer vuelo en globo sobre Santiago de Chile, en 1841. Este aeronauta platense si parece haber sido, sin embargo, el protagonista del primero de estos vuelos en Perú, realizado en el año anterior.
Primer vuelo chileno en globo, en 1839. Imagen publicada por Flores Álvarez.
EL VUELO DE VERNERT DESDE CALLE SERRANO
Pasaron los años y, en 1857, un nuevo corajudo apareció en Chile decidido a cruzar los cielos de la capital en su propio globo: el excéntrico francés Luis Vernert, quien a pesar de carecer de los más rudimentarios conocimientos técnicos sobre aeronáutica, dio inicio a un proyecto surgido sólo de su valor y ardiente entusiasmo.
Esta vez, el escenario de la hazaña aérea sería una casa solar de la entonces llamada calle Angosta, actual Serrano, en la esquina de la Alameda de las Delicias o muy cerca de ella, de acuerdo a lo que leo en un artículo de la "Revista Aérea Latino Americana" de 1954. La concurrencia al lugar debe haber sido enorme, dada la céntrica ubicación del lugar.
La fecha escogida por los empresarios con los que estaba asociado Vernert tampoco podía ser mejor para el ánimo del público: el 18 de septiembre de ese año, en plenas Fiestas Patrias. De hecho, se recuerda que su vuelo fue el número principal de aquellas celebraciones. Y quizás pueda ser esta razón por la que pasó también a la historia aeronáutica nacional, pues ya vimos que el argentino José María Flores habría estado antes en Santiago haciendo lo mismo, dato confirmado -entre otros autores- por Armando Alonso Piñeiro.
El valor de la entrada al lugar de la exhibición aérea fue de un peso por persona, y se repletó. El éxito de la prueba aseguró también el éxito económico de los socios y el globo de Vernert fue otro hito en la historia de la aeronáutica chilena, apareciendo también en el entretenido libro de Flores Álvarez.
Por desconocidas razones, sin embargo, y a pesar de lo sensacional de este episodio histórico en Santiago, resulta sumamente difícil encontrar hoy información sobre este francés, que voló por la ciudad de aquellos años en su asombroso globo.
El casi accidente en un vuelo de D. Valencia. Imagen publicada por Flores Álvarez.
EL NOTABLE CASO DE EDUARDO LAISELLE
Sería otro andariego de origen francés quien, en 1876, volvería a cruzar cielos chilenos a bordo de un globo: Eduardo Laiselle, joven viajero nacido en Boston pero ciudadano del mundo, llegado a Chile en 1876 como parte del equipo de una compañía de variedades, donde decidió quedarse aconsejado por su corazón enamorado de una chilena y complacido por el clima local. Para poder subsistir, entonces, se convirtió en improvisado aeronauta con sólo 19 años de vida.
Laiselle contaba con un globo del estilo Montgolfier bautizado "Jeanne d'Arc", de unos 300 metros cúbicos de capacidad y fabricado con tela engomada, acondicionándolo con una sencilla banquilla de junco. Lo inflaba colgándolo de un grueso madero de unos cuatro metros y echándole adentro humo de leña verde, el que obtenía construyendo un pequeño horno de barro y ladrillo en cada lugar donde ofrecía sus ascensos, con un tubo que salía de su parte superior y que lo conducía hasta el aerostato, llenándose en unas tres o cuatro horas. Con este método llegaba a alzarse a 600 metros sobre el suelo.
Se le recuerda especialmente porque, en sus jóvenes años, iba realizando temerarias piruetas con este aparato en el aire. Su primera elevación la ejecutó el 28 de octubre de 1877, por lo que pronto estaremos en el aniversario 136 del inicio de sus vuelos en globos en Chile, como vimos al principio de este texto.
Por lo general, usaba de base algún sitio eriazo, repitiendo exhibiciones en lo que son las actuales calles de San Alfonso, Bascuñán Guerrero, Salvador Sanfuentes, la propia Alameda y otras ubicaciones por lo general cercanas a la Estación Central. Su representante era el célebre empresario Henri Pinaud, dueño del Casino del Portal Fernández Concha, y cobraba sólo un aporte voluntario por la entrada, según comentaba Flores Álvarez:
"Un cinco, un diez, un veinte o un peso, cualquiera moneda era válida para poder presenciar cada espectáculo. Cuando el empresario calculaba haber reunido suficiente dinero, comunicaba esta noticia por señales convenidas al aeronauta que, trepando a la banquilla del globo, dirigía alguna palabra al público mezcla americano, francés y castellano, haciendo ver lo impresionante de su exhibición, que requería de nervios bien templados y de un valor a toda prueba para tener éxito en la empresa. Daba, asimismo, algunas instrucciones a las personas que debían soltar el esférico al grito de 'laissez-tout'."
Laiselle tuvo gran renombre y logró buenas ganancias con su espectáculo, siendo probablemente el primer acróbata de este tipo de aparatos en el país. De vez en cuando, alguna personalidad lo acompañaba en sus ascensos. Sin embargo, tras agotarse el público interesado en Santiago, emigró a regiones ofreciendo sus vuelos, como lo haría un artista circense itinerante, llegando a la localidad de Nancagua, en Colchagua, donde halló un gran potrero que le facilitó don Eulogio Fuenzalida para ofrecer un show aéreo con un extraño "plus": desde los 300 metros de altura, arrojó al vacío un cabrito lechón ante la impresión de los presentes, pero a poco de caer se le abrió un paracaídas para llevarlo suavemente a tierra.
Se suponía que quien atrapara al asustado animal, se quedaba con él. Lamentablemente, la criatura fue a parar a la copa de un álamo arrastrado por el viento, siendo sacrificado a tiros, carneado y asado ahí mismo por la turba. En tanto Laiselle, pasó sobre el río Tinguiririca y aterrizó su globo en el Fundo El Yánquil, siendo llevado a toda prisa de vuelta a Nancagua para despedir al público.
Tras participar como voluntario en la Guerra del Pacífico, enrolándose en el Regimiento "Quillota" y alcanzando el grado de Subteniente, el aventurero se estableció en Valparaíso trabajando en el comercio y después en los lavaderos de oro de Taltal, pero realizando todavía algunos vuelos. La Guerra Civil de 1891 lo verá en el bando constitucionalista, donde alcanza ahora el grado de Capitán. Para 1894 acumula ya cerca de 150 vuelos en globo.
Laiselle continuó realizando demostraciones como una registrada en marzo de 1903 en Osorno, hasta completar cerca de 200 ascensos con otras exhibiciones en Concepción, según se contabiliza en antiguas ediciones del diario "El Sur". Célebres pilotos de la aviación militar suben al globo con él, y una leyenda dice que incluso le acompañó el legendario Teniente Alejandro Bello, poco antes de su famosa desaparición. También fue hasta Oruro con el insigne piloto chileno y pionero Luis Omar Page, con quien dio algunas demostraciones en suelo boliviano e instrucciones para la primera generación de pilotos de ese país, bajo petición del gobierno paceño. Como se recordará, Page realizó allá el primer vuelo de avión de Bolivia en 1915, siendo homenajeado entonces como el precursor de la aviación local; después realizó el primer vuelo de avión en Jujuy, Argentina, y ganó la primera competencia de aviación realizada en Lima, Perú.
Tras una entretenida vida, Laiselle falleció trágicamente en Chillán el 8 de julio de 1929, cuando su globo capotó inesperadamente, precipitándose ante miles de testigos primero sobre unos árboles y cayendo desde allí en unos techos. Pasaba, así, de ser uno de los precursores de la aeronáutica chilena a ser también uno de sus primeros mártires.
Valencia despegando su globo en el Parque Cousiño (hoy O'Higgins), hacia marzo-abril de 1910. La exhibición fue en beneficio del Asilo de Mendigos. Imagen publicada por una revista "Sucesos" de se año.
Los héroes argentinos Bradley y Zuloaga. Fuente imagen: eam.iua.edu.ar.
OTRAS HAZAÑAS EN GLOBO
Al comenzar el siglo XX, aparecen otros casos de aeronautas que se valieron de globos para grabar sus nombres en la historia de navegación aérea nacional, involucrando a la ciudad de Santiago en sus proezas. Sin embargo, cabe recordar que José Luis Sánchez Besa quien, si bien realizó sus hazañas en Francia siendo otro de los pioneros de la aviación chilena y del diseño aeronáutico, también estuvo entre los precursores de la tecnología de la aeroestación científica, ejecutando ascensos en globo con el General Jacques Fauré y el Vizconde de la Brousse.
Mientras tanto, acá en la capital chilena seguían sucediendo episodios de sorprendente intrepidez, como los vuelos de globos realizados sobre la urbe por el colombiano Domingo Valencia en 1910, quien hacia infartantes acrobacias en el aire valiéndose de un trapecio. El anuncio de su llegada a Chile causó sensación en esos días del Primer Centenario de la República, provocando un encendido y elogioso artículo publicado en "El Mercurio" por el periodista deportivo Luis de la Carrera, con el pseudónimo de Sporting Boy. Valencia ofrecería su espectáculo con fines comerciales en la Quinta Normal, aunque dos de sus presentaciones fueron de beneficencia, inspirando gran cariño de la sociedad chilena por su generoso gesto. Volvió a realizar exhibiciones similares a beneficio hacia 1915, en el Parque Cousiño.
Sin embargo, la primera visita de Valencia estuvo marcada por situaciones potencialmente trágicas. En una de ellas, cuado comenzó a elevarse durante su espectáculo, sucedió algo que no ha sido infrecuente entre los accidentes de la aeronavegación en globo: al comenzar a levantarse en el aire, un chico de unos 10 años de edad se enredó en la cuerda de freno y fue arrastrado hacia la altura, colgando como un muñeco mientras intentaba mantenerse aferrado a la línea de su cautiverio que, paradójicamente en tan particular situación, era también su seguro de vida. Ante el público horrorizado que miraba desde abajo, el aeronauta logró estabilizar al aterrado niño y descendió con él evitando la desgracia.
"Valencia llevó a cabo cuatro ascensiones -informa Flores Álvarez-, desde la Quinta Normal de Agricultura, en un globo de aire caliente, que terminó por incendiarse a manos de inexpertos ayudantes encargados de inflarlo una tarde de primavera de 1910".
El 8 de diciembre de ese mismo año del Primer Centenario, la joven chilena Inés Clark voló también en un globo, acompañado a su padre don Mateo Clark y don Hernán Gana. El aparato era un globo aerostático propiedad de Norton Griffith. Aunque algunos sospechan que hubo mujeres volando a bordo de los aeróstatos de Laiselle ya a fines del siglo XIX, doña Inés tiene el mérito de haber sido la primera mujer elevada en Chile como pasajero y protagonista de la experiencia, no una mera invitada a la prueba.
Posteriormente, tras realizarse la Primera Conferencia Panamericana de Aeronáutica en Santiago en de marzo de 1916, los capitanes argentinos Eduardo Bradley y Ángel Zuloaga pusieron en práctica la teoría del pionero platense Jorge Newbery sobre la posibilidad de cruzar la Cordillera de los Andes en un globo de hidrógeno, despegando desde la capital chilena el día 24 de junio a bordo del "Eduardo Newbery", de 2.200 metros cúbicos. Tras superar los 6.000 metros de altura y extremas temperaturas congelantes, llegaron al Valle de Uspallata hacia el mediodía, aterrizando sobre una loma. La valerosa hazaña les valió un reconocimiento del Gobierno de Chile y una inscripción de inmortalidad en la historia aeronáutica argentina.
Con el desarrollo de la aviación  y la Primera Guerra Mundial, los vuelos en globos aerostáticos fueron perdiendo el factor de atracción por novedad que los hacía tan interesantes a la masa popular, aunque jamás dejaron de ser una pintoresca instancia recreativa y una herramienta de gran funcionalidad para la ciencia y la exploración. La época del dirigible o zeppelín que siguió, sería más bien una transición hacia el transporte de pasajeros de la aviación comercial moderna. En 1913, además, se funda la Escuela de Aviación del Capitán Manuel Ávalos Prado, siendo más antigua de América y la cuarta del mundo.
Así, la época pionera de los globos aerostáticos había terminado, pero dejando a sus precursores, héroes y mártires como los aquí nombrados, que surcaron alguna vez los otrora prístinos y transparentes cielos azules de la capital de Chile.

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