martes, 8 de octubre de 2013

FONTANA "LA MINERÍA" DE COPIAPÓ: HECHOS, MITOS Y MISTERIOS DE UN MONUMENTO DE MÁRMOL

Fuente imagen: Exposiciones del Museo Mineralógico de Copiapó.
Coordenadas: 27°21'59.41"S 70°19'56.24"W
La fuente de mármol de la Plaza Prat de Copiapó es una de las imágenes turísticas más importantes de la ciudad, en esa plaza central elogiada alguna vez como de las más bellas de Chile. Postales y guías turísticas le han dedicado innumerables retratos a su imponente presencia, tan potente que ha superado incluso los rasgos de realidad de su propia historia, tocando grados de mito y leyenda en el imaginario popular.
Mencionada frecuentemente en la literatura por autores como Salvador Reyes o Hernán Rivera Letelier, pesa sobre esta fontana -sin embargo- el mismo anatema infundado y chismoso que en alguna época se cargó contra la Fuente de la Plaza de Armas de Santiago: que habría sido un supuesto "trofeo" traído desde Perú por la soldadesca chilena en plena Guerra del '79.
La exquisita escultura de mármol de Carrara y estilo neoclásico forma un conjunto ornamental con las otras cuatro bellas estatuas del mismo material que se encuentran allí en la plaza, y que la tradición identifica con las estaciones del año o con representaciones de continentes. Se dice que la figura femenina en lo alto de la fuente sería una alegoría francesa de la minería, aunque con el estilo de belleza y las vestiduras propias del arte clásico grecolatino, más ciertos detalles que parecerían provenir del neo-renacentismo en el resto del diseño.
Grabado publicado por Tornero en el "Chile Ilustrado" de 1872, con la fuente al medio del jardín circular central de la Plaza de Copiapó de aquellos años.  Atrás, a la izquierda, el edificio consistorial; atrás hacia el centro, el templo.
La fontana de "La Minería" cuando conservaba aún su fuente de aguas espejadas y piletas alrededor. Fuente imagen: Exposiciones del Museo Mineralógico de Copiapó.
La escultura está sobre un artístico pedestal de dos niveles: uno formado por cuatro cóndores coronados representando a la fuerza y la chilenidad, y un segundo nivel donde se ve en dos de sus caras opuestas un blasón del escudo de Chile, con sus tres plumas marciales y flaqueado por lo que se puede interpretar como una rama de laurel (victoria) y otra de roble (esfuerzo), montados sobre peces heráldicos enfrentados. Las otras dos caras, las laterales, cada una muestra un mismo rostro también de estilo clásico, con rasgos de iconografía románica divina, de la que cuentan que antes salía agua por sus bocas.
El pedestal está sobre una elegante base de fontana o concha de bordes interiores suaves, fusionándose en sus ángulos con el plinto del monumento, pero más rectos por el contorno exterior, todo en el mismo mármol blanco.
Muchos mitos e imprecisiones rondan alrededor de esta elegante fuente monumental: que fue levantada durante la guerra, que fue un obsequio de un país extranjero, que se trajo desde Italia, que perteneció a un particular que la donó a la ciudad, etc. En realidad, poca gente conoce bien su historia; diría que quizás un puñado de ilustrados, después de mucho indagar y consultar al respecto.
Postal fotográfica coloreada del esplendoroso jardín central de la Plaza Prat hacia el año 1912, publicada por la famosa Casa Fotográfica de Carlos Brandt de Valparaíso. Se observa la fuente atrás, entre la vegetación.
Postal fotográfica de la fuente, publicada por la casa Foto Anamart, de 1954. Hoy se puede encontrar esta imagen entre las colecciones del Museo Histórico Nacional.
De entre sus leyendas urbanas, destacan algunas bastante interesantes. Se habla, por ejemplo, de túneles subterráneos que salen justo desde abajo de ella, o que cuando se pone atención metiendo la cabeza sobre su concha y si el silencio ambiental lo permite, se puede escuchar desde las profundidades de la tierra un ruido de océano, como de olas y movimiento de mareas, en algunos casos tan notorio que hasta parecería golpear suavemente la loza de mármol de la fontana.
Las explicaciones populares al extraño fenómeno de los sonidos profundos son varias: que el ruido llega por la tierra desde las costas de Caldera y más al Sur, como una especie de transmisor natural; o que debajo del borde continental el mar habría socavado subterráneamente metiéndose hasta el subsuelo de Copiapó, sonando esas oscuras marejadas invisibles justo bajo la fuente (he escuchado leyendas parecidas sobre la ciudad de Taltal, por cierto). Otros menos crédulos hablan de la posibilidad de corrientes profundas de agua o hasta de las antiguas tuberías que abastecían la fuente antes de quedar seca, como se la observa ahora.
Para desmentir los mitos relativos a su origen, algunos reproducidos en medios que pretenden ser "serios", cabe señalar que parecen surgir exclusivamente a la falta de documentación de quienes los propagan, desconociendo que está confirmada su presencia desde mucho antes de la Guerra del Pacífico, ya hacia los días del regreso de don Pedro León Gallo desde el exilio en que se encontraba tras la derrota de la revolución constituyente. En la primera parte de su memoria titulada "Apuntes sobre la jeografía física i política de Chile" de 1866, por ejemplo, el político liberal y futuro parlamentario Pedro Lucio Cuadra comentaba la existencia e importancia de la fuente y algo del aspecto en la plaza de entonces:
"Hacia el centro de la población está situada la plaza de armas en cuyo centro se eleva una elegante fuente de mármol llegada recientemente de Europa y que importa siete mil pesos; circunvalada por una verja de fierro forjado y limado de mucho mérito y cuyo valor es de once mil pesos".
El trabajo del autor fue publicado en Santiago dos años más tarde, y aparece republicado también en el boletín de los "Anales de la Universidad de Chile" de abril de 1868. Por si las dudas, además, cabe recordar que la misma estatua y fuente aparecen descritas en otros textos de la época, como el "Chile Ilustrado" de Recaredo Santos Tornero, obra publicada en 1872:
"En medio del jardín central se alza majestuosa una elegante estatua que representa la ciudad de Copiapó y la cual reposa sobre la cúspide de una hermosa pila de mármol. La estatua deja caer a sus pies una abundante lluvia, transportando la imaginación a otros lugares más favorecidos por la naturaleza, y haciendo olvidar a sus habitantes que se encuentran en medio de un árido desierto".
Se la hallaba por entonces en el medio del pequeño jardín circular al centro de la plaza, pues el resto de la misma era plaza dura. La ilustración adjunta en el texto de Tornero muestra de fondo sólo a la Catedral de Copiapó y la Casa Consistorial como únicos edificios relevantes del entorno.
No están en lo correcto ni andan cerc siquiera, por lo tanto, algunas fuentes de internet (y para variar, Wikipedia) aseverando que esta fuente fue instalada con las demás estatuas de mármol en la plaza durante una remodelación realizada en 1880, misma en la que se transplantaron los más de 80 pimientos que darán sombra a sus jardines y circuitos peatonales durante el siglo XX. De hecho, probablemente es este error el que ha dado la oportunidad a ciertos fantasiosos y chauvinistas para creer que la gran obra de mármol fue traída desde Lima u otro lugar del Perú durante la Guerra del Pacífico, algo imposible a la luz de fechas y referencias como las revisadas.
A mayor abundamiento, este monumento fue encargado por las autoridades chilenas a los escultores parisinos Mili y Rousseau, del taller de Durand Vossy, y tras llegar embarcada desde Francia fue instalada e inaugurada en la plaza en diciembre de 1863. Esto aparece confirmado en trabajos como "Fundición y territorio: reflexiones históricas sobre los orígenes de la Fundición Paipote", de María Angélica Apey Rivera, publicado en  1992. He escuchado también que líderes localistas como Gallo y los hermanos Matta participaron de la adquisición, pero no tengo más datos a mano. Además, su título real sería La Minería a secas o bien Fuente de la Minería, pues la obra es -efectivamente- un monumento a la gran actividad minera copiapina iniciada con Juan Godoy, algo que se hace muy comprensible por el martillo de bloque que tiene en su mano la estatua de mármol.
La fuente estuvo rodeada primero en un jardín central de la plaza después de ser inaugurada en donde mismo estuvo antes una estatua de Juan Godoy, que fue trasladada a su propia Alameda para colocar la nueva. Tras del Primer Centenario y por varios años más, lució una gran piscina espejada alrededor de su posición, desde la que salían chorros de agua levantados por juegos de piletas. Con las remodelaciones, la concha original del conjunto ya no está rodeada por jardines ni fuentes de espejo, además de verse totalmente seca y cercada sólo por rejas de seguridad, las que desentonan un poco con el estilo de la fuente.
Hace poco se cumplieron 20 años de la declaración de Monumento Histórico Nacional para esta maravillosa fuente y las otras cuatro estatuas de mármol de la plaza, por Decreto Supremo N° 664 del 22 de septiembre de 1993. Aunque siga seca como el mismo desierto alrededor del valle en mi última visita a la ciudad, su estado de conservación es muy bueno, o debe decirse que perfecto comparado con otros casos de arte escultórica en mármol dentro del territorio chileno, no obstante que alguna vez ha sido atacada por vándalos (quizás por eso las rejas que la rodean) y por las defecamientos de aves como palomas, que han obligado a colocarle púas para evitar que se paren encima de sus ángulos, convirtiendo al monumento en un puerco espín si se lo mira de cerca.
Quedo en deuda con alguna futura estatua dedicada a esas otras cuatro preciosas estatuas que acompañan a la magnífica fuente central de la plaza de Copiapó.

1 comentario:

JOSE LATTUS dijo...

Interesante y valioso, he tomado notas para apuntes en mis escritos sobre Copiapó. Un copiapino, José Lattus olmos.

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