martes, 3 de septiembre de 2013

EL PALACIO DE LOS BOMBEROS ANTOFAGASTINOS

Imagen del cuartel y del teatro, hacia 1920.
Coordenadas: 23°38'51.23"S 70°23'45.65"W
En Sucre 545, entre las calles Condell y Latorre a escasa distancia de la Plaza Colón, se encuentra uno de los tesoros arquitectónicos más importantes y conocidos de la ciudad de Antofagasta: el imponente y palaciego Cuartel de la 1ª Compañía de Bomberos Bomba Antofagasta y también de sede principal del Cuerpo General de Bomberos del puerto, instituciones fundadas los días 4 y 5 de abril de 1875, respectivamente.
Fue también entre las actuales calles Condell y Latorre, pero en lo que ahora es el Paseo Prat por entonces calle Lamar, que tuvo lugar el catastrófico incendio del día 2 de abril de 1875, drama que motivó la rauda creación de un cuerpo de bomberos para Antofagasta con un concurrido acto público organizado en el ex Teatro Nacional, que había sido la primera sede de los voluntarios antes de trasladarse a un terreno de calle Sucre adquirido al señor Jorge Bornett. Esta etapa inicial de los bomberos antofagastinos está registrada por Ramiro Martos en su obra "Cuerpo de Bomberos de Antofagasta", publicado en 1886.
Cabe señalar que, poco antes de la fundación, se había extendido una campaña municipal para recolectar fondos entre los vecinos, con el objeto de reunir erogaciones "las cuales sirviesen para fundar en este pueblo un Cuerpo de Bomberos análogo a los que existen en Chile y que seria el primero con que contaría la República de Bolivia". Sin embargo, como hace notar Oscar Bermúdez Viral en "Orígenes históricos de Antofagasta", este plan fracasó y no fue sino hasta la tragedia de calle Lamar que se pudo constituir un cuerpo de bomberos.
Edificio del cuartel, la residencia de estilo georgiano y el teatro, también hacia 1920.
Vista actual del edificio del cuartel.
Cerca de 70 miembros de distintas nacionalidades y estratos sociales conformaron esta primera generación de voluntarios. Su primer carro fue un rudimentario porta-escalas de tiro a mano, con hachas, baldes y otras herramientas. Uno de los primeros desafíos de este cuerpo fueron los incendios ocurridos el 9 de mayo de 1877, a consecuencia del gran terremoto. Como en aquellos años bajo control boliviano -en virtud de los tratados de 1866 y 1874- la representación del país altiplánico se reducía casi exclusivamente a personal militar y policial, la administración directiva del cuerpo quedó en manos de la Policía Nacional de Bolivia.
Al viejo edificio le fue construida una fachada en 1882, ya con el territorio reincorporado a la soberanía chilena desde inicios de la Guerra del Pacífico. Tenía un portón de acceso con dos hojas y un escudo al centro y encima, contando con un salón y sala de guardia interiores. Ese mismo año adquieren un nuevo carro lanza-aguas, construido por la Fundición Orchard, comenzando a mejorarse la implementación del servicio.
Empero, el espacio y la construcción misma eran bastante modestos e incómodos por lo que, dos años después en una reunión de directores que debió realizarse en la Aduana de Antofagasta justamente por estas mismas restricciones, se propuso comprar terrenos adyacentes al cuartel y que pertenecían a don Francisco Bascuñán, pero que iban a salir a remate tras embargo. El encargado de la adquisición fue el Comandante Honorario Don Anastasio Bello Orozco.
El levantamiento y ampliación del siguiente edificio quedó a cargo del arquitecto Santiago Shank, quien logra ganar con su propuesta de reconstrucción de la fachada por la suma de 2.300 pesos. Los trabajados se realizaron afanosamente hacia noviembre y diciembre de 1887, siendo concluidos hacia fin de año.
Por desgracia y singular ironía, sin embargo, un voraz incendio destruyó gran parte de este edificio durante el año siguiente, obligando a nuevos trabajos en los que se aprovechó de habilitar más salas y habitaciones cerca del frontis.
La historia del actual edificio allí emplazado comienza en 1904, cuando el Cuerpo de Bomberos de Antofagasta elabora un proyecto para la construcción de su propio cuartel general y sede de las Compañías 1ª a 4ª que ocupaban la propiedad. Una comisión especial presentó los planos respectivos al Honorable Directorio General, poco después. Y en 1910, año del Primer Centenario, la colonia italiana de Antofagasta donó a la ciudad la pesada campana que se colocaría posteriormente en la cúpula de la torre y que aún se encuentra en el cuartel. Tres años después, tras un largo estudio y recolección presupuestaria, la construcción del cuartel definitivo quedó a cargo de una comisión compuesta por Arturo Magda, Antonio Luksic, Santiago McDonal’s y, como consultor técnico, el Ingeniero Luis Ab-El-Kader.
De esta manera, el actual cuartel fue inaugurado oficialmente el 5 de abril de 1914, con un acto realizado en la Plaza Colón y una posterior recepción en el entonces flamante edificio de calle Sucre, con presencia de altas autoridades locales, consulares, dirigentes institucionales y benefactores de la compañía, quedando el discurso de presentación a cargo del entonces Vice-Superintendente del cuerpo, el Doctor Ismael Larraín Mancheño, figura de alto valor en la historia médica chilena del cambio de siglo.
El verdadero palacio neoclásico es de grandes dimensiones y de los últimos de su tipo que sobreviven en esta cuadra, alguna vez enseñoreada también con el elegante Teatro Victoria (en algún momento llamado también Imperio), que se hallaba casi exactamente vecino a la sede de los bomberos y que hoy está reemplazado por una sosa construcción más moderna. Sólo los separaba una residencia de estilo georgiano que tampoco se conserva ya, por desgracia, aunque fue demolida en tiempos posteriores a los de la destrucción del teatro. El cuartel fue uno de los primeros edificios construidos en Antofagasta en el siglo XX, además.
La elevada construcción roja de perfiles color crema es muy sólida, lo que ha facilitado su mantención y buen estado: hormigón sobre bases de vigas metálicas y relleno de concreto, madera, caña y revoque, además de ornamentación exterior de albañilería. En cielo y pisos se empleó el sistema de machihembrados de madera. Acusa influencia francesa y romántica propia de su período, distinguible en la decoración y detalles estilísticos.
Se compone de un zócalo base con cinco vanos-accesos a la sala baja, tres de ellos para paso vehicular con altos arcos de campanel y dos laterales más estrechos, de entradas a pie y con arcos escarzanos. El segundo nivel, separado por falsas cornisas y balcones abalaustrados del zócalo, destaca por sus arcos con marco, rebajados y de medio punto, estos últimos en pares. El tercer y cuarto nivel, separados por un contorno de balcones enrejados, lo da la elevación de la torre central: el primero, con un gran ventanal también en diseño escarzano, y el segundo con un par de arcos de medio punto en cada cara. El remate está en una cúpula en falsa mansarda de estilo parisino, con mirador superior y corona de tímpano triangular sobre sus vanos principales, funcionando como quinto nivel donde se encontraba la vieja campana italiana de emergencias, con sus 500 kilos, cuyo sonido ahora es reemplazado por una potente sirena.
Esta fachada es característica y casi icónica, todo un símbolo para la institución. Sus líneas de arcos y pilastras fueron definidas por un proyecto encargado en su época a la casa de arquitectos Carruthers, a un costo cercano a los 40 mil pesos cubiertos por los propios voluntarios a través de subvenciones, rifas y encuentros a beneficio, según leo en el sitio oficial del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta.
Interiormente, el inmueble tiene la gran sala de vehículos en el primer piso, donde se guardan los carros bombas, y se accede al segundo por una elegante escala de madera que da directamente a las oficinas y salones. En la actualidad, destacan allí especialmente el despacho del Director del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, la Sala de Reuniones, el Casino de la Compañía bautizado Gilberto Velasco Iglesias desde el año 2007, y el Salón de Honor bautizado Capitán Manuel Olivera Jorquera, también el 2007, en honor al mártir de la Compañía fallecido trágicamente ese mismo año. Aunque trataré de hacer alguna entrada a futuro sobre éste y otros mártires de bomberos de Antofagasta, cabe señalar que Velasco no es el único fallecido en servicio de la 1ª Compañía de Bomberos: también está el caso de Carlos Oyarzún Cortés, en 1994.
La importancia del edificio no era sólo como sede bomberil: también fue lugar de grandes bailables bohemios, fiestas populares y encuentros sociales, en especial su segundo piso, llegando a albergar tal cantidad de gente que, en 1942, debieron reforzarse con vigas de acero las estructuras del Salón de Honor, trabajo que quedó encargado al bombero arquitecto Jorge Tarbuskovic Dulcic, con varias obras de importancia a su haber curricular. Las vigas iban a ser compradas a la Compañía Salitrera Tarapacá y Antofagasta, pero la firma finalmente las donó como contribución al servicio del Cuerpo de Bomberos de la ciudad.
Por Decreto Supremo N° 0340 del 1° de julio de 1992, el edificio del Cuartel General de Bomberos de Antofagasta fue declarado Monumento Histórico Nacional, en gran medida por muchos de los valores y características que se han descrito en este texto y a pesar de que problemas de financiamiento casi llevaron a la venta y destrucción del inmueble en alguna oportunidad.
En otro aspecto del edificio, hubo un tiempo en que se habló con insistencia de apariciones fantasmales dentro del cuartel, particularmente de un personaje que solía hacerse visible en las noches, vistiendo un uniforme de la vieja usanza del siglo XIX. Los voluntarios terminaron adoptando al pavoroso personaje con el que decían tener que convivir en varias guardias nocturnas y que no hacía otra cosa que caminar apaciblemente por el interior del edificio. Su alma en pena pertenecería a un legendario voluntario que se suicidó dentro del cuartel, según el mito.
En un sitio web leo también de la presencia de un denominado fantasma de pantalones blancos allí en el edificio, además de ruidos misteriosos de máquinas de escribir y campanazos espectrales sin origen identificable. El antiguo uniforme era precisamente de camisa roja y pantalones blancos, como solía aparecer este fantasma, según lo que se cuenta. En diciembre del año 2003, además, habría ocurrido un intrigante suceso que revivió la leyenda, cuando un camión dentro de la unidad avanzó casi 10 metros a pesar de estar vacío y con el freno de mano activado, incluso realizando una maniobra para eludir un obstáculo.
Acogiendo héroes, mártires, historias y hasta fantasmas, entonces, el edificio del Cuartel General de Bomberos de Antofagasta se erige como una de los más importantes ejemplos arquitectónicos de la ciudad y de sus principales atractivos patrimoniales.

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