martes, 21 de mayo de 2013

DEL "PAJAREO" AL "PAJARÓN"


Hoy pude ver cómo tropezó y cayó duramente al pavimento una dama invitada a un acto público del Centro de Santiago, por estar mirando hacia lo alto de un monumento conmemorativo mientras caminaba alrededor del mismo.
Además de romperse una media, hincharse la rodilla y tener que pasar unos minutos en una ambulancia dispuesta previsoramente en el lugar, no parece haber quedado con mayores averías. Sin embargo, su accidente me hizo recordar la razón precisa por la que el verbo pajarear pasó a referirse también al acto de andar distraído y desconcentrado en una situación que, eventualmente, pudiese provocar un riesgo o situación desafortunada.
Pajarear es, originalmente, el acto de salir a cazar pájaros, con honda, flecha o arma de fuego. Sin embargo, como este desafío involucra el tener que moverse mirando hacia arriba y esculcando entre copas de árboles y ramas, desatendiendo bastante los detalles del camino y exponiéndose a eventuales tropiezos o caídas, pajarear se hizo sinónimo también de andar distraído o divagando, con la razón dormida y el estado de alerta anestesiado.
Así pues, el que pajarea se cae en la escala, resbala en el piso mojado, se estrella contra la puerta cerrada, da vuelta la copa, se le escapa el perro a la calle o hasta se le sale un tiro accidental de la escopeta de caza.
En algunos países, pajarear también es andar de ocio o a la deriva, sacando la vuelta sin destino. Sin embargo, en Chile es claro que pajarear alude a andar de tonto, “volado” o de leso propenso a sufrir o provocar accidentes y, cuanto menos, a causar situaciones incómodas como ser embaucado por algún “pillo”, perder el celular o dejar las llaves al interior del vehículo cerrado.
De esto último parece provenir también el término pajarón, que nada tiene que ver con el apellido y la localidad española homónimos: se usa para referirse a individuos distraídos y despistados con tendencia al desastre, precisamente por andar pajareando todo el tiempo. Otras asociaciones ponen al propio pajarón como el ave de la caza: “me pillaron volando bajo”, dice el tipo que acaba de ser estafado o engañado, resignándose a haberse vuelto por un momento, el pájaro más fácil de ponerle el tiro. Pichón, le dicen a este bobo en otras latitudes.
Así pues, si le llegara el famoso correo electrónico de los clics para salvar a un pobre muchacho del cáncer o una cartola chanta de su banco pidiéndole reingresar sus datos secretos de cuenta, recuerde que Ud. no es cazador de pájaros: vuelva  la vista al frente, que no lo pillen pajareando y evite quedar de pajarón per secula seculorum.

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