lunes, 22 de abril de 2013

LA ÚLTIMA SONRISA DEL TONY COLIGÜE

Héctor Aguilera Campos, el tony Coligüe (1918-2013)
Coordenadas: 33°27'10.97"S 70°38'48.53"W (su residencia en Barrio 10 de Julio)
Hace pocos días, el viernes 5 de abril, falleció en Santiago a los 95 años de edad don Héctor Manuel Aguilera Campos, el mismo hombre que encarnó por décadas al célebre tony Coligüe en los principales circos chilenos. Casi sin cobertura periodística ni interés de la prensa, su deceso se produjo encontrándose totalmente retirado y afectado por la cruel enfermedad de Alzheimer y una diabetes que, hacía poco tiempo, le había significado la amputación de ambas piernas, combinación que lo mantuvo postrado gran parte de sus últimos días en una clínica de la comuna de La Florida, siendo alcanzado por la muerte en este estado.
Coligüe fue uno de los payasos chilenos más conocidos de las artes circenses nacionales, perteneciente a una generación privilegiada de talentos entre los artistas de estos escenarios, con otros exponentes como los tonys Caluga, Zanahoria, Piripipi, Chicharra, Zapatín, Cascarita o el gran clown Pollito Pérez, y precursores de esta forma de espectáculo como el internacional Montes de Oca o el tony Chalupa. Ya he comentado algo sobre esta interesante historia circense, tal como se la retrató en la exposición "Circo Chileno" en la Biblioteca Nacional, el año 2011, en cuya inauguración apareció quizás por última vez en forma pública el ya anciano y marchito señor Aguilera, para admiración de todos los presentes.
Nacido en 1918, don Hernán se inició muy tempranamente en estas artes que ocuparon cerca de 70 años de su existencia. Siendo alumno de una escuelita de su estimada Talca, quedó fascinado con las presentaciones de un circo de propiedad del empresario Manuel Cerpa, al punto de que escapó de su hogar para seguirle la huella a la compañía y trabajar en ella, en los años veinte. Este circo hacía sus presentaciones en zonas campestres, generalmente colocando una alfombra bajo una higuera a modo de escenario, para entretener trabajadores y familias que iban como público.
Sin embargo, su entrada al mundo del circo fue más bien como acróbata y trapecista, destacando de tal forma que fue contratado rápidamente por el "Circo Corales", primer circo "moderno" en el país y fundado por don Juan Corales González quien, por oficiar como animador, provocaría sin proponérselo el surgimiento de la expresión popular de "Señor Corales" que se usa para referirse a los presentadores circenses o de funciones de espectáculos. En este lugar comenzó a interpretar a un personaje llamado el tony Ajicito junto a los hermanos Corales, al que se dedicaría a tiempo completo luego de sufrir un accidente que lo alejó definitivamente del trapecio. Como era delgado y de gran altura, sin embargo, sus propios colegas lo apodaron "Coligüe", aludiendo a la planta nativa relacionada con los bambúes y que crece en el Sur de Chile. De ahí el nombre del personaje que le daría fama y prestigio internacional: el tony Coligüe.
Don Enrique Venturino Soto, célebre dueño del "Circo de las Águilas Humanas" y del Teatro Caupolicán, donde el tony Coligüe llegó a ser el artista principal. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
"Cañón atómico" originalmente usado la rutina "La Bala Humana" del tony Coligüe. Pieza en exposición para la muestra del Circo Chileno de 2011 en la Biblioteca Nacional, gracias al propio artista, don Héctor Aguilera.
En la mejor época de esta dilatada carrera, compartió escenario con grandes exponentes del gremio como Caluga, Chicharra, el primer Tachuela y Pollito Pérez. En estas aventuras recorrió Chile varias veces y la mayor parte de Sudamérica, con distintas compañías circenses. Fue una de las estrellas más relucientes del grandioso "Circo de las Águilas Humanas" hacia inicios de los años cuarenta, al alero del inolvidable empresario de espectáculos don Enrique "Cóndor" Venturino, el mismo creador del Cachacascán, cuna de la lucha libre profesional en Chile. Coligüe también había destacado ya en la cartelera del prestigioso "Circo Buffalo Bill" y luego el "Circo Frankfort". Su característica e identidad era la de un tony pícaro, bonachón, algo travieso y con tendencia a meterse en líos, vestido con chaquetones negros o dorados, y grandes chalupas rojas. También era dueño de un impecable castellano y voz pausada, algo nasal, lo que quizás le permitió internacionalizarse con mayor facilidad y coquetear también con la poesía y la recitación en varias oportunidades de su carrera.
En medio de sus años de agitada carrera como saltimbanqui, Aguilera contrajo matrimonio y formó familia con la mujer que sería su amor de la vida prácticamente desde el momento mismo en que la conoció: doña Laurentina Quevedo Ibáñez, su querida Lala, con la que tuvo tres hijos y medio siglo de interrumpida compañía. Una de sus hijas era ahijada de Lillo, el tony Caluga. Aguilera vivía con su familia en la casa N° 3 del pintoresco cité de calle San Francisco 659, casi llegando a avenida 10 de Julio Huamachuco, barrio popular y romántico, con pasado de noches pecaminosas y también épocas de candilejas. Era un hombre amante de su tierra y de su folklore, además: gustaba de escuchar sus colecciones con cintas de cuecas chilenas y se cuenta que amaba las expresiones populares de cultura nacional.
Cómo se informara en un sentido homenaje a su memoria hecho por la Radio Carrera de Éxitos, la experiencia internacional y la fama el tony Coligüe lo llevaron a ser reclutado en el "Circo de los Hermanos Tejedor" de Argentina, y las compañías "Tropicana", "Prince" y "Royal Dumbar Circus" de Colombia. También fue invitado a importantes compañías de Perú, donde se le consideró toda una estrella del medio circense en aquellos años.
Conforme seguía madurando y creciendo profesionalmente, Aguilera comenzó a ser reconocido como maestro de muchos nuevos talentos que lo eligieron como su profesor y hasta tutor, en algunos casos. Se le recuerda como un hombre sumamente generoso, vocacional y respetuoso de su oficio, siempre dispuesto a asistir con ayuda y enseñanza a otros. Profesional al extremo de pintarse dos horas antes de salir al escenario. Sus rutinas, además, fueron de las primeras en instalar famosos sketches de payasos como la parodia de "La bala humana" (conocida también como "El cañón atómico"), "La batería electrónica", "El cogoteo" (de donde surgió, aparentemente, la graciosa navaja gigante de utilería), "La papa", "La leche" y la hilarante "La guagua", que ejecutaba con un compañero ad hoc y alumno enano llamado Coligüito, con una mamadera gigante.
Fueron años de grandes presentaciones, pasando por escenarios importantes como el Teatro Caupolicán, el tradicional cuadrante de circos de Alameda con General Velásquez y las carpas de algunas de las más famosas familias de este espectáculo de Chile, donde comenzó a compartir profesión con esa siguiente generación de tonys como Chocolate, Piolín, Caluga Jr. (de quien fuera su "padrino" espiritual) y los Tachuelas hijos.
Mamadera gigante usada por el tony Coligue en su rutina llamada "La Guagua". Presente en la exposición "Circo Chileno" de 2011 en el Salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional de Santiago, gracias a la gentileza de Héctor Aguilera.
Chalupas del tony Coligüe e imagen fotográfica (a la izquierda del grupo) donde aparece con otros de sus colegas payasos. Presente en la exposición "Circo Chileno" de 2011 en el Salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional de Santiago, gracias a la gentileza de Patricio Scacchi.
Sus últimas grandes presentaciones en el ambiente parecen remontarse a los años ochenta, algunas de ellas de regreso en el "Circo las Águilas Humanas" en el Teatro Caupolicán, aunque con una nueva administración de la histórica compañía. Lamentablemente, los impedimentos físicos y de salud fueron apartándolo del escenario.
Hallándose ya retirado, en 1994 el tony Coligüe fue representado para la obra de teatro "Las siete vidas del tony Caluga", donde aparecía también una caracterización de Abraham Lillo el tony Caluga como personaje principal, además de las de Alberto Díaz Hidalgo el tony Chalupa y Pollito Pérez como otros personajes.  Sin embargo, sólo tres años después  de recibir este homenaje en a dramaturgia, Lillo falleció a los 81 años, dejando atrás una de las más grandes epopeyas de vida en aquella época circense, de la que Aguilera pasó a ser quizás su solitario gran representante vivo el último de su talentosa especie. El tony Coligüe era, además, el penúltimo sobreviviete de los 20 inolvidables payasos que participaron del primer elenco del "Gran Circo del tony Caluga", según recordaba el tony Caluga Jr.
Aunque su salud estaba comprometida desde mediados de los noventa, en 1999 la peor tragedia golpearía la puerta de su casita en el viejo barrio santiaguino: su amada Laurentina falleció de un infarto, destrozando el alma del payaso que, esta vez, lloró. Tras sepultarla en el Mausoleo de la Sociedad Circense de Chile, el anciano Aguilera nunca pudo recuperarse de este dolor: su ánimo y su estado general comenzaron a deslizarse por tabla rasa hacia el abismo, y empenzó a verse afectado por una secuencia de duras enfermedades y padecimientos que condenarían su destino, como lo comentara un artículo de "Las Últimas Noticias" del miércoles 10 de abril pasado. Su hija Carmen, de 55 años, decía allí:
"Desde que mi mamá murió, mi papá se fue para abajo, sin ella como que se sentía en la nada (...) En sus ratos de lucidez se acordaba, la llamaba, a pesar del Alzheimer nunca la olvidó".
A pesar de todo, el año 2011 se hizo presente en la inauguración de la comentada exposición "Circo Chileno" de la Biblioteca Nacional, en donde se exponían parte de los instrumentos y artefactos usados en sus rutinas y donados a la colección. Era clara la fragilidad en que se encontraba ya el nonagenario artista en aquel momento, en la que sería su última aparición pública. Al año siguiente, le serían amputadas sus extremidades inferiores, dejándolo postrado en la cama mientras su estado seguía deteriorándose gravemente.
Héctor Aguilera y su amada Laurentina, en imagen de propiedad de la familia.
Don Héctor dando una entrevista ya en su retiro para el último homenaje que recibiera su amigo de toda una vida y compadre, don Abraham Lillo, el tony Caluga, en mayo de 1997. Imagen publicada en Circo.cl
Afectado por sus complicaciones de salud ante la angustia de sus hijos y nietos que le daban cuidado, Héctor Aguilera falleció el señalado día viernes coincidente con el aniversario de la Batalla de Maipú en los calendarios. Toda la comunidad circense chilena lloró de inmediato su partida y, aunque la razón técnica de su muerte fue un paro cardiorrespiratorio, muchos atribuyen al dolor de haber perdido a Lala, la mujer de su vida, el cargo de llevarlo finalmente a la tumba.
En el velorio en su casa del Barrio 10 de Julio y a escasa distancia del Teatro Caupolicán -que tanta importancia tuvo en su carrera-, el ataúd fue decorado con su viejo saco de tela dorada, sobre el cual se colocó un retrato de don Héctor y otro con el maquillaje de su alter ego el tony Coligüe. En el cortejo destacaban muchos de sus actuales herederos de oficio como los tonys Copucha, Cuchara o Caluga Jr. Fue sepultado en el Cementerio General el domingo siguiente a su muerte, en el mismo Mausoleo de la Sociedad Circense de Chile en calle O'Higgins entre Los Espinos y Los Pimientos. Todo se hizo sin presencia de cámaras ni medios de prensa, distraídos en las banalidades de la televisión profana y el periodismo de espectáculos vacío de nuestros días.
Allí, durmiendo la paz de los fallecidos junto sus ex colegas y amigos de profesión, en el mismo complejo donde reposa su amada Laurentina, quizás el inolvidable tony Coligüe reserve su última gran sonrisa para el simbólico reencuentro de amor en la eternidad de la muerte y entre los finos hilos de oro del recuerdo y la gratitud.

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