jueves, 17 de enero de 2013

MONUMENTO A BENJAMÍN VICUÑA MACKENNA JUNTO AL MORRO: "EL EJÉRCITO AL CANTOR DE SUS GLORIAS"

El monumento y el parque, en imagen de la revista "En Viaje" de 1942.
Coordenadas: 33°26'46.78"S 70°39'39.07"W (primera ubicación) / 18°28'41.84"S 70°19'19.99"W (actual)
Se habla de un plan para mejorar la conexión del Paseo del Cerro Santa Lucía de Santiago con la Plaza Benjamín Vicuña Mackenna de la Alameda con Miraflores, allí donde está la monumental estatua homenaje al ex Intendente de Santiago. Como es sabido, la relación de la plaza con el cerro está interrumpida y dificultada desde la construcción del paso bajo nivel de calle Santa Lucía hacia Carmen y Diagonal Paraguay.
Parece que muchos ignoran, sin embargo, que la estatua de Vicuña Mackenna allí en su plaza no es el primer gran monumento que existió para él en Santiago: el anterior correspondía a uno de origen militar y que fue trasladado nada menos que hasta Arica, precisamente porque con el proyecto del que hasta ahora existe junto al cerro iban a quedar dos monumentos dedicados al mismo personaje en la Alameda de las Delicias.
Del mismo modo, parece haber cierto grado de incertidumbre y de leyenda sobre este mismo monumento a don Benjamín Vicuña Mackenna en la plaza y parque que lleva sus apellidos en Arica, casi en las faldas del Morro y entre las palmeras que antes pertenecieron a los jardines del célebre Hotel Pacífico, que funcionó en esta planta del terreno junto a la costanera y la Plaza Fundacional hasta 1965. Hay quienes suponen, de hecho, que este monumento nace de una propuesta conmemorativa que había sido descartada (al igual que el proyecto de Rodin) para la estatua del ex Intendente de Santiago que quedó colocada junto a la plaza que hoy lleva su nombre en Santiago, también al costado de un simbólico peñón: el Cerro Santa Lucía.
En realidad, el autor de este importante símbolo ariqueño fue José Miguel Blanco, considerado uno de los primeros escultores auténticamente chilenos, mismo autor del Monumento al Capitán Prat en Quirihue y del Monumento a las Glorias de Atacama en Copiapó. Su obra dedicada a homenajear a Vicuña Mackenna y hecha a petición del Ejército de Chile, la comenzó tras el fallecimiento del cronista, político y ex Intendente de Santiago en 1886. Este trabajo, por su sentido y carácter, se enmarca en la inspiración artística monumental de Blanco y que Eugenio Pereira Salas describiera como un "agudo nacionalismo americanista que hizo presa de casi toda esta primera generación escultórica".
Financiado el proyecto principalmente con erogaciones de soldados y marinos, la imagen fue terminada a fines de 1888 según comenta Eugenio Orrego Vicuña en "Iconografía de Vicuña Mackenna", siendo levantada primero en la Alameda de las Delicias, a la altura de calle Riquelme. El mismo autor agrega que uno de los últimos homenajes públicos y ceremonias cívicas realizados alrededor de la estatua, alcanzó a tener lugar en 1914 en el Primer Centenario del Combate de Membrillar, donde los realistas fueron vencidos por el General Juan Mackenna, abuelo de don Benjamín.
Sin embargo, al existir el proyecto de la Plaza Vicuña Mackenna con el mencionado otro monumento más conocido que allí se instaló en 1908, se decidió trasladarla a Arica, en el contexto de tiempos complicados y difíciles que se vivían en la diplomacia de esos días, como veremos. A causa de esto, hubo disputas curiosas entre algunas ciudades que querían quedarse con la imagen de don Benjamín, como Valparaíso y La Serena; pero finalmente fue Arica la escogida, ordenándose al instante la construcción de un estupendo pedestal al costado de la Plaza Colón, en el que participaron varios artistas y canteros en 1916.
Fundida en bronce, la figura hecha por Blanco mostraba a don Benjamín altivo y contemplativo, sosteniendo un libro y su pluma de escritor y de cronista en sus manos. En su base a los pies y detrás del homenajeado, lleva aún la inscripción de casa que la produjo: "RAAB SANTIAGO. FUNDICIÓN DE LAS ROSAS". Se refiere a la compañía fundada por don Jerónimo Raab, que al parecer siempre trabajó con Blanco
El artístico pedestal mencionado, en tanto, ese luce como una enorme columna de roca con decoración de inspiración neoclásica, sobre una gradería con pasos de escalinatas también esculpidas en piedra por sus cuatro costados. Al frente, en la cara principal, hay una gran placa conmemorativa con la imagen en relieve de un niño con aspecto de querubín, portando un quepí, el estandarte y un rifle del siglo XIX; tras él hay un tambor militar, una corneta, un sable, un cañón y sus balas, aludiendo al contexto bélico de la alegoría, mientras el niño corta las hojas de un laurel de la victoria. En esta pieza de bronce, dice una inscripción:
"EL EJÉRCITO
AL CANTOR DE SUS GLORIAS
BENJAMÍN VICUÑA MACKENNA
1890"
El monumento en Santiago, hacia 1890, antes de emigrar a Arica.
Inauguración del monumento, en imagen publicada por la revista "Pacífico Magazine" en abril de 1917.
Vista actual del monumento y la plaza.
El mensaje alude a la conocida publicación "El álbum de la gloria de Chile: homenaje al Ejército i Armada de Chile en la memoria de sus más ilustres marinos i soldados muertos por la patria en la Guerra del Pacífico: 1879-1883" de Vicuña Mackenna, publicado entre 1883 y 1885, ya en los últimos años de vida del intelectual.
Dicha obra, fuente inagotable de datos militares y biográficos sobre la Guerra del '79, es un verdadero tesoro de culto entre los estudiosos de aquella contienda, aunque ha inspirado a alguno que otro ocioso para acusar a Vicuña Mackenna de nacionalista exacerbado o imputaciones parecidas, ignorantes de que hasta el estallido de la guerra el autor había sido un fervoroso americanista que comprometió la participación chilena en la delirante Guerra Contra España en favor de Perú en 1865-1866, y a veces incluso un tremendo entreguista que intentó boicotear los derechos territoriales chilenos en la Patagonia y Magallanes, disputados entonces con Argentina. Según la información con la que cuento, la fecha de 1890 inscrita en esta pieza se explica porque también pertenecía al homenaje anterior para Vicuña Mackenna en Santiago, y que fue trasladado con la estatua hasta Arica.
Si embargo, el detalle que más llama la atención simbólicamente en este pedestal de roca, es la placa ubicada exactamente abajo de la imagen del niño con metáforas bélicas, y que lanza la siguiente proclama tomada de la oratoria del propio Vicuña Mackenna allí conmemorado:
"¡NO SOLTÉIS EL MORRO!"
La divisa no puede ser más apropiada al contexto de tiempo en que fuera trasladada esta estatua hasta Arica: aún no se firmaba el Tratado de 1929 que devolvió Tacna a Perú y el conflicto diplomático y social entre ambos países ya estaba tomando un peligroso olor a pólvora, que amenazaba incluso con desatar una escalada belicosa en toda la región del subcontinente. Eran, pues, los días de la fuerte fricción entre la campaña chilenizadora de los territorios ganados en la guerra, contra la resistencia del Perú a permitir que tales regiones fueran asimiladas e incorporadas por el vecino del Sur. El periodista y diplomático Carlos Silva Vildósola, escribió una vez sobre esta frase del monumento, en sus "Páginas olvidadas" de 1931:
"Mucho antes de que nadie hubiese imaginado el sentido histórico de aquella frase (¡No soltéis el Morro!) Vicuña Mackenna levantaba la opinión pública a la conciencia y valor de Arica y creaba con el sólo esfuerzo de su alma, con su elocuencia y su pasión patriótica la doctrina que más tarde la opinión pública había de imponer a los Gobiernos de Chile durante medio siglo. A justo título está esa frase grabada en el pedestal de su estatua al pie del Morro de Arica".
Aspecto actual del monumento.
Detalle del ángel de la gloria patria y la divisa "¡No soltéis el Morro!".
Por el frente, casi en la cúspide antes del lugar ocupado por la estatua, tiene tallado el año de 1880 al frente, correspondiente al mismo de la Toma del Morro de Arica; y por atrás lleva la de 1916, correspondiente al año en que se montó el monumento, como dijimos, que después se inauguró con una gran celebración pública, de enorme concurrencia de gente. Hay imágenes publicadas en abril de 1917en la revista "Pacífico Magazine", testimoniando lo multitudinario de este suceso.
La Plaza Vicuña Mackenna entre las calles San Marcos, Condell, Bolognesi y Arteaga, nació como tal con la erección de esta estatua y no con la demolición del Hotel Pacífico, como ha dicho alguna vez el legendario popular. De hecho, este recinto hotelero y su explanada son posteriores al monumento: fue levantado en los años 30, aunque tras su cierre en los 60 y su demolición, se amplió el parque hacia calle San Marcos y conectado limpiamente a la Plaza Colón. En 1954, la revista "En Viaje" la describía de la siguiente manera:
"El Parque Vicuña Mackenna despliega abajo sus interminables palmeras de verdes tonos y las amplias frondas de sus bananeros que se abren en torno a1 elegante Hotel Pacifico, edificio que eleva su estructura en siete magníficos pisos, y que nos recuerda por momentos a Río de Janeiro, tanto por el ambiente mismo que los rodea, como por las aceras pavimentadas de diversos colores que le dan paso".
Antes, la plaza era mucho más frondosa que en nuestros días, cargada de árboles y datileras que contorneaban también los senderos dentro de la misma, con buenas extensiones de césped para descanso y travesuras. Había también algunos cañones, que fueron trasladados después al parque histórico del Morro. Hacia fines de los años 60 y principios de los 70, además, esta plaza comenzó a volverse punto de reunión para algunos jóvenes, especialmente los enamorados y los que gustaban de experimentar con algunas drogas. En contraste, los disciplinados y marciales desfiles anuales del 7 de junio pasan por San Martín, justo al lado del parque, celebrando la Toma del Morro.
Sin embargo, la Plaza Vicuña Mackenna fue remodelada hacia el año 2006, con grandes fuentes de aguas y nuevos senderos interiores. Esto suscitó una gran cantidad de críticas, pues perdió todas sus características de parque y quedó convertido más bien en plaza dura con jardines estrechos y de poco pasto, con la imagen de Vicuña Mackenna siempre al centro de este cuadrante en el paisaje urbano. De todos modos, la plaza ha sido lugar importante para la realización de espectáculo y ferias, y así, el año 2012, se celebró allí durante Fiestas Patrias, el evento conocido como el "Gran Tributo a la Cueca", organizado por la Oficina Comunal de Deportes y Recreación y que aspira a convertirse en otra tradición de la ciudad.
A pesar de los molestos grafitis y ataques vandálicos que, por ejemplo, despojaron la figura del escritor de la pluma que sostenía en su mano derecha (hoy tomando un lápiz fantasmal en el aire), la mirada satisfecha de Vicuña Mackenna con la seguridad del Morro a su espalda, sigue fija en aquel monumento, con la promesa cumplida de jamás "soltar" la ciudad cabecera de Chile.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por compartir con nosotros esto tan importante que es la historia.

Un abrazo

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