jueves, 10 de enero de 2013

EL "JACOIBO" ORIGINAL

Hubo una época en que se llamaba con frecuencia a los ciudadanos de origen judío como los jacoibos, especialmente a los inmigrantes que llegaron de Europa durante la primera mitad del siglo XX, gran parte de ellos en los albores de la Segunda Guerra Mundial, y a los que se caricaturizaba con una característica y dificultosa forma de hablar el castellano cambiando las vocales por varias “i” anómalas en la pronunciación.
Al contrario de lo que podría creerse luego de leer la definición que se da a esta palabra en el Diccionario de la RAE, originalmente jacoibo no parecía ser un mote despectivo: el apodo aludía coloquialmente a la gran cantidad de judíos que llevaban el nombre de Jacob o Jacobo, aunque con el tiempo se volvió una expresión de alcances peyorativos. Según sugiere fugazmente el lingüista estadounidense Charles Emil Kany en su “Semántica hispanoamericana”, el término es de origen chileno, aunque ha sido usado intensamente también en países como Perú y Argentina.
Hubo famosos negocios de algún jacoibo en el comercio de barrios viejos de Santiago, Valparaíso o Concepción, como sastres y vendedores; hasta existió un “barrio jacoibo” por el vecindario de la avenida Matta, y la revista de humor político “Topaze” festinaba en los cincuenta y sesenta refiriéndose al dirigente radical Jacobo Schaulsohn Numhauser como don Jacoibo Schaulsohn. Se contaba entre los viejos, además, de un creativo emprendedor jacoibo que, apenas usando rudimentariamente el castellano, vendía nada menos que duchazos rápidos en un departamento de Santiago Centro, en los días de calor veraniego. Por su parte, el animador Mario Kreutzberger (también de origen judío), antes de ser el popular Don Francisco, había creado un jocoso personaje en los shows del Estadio Israelita correspondiente a un inmigrante jacoibo alemán que él mismo interpretaba.
El adjetivo estuvo muy bien posicionado en el habla coloquial de este lado del continente. Prueba de ello es que el peruano Domingo Tamariz Lúcar escribió en sus “Memorias de una pasión: La prensa peruana y sus protagonistas”: “En ese transcurrir, ‘Hogar’ era la tienda que más sonaba en Lima para regocijo de Beto Levy, un ‘jacoibo’ simpático, talentoso para los negocios e hincha ‘a muerte’ del Sport Boys, cuya oncena muchas veces caminaba gracias a los billetes de don Beto”.
Un chiste de 1978 de Condorito, donde aparece Don Jacoibo. Clic encima para ampliar (Fuente imagen: elcondorvuelve.tumblr.com).
Pero el máximo difusor del motete en Chile fue, sin duda, el personaje Don Jacoibo que aparecía en la revista “Condorito” de René Ríos Boettiguer, más conocido como Pepo: se trataba de un hilarante inmigrante judío de pequeño tamaño, barba larga y gafas gruesas (como se observa en la imagen aquí reproducida), con aspecto como de rabino pero que solía aparecer ejerciendo como prestamista de dinero y con el que Condorito siempre tenía contraídas deudas, por lo que la relación de ambos lucía un poco a la que se satiriza con Don Ramón y el Señor Barriga en el clásico programa de humor mexicano "El Chavo del 8". Don Jacoibo fue también el personaje-vehículo que hizo popular la expresión "quiridi" ("querido") para señalar con sorna la forma de hablar de los inmigrantes judíos.
Al parecer, en sus orígenes el personaje se llamaba Don Salomón, pero en algún momento se le cambió el nombre. Sin embargo, como se trataba de un personaje tacaño, ahorrativo y avaro que cumplía con el estereotipo internacional con que se suele caricaturizar negativamente a los judíos, Don Jacoibo comenzó a ser objeto de protestas y aprensiones de esta comunidad en Chile, desapareciendo por completo a principios de los ochenta tras una decisión de los editores de la tira cómica.
Se ha dicho muchas veces que Pepo transformó al personaje Don Jacoibo en otro posterior llamado Máximo Tacaño, pero la verdad es que la relación de continuidad entre ambos es muy poca, salvo la tacañería que se les atribuye a los dos como motor generador de situaciones para los respectivos chistes, por lo que aquello que en realidad se conservó fue sólo el rol del personaje, cambiándole totalmente el resto: aspecto, origen, nombre, personalidad, etc.
Sin embargo, el viejo apodo de jacoibo todavía se mantiene en algunos lugares y entre generaciones ya en retirada para señalar a algunos ciudadanos de origen judío, ya sea de forma afectuosa y, en otros casos, de manera sarcástica o burlona.

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