domingo, 23 de diciembre de 2012

POETAS Y PLAGIOS: LAS "YAYAS" DE TRES ICONOS CHILENOS

Huidobro, Neruda y Zurita... Quizás unidos por algo más que sólo la poesía.
El plagio es casi una institución en ciertas esferas del mundo del las artes: copiar ideas, conceptos, metáforas, estilos y piezas completas, de forma y de fondo. Una institución a la par que una amenaza, donde hasta productores de best sellers como Dan Brown y J K Rowling han debido soportar acusaciones de este tipo. Es difícil de precisar, con frecuencia: existen plagiadores profesionales capaces de copiar entera un idea sin repetir una sola palabra o nota de la original, por lo que sólo el plagio burdo y descarado suele ser el más evidente e incuestionable. Tampoco es claro el plagio en su amplitud como falta: muchas veces, se plagian ideas y contenidos generales que se los adjudican para sí otros, mas no la forma; y en contraste, en otras ocasiones se señala erróneamente como plagio a quienes se fundan o inspiran en el trabajo de otros, de manera legítima para sus propias creaciones.
Por desgracia, América Latina parece ser prolífica también en ejemplos y acusaciones similares de copia, parasitismo o apropiación creativa; y Chile, en este caso, tampoco es una excepción: la colección de chismes nacionales transitan desde las bases musicales del grupo "Los Prisioneros" en sus inicios, claramente imitando bandas como los estadounidenses "The Cars", hasta el gran maestro Nicanor Parra recitando el mal llamado "Poema XXI" sin revelar a su público que era de Luis "Osnofla" Alfonso, difundiéndose así el mito de que corresponde a su autoría. De hecho, se han retirado premios literarios por acusaciones de plagio, y se han eliminado canciones en importantes festivales por el mismo cargo.
En la música y la lírica, sin embargo, las acusaciones y revelaciones de plagios propiamente tales, se estrellan con una resistencia que es comprensible en el ambiente de pasiones y devociones que generan estos y otros géneros del arte, que corren a aferrarse a argumentos como la "inspiración" o la "derivación". Cada cual ve, así lo que quiere ver y hasta el más evidente caso de plagio desvergonzado puede ser susceptible de relativizarse, explicarse y parcializarse con argumentaciones ingeniosas, nacidas únicamente de la angustia y de la negativa a poner en entredicho el prestigio del cuestionado. Uno de los recursos más recurridos para esta licuadora de la abstracción es apelar a la legitimidad de la "intertextualidad" de los creadores, además de exaltar su condición de precursores-pioneros o bien echar mano a la falacia de poner como garantía de honestidad y ética la demostrada creatividad irrefutable del resto de su obra. Incluso sale al baile la cantaleta del instinto de "transgresión" o el "rupturismo".
Sobre este mismo pantano de pasiones y emociones cruzadas, entonces, han existido tres casos que tocan comprometedoramente a ciertas "vacas sagradas" de nuestra poesía nacional: Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Raúl Zurita. Y aunque pueda sonar igual de parasitario que un plagio el prenderse de la reconocida fama que tienen los tres para exponer alguna sombra o mácula en sus currículos que no haya sido de general difusión de sus biógrafos, de la misma manera otros creerán ocioso traer a la luz tales nudos en sus vidas, por no tener el menor efecto en el reconocimiento y el elogio del que gozan merecidamente.
Sin embargo, para cualquiera de los casos, y aun no siendo recluta de ese delirante batallón con el eslogan fanático de que "todo debe ser original y célibe", sí soy un amante de la verdad: y de la verdad incluso cuando duela, así que pondré aquí los tres casos, comparados con sus respectivos poemas y las piezas de composición internacional que se señalaron en su momento como plagiadas, con indicaciones en números para las semejanzas que podrían parecer más evidentes... Veamos qué resulta, aunque no pretendo convencer a nadie de lo que muchos otros resulta bastante obvio e irrefutable.
EL CASO DE VICENTE HUIDOBRO
Vicente Huidobro, sin duda alguna, es uno de los mayores valores de la poesía chilena. Si el precursor del creacionismo no hubiese partido de este mundo prematuramente, justo cuando entraba a la madurez final de la vida, no sólo se le habría reconocido como acreedor del Premio Nacional de Literatura, sino también habría podido ser un digno postulante al Nobel, según la opinión de sus admiradores. La difusión que tuvo su obra en Europa permiten suponer que no hay exageración en tales afirmaciones.
Sin embargo, la originalidad de Huidobro alguna vez estuvo en aprietos póstumos, a causa de la semejanza peligrosa de su poema "Pasión y muerte" de 1926, con "Semana Santa en New York" de Blaise Cendrars, de 1912. El parecido es tan evidente que incluso Huidobro usó conceptos líricos y figuras retóricas completas que había empleado allí el escritor franco-suizo, decorándolas con lo que pueden ser sólo cambios secundarios en la estructura y composición del texto, y adaptándolo para un contenido más íntimo e individual que el reflexivo y de tenor social de Cendrars.
La denuncia de plagio aparece por primera vez en un ejemplar de 1979 de la "Revista Iberoamericana", en una nota escrita por el literato y dramaturgo nacional Enrique Lihn, acusa directamente a Huidobro de cometer un hábil escamoteo y de haber tornado un plagiario indefendible. Le reprocha, sobre todo, el no hacer ninguna mención de Cendrars, para pasar por creación propia lo que puede leerse en "Pasión y muerte". El poema también plagiaría las ideas que inspiraron al poeta original: la Semana Santa, las penurias de los inmigrantes, el rostro divino, etc. Todo presentado en versos con cierto aire de prosa, también imitados por Huidobro.
Lo más grave es que el autor nacional no era un debutante o un desconocido, sino que tenía a la sazón 33 años, con un nombre ya hecho y varios trabajos publicados, haciendo inexplicable su decisión de tomarse el riesgo de hacer semejante secuestro de ideas y versos que presentó por primera vez en la edición del Viernes Santo del "Diario Ilustrado". No obstante, decía haberse inspirado en su esposa Ximena Amunátegui para escribir el poema.
Hacia los días pasados del Bicentenario Nacional, la crítica a Huidobro por esta innecesaria copia a Cendrars fue retomada por el poeta Eduardo Llanos Melussa, en la revista mexicana "El Gólem", donde escribió: "Confieso que a ratos la cercanía de Huidobro respecto de Cendrars me resulta rayana en el plagio". Al poco tiempo, el diario "El Mercurio" publicaba en su sección de libros del domingo 20 de marzo de 2011, otro artículo sobre la controversia, con el título "Disparen contra Huidobro".
He aquí ambos poemas para la comparación y la suspicacia:
CENDRARS (1912)
HUIDOBRO (1926)
"Easter in New York"
"Pasión y muerte"
Señor, hoy es el día de vuestro nombre, leí en un viejo libro la gesta de tu pasión. (1)
Y tu angustia y esfuerzos y palabras bondadosas Que suavemente monótonas lloraban en ese libro.
Un monje de viejos tiempos me habló de tu muerte. Él hizo un recorrido por tu historia con letras de oro
Con un misal, y puesto de rodillas, el monje se explayaba piadosamente inspirándose en Ti.
En el refugio del altar, sentado, con su hábito blanco, De lunes a domingo, él, suavemente ejercía su labor.
Las horas se detenían en el umbral de su retiro. Él caía en el olvido inclinado ante tu imagen. (2)
En la víspera las campanas salmodian en la torre y El buen hermano no sabe si se trata de su amor.
O si se trata del Tuyo, Señor, o del de tu Padre, Lo que con ardor golpea la puerta del monasterio.
Yo estoy como ese buen monje, inquieto, esta noche. En la celda vecina soy un ser triste y enmudecido.
¡Aguarda tras la puerta, aguarda que te llamaré! Eres Tú, es Dios, soy yo, — es el Ser Supremo.
No te había conocido antes, — ni en este momento. Yo nunca estuve en oración desde que fui un infante.
Por eso es que en esta noche, con temor, pienso en Ti. Mi alma es una viuda en duelo al pie de Vuestra Cruz;
Mi alma es una viuda vestida de negro, —Tu Madre Sin lágrimas ni esperanza, como Carrière la pintó.
Conocí a todos los Cristos colgados en los museos; Pero esta noche Tú caminas, Señor, junto conmigo. (3)
A grandes pasos voy hacia la parte baja de la ciudad, Mi espalda encorvada y corazón herido, espíritu febril.
Vuestro costado tan abierto es un grandísimo sol Y alrededor de Vuestras manos retozan las centellas.
Los vidrios en ventanas de casas están llenos de sangre, Y tras ellos las mujeres se ven como flores que sangran. (4)
Extrañas malditas marchitadas flores, son las orquídeas, Cálices trastornados sobre tus tres heridas, se abren.
Con Tu sangre en esos cálices, no se embriagaron ellas, Que se pintan los labios de rojo y usan encajes en el culo.
Blancas igual que cirios son las Flores de la Pasión, Las más dulces en el Jardín de la Virgen de Bondad.
Es en esta hora precisa, alrededor de la hora novena, Cuando tu Cabeza, Señor, se inclinó hacia tu corazón.
Estoy sentado a la orilla del Océano y me acuerdo De un cántico de Alemania que canta con palabras.
Muy suaves, sumamente sencillas y muy purificadas La belleza de Vuestro Rostro en la tortura.
En el subterráneo de un templo de Siena yo vi, Detrás de cortinas, sobre el muro, ese mismo Rostro.
Y en la ermita de Bourrié-Wladislaz se puede Ver dentro de en una urna rebosante en oro.
Turbias piedras preciosas han puesto en tus ojos Que los campesinos, arrodillados, besan.
En el manto de la Verónica ella está impresa Y es por eso que Santa Verónica es Tu santa. (5)
Es la mejor reliquia que pasa por los campos Es refugio para todos los enfermos y pecadores.
Hace también miles y miles de otros milagros, Aunque a esos acontecimientos yo no he asistido.
Tal vez me hace falta la fe y la bondad, Señor, Para poder ver la irradiación de Tu Belleza.
No obstante, Señor, he viajado entre peligros Para contemplar Tu imagen en una esmeralda.
Señor, haz que mis manos, que cubren mi cara, arranquen la máscara de angustia que me oprime.
Señor, haz que mi boca cubierta con mis manos Deje de lamer la espuma de la cruel desesperanza.
Estoy triste y enfermo. (Puede ser por Tu causa, O por cualquier otra. Puede ser por causa Tuya). (6)
Señor, los pobres por quienes te sacrificaste están Enclaustrados, ganado amontonado, en hospicios.
En inmensos barcos negros vienen de lontananza, Y en revoltijo, son desembarcados sobre pangas.
Ahí están los italianos, los griegos, los españoles, Los rusos, los búlgaros, los persas, los mongoles.
Son las bestias del circo que brincan meridianos. Como a los perros, les arrojan trozos de carne negra.
Para ellos es la felicidad esa sucia pitanza. Señor, ten piedad de los pueblos que sufren.
Señor, en los ghetos la turba de los judíos bulle, Ellos vienen desde Polonia, todos son fugitivos. (7)
Lo sé muy bien, ellos te procesaron, pero yo puedo. Asegurarte que no todos están dispuestos a la maldad.
(...)
Razonaba como un filósofo, aquel bandido viejo, con el Que compartí el opio para que pronto llegara al Paraíso.
También pienso en los músicos callejeros, el violinista Ciego, el manco que sin saber música toca el órgano, (8)
El cantor con un viejo sombrero y adornado con flores De papel. Son quienes cantan durante toda la eternidad.
Señor, otórgales tu caridad, no el resplandor engañoso. Entrégales, Señor, una limosna con dinero de verdad.
En el momento de tu muerte, Señor, la corina se rompió, Y nadie dijo nada de lo que detrás de ella había. (9)
En las noches las calles son como desgarramientos. Se llenan de oro y de sangre, de desperdicios y fuego.
Aquéllos que arrojaste del templo a latigazos, ahora Flagelan a los caminantes con fechorías que punzan.
La Estrella que entonces desapareció de tabernáculo Ahora brilla sobre los muros del espectáculo chocante. (10)
Señor, el Banco iluminado es como una caja fuerte Donde la sangre de Vuestra muerte se está coagulando.
Las calles se vuelven desiertos cada vez más negros. Yo zigzagueo como un borracho por las aceras.
Me atemorizan los sombras que las casa proyectan. Tengo miedo. Me siguen. No me atrevo a voltear.
Un paso renqueante brinca, cada vez se acerca más Tengo miedo. Tengo vértigo. Me detengo adrede. (11)
(...)
Señor, hoy es el aniversario de tu muerte.
Hace mil novecientos veintiséis años que tú estabas en una cruz (1)
Sobre una colina llena de gente.
Entre el cielo y al tierra tus ojos eran toda la luz.
Gota a gota sangraste sobre la historia.
Desde entonces un arroyo rojo atraviesa los siglos regando nuestra memoria.
Las horas se pasaron ante el umbral extrahumano.
El tiempo quedó clavado con tus pies y tus manos. (2)
Aquellos martillazos resuenan todavía,
Como si alguien llamara a las puertas de la vida.
Señor, perdóname si te hablo en un lenguaje profano,
Mas no podría hablarte de otro modo
pues soy esencialmente pagano.
Por si acaso eres Dios vengo a pedirte una cosa.
En olas rimadas con fatigas de prosa.
Hay en el mundo una mujer, acaso la más
triste, sin duda la más bella,
Protégela Señor, sin vacilar; es ella.
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,
Ayúdame a cuidarla de todos los peligros, Señor.
Señor, te estoy mirando con los brazos abiertos.
Quisieras estrechar todos los hombres y todo
el universo.
Señor, cuando doblaste tu cabeza sobre la eternidad
Las gentes no sabían si era de tus ojos que
brotaba la oscuridad.
Las estrellas se fueron una a una en silencio
Y la luna no hallaba como esconderse detrás
de los cerros. (10)
Se rasgaron las cortinas del cielo
Cuando pasaba tu alma al vuelo.
Y yo sé lo que se vio detrás; no fue una estrella,
Señor; fue la cara más bella, (9)
La misma que verías al momento
Si rompieras la carne de mi pecho.
Como tú, señor, tengo los brazo abiertos
aguardándola a ella.
Así lo he prometido y me fatigan tantos siglos
de espera.
Se me caen los brazos como aspas rotas sobre
la tierra.
¿No podréis, Señor, adelantar la fecha?
Señor, en la noche de tu cielo ha pasado
un aerolito
Llevándose un voto suyo y su mirada al fondo
del infinito
Hasta el fin de los siglos seguirá rodando nuestro
anhelo allí escrito.
Señor, ahora de verdad estoy enfermo
Una angustia insufrible me está mascando mi
 pecho. (6)
Y ese aerolito me señala el camino.
Amarro nuestras vidas en un solo destino.
Nos ha enlazado el alma mejor que todo anillo.
Señor, ella es débil y tenue como un ramo de sollozos.
Mirarla es un vértigo de estrellas en el fondo
de un pozo.
Los ruiseñores de delirio cantaban en sus besos,
Se llenaba de fiebre el tubo de los besos.
Alguien plantó en su alma viles hierbas de
duda y ya no cree en mi.
Pruébame que eres dios y entres días de plazo
llévame de aquí.
Quiero evadirme de mi mismo.
Mi espíritu esta ciego y rueda entre planetas
llenos de cataclismos.
Mi vida también sangra sobre la nieve,
Como un lobo herido que hace temblar la noche
cada vez que se mueve.
Estoy crucificado sobre todas las cimas.
Me clava el corazón una corona de espinas.
Las lanzas de sus ojos me hieren de costado
Y un reguero de sangre sobre el silencio
te dirá que he pasado.
Hace unos cuantos meses, Señor, abandoné mi
viejo París,
Un extraño destino me traía a sufrir en mi país.
Hace frío, hace frío.
El viento empuja sobre nuestros caminos
Y los astros enrollan la noche girando como
molinos.
Señor, piensa en los pobres inmigrantes que
vienen hacia Américas de oro
Y encuentran un sepulcro en vez de cajas de
 tesoros. (7)
Ellos impregnan las olas de ritmo de sus
cantares.
La tempestad d sus almas es más horrenda
que la de todos los mares.
Míralos cómo lloran por los seres que no verán
más
Les gritan en las noches todas las cosas que
dejaron atrás.
Señor, piensa en las pobrecitas que sufren al
humillar su carne,
Las nuevas Magdalenas que hoy lloran el dolor
de tu madre
Agazapadas al fondo de la angustia de su
absurda Babel,
Beben lentamente grandes vasos de hiel.
Señor, piensa en las espirales de los naufragios
anónimos,
En los sueños truncados que estallan en pedazos de
bólido.
Piensa en los ciegos que tienen los párpados
llenos de música y lloran por los ojos de su violín.
Ellos frotan sus arcos sobre la vida en una
amargura sin fin. (8)
Señor, te he visto sangrando en los vitraux de Chartres,
Como mil mariposas que hacia los sueños parten. (4)
Señor, en Venecia he visto tu rostro bizantino
Un día en que el aire se rompía de besos y de vino.
Las góndolas pasaban cantando como nidos
Entre las ramas de olas, siguiendo nuestras risas hacia el Lido.
Y tú quedabas solo en San Marcos, aspirando
las selvas de oraciones
Que crecen a tus plantas en todas estaciones. (5)
Señor, te he visto en un icono obra de un monje
servio que al pintar tus espinas
Sentía toda el alma llena de golondrinas. (3)
En la historia del mundo ¿qué significas tú?
Hace un año y medio discutí este tema en un
café de Moscú
Un sabio ruso no te daba mayor importancia.
Yo decía haber creído en ti en mi infancia.
Una bailarina celebre por su belleza
Decía que tu eres solamente un cuento de
tristeza.
Todos te negaron y ningún gallo cantó.
Acaso pedro oyéndonos lloró.
Y al fondo de una vieja Biblia tu sermón de
la montaña
Seguía resonando de una manera extraña.
Señor, yo también tengo mi vida dolorosa,
mis caídas y mi pasión;
Saltando meridianos como un tigre herido sangra
y aúlla mi corazón.
Reina el amor en todas sus esplendidas catástrofes internas,
Mil rubíes al fondo del cerebro atruenan
Y las plantas del deseo bordan al aire de estas noches eternas.
Poeta, poeta esclavo de aventuras y de algún
sortilegio,
Soporto como tú la vida, el mayor sacrilegio.
Señor, lo único que vale en la vida es la pasión.
Vivimos para uno que otro momento de exaltación
Un precipicio de suspiros se abre a mis pies; me detengo y vacilo.
Luego como un sonámbulo atravieso el mundo en equilibrio. (11)
Señor, qué te importa lo que digan los hombres.
Al fondo de la historia
Eres un crepúsculo clavado en un madero de
dolor y gloria.
Y el arroyo de sangre que brotó un tu costado
Todavía, señor, no se ha estancado.
EL CASO DE PABLO NERUDA
Nuestro elogiadísimo y trascendental Pablo Neruda también cayó alguna vez en la tentación del plagio, según parece, con un controvertido caso que aún sigue sacando chispas entre los defensores y críticos del Premio Nobel de Literatura de 1971, tantos años después de revelado. La combinación de pasiones intelectuales con pasiones políticas quizás debe hacer su parte también, en la vigencia que vuelve a tener cada cierto tiempo esta áspera cuestión comprometiendo al más importante de los poetas chilenos.
Sucedió que, para quienes conocían la obra del poeta indio Rabindranath Tagore, no pasó inadvertida la semejanza de su "Poema 30" de "El Jardinero", con la posterior obra de Pablo Neruda "Poema 16" de sus famosos "20 poemas de amor y una canción desesperada" de 1924, en sus años aún como debutante en la imprenta. Huidobro fue uno de los denunciantes, y así, en los círculos intelectuales, el olorcillo del plagio comenzó a impregnar las prendas del futuro Premio Nacional y Premio Nobel a medida que se iba haciendo más conocida su obra. La primera denuncia de esta semejanza parece haber sido la expuesta en el diario "Las Últimas Noticias" del miércoles 28 de noviembre de 1934, en un artículo de la sección de libros titulado "Neruda sería campeón de un truco para plagiar poemas".
Poco después, en el diario "La Opinión" del jueves 7 de diciembre publicó palabras de Pablo de Rokha, el enemigo furibundo de Neruda, bajo el título "Esquema de un plagiario". Allí denunciaba que las semejanzas no podían ser casualidad ni fruto de "lapsus", sino de un comportamiento más bien habitual del Neruda, según sugiere. En el mismo diario del lunes 10 de diciembre, Alfonso Toledo Rojas publicaba otro artículo titulado "Desenmascarando a Neruda: el poeta de los versos ajenos", donde agrega un dato casi desconocido en sus semblanzas: que Neruda ya había sido denunciado por plagio en 1933, cuando tenía 29 años, por un escritor de Limache cuyo nombre, desgraciadamente, quedó en el olvido. Ese mismo año, reaccionando a las acusaciones, escribió con singular petulancia y altanería, defendiéndose de los ataques, este texto también reproducido por Toledo:
"Es ilusorio suponer / me / plagiario, / ...pues / todos los poetas chilenos / ...son / humildes pollinos a / ...mi / lado".
Sin dejar pasar la oportunidad de atacar a su colega de oficio y de partido político pero adversario de alma, Rokha lo acusó públicamente de plagiador sin escrúpulos e intentó ridiculizarlo. Así, en una edición de la revista "Pro" de 1937, se ponía a la vista ambos poemas en las página: las semejanzas no podían ser más claras y obvias, especialmente con la traducción al castellano que había hecho de "El Jardinero" en Madrid la escritora Zenobia Camprubí de Jiménez. Rokha nunca más paró de ningunear la carrera de Neruda y cuestionar sus proyecciones como poeta, con supina ingenuidad.
Se cuenta que los devotos incondicionales de Neruda, que ya eran varios por entonces (a diferencia de cuando escribió el poema, que casi no los había) intentaron justificar el plagio a Tagore con varias explicaciones ingeniosas o acusando sólo una relación de "inspiración" en el escritor bengalí. Curiosamente, años más tarde el investigador José-Christian Páez constató que no existía en los Archivos de la Biblioteca Nacional aquella edición de la revista "Pro" delatando a Neruda, por extraña coincidencia. A ello se habían agregado ya otras denuncias sobre plagios nerudianos, como el que surge por sí solo desde la comparación del poema "Los Nautas" del cubano Miguel Ángel Macau, con el posterior "Farewell" del vate chileno. El mismo cargo se le formuló a Neruda con respecto a la obra del peruano Santos Chocano, siendo emplazado en su visita a Perú en los cuarenta por estas semejanzas.
Empero, a diferencia de otros ataques de Huidobro o de Rokha, Neruda no necesitó ser defendido por sus fieles y aquella vez sí acusó recibo, aunque indirectamente: poco después, desde la tercera edición en adelante de sus "20 poemas de amor y una canción desesperada" en 1938, incorporó una pequeña nota de referencia en el texto donde reconocía estar haciendo una "paráfrasis" en el trabajo de Tagore para su controvertido "Poema 16", algo que dejó satisfechos a sus admiradores, pero que a sus adversarios sólo otorgó otro argumento para seguir enrostrándole eternamente una acusación de plagio en la cara.
A continuación, los dos poemas juntos para la comparación crítica:
TAGORE (1917)
NERUDA (1924)
"Poema 30"
"Poema 16"
Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías.
Tu color y tu forma son los del anhelo de mi amor.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños infinitos. (1)
Tienes los pies sonrojados del resplandor ansioso de mi corazón,
¡Segadora de mis cantos vespertinos!
Tus labios agridulces saben a vino de dolor.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños solitarios. (2)
La pasión sombría ha oscurecido tus ojos.
¡cazadora del fondo de mi mirada!
En la red de mi música te tengo presa, amor mío.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños inmortales. (3)
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños. (1)
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios:
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!(2)
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño. (3)
EL CASO DE RAÚL ZURITA
Fue toda una audacia y una temeridad la del controvertido poeta nacional Raúl Zurita: publicar su trabajo "Anteparaíso" de 1982 -para muchos el mejor de toda su creación- pretendiendo que nadie notaría jamás la semejanza injustificable de los poemas "CI" y "CII" con la letra de las populares canciones de Bob Dylan tituladas "Highway 61 Revisited" (estrofa 1) y "115th Dream" (estrofa 6), escritas más de 15 años antes. Tan seguro estaba de haber pasado inadvertido que, poco tiempo después, declaraba soberbio a "El Diario Austral" del 8 de julio de 1983: "Soy el mejor poeta de Chile".
Sin embargo, "el mejor poeta de Chile" no tardó en ser descubierto y comenzar a ser cuestionado por algún colega. Así, Eduardo Llanos Melussa comenta por primera vez del asunto aunque tímidamente, en la edición N° 2 del otoño de 1983 de la revista "La Castaña", describiendo como una "coincidencia sorprendente" el parecido de los poemas de Zurita y las canciones de Dylan. La denuncia de mayor repercusión le cayó encima una década más tarde, en 1993, luego de que el mencionado escritor José-Christian Páez observara los parecidos y los comparara mientras realizaba un estudio de la obra de Zurita, precisamente. Sus acusaciones aparecen por primera vez en el diario "Las Últimas Noticias" del domingo 8 de julio de ese año. Al poco tiempo, se imprimen otros títulos como "Raúl Zurita: acorralado por el silencio" de Omar Monroy en el diario "El Atacama" del 31 de julio, dando más combustible a la escandalera. En uno y otro sentido, se pronuncian en la discusión autores como Enrique Lafourcade, Justo Pastor Mellado y Miguel Arteche.
Aunque el escándalo en la intelectualidad tuvo, así, cierta importancia, esta aparentemente grave falta a la ética y ofensa a la creatividad no fue óbice para que de todos modos recibiera el Premio Nacional de Literatura del año 2000, en el polémico contexto de un evidente pago de favores políticos. Desde entonces, Zurita no sólo se ha negado sistemáticamente a responder por la acusación de plagio, aunque a principio de junio de 2006 publicó en el diario "El Mercurio" una nota de homenaje a Bob Dylan titulada "Golpeando las puertas del cielo", donde queda clarísimo que es un admirador rotundo de la obra del cantante, de quien dice compungido: "Bob Dylan es a la poesía de la segunda mitad del siglo XX lo que Ezra Pound fue a la primera". Incluso reproduce parte de "115th Dream", aunque sólo las partes finales del texto y sin mencionar una palabra sobre su affaire por exceso de admiración a esta canción.
Según Páez, el punto de contacto del poeta con la obra de Bob Dylan fue su entonces pareja la también escritora Diamela Eltit, quien era una gran conocedora de la poesía del cantautor norteamericano, como lo dejó en evidencia al publicar un articulo en la revista "Bravo" N° 7 de julio de 1980, titulado "El poeta Bob Dylan", sólo dos años antes que el resbalón y costalazo de ancas de Zurita. Curiosamente, sin embargo, la actual esposa del escritor, doña Paulina Wendt, también se vio involucrada en una seria acusación de supuesto plagio por su cuento "El cazador", en su caso imitando un cuento del autor argentino Ricardo Piglia, escándalo que le significó a la autora nacional tener que devolver el Premio Concurso de Cuentos Revista "Paula" que había recibido por la obra cuestionada.
Dejemos a la vista, entonces, las obras de este caso:
DYLAN (1965)
ZURITA (1982)
"Highway 61 Revisited"
"CI"
Dijo Dios a Abraham: Mata un hijo para mí
Dijo Abe: Hombre, tú estás bromeando conmigo
Dijo Dios: No; Abe dijo: ¿Qué?
Dijo Dios: Haz lo que quieras Abraham, pero
la próxima vez que me veas aparecer puedes salir corriendo.
Bien, Abe dijo: ¿Dónde quieres que cometa este asesinato?
Dijo Dios: Fuera, en la Carretera 61. (1)
Se hacía tarde cuando ya tomándome un hombro me ordenó:
"Anda y mátame a tu hijo" Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando el pelo acaso?
"Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo,
pero recuerda quién soy, así que después no
te quejes".
Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde quieres que cometa ese asesinato?
Entonces, como si fuera el aullido del viento quien hablase, El dijo:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile". (1)
"115th Dream"
"CII"
Bien, llamé en una casa con la bandera de los EE.UU. desplegada
Dije: ¿Podrías ayudarme?, tengo unos amigos afuera.
El hombre dijo: Sal de acá o te haré pedazos.
Dije: Ud. sabe que también rechazaron a Jesús. Él dijo: tú no eres Él,
vete antes de que te rompa los huesos.
Yo no soy tu papá. (2)
Decidí que se lo llevaran arrestado y fui a buscar a un policía.
Con la cara ensangrentada llamé a su puerta:
Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera
"Márchate de aquí -me contestó- antes de que te eche a patadas"
Vamos -le observé- usted sabe que también rechazaron a Jesús.
"Tú no eres Él -me respondió- ándate o te
rompo la crisma. Yo no soy tu padre" (2)
Por favor -le insistí- los tipos que están afuera
son hijos suyos...
"De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos
a la tierra prometida"
Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? -pregunté-
Entonces, como si fuera una estrella la que lo dijese, me respondió:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile".
Para estar en sintonía, finalizo "plagiando" deliberadamente como conclusión, una frase apócrifa que encontré en la internet, ese paraíso de los plagiadores contemporáneos: "'El plagio no es mas que una forma de homenaje".

3 comentarios:

R.Rojas dijo...

"Aquellos martillazos resuenan todavía, como si alguien llamara a las puertas de la vida" (dice "alarma a las puertas...") en Huidobro.Pasión y muerte

Criss Salazar dijo...

Muchas gracias, fue por el corrector word. También descubrí otro error en Neruda. Saludos.

lichazul alqantar dijo...

ellos son los connotados, porque si uno escarva finito , encuentra por todos lados de todos los colores y todas las latitudes
como decía el profe en el taller literário " nadie viene a inventar la rueda" todos somos ecos de otros ecos , somos metapoesía viva

buena jornada :D

te dejo mi blog
http://dondeperderse1.blogspot.cl

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