miércoles, 28 de noviembre de 2012

JUAN SALVADOR: LA TRISTE RAZÓN DE UNA ANIMITA EN LOS JARDINES AL PIE DE MORRO DE ARICA

Coordenadas: 18°28'44.50"S 70°19'28.59"W
Muchas animitas han pasado por los jardines a los pies del Morro de Arica... Y muchas almas atormentadas, de seres humanos que han elegido la altura del peñón para saltar hacia la liberación de los tormentos y el calvario de vidas tortuosas, han dado razones para que siempre exista alguna por allí, frente a la Costanera San Martín.
Hay una que destaca en los jardines al pie del peñón ariqueño, sin embargo.
Nacido el 20 de diciembre de 1971, Juan Salvador Huerta Fuentes apareció allí hacia el mediodía de ese despejado domingo 13 de junio de 2010 hasta el Morro, decidido también a poner fin a sus 38 años de vida, saltando al vacío frente al mar infinito y desde un sector tras el Museo Militar, a 130 metros de altura. Llamado como la famosa gaviota que aprendía a volar en la fábula de Richard Bach, llegó hasta esas alturas cortadas por los vientos costeros y las alas de las aves marinas, para luego buscar una saliente del acantilado y preparar desde aquel sitio su salto final hacia la muerte, tal como otros lo han hecho allí mismo antes que él.
Huerta vivía cerca, en la Población Cerro La Cruz, desde donde llegó al Morro a bordo del vehículo propiedad de su madre. También trabajaba como Disc Jockey en una famosa discoteca local, por lo que era bastante conocido en el ambiente de los noctámbulos de la Ciudad de la Eterna Primavera, en sus noches cálidas y de luces coloridas.
Personal militar del Museo advirtió la presencia de Juan Salvador y sospechó que podría ser un suicida, llamando de inmediato a efectivos de Carabineros de Chile. Ante la alerta, comenzaron a apilarse personas arriba y abajo del lugar de la angustiante escena, quizás sin comprender que estaban a punto de ver un suicidio en vivo y no meras amenazas de ejecutar su salto del ángel.
Un carabinero se acercó hasta el borde mismo del barranco, intentando persuadirlo de la decisión que ya parecía haber tomado de manera categórica. En su primer intento, quedó claro que los uniformados no pudieron: por el contrario, el DJ comenzó a acomodarse cada vez más cerca del borde, con la determinación de quien no quiere dar marcha atrás.
Durante esas conversaciones, de las que mucho quedará en el misterio y la reserva, se supo en la prensa que Juan Salvador se veía dolido y triste, alegando que no le era posible ver a sus hijos. Lo mismo se verificará después en las cartas que dejó explicando sus motivaciones, añadiendo que pasaba por una profunda depresión y problemas sentimentales.
Abajo, en tanto, la muchedumbre tomaba fotografías y no faltó quien grabara en video la situación, inconsciente todavía de que iba a registrar una trágica muerte.
En un momento, visiblemente angustiado y nervioso, Huerta pareció retroceder un poco y pidió un cigarrillo. Los presentes le consiguieron uno y se lo pasaron encendido. Lo tomó y comenzó a darle pitadas con sus manos tiritonas, fumándolo rápidamente y dándole a los uniformados una tenue esperanza de que echara pie atrás en su decisión de acabar con todo. Eran las 12:45 horas.
Secuencia del suicidio registrada por un testigo (Fuente imagen: LUN.cl).
Placa colocada por los deudos, dentro de la animita.
Pero nada podría haberlo obligado a recapacitar: volviendo a acomodarse, en las rocas, Juan Salvador volteó, tomó un ultimo respiro en este mundo y saltó desde la altura, abriendo los brazos tras dar una mirada fina hacia el océano azul de Arica... Su muerte fue instantánea y sin sufrimientos extras al estrellarse, al menos.
Sus consternados amigos y familiares instalaron la animita de albañilería cubierta con azulejos y techo de latón a dos aguas. Dentro de la misma, hay una placa con el siguiente mensaje:
"Duerme en paz que pronto estaremos contigo.
Tu recuerdo vivirá por siempre
en nuestros corazones.
Tus amigos de la pachanga y familiares".
Muchos devotos de la animita son estos ex amigos y compañeros de correrías de Juan Salvador. De día, su templete se distingue por las flores coloridas que lo adornan allí, en los jardines ocupados por parejas y familias que cada domingo se tienden sobre el pasto al lado de la animita, quizás olvidando ya el drama que ella resguarda. Y por las noches, en las mismas jornadas que el suicida DJ llenaba con música y festejo, se puede advertir por sus velas ardiendo con luces danzarinas a los pies del inmenso Morro de Arica.

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