domingo, 6 de mayo de 2012

UNA RESISTENTE ANIMITA DE AVENIDA VICUÑA MACKENNA

Coordenadas: 33°31'26.65"S 70°35'52.45"W
En avenida Vicuña Mackenna casi frente a la calle Las Acacias, comuna de La Florida, pasado el céntrico paradero 14 y de camino hacia el siguiente, existe una vieja animita al medio del bandejón o isla central que, aún siendo infinitamente menos conocida que la de Romualdito en Estación Central, ofrece el mismo fenómeno de adaptación de la urbanística a la presencia previa de este lugar de ejercicio de fe popular, respetando su existencia y permitiéndole seguir ocupando un espacio propio dentro de la ciudad.
Según se cuenta entre vecinos y comerciantes del sector, la anónima animita perteneció a un hombre, joven o niño (varón), pero algunas tarjetas que aparecen de cuando en cuando allí aluden a una mujer, incluso mensajes del Día de la Madre que suponemos deja algún familiar. Se dice también que la persona murió intentando atravesar la avenida Vicuña Mackenna, al ser alcanzado por un vehículo. Luego de su trágico atropello, alguien encendió velas en el lugar, luego vino la casucha y así nació la animita.
Se supone que el accidente habría ocurrido hacia los años setenta. La única placa que que se conserva en animita verifica esta parte de la historia: corresponde a una tira metálica en relieve donde se leen agradecimientos por el favor concedido a alguien que firma sólo como "O.M." y fecha su ofrenda el "10-VII-79". Sin embargo, agradece sólo dirigiéndose a la "Animita", no a un nombre en particular, lo que hace presumir que ésta era muy anterior y que la identidad del infortunado pudo haber sido olvidada ya a esas alturas, a fines de los años setenta.
Ubicación de la animita en el islote central de la avenida Vicuña Mackenna.
La única placa de agradecimiento que se conserva en la animita.
Sin embargo, este sector de la comuna fue objeto de un enorme proyecto de remodelación iniciado en los ochenta y que continuó hasta pocos años, entre otras cosas ensanchando las avenidas y haciendo desaparecer la rotonda que se encontraba en el cruce de Vicuña Mackenna con Américo Vespucio. Durante los trabajos, la animita fue retirada y parece que se pretendió removerla definitivamente, tal como sucedió en el citado caso de Romualdito. Pero igual que sucedió con esta, las protestas de los vecinos y de los fieles obligaron a reponerla rápidamente en el lugar donde se construyó el bandejón con césped definitivo, al centro de la avenida.
En el islote donde quedó repuesta la animita de latón grueso, había un problema complejo: justo donde estaba ubicada, hacia el año 2005 debían colocarse los cimientos de cemento y sillerías de roca donde debía anclarse un enorme poste, que serviría de soporte para panel publicitario y que se mantiene allí aún en nuestros días, junto a los pilares y escalas de la antigua portada de un jardín que existía allí antes de la remodelación. No sé si la decisión fue de los obreros o algún jefe, pero la animita se respetó y se la cubrió en parte con piedras, incorporándola a la base y dejándola como parte del conjunto. Incluso asoma un poco del lomo de su techo por el lado del pasto, mientras que hacia el lado de la calle, mirando al poniente, se colocó su abertura rodeada de baldosas blancas que se han ido perdiendo con el tiempo.
Desde entonces, la animita cuenta con varios fieles y siempre se ven en ella flores o velas, justo al frente de un conocido local de pollos a las brasas en Santiago. Irónicamente, sin embargo, su ubicación en la isla central de la avenida Vicuña Mackenna la hacen un lugar peligroso, pues es poca la distancia que separa a la animita de la calzada con gran tráfico de personas. Sería una tragedia que alguien pagara su devoción con la misma desgracia que afectó al fallecido allí venerado. También está amezada por nuevos proyectos viales de este sector, de hecho.
Una de las vecinas que da cierta mantención a la animita es la señora Gertraud, más conocida como doña Gertrudis, una anciana alemana sumamente religiosa y que, con grandes esfuerzos, da albergue en su casa a una inmensa cantidad de perros abandonados, ganándose el amor y el odio de los demás residentes por esta acción, además de cierta fama que la llevado alguna vez a aparecer entrevistada en los medios de comunicación.
Bon Bon, el quiltrito que cuidaba la animita y vivía en sus alrededores, ya gravemente herido tras ser atropellado por un bus en el mismo sector.
Coincidentemente, uno de los innumerables canes de doña Gertrudis, un pequeño quiltrito apodado Bon Bon de patas cortas, blanco con manchas negras y ya bastante viejo, solía encontrarse en este sitio, durmiendo o tomando Sol siempre cerca de la animita, como el mítico dios cabeza de perro Anubis, que los egipcios representaban como un can echado sobre una cripta y custodiando el descanso en paz del fallecido. Sin embargo, a pesar de las advertencias que se le habían hecho a su dueña, el pobre animal fue atropellado en una de sus continuas e imprudentes cruzadas por la avenida, tal como sucedió, supuestamente, al finado de la animita a la que solía dar compañía.
Por una casualidad, fui testigo del atropello de Bon Bon, el los días previos a la Navidad de 2011, provocado por la irresponsabilidad e insensatez de un chofer del infame Transantiago, desesperado por ganar unos metros más en un semáforo en luz roja. El pobre quiltro, con una pierna y la pelvis destrozada, se arrastró entre aullidos de dolor hacia un kiosco cercano atendido por doña Alicia, una conocida locataria de este sector y que también tenía singular afecto por este animal y que recibía diariamente su visita. Le tomé una fotografía que aquí publico, tirado y sufriente allí al interior de la garita. Lamentablemente, la anciana cabeza de doña Gertrudis ya no anda en sus plenas facultades y el pobre Bon Bon agonizó casi un mes más antes de morir, sin atención veterinaria ni eutanasia. Muchos otros de sus perros se exponen al atropello todavía, en este peligroso sector cuya amenaza continúa señalada por la animita de un ser humano que, aparentemente, ya corrió con la infausta misma suerte.
La animita de la misteriosa persona atropellada del paradero 14 de Vicuña Mackenna puede tener flores y velas que le den luz de vida a la muerte allí sucedida; habrá sobrevivido también a los cambios viales y urbanísticos, respetándose su pequeño espacio; pero de todos modos, se extrañará la presencia de Bon Bon en esos mismos lugares, cuidando el descanso de un alma arrebatada en forma violenta y cruel, de la misma manera que él sintió partir la suya.

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