jueves, 10 de mayo de 2012

PORTAL ELISEO DEL CAMPO: LA ELEGANCIA PLEBEYA DE AVENIDA MATTA

Imagen del portal hacia los años ochenta, publicada por Eduardo San Martín en "La arquitectura de la Periferia de Santiago".
Coordenadas: 33°27'23.65"S 70°38'1.05"W
El plebeyamente elegante Portal Eliseo del Campo se ubica en avenida Manuel Antonio Matta 302 y 320, entre las calles Portugal y Pedro León Ugalde. Siempre me llamó la atención su belleza, desde los tiempos que transitaba diariamente por él, siendo alumno del Liceo Manuel Barros Borgoño. Aunque ocupa en esa cuadra una planta de más de 40 metros por lado y se halla parcialmente rodeado de otros interesantes históricos edificios, siempre se impone con su hermosa fachada neoclásica de toques neocoloniales y con frontón central, que lo convierten en uno de los más antiguos de su estilo, además de lo pintoresco.
La arquitectura de la obra habría sido concebida en los planos del eximio maestro Ricardo Larraín Bravo, el mismo autor del Templo de los Sacramentinos y varias otras obras tan propias de la ciudad de Santiago. El edificio fue levantado hacia inicios de los años veinte. Su nombre, según información de los residentes del barrio, aludiría al médico nacional Eliseo del Campo Meneses, me parece que fallecido poco antes de iniciadas las obras. Todavía conserva la inscripción original con este título, al centro de la fachada y sobre los accesos laterales.
El edificio mantiene la mayoría de los rasgos originales de su arquitectura: sus magníficas arcadas y columnatas, sus pilastras, ventanas falsas alternadas con los vanos reales, balcón de balaustras y el portalón de grandes dimensiones, rematado en el frontón que se repite en las esquinas y arcos de acceso en los vértices del edificio. Todo coronado con tejas cerámicas acanaladas.
Según hace notar Eduardo San Martín en "La arquitectura de la Periferia de Santiago", su factura enladrillada es propia de este sector de Santiago, repetida en otros edificios patrimoniales como el Hogar de Ancianos de las Hermanas de los Pobres y varias iglesias y casas del mismo vecindario de avenida Matta hacia las puertas del célebre Barrio Matadero. Los colores blanco y rojo colonial con que permanece pintada la fachada favorecen al especto clásico primario del edificio. Antes, el blanco era un gris levemente celestino. Sólo algún par de carteles luminosos y un horripilante paradero del Transantiago afean un poco su presencia exterior, además de los infaltables pintarrajeos ilegibles.
El Portal tiene una característica notable: como muchas residencias antiguas que se apoyaban en un pilar de esquina, especialmente en los siglos XVIII y XIX, se abría un paso de tránsito peatonal en los bajos, en este caso abarcando todo el ancho de la cuadra con columnatas y arcos del conjunto totalmente simétrico. Y tal como en el caso de esas viviendas coloniales, ese primer nivel está destinado a espacios comerciales, tras las arcadas, y los del segundo puso son ocupados por residentes.
En el espacio peatonal o zaguán del primer piso, antaño se instalaba también una feria de frutas y hortalizas; al caer el Sol, llegaban vendedores de castañas, empanadas y otros productos de consumo rápido, iluminándose con pequeños farolitos en sus respectivos puestos. Cuando hacía mucho frío en las noches de invierno, se encendían chonchones dentro del mismo recinto, para dar algo de calor a los clientes y los comerciantes.
Los locales eran ocupados por un comercio más formal, como comenta en "Voces de la ciudad: historias de barrios de Santiago" don Miguel Lawner, nacido en una familia de la abundante comunidad judía que habitó este barrio hacia los mismos años en que se construyó el portal, pero antes de la gran migración sucedida a fines de la década siguiente en los albores de la Segunda Guerra Mundial:
"En este portal existía la bien provista Ferretería La Sin Rival, propiedad de los hermanos Trueba, que nos deslumbraba por la variedad de utensilios, herramientas y la multiplicidad de artículos expuestos. En la esquina norponiente abría sus cortinas al alba el almacén de los Simonetti, donde nos abastecíamos de todas la vituallas necesarias para la cocina, y que para mí era el paraíso de las botellas de champán o las pastillas de anís, que corría a comprar cuando mi abuela o mis padres me pasaban una 'chaucha'.
El comercio no era anónimo como en general sucede hoy día. Don Giuseppe y su señora atendían en negocio personalmente, y conocían a la mayoría de los 'caseros'. A pesar del clásico letrero anunciando 'Hoy no se fía, mañana sí', el napolitano sacaba de un cajón debajo del mostrador, una libreta gastada donde figuraba el rol de los clientes probados a quienes favorecía con un crédito hasta la próxima paga.
Junto al emporio estaba la Botica Atenas, propiedad del perdulario Gastón Figueroa, pájaro de malas pulgas a quien uno de sus cuñados había cargado con tal apodo. Yo era un cliente asiduo del establecimiento, enviado por mi padre a comprarle las reputadas Cafiaspirinas Bayer, de las cuales consumía 5 ó 6 tabletas diarias para prevenir cualquier tipo de malestar".
El Portal Eliseo del Campo enfrentó estoicamente la caída del comercio clásico y también ha debido convivir en su espacio con prostitución y cabarets oscuros. Mucha de esta influencia provino del pasado de la cercana calle Fray Camilo Henríquez ("San Camilo") y su ebullición de actividad en burdeles de todo tipo. Los tranvías, en tanto, dejaron de pasar por allí pasado el mediosiglo, al ser desplazados por los microbuses. El ferrocarril urbano tenía su paradero justo en este sector, por el lado de Portugal, como recordaba don Marcelo Castillo en el boletín patrimonial "Calles de Adoquines":
"Recuerdo ir de la mano de una tía a tomar el 'carro' de la línea 28, última línea de tranvías que funcionó hasta mediados de los 50. A la misma esquina con Portugal, en que hoy de la mano de mi nieta tomo la 507. Frente al mismísimo Portal Eliseo del Campo, donde alguna vez y por generaciones, nos guarecimos del sol o de la lluvia los vecinos de Avda. Matta".
El portal y sus locales no siempre han sido un lugar pacífico ni respetuoso de la justicia. Alguna vez ha corrido sangre por este sitio, de hecho. Aún así, la recreación sigue atrayendo por décadas a los visitantes de cantinas, picadas y clubes como el "Clandestino", "La Habana Vieja" o el "Night Club Kaoma" y algunos restaurantes populares, entre otros negocios han funcionado allí a lo largo de la historia del portal. Siempre tuvo algo de bohemio, incluso en sus momentos más difíciles y restringidos.
Afortunadamente, el bello edificio fue declarado Inmueble de Conservación Histórica, aunque hemos visto que esta categoría no siempre ha sido garantía segura de existencia de sitios patrimoniales, como fue el caso de la Casona Alemana de Vicuña Mackenna. Importante tarea por su revalorización y protección, entonces, está depositada en el trabajo que desarrollan los propios vecinos del vecindario, a través de agrupaciones activas como Barrio Matta Sur.

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