viernes, 25 de mayo de 2012

LOS JARDINES FLORALES DEL PASEO AHUMADA

Don Ricardo General en 1997, atendiendo su garita de venta de flores en Ahumada (Fuente imagen: diario "La Tercera").
Coordenadas: 33°26'31.87"S 70°39'2.77"W
Ya he comentado algunos recuerdos sobre el Paseo Ahumada desde su remodelación y apertura peatonal en los setenta hasta la gran modificación que se hizo en los noventa y que cambió para siempre muchos aspectos que eran característicos del lugar, como sus hermosas fuentes de aguas. Quise reservar una entrada especial para el caso de los kioscos florales que antes engalanaban la esquina de Ahumada con Moneda, justo allí donde se abre el pasaje de calle Nueva York, y de los que sólo queda uno en nuestros días.
Esta esquina tuvo características muy particulares después de la gran remodelación del alcalde Patricio Mekis en la calle Ahumada, que la convirtió en paseo en 1977. Siguiendo los planos de los urbanistas y arquitectos municipales Carlos Aliaga y Álvaro Guridi, se instaló en el vértice una fuente de aguas que marcó por más de 20 años un punto de encuentro en este mismo lugar, y a su alrededor se instalaron los tres kioscos municipales que eran ocupados por floristas, constituyendo un bello y colorido jardín flotante para quienes querían llevar obsequios de amor, del Día de la Madre, el Día de la Secretaria y otras fechas que justificaban regalar rosas, calas, crisantemos o lirios, algunas sueltas, otras en ramos envueltos en papel celofán y las más finas en delicados arreglos artísticos.
Los tres kioscos eran garitas de ferretería de unos tres metros de altura, formadas por columnas-soportes con repisas fijas centrales y un techado modular geométrico un tanto futurista, con influencias base de la arquitectura en hierro pero aplicadas con mayor modernidad en el diseño. Y aunque siempre existieron otras florerías en el barrio, éstas eran las más importantes de todo el Centro de Santiago, preferidas tanto por sus buenos precios como por la belleza de los arreglos, además de ser muy populares. "Con sus garitas de flora aciaga y su fauna ciegamente acampada en el Vivac", escribió Enrique Lihn en su poema "El Paseo Ahumada", publicado en 1983.
Los primeros comerciantes que ocuparon estos puestos eran floristas que estaban en Ahumada desde el año 1973, antes de la construcción del paseo y las garitas. Casi no había una flor en algún escritorio de Santiago Centro, que no se pudiese adivinar comprada a estos vendedores. Después de inauguradas estas estructuras metálicas verdes, uno de sus más conocidos ocupantes de ellas fue don Ricardo General, conocido más popularmente como El General, quien llegó a establecerse allí en 1985.
Precisamente en esta esquina, además, en el local donde ahora está una sede bancaria, existía una famosa sandwichería: "El Tirol", restaurante de comida rápida que llegó a tener fama de ofrecer "los mejores lomitos" de todo Santiago, según sus devotos. Atrás, por el lado de Nueva York, merodeaban los conocidos "compro-dólares", comerciantes informales que se dedicaban a vender y comprar dólares, oro y plata. El punto de reunión acordado con sus clientes muchas veces era la fuente de aguas y la zona de las pequeñas pérgolas florales.
Así lucía el popular local de "El Tirol" hacia fines de los ochenta y principios de los noventa, en la punta de diamante de Ahumada con Nueva York, justo donde estaban la fuente de aguas y los tres kioscos o pérgolas de venta de flores.
Sin embargo, al avanzar los años noventa, la cordialidad y el romanticismo representado en lilas, gladiolos, claveles y tulipas había comenzado a quedar atrás, y las ventas de flores cayeron fuertemente, poniendo en aprietos a estos comerciantes, que diversificaron la venta adicionando globos para niños, tarjetas y otros productos.
Entrevistado por un medio de prensa de aquellos años, El General decía que sólo el día lunes era relativamente bueno, principalmente en la venta de claveles para secretarias que querían decorar sus escritorios, ya que duran más y son económicas. Las rosas, en cambio, se vendían de preferencia en la noche y eran adquiridas por los últimos señores románticos que quedaban entonces. Incluso contaba la historia de un cliente de edad que, apareciendo dos o tres veces al año, le pagaba en cada oportunidad varios meses seguidos para que le enviara una flor diaria a una dama. También recordaba casos en que hombres angustiados o pidiendo perdón por alguna traición amorosa, compraban grandes y onerosos ramos o arreglos con tarjeta y dedicatoria, pero que después llegaban enteros de vuelta al puesto, despreciados por las propias receptoras.
Con la remodelación del Paseo Ahumada realizada en 1999, durante la alcaldía de Jaime Ravinet, sucedió el mismo fenómeno que en la Plaza de Armas, rehecha por la misma administración edilicia y con grandes resistencias y críticas de la ciudadanía: el paseo perdió mucho de su esencia y su estilística, pasando a priorizarse aspectos funcionales vinculados al tránsito de gente y a la actividad del comercio, pero en desmedro de lo estético y los criterios urbanísticos originales del paseo.
A consecuencia de ello, fueron retiradas las fuentes, incluyendo la de Ahumada con Moneda. Sólo uno de los tres kioscos de flores permaneció: el de más al interior, junto al banco de la punta de diamante. Los otros dos, incluyendo la histórica garita de El General, desaparecieron para siempre. Fue así como el antiguo y estimado comerciante debió entrar a retiro, y su jardín de marchitó.
El kiosco que todavía existe es administrado por don Víctor, el último y querido florista que queda de todos los que ocuparon este jardín. Aunque se han habilitado carritos y otros lugares para la venta de flores dentro de las calles principales de Santiago Centro, las dos garitas perdidas han dejado un irreparable aspecto mutilado a este lugar por donde transitan cientos de miles de personas cada día.
El último de los kioscos florales de la esquina de Ahumada con Moneda, atendido por don Víctor, que aparece sentado junto al puesto.

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