lunes, 7 de mayo de 2012

LOS ÉTERES DE UN CINE-TEATRO EN CALLE CHACABUCO


Coordenadas: 33°25'55.00"S 70°40'47.03"W

Hace poco publiqué un artículo sobre el cine-teatro Minerva, en la conjunción de calle San Pablo con Chacabuco. Me corresponde hacer caudal ahora, de otro que estaba cerca de allí, hacia el final de esta misma calle: el Cine-Teatro Selecta, que en su época tuvo bastante popularidad en la vida del Barrio Yungay y las inmediaciones de la Quinta Normal, también hacia la época de los tranvías pasando por Mapocho, San Pablo, Matucana y la misma calle Chacabuco.

Tengo a la vista noticias de otro Teatro Selecta que se habría ubicado en Estación Central, cerca del origen de avenida Ecuador, pero no he podido investigar este caso. El que aquí comento se encuentra en una cuadra poniente entre Mapocho y Atacama, específicamente en la dirección de Chacabuco 1178. En alguna guía de cines antiguos, sin embargo, también lo veo identificado con el nombre de Cine Chacabuco, así que pudo haber tenido, quizás, más de un título a lo largo de su historia, que comienza con la época de la construcción de las "salas de barrio" en el post Primer Centenario de la República.

El cine era de entradas baratas, para público más bien modesto. Si acaso no tuvo la fama de las otras salas de este lado de Santiago, también ofrecía jornadas populares como otros teatros de barrio más famosos. Algunas líneas de transporte podían dejar a los asistentes al frente del propio cine-teatro, como la Nº 5 Yungay-Mercado y la Nº 28 Yungay-Portugal, y todavía sobreviven estos rieles en la calle, aunque evidentemente tienen sus días contados en un vecindario donde se están volviendo peligrosamente abundantes las grúas plumas, algunas incluso frente al propio edificio del ex cine-teatro, donde se levanta un proyecto inmobiliario.

La sala de Chacabuco no sólo fue lugar para exposición de artes escénicas o musicales, por cierto: como muchos otros teatros populares de Santiago, siempre fue escenario de concentraciones políticas y actos partidistas, algo que se repitió en las viejas salas de Mapocho, San Diego y Estación Central. En su obra titulada "Vida de un comunista", por ejemplo, Elías Lafertte recordaba -poco antes de su fallecimiento- haber realizado en junio de 1934, una presentación de la Federación Obrera de Chile en el teatro, que a la sazón estaba bajo régimen de concesión en manos de otro "compañero" llamado Amador Pairoa. El lugar se había convertido en la oficina de la Federación y Lafertte, que vivía con su madre en la calle Andrés Bello, "todos los días atravesaba Santiago entero para ir al Teatro Selecta", trabajando allí en compañía de otro correligionario, don Humberto Matis.

"Yo me presenté a la sesión inaugural -escribió en aquellas memorias-, pronuncié un discurso para echar a andar las tareas y luego me esfumé, evitando a la policía. En este acto impresionó mucho a los delegados de todo el país la aparición de un joven campesino de la región de Lonquimay, donde, después de muchas peripecias, había logrado volver Juan Segundo Leiva Tapia, tras nuestro desastroso viaje al Uruguay. Este joven campesino, en medio de la emoción de todos los delegados, dijo:

- ¡Vengo aquí a sellar definitivamente la alianza obrera y campesina!"

Otro importantísimo suceso político asociado al teatro tendrá lugar agosto de 1951, cuando el entonces Senador Carlos Ibáñez del Campo, realizó allí una multitudinaria concentración de adherentes a su candidatura en aquellas reñidas campañas presidenciales para las elecciones que lo devolvieron a La Moneda el año siguiente, tras derrotar a Arturo Matte Larraín, Pedro Enrique Alfonso y Salvador Allende. Apoyado por fuerzas nacionalistas y socialistas de centro popular, su lema de campaña era "Ibáñez al poder y la escoba a barrer", aludiendo a su declarada guerra contra la corrupción y el abuso de los partidos políticos de la época.

Por entonces, la calle Chacabuco y el entorno del cine-teatro era más próspero de lo que podría deducirse mirándola ahora, aunque bastante peligroso a ciertas horas del día. La avenida tenía, por ejemplo, varias sastrerías y negocios de telas, uno de ellos muy cerca del teatro, según recordaba la longeva vecina doña Nieves, entrevistada por el boletín del Barrio Yungay "La Canaleta", el año 2003. La abuelita agregaba que las mujeres iban muy poco al cine, por el prejuicio machista y conservador que existía en aquel entonces. Así pues, Chacabuco no lucía entonces tan fantasmal, triste y contemplativa como se observa hoy, sino más propiamente como las calles con la actividad descrita en las novelas de Nicomedes Guzmán para estos barrios obreros cercanos al eje de avenida Mapocho. Según recuerda mi informante con excelente memoria sobre aquella época, don Benjamín G., el vecindario era un tanto sórdido y se encontraba casi en la periferia citadina, donde comenzaba el barrio industrial del que todavía quedan las ruinas de plantas metalúrgicas y otros recintos de grandes galpones.

No tengo claro cuándo acabó exactamente el servicio al público del cine-teatro de Chacabuco, pero ya no aparece en las carteleras de los periódicos de principios de los años sesenta. Por entonces, los diarios dedicaban una especie de apéndice especial para los cines de barrio en las listas del día, dentro de sus páginas de espectáculos, allí donde iban otras salas igualmente populares como el Cine Prat, el Blanco Encalada o el Colón. Una anciana vecina del sector me comentó que la agonía del edificio como lugar de entretención fue lenta y prolongada, antes de la desaparición definitiva de su marquesina. Otro vecino, en el mismo rango de edad, calcula de memoria que la debacle del cine tuvo lugar hacia esos mismos años sesenta.

Actualmente, el edificio no está en aparente mal estado para la antigüedad que tiene en un país que agrega terremoto tras terremoto a su historia; pero, comparado con el edificio que fue alguna vez sirviendo de teatro y para proyecciones de la vieja cinema, su aspecto de ladrillos desnudos en sus muros laterales exteriores y una fachada ya neutralizada tras portones y protecciones metálicas, parece que intentara ocultar o negar su verdadero origen. Desde cierta distancia, el ex teatro luce como el espinazo de una bestia herida a muerte caída entre la viejas casas del vecindario. Su altura no destacará en esta cuadra por mucho tiempo más, sin embargo: casi exactamente al frente, un grupo de antiguas casonas de adobe y vigas resecas fueron demolidas hace un tiempo ya, dejando un peladero sobre el cual se inició la mencionada construcción de un edificio residencial, con magnitud suficiente para eclipsar al edificio donde alguna vez se proyectaban añejos filmes de Carlitos Gardel o Jorge Negrete.

A pesar de los cambios severos en el barrio y aunque el adoquín fue cubierto por una fea y resquebrajada cubierta de asfalto, todavía se conservan las comentadas líneas de tranvía que llevaban al público hacia las funciones de matinée o vermouth y noche, o a sus rotativos de jornadas populares en los fines de semana, o a las presentaciones que algunos artistas aficionados también hicieron allí y en vivo.

El edificio, en tanto, pasó a convertirse en bodegas y taller de fabricación de letreros, siendo ocupado desde hace varios años por una paquetería y comercial de artículos de escritorio. Empero, aún se puede distinguir en el portón el vano que pertenecía a la cortina de entrada, y a su lado lo que fue alguna vez la ventanilla de la boletería, junto a los accesos a las oficinas interiores de lo que fue la administración del ex cine-teatro de calle Chacabuco.

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