martes, 8 de mayo de 2012

EL INTRIGANTE ASUNTO DE LOS TAJAMARES OLVIDADOS DEL MAPOCHO

Coordenadas: (desde) 33°25'33.44"S 70°40'29.48"W (hasta) 33°25'36.21"S 70°40'20.47"W
Por muchos años se creyó, popularmente, que los tajamares coloniales que se construyeron en los bordes del río Mapocho para contener sus iras y salidas de madre, abarcaron sólo el sector comprendido entre el actual Parque Balmaceda, a la altura de la ex Quinta Alegre (en donde ahora está el obelisco reconstruido de Providencia y el Museo de los Tajamares) hasta la proximidad del Puente de Cal y Canto, ubicado entonces entre lo que es hoy la calle Puente y, por el otro lado, la avenida La Paz, junto al camino de la Independencia o ex Cañadilla. Se suponía también que, por la orilla Sur, las estructuras no sobrepasaban la ex calle del Ojo Seco, correspondiente hoy a General Mackenna. Su nombre, de hecho, se debía a que pasaba bajo un ojo o arco seco del Puente de Cal y Canto, en el límite del lecho del río.
Esta impresión de que los murallones de sillería y enladrillado sólo llegaban hasta la proximidad del antiguo Basural de Santo Domingo, hoy ocupado por el Mercado Central, deriva quizás de la percepción errada que dio el Paseo de los Tajamares existente en dicho tramo, durante muchos años y hasta el siglo XIX, surgido de la unión de dos alamedas coloniales que formaron el largo camino por el borde del río, favorito alguna vez de la aristocracia criolla.
La verdad en los hechos, sin embargo, es que los malecones de los tajamares se extendían mucho más al poniente, incluso hasta la Plaza de San Pablo o más allá, y la actual ubicación representada por la ex Cárcel Pública o el lado Oeste del Parque de los Reyes, antes llamado Parque Centenario. El ancho que alcanzaban a esta altura tocaba incluso las cercanías de la calle San Pablo, absorbiendo en su vega primitiva terrenos de cuadras que hoy corresponden a las calles Balmaceda, Mapocho, General Mackenna y la propia San Pablo.
Aunque dejaré para una futura entrada la historia general de los malecones coloniales del río Mapocho, creo oportuno recordar aquí que los rastros de trabajos de instalación de tajamares por este sector poniente del río Mapocho, aparecen temprano. Las constantes riadas y especialmente una catastrófica que mató 120 personas y dejó la ciudad casi sin provisiones ni ganado, hicieron que la autoridad de la gobernación ordenara levantar los primeros tajamares en 1609, durante la gobernación de Alonso García de Ramón, encargándose la obra gruesa al geomensor Ginés de Lillo.
El plano de Santiago de Alonso de Ovalle (1646), ya muestra que la primera generación de tajamares del Mapocho se extendía hasta San Pablo por el Sur y hacia la proximidad de la actual calle Amunátegui por el poniente.
Hallazgo de murallones sepultados, correspondientes a los antiguos tajamares del Mapocho (fuente imagen: diario "La Tercera").
Según escritos de Benjamín Vicuña Mackenna y Recaredo Santos Tornero, estos murallones llegaban sólo hasta el sector del reñidero de gallos, por allí donde estará después la Plaza Bello. Sin embargo, de acuerdo al plano de Santiago publicado por don Alonso de Ovalle en su "Histórica Relación del Reyno de Chile", de 1646, estos tajamares primitivos ya llegaban por el Sur hasta tocar la calle San Pablo, mientras que por el Poniente llegaban al menos hasta calle San Martín, siempre contorneando el lecho del río, por lo que parecen haber sido ampliados en el transcurso de la primera mitad del siglo XVII. Permanecieron funcionales hasta 1664, aproximadamente, cuando las reparaciones se hicieron insuficientes para contener los constantes castigos y una riada especialmente violenta ocurrida ese año.
Cabe añadir que el camino de San Pablo, que en los tiempos de Ambrosio O'Higgins sería convertido en la carretera que unía Santiago y Valparaíso, nació en realidad como un cascajal del río Mapocho, en el que eran amarrados animales cuando el ancho del caudal lo permitiera y donde después se instalaron unos molinos. Esto explica la presencia de malecones a esa altura y que se hayan prolongado mucho más al poniente del reñidero de gallos durante la Colonia. El nombre lo debía la calle a la presencia de la orden Jesuita de San Pablo y su templito, establecidos desde 1678 junto a la Plaza de San Pablo, ocupado después por el Cuartel de Dragones.
Sucedió, entonces, los tajamares fueron reduciendo el ancho del río hasta ir capturándolo en un lecho menor que permitió despejar las cuadras secas ocupadas después entre San Pablo y la actual General Mackenna, lo que da una proporción de la capacidad que tenía el Mapocho para inundar la ciudad a tan poca distancia de la Plaza de Armas de Santiago y del ancho original de su vega. Con la canalización final del río iniciada en los tiempos de Balmaceda, se pudo dejar atrapado al río en su actual sitio, agregándole nuevas calles a la ciudad como Balmaceda, Mapocho y Cardenal Caro al Sur, y Santa María al Norte. Bajo todos estos trabajos, entonces, quedaron olvidados los históricos tajamares situados más al Sur y más al poniente del barrio.
Ese mismo año de 1678, el Presidente Juan Henríquez había decidido construir un nuevo tajamar que reemplazara las viejas y ya inutilizadas primeras estructuras. Con asistencia del Corregidor Santiago don Pedro de Amasa, logró entregar las nuevas obras al siguiente año. Estos tajamares se reducen sólo hasta la proximidad de la Cañadilla o avenida Independencia. Así pues, los registros revelan que sólo llegaban frente al Basural de Santo Domingo, mientras que las estructuras anteriores que había más al poniente estaban quizás en ruinas o en desuso.
Sólo en 1683, se buscó prolongar los nuevos tajamares hacia el Oeste, desde el sector donde estaba el flamante Puente de Ladrillo (primer puente sólido del Mapocho, a la altura de la Recoleta) hasta la Plaza de San Pablo, por iniciativa del Gobernador Marcos José de Garro. Según comenta Vicuña Mackenna, esta decisión se tomó debido a que la inundación de 1663 había destruido precisamente los barrios de las Capuchinas y San Pablo, haciendo construir por espacio de ochocientas varas (cinco cuadras) el pretil de tajamares que todavía existía hasta más abajo de San Pablo en los tiempos en que el futuro Intendente escribía esto. El mismo autor aclara que, en los libros del Cabildo de Santiago, figura un acuerdo tomado con fecha 9 setiembre de 1690, llamando a licitación para reparar los destrozos del río durante los años corridos de 1680 a 1687.
Otro dato interesante es que, para cumplir un proyecto que había quedado pendiente durante la gobernación de Guill y Gonzaga, el Corregidor Luis Manuel de Zañartu ordenó reconstruir los tajamares ubicados al poniente del Puente de Ladrillo en 1764, con un contrato de 3.750 pesos por cuadra. El concesionario de esta obra fue don Mateo de Toro y Zambrano, el mismo Conde de la Conquista que presidiría la Primera Junta Nacional de Gobierno en 1810. Los trabajos se prolongaron y fueron realizados con grandes dificultades, especialmente por el crudo invierno de 1769.
Curiosamente, en el mapa de Santiago del Abate Juan Ignacio Molina publicado en 1776, se observa claramente que los tajamares en pie sólo llegaban hasta el Puente de Cal y Canto, para entonces todavía en construcción. No hay señales de que una reconstrucción de tajamares que llegara más allá, y no se ve el menor rastro de malecones al poniente de este punto, separado a su vez de las calles de más al Sur por el Paseo de los Tajamares y sus bellas arboledas. Sin embargo, este plano refleja lo que Molina había alcanzado a ver hasta verse obligado a abandonar Chile en 1768, un año antes de que se concretaran los trabajos señalados.
Finalmente, en la Colonia tardía, apenas asumió la dirección de Chile en 1788, don Ambrosio O'Higgins inició gestiones para poder reunir 150 mil pesos necesarios para el proyecto de construcción del tajamar que estaba pendiente desde la anterior administración de Ambrosio de Benavides, quien había encargado el frustrado proyecto al ingeniero militar Leandro Badarán. O'Higgins dejó en manos del arquitecto Joaquín Toesca el levantamiento de este último tajamar colonial del Mapocho, siendo inaugurados en 1792 y totalmente concluidos en 1795, con la instalación de una pirámide u obelisco conmemorativo en el extremo oriental del Paseo de los Tajamares, en Providencia hacia la altura aproximada de calle Condell (la actual es sólo una réplica). Se ha dicho que, por las características, sus ladrillos con cal y sus medidas, la mayoría de los restos de tajamares redescubiertos recientemente en las excavaciones de la Costanera Norte, pertenecerían a este último grupo de malecones de río, los construidos por Toesca.
Como se ve, entonces, hubo al menos tres ocasiones en que pudieron construirse tajamares al poniente del actual Barrio Mapocho durante la Colonia, mientras que el más primitivo de los mismos ya llegaba hasta la calle San Pablo, algo perfectamente coincidente con la realidad del Santiago de esos días y su distribución urbanística. Los trabajos de canalización del Mapocho permitieron agregarle nuevos terrenos colindantes con el río a la urbanidad, entre 1888 y 1891, y así nacieron después el Parque Centenario o las plantas ocupadas por la Estación Mapocho, la Plaza Venezuela y el Parque Forestal. Ésta fue la época, además, en que desaparecieron los rastros de los viejos tajamares y sus paseos, quedando olvidados bajo tierra, escombros de relleno y rocas usadas durante la canalización.
Pasaron los siglos y, en plenos trabajos de construcción de la Costanera Norte, comenzando el actual milenio, empezaron a aparecer muchos restos de tajamares durante las excavaciones bajo el lecho del río, similares a los que existen aún en Parque Forestal y Parque Balmaceda. Aunque se sabía de la presencia de restos desde mediados de los ochenta, cuando se construyó el Metro Cal y Canto, algunos surgieron ahora en lugares impensados, como un costado de la Plaza Tirso de Molina hacia el lado de calle Artesanos, que actualmente se conserva tras unas rejas, aunque invadido por mendigos y en mal estado, y el otro grupo aún mayor comenzó a aparecer por el lado poniente, por la Estación Mapocho e incluso aproximándose hacia la calle San Pablo, donde estaban dormidos esperando ser redescubiertos. Importante participación en localizarlos e identificarlos tuvo, por entonces, el arqueólogo Iván Cáceres, informando de esto al Consejo de Monumentos Nacionales.
En 2002, comenzaron a ser retirados, en contra de la opinión de quienes proponían modificar el proyecto o, como mínimo, abrir un recinto similar al Museo de los Tajamares de Parque Balmaceda, donde se depositaron los restos encontrados hacia 1980 con la construcción del metro. Algunos de los encontrados ahora permanecieron cerca de la estación pero, finalmente, la empresa concesionaria a cargo de la construcción de la Costanera Norte resolvió apilarlos ese mismo año hacia el lado Oeste del Parque de los Reyes, a ambos costados del sendero peatonal que allí existe. Son más de 250 metros de parque con estos grandes fragmentos, entre la altura de las calles Libertad y Bulnes, aproximadamente. Al poco tiempo, la Municipalidad de Santiago manifestó sus observaciones a esta decisión de dejarlos "momentáneamente" allí, en el terreno que había facilitado de forma provisoria. Pero la falta de financiamiento y la inoperancia de los involucrados ha prolongado la presencia de estos restos por 10 años ya, sin que se resuelva su destino.
El problema es que, mientras tanto esperan una decisión al respecto, este tramo del Parque de los Reyes se ha vuelto peligroso y oscuro, con los restos de varias toneladas de tajamares sirviendo de guarida, baños (sí, baños) y pizarrón para los infaltables grafiteros. Algunos también han sido derribados intencionalmente. En consecuencia, muchos ya están en estado deplorable, además de vandalizados con golpes que han provocado fracturas y grietas, entre otros daños irreparables.
Se ha dicho que serían llevados al Museo de los Tajamares o a algún lugar donde puedan recibir el resguardo necesario que merecen estas reliquias históricas, pero la voluntad de consumar estas y otras intenciones de rescate sólo han quedado en el campo teórico y las buenas intenciones.
No vaya a ser, entonces, que cuando alguien tome al fin la iniciativa de sacarlos de su condena, no quede más que una pobre pila de ladrillos y escombros indescifrables de lo que antes fueran verdaderos tesoros de la ingeniería colonial en Chile.

3 comentarios:

  1. Este blog es excelente!

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  2. Estimados: los llamados tajamares del Mapocho son pretiles, más que tajamares. Los pretiles contienen el caudal del río; y los tajamares lo cortan o separan...

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  3. Gracias por la observación, don Jonás, aunque el tema del nombre de los tajamares lo tengo abordado con más detalle en mi libro "La Vida en las Riberas" (Tomo I, http://issuu.com/urbatorium/docs/la_vida_en_las_riberas_tomo_uno). Personalmente, suscribo a la idea de Zorobabel Rodríguez, respecto de que el nombre correcto debió haber sido en realidad el de "malecones", pues delimitaban orilla de aguas y dividían el área terrestre de tránsito con la misma. Sin embargo, el impropio nombre se extendió y pasaron a la historia como "tajamares" tanto en la documentación oficial como en la toponimia formal, como por ejemplo con el Paseo de los Tajamares. La confusión proviene aparentemente, de que los proyectos de malecones con pretiles y paseos incluyeran también en la obras a los tajamares interiores para el cauce.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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