domingo, 22 de abril de 2012

LA CRUZ NEGRA DEL CAL Y CANTO: UNA PRIMITIVA ANIMITA URBANA

Coordenadas: 33°25'56.68"S 70°39'6.58"W (antigua ubicación, aprox.)
Hacia los años de inicio del Gobierno del General Manuel Bulnes (1841-1851), existió en el Puente de Cal y Canto del río Mapocho, ubicado entonces a la altura del actual Puente de La Paz, una cruz negra levantada por los vecinos en uno de los murallones que servían de pretil, por el costado oriente del puente cerca de su rampa Sur. La imagen causaba pavor a los incautos y generó muchas historias siniestras entre la supersticiosa sociedad de entonces, pero la verdad es que su origen era el mismo que el de cualquier otra animita urbana chilena.
Los datos más concretos -aunque sin ser detallados- sobre la historia de la cruz negra del Cal y Canto, los proporcionó el cronista Justo Abel Rosales en su trabajo “Historia y tradiciones del Puente de Cal y Canto”, de 1888. Según supo en sus investigaciones para ese libro, la pieza recordaba a un ciudadano fallecido en un grave accidente de carruajes en el puente, luego que su coche y caballos cayeron al río. Rosales no pudo precisar, sin embargo, si el infortunado fue el cochero o su pasajero.
"Desde entonces -escribió- el pueblo hizo una gran cruz negra en el sitio en que ocurrió este desgraciado accidente y por mucho tiempo encendió un par de velas al pie de la cruz, lo cual causaba miedo a muchos, aun vista desde lejos".
Cabe señalar que el Puente de Cal y Canto fue escenario de muchos accidentes parecidos. Uno de ellos le ocurrió a don Miguel Dávila, un famoso y reputado vecino del barrio de La Chimba, cuyo carruaje se fue al agua con caballos y todo al lado poniente del puente, aunque en este caso sin víctima fatales. En otras ocasiones, cayeron peatones por imprudencia, ebriedad, intentos de suicidios o escapando de la policía en caso de los delincuentes, además de víctimas de asaltos que fueron arrojadas a las aguas del Mapocho por sus atacantes. Muchas vidas cobraron estas caídas accidentales o provocadas.
La cruz del puente ya no estaba al momento de la destrucción del Cal y Canto, en la inclemente riada de 1888. No aparece en las fotografías que se conservan de años previos a esta catástrofe y tampoco es reportada su presencia por Rosales, testigo de estos hechos, de modo que su duración como sitio de ejercicio de fe popular no duró demasiados años, tal cual sucede a muchas otras animitas de nuestra tradición chilena que no sobreviven al tiempo, muriendo igual que a quien homenajeaban. Probablemente, había sido retirada durante los intensos trabajos de remodelación y pavimentación de la plataforma, en 1869.
Aunque no existe información de si se le solicitaban favores o si se le agradecían, considerando la fuerza que ya tenía entonces la tradición animística podemos imaginar a la gente encendiéndole velas y solicitando asistencia al misterioso fallecido del Puente de Cal y Canto, simbolizado en la cruz negra, mientras duró esta allí. Fue, por lo tanto, una primitiva animita urbana de la ciudad de Santiago, materialmente no muy distinta a aquellas que la fe del pueblo mantiene por tantos otros rincones de la actual urbe.

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