martes, 6 de marzo de 2012

TEATRO POLITEAMA: LA HISTORIA OLVIDADA DE UN GRAN COLISEO

El Teatro Politeama, a espaldas del Portal Edwards.

Hace pocas semanas, estuve intercambiando mensajes con un contacto tuitero que publicó una fotografía del desaparecido Teatro Politeama de Santiago, a propósito de la ubicación definitiva que tuvo este coliseo en la cuadra donde se emplazó más tarde al Estadio Chile. Tengo una buena cantidad de información sobre el mítico "Politeama", pero le he estado haciendo el quite por años a la tarea de reunirla completa en un solo artículo, desafío que me tomaré ahora para concretar algo pendiente. Aprovechando que también tengo el tema tibio aún en la cabeza, he vuelto a reunir mi desorden de fotocopias, archivos digitales y anotaciones en una misma carpeta... Si lo dejo para mañana, será para nunca.

Aunque históricamente se ha usado el término politeama para referirse a los teatros genéricos que presentan muchas variedades de espectáculos en sus proscenios, aparentemente fue desde que se puso en funciones al famoso Teatro Politeama de Italia que muchas otras salas y coliseos aspiraron a participar del mismo glamour y prestigio, aunque sea repitiendo su nombre, por lo que aparecieron varios teatros más con ese mismo nombre en el mundo, incluso por este lado de planeta: en Perú, Argentina, Uruguay y también en Chile.

La ubicación más recordada del Teatro y Coliseo Politeama de Santiago es junto al Portal Edwards, a cuyas espaldas se encontraba su edificio consagrado al espectáculo, antes llamado "Carpa del Politeama", por la cantidad de circos que se presentaban y porque en sus primeros años también se ampliaba el recinto con unos enormes toldos. Sin embargo, el primer "Politeama" se encontraba en un lugar muy distinto, más cerca de la Plaza de Armas. Fue uno de los primeros intentos de café-chantant, según lo han definido algunos, por lo que siempre estuvo vinculado a los amantes de la noche e incluso a la llamada "bohemia diurna", especialmente con géneros de zarzuela, sainetes y música popular española. Manuel Abascal Brunet y Eugenio Pereira Salas, en "Pepe Vila: La zarzuela chica en Chile", lo describen como "Marcado de rojo, con un tanto olor a azufre" y que en sus primeros tiempos era "de señoras solas".

Ahora veremos una semblanza con la historia de este icono perdido del espectáculo popular chileno.

EL PRIMER TEATRO POLITEAMA

Julio Vicuña Cifuentes habla de un primer Teatro Politeama construido en el terreno de un viejo edificio cerca de la Plaza de Armas en calle Merced 77, y que pasó a ser después el Teatro Santiago. Bernardo Subercaseaux, por su parte, dice que este Teatro Politeama ya estaba presente en 1890, según anota en “La cultura en la época de Balmaceda”, en tanto que Luis Pradenas reporta una cifra más precisa en su libro "Teatro en Chile: huellas y trayectorias. Siglos XVI-XX": fue 1887 el año de inauguración del Teatro Restaurant Politeama de Santiago. Algunos datos indican que ese mismo año se estrenó allí, además, la zarzuela de un acto "En busca de Pepa", con música del maestro Manfredi.

No obstante, Juan Pablo González Rodríguez y Claudio Rolle señalan, en su "Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950", que el "Politeama" de calle Merced data en realidad de 1889, aunque este año puede corresponder más bien al de la entrada del teatro en plenas funciones y la entrega total de la obra. Los mismos autores recuerda que se le conoció por entonces como "La catedral del género chico", en alusión a las piezas populares de zarzuelas chicas españolas, que gozaban de gran celebridad en los estratos populares chilenos.

Para comprender sociológicamente en momento en que aparece el teatro, sin embargo, creemos más apropiadas que las fechas, la categórica referencia dada por Abascal y Pereira:

"El estreno del Teatro Politeama coincidió con esa emancipación de la juventud santiaguina, todavía contrahecha en el zapato chino de las costumbres coloniales".

Datos como los expuestos aparecen confirmados por Ernesto Latorre Allende en un artículo suyo de una revista "En Viaje" de 1950, verificando también que fue el lugar ocupado después por el "Olimpo" y por el "Santiago", de modo que el primer "Politeama" no se hallaba en la ubicación cercana a la Estación Central, sino en la proximidad del Portal Mac-Clure y de la majestuosa Galería San Carlos que corría por donde ahora está el pasaje Phillips. Sobre las características de este primer "Politeama", dice Latorre:

"A la derecha, entrando, estaba el foyer o sala de espera; a la izquierda, la cantina y el comedor del restaurante; en el centro, el teatro, y en el segundo piso, un salón para banquetes, con vista a la calle. Este teatro inauguró las llamadas piezas por “tandas” en un acto, dándose generalmente tres por noche, a elección del público. Cada tanda costaba 60 centavos. Este hibrido establecimiento se transformó en uno que se llamó TEATRO OLIMPO".

Este primer "Politeama" estuvo en funciones con ese nombre hasta 1901, cuando pasó a llamarse "Santiago", según la fecha que señalan González y Rolle. El "Santiago" fue un lugar igual de popular que el anterior, y sobrevivió hasta el tercer cuarto del siglo XX. Hay un lapso de 8 años en que no sabemos de la ubicación del "Politeama", antes de reaparecer en la proximidad de la Estación Central de Santiago.

SU FAMA COMO CENTRO POPULAR

En 1889, se había trasladado hasta el flamante teatro la compañía de los empresarios de espectáculos Eugenio Astol y Luis Crespo, misma que también había iniciado presentaciones populares de obras teatrales y zarzuela española en otras salas nacionales como la del Teatro Odeón, y que había puesto en práctica un sistema español de "teatro por hora" para salvar al rubro en el puerto de Valparaíso. Aquí realizarán cuatro tandas por noche, alcanzando un éxito total entre los bohemios capitalinos.

Abascal y Pereira hicieron la siguiente descripción del "Politeama" y de su fama en aquella primera época, además de su propiedad como lugar de acogida de la "juventud dorada":

"...fue punto de cita de las damas alegres y de los elegantes de nuestra jeunesse dorée. Del Politeama han salido miles de parejas a cenar después de la función y otras a principiar una orgía de consecuencias en una casa de divertimento público. Cada vez que una dama del demi monde tiene que verse con alguien y se le pide sitio y hora, da como lugar el Politeama y como hora la segunda tanda de la noche, que es siempre la más concurrida".

Su popularidad e importancia era tal que, en los duros días de la Guerra Civil y cuando Balmaceda había prohibido abrir todos los teatros y restaurantes de noche, se extendió una excepción para el "Politeama", permitiéndosele dar espectáculos a partir del 17 de mayo de 1891, con la estricta orden de que no podían pasarse de las 11:30 de la noche, hora en que debía estar ya cerrado, mientras que su cantina lo estaría al entrar su última tanda.

Pasada la guerra, el teatro pudo entrar otra vez en plenas actividades pero no dejó atrás los escándalos que rondaban sus salas, como recuerda Armando de Ramón en "Santiago de Chile". Dice el autor que, el 30 de septiembre de 1895, los distinguidos señores Macario Ossa Vicuña y Jorge Walker, totalmente borrachos y acompañados de dos prostitutas, provocaron tal desorden en uno de los palcos que la compañía teatral debió suspender el final de la obra que se estaba presentado.

Esta fama le siguió acompañando después de su reaparición en otro lugar de Santiago, como podremos advertirlo.

EL "POLITEAMA" EN EL PORTAL EDWARDS

Así las cosas, el edificio del coliseo "Politeama" que llevó este nombre durante la mayor parte de la primera mitad del siglo XX, no era el original, sino una reconstrucción cerca de la Estación Central, en la dirección que más se le recuerda, detrás del enorme palacio comercial Edwards y en donde antes estaba el patio de sus estacionamientos, a pocos años de haber sido inaugurado éste y ya en el período del Primer Centenario Nacional.

Según González y Rolle, este nuevo Teatro Politeama se construyó en 1909. Sin embargo, hay antecedentes de que, en agosto del año anterior, los empresarios Marini y Bonzi habían construido por allí también el llamado Parque Oriental, conjunto compuesto por seis kioscos y un teatro central, todos con estilos de evocación china, que pueden haber sido la base para refundar junto al portal comercial al Politeama. Inaugurado ya el nuevo edificio, se accedía a él siguiendo la galería central del Edwards, llegando hasta una calle atravesada llamada también Politeama y en una pequeña explanada que era usada como estacionamiento de los vehículos y carros que iban al portal. Allí aparecía su fachada de romántico europeismo con tintes renacentistas ante el observador, por el costado Sur de esa pequeña calle Politeama que dividía las plantas del palacio del edificio Edwards con el recinto del teatro, y que hoy coincide con el pasaje Arturo Godoy, que separa el Estadio Víctor Jara ex Chile del nuevo Portal Edwards allí construido.

A la sazón, el dueño del teatro era el caballero francés Julio Chenevey, un ex empleado de la antigua tienda "Casa Francesa" y quien tenían en su currículo filmaciones de películas documentales realizadas en Francia y luego en Chile, como los festejos del Primer Centenario y los funerales del Presidente Pedro Montt. Se ha propuesto, de hecho, que Cheveney puede haber sido uno de los primeros en traer y ocupar máquinas filmadoras en suelo chileno.

Importantes empresarios de las tablas escogieron el nuevo "Politeama" para sus espectáculos. En su "Novelario del '900", Lautaro García recuerda que cuando el empresario Eulogio Velasco levantaba el telón del teatro, "un fresco hálito de cármenes floridos y un vibrante son de coplas y cantares de la tierra andaluza se esparcía por la sala". Cuenta también que la opereta "con príncipes de utilería y heroínas de café concert" se hacía presente allí con piezas de Strauss, Lehar y Fall:

"...cantados por los tenores y sopranos de Caramba Sconamiglio y de Marchetti (...) También cruzaron sus tablas los pasos atáxicos de José Tallavi en el Osvaldo de 'Los Espectros' y el empaque de capa y espada de Miguel Muñoz en 'Traidor, inconfeso y mártir'".

Cuenta Alfonso Calderón en su "Memorial del viejo Santiago" que, hacia 1910, eran famosas en el "Politeama" de Estación Central las presentaciones de un mono amaestrado llamado "Cónsul". Y Mario Cánepa Guzmán dice en "El Teatro Municipal", que cuando el maestro Enrique Borrás visitó Chile ese mismo año, debutó en el "Politeama" con "El Alcalde de Zalamea", desde donde pasó al Municipal. Latorre agrega a este dato que Borrás hizo una larga temporada dramática allí y otra al año siguiente en el "Santiago". También actuaron en sus salas compañías como las célebres Hermanas Arozamena y otras vinculadas a empresarios del espectáculo como Carlos Cariola, Rafael Frontaura, Hurtado Borne y Guillermo Gana, que contrataron al gran Alejandro Flores como su actor principal y director en 1914, precisamente para las presentaciones de la compañía en el "Politeama".

Exterior e interior del Teatro Politeama, en fotografías de época (Fuente imagen: sitio web simbolospatrios.cl).

NUEVA VIDA ARTÍSTICA Y POPULAR

Los circos también fueron una actividad importantísima dentro del Teatro Politeama, pero no todos fueron circos modestos y familiares, sino reputados artistas internacionales de estas artes.

En enero de 1912, por ejemplo, la revista "Sucesos" de Valparaíso anunciaba la presencia del célebre Circo Alemán en el "Politeama" y, según la redacción, "No es éste un circo vulgar que pueda equipararse a tanto circo que suele llegar por estos lados, tan abandonados de Dios". Para aquellas noches del Circo Alemán se presentarían artistas como el tony Eduardo Guillaume, y los equilibristas-bailarines Pozzoli, además de los músicos, acróbatas y demás integrantes de la compañía. Después, en diciembre de ese año, la misma revista celebraba ahora las presentaciones en el "Politeama" del Circo Shipp and Feltus Common Owners, con la domadora de caballos Virgina Shipp, la domadora de fieras Madame Schell, los acróbatas Legerts y los payasos Loyal, Ortanley, Bannack, Rolland y Billy Ortanley, entre muchos otros.

Ese mismo año, la Compañía Gil estrenó en el teatro "La oveja y el lobo", obra de Edgardo Garrido Merino con música del maestro Williams Vergara. Pradenas destaca también las presentaciones del famoso comediante Pepe Vila en las tablas del "Politeama", por la misma época, que marcaron una época en la historia de la bohemia y la vida nocturna de los santiaguinos. En 1913, tras la inauguración del ferrocarril Santiago-Puerto Montt, Vila pudo llevar sus risas y talentos hacia el Sur del país, siendo recibido con honores en muchas provincias, e inaugurándose pocos meses después en la popular Avenida Matta, ese mismo año, el Teatro Pepe Vila, por iniciativa y financiamiento del empresario Rafael Concha González.

En 1914, trabajaba en el "Politeama" la Compañía de Opereta Alemana, cuyas presentaciones también causaron escozor en la moralidad aristocrática de entonces, especialmente entre las damas. Ese año se estrena allí la zarzuela "Las Últimas Flores", de Santiago Ramos y el maestro Almarza, en compañía de Lola Maldonado. Es la década, además, en que el empresario Eulogio Velasco realizará allí otras importantes presentaciones de géneros hispánicos, con obras de compositores como Manuel Penella y Joaquín "Quinito" Valverde, continuando la tradición del teatro como escenario propio de la revista española en Santiago.

Agrega Latorre que, en 1916, se organizó por Guillermo Gana Herquiñigo una empresa teatral llamada "Excelsior" destinada a establecer una Compañía de Autores y Actores Nacionales, que realizó sus presentaciones en el Teatro Politeama. Algunos de sus miembros fundadores fueron Cariola, Frontaura y Mook, con el mencionado Alejandro Flores como director de escena y primer actor. Sin embargo, como las utilidades eran muy pocas y apenas alcanzaban para ser prorrateadas entre los actores, esta nueva sociedad resultó de corta duración y se acabó. No fue óbice, sin embargo, para que importantes nombres de la industria del espectáculo siguieran presentándose en él durante la década siguiente.

A pesar del carácter popular, el recinto también sirvió para encopetados encuentros públicos, políticos y gremiales. En el "Memorial presentado por la Asociación de Autobuses de Cambio al señor Ministro del Interior don Carlos Ibáñez del Campo", publicado en una revista "El Autobús" de Santiago, se anunciaba con bastante antelación que la Asociación Central de Autobuses realizaría una gran función de gala en el Teatro Politeama el día 16 de octubre de 1927, para dar a conocer a las autoridades de Gobierno detalles del desarrollo alcanzado por la industria del transporte en la capital.

Páginas de la revista "Sucesos", anunciando presentaciones de importantes circos internacionales en el Teatro Politeama de Santiago: el Circo Alemán y el Shipp & Feltus, ambos en 1912. Publicadas por Memoria Chilena.

LA ÚLTIMA DÉCADA DE ACTIVIDADES

El espectáculo más "refinado" y de categoría también alternaba con los circos, sainetes, zarzuelas y las presentaciones más populares. En su libro "Rosita Renard, pianista chilena", Samuel Claro verifica que la eximia músico realizó un extraordinario concierto en el Teatro Politeama, en mayo de 1931, ocasión en la que interpretó varias piezas incluido el Concierto N° 1 Op. 23, en Si bemol Mayor, de Tchaikovsky.

Hacia aquella misma década, Juan Tenorio Quezada montó en el mismo teatro una de las obras más grandes que se han realizado en Chile, con cerca de 70 personas actuando y titulada "Fiesta de los campos chilenos". La obra tuvo gran éxito y después se paseó por innumerables teatros más de Santiago.

En 1938 correspondió al estreno de "Desde Renca al Crillón", revista criolla que fuera definida entonces como un "espectáculo más chileno que la chucho-ca" (sic), como lo comenta Maximiliano Salinas Campos en su estudio "El teatro cómico de los años treinta y las representaciones de Topaze y Juan Verdejo en los escenarios de Chile". El mismo autor indica que el célebre hombre de teatro Eugenio Retes, uno de los famosos cuatro hermanos artistas venidos desde Lima y que fueron de vital importancia en el teatro popular chileno, se presentó hacia entonces en el "Politeama" con la obra "Acá en el rancho chico", que la prensa describía como "con contrapuntos, tonadas y duelos a guitarra entre charros mexicanos y rotos chilenos, 45 artistas en escena". El nombre parece ser una parodia al título del popular tema mexicano "Allá en el rancho grande".

Retes era parte de la mítica Compañía "Cóndor" de don Enrique Venturino, dueño del Teatro Balmaceda en el barrio de La Chimba junto al Mapocho, posterior propietario del Teatro Caupolicán de calle San Diego, patrón del circo "Las Águilas Humanas" y pionero de las luchas libres "Cachacascán" en Chile. La "Cóndor" se había presentado a principios de 1938 en el Teatro Politeama, con una revista humorística de Retes titulada "Juan Verdejo, mundo arriba", que se componía de diez cuadros y variedades. La obra tenía por personaje principal al famoso "rotito" popularizado por el dibujante Coke Délano, no muy distinto de gran parte del público que iba al teatro. Según se señaló en los medios, este espectáculo contó con "tema del ilustre poeta Víctor Domingo Silva".

CLUBES BOHEMIOS EN TORNO AL TEATRO

García cuenta que, por la misma época, la música del Teatro Politeama era atracción en el barrio de Estación Central "para todos amigos de la trasnochada", también agregando el detalle de que esta construcción estaba separada del Portal Edwards "por una calle y la instalación bajo las arcadas, mirando a la Alameda, del Casino de Bonci", que solía tener música de orquestas en vivo. Agrega que el portal se convirtió en un sitio favorito de noctámbulos pero inapropiado "para las personas serias y honestas". Varias veces fue denunciado como un lugar inmoral y se recomendó a las damas no asistir al mismo.

"El último sobreviviente de la época de oro del Portal Edwards -escribió- fue el Teatro Politeama. Su nombre flameó como una bandera alzada sobre el postrer baluarte de la opereta vienesa y la revista española. Oculto allá en el fondo de la galería central, calle por medio con el edificio que ocupa toda la manzana, asistió al desbande de la gente trasnochada y de las huestes de la farándula, como un viejo tunanteó venido a menos que se hubiera refugiado en el último salón de su casa, misantrópicamente. El Politeama no era un teatro de lujo, pero tenía carácter, el que le habían impreso las grandes compañías que en su escenario, el más amplio después del Municipal, estrenaran muchas obras de duraderos valores. Allí tuvo sus más sonoras noches de triunfo la revista española, gracias al empuje artístico de las huestes de aquellos generales del género que se llamaban Quinto Valiere y Manuel Panela".

Alberto Santana, escribiendo un artículo para una edición de la revista de cine "Séptimo Arte" del Cine-Club Universitario de la FECH (de 1956, pero repetido en su libro "Grandezas y miserias del cine chileno") recuerda que, hacia 1918, había conocido en el "Politeama" a don Julio Chenevey, su administrador y dueño, como hemos indicado ya. Después de cada función en el "Politeama", el francés llevaba a todos sus amigos presentes hasta el "Casino Bonzi", el célebre club mencionado recién por García, que se daba hacia el lado del Portal Edwards. Allí, "entre taza y taza de espumoso chocolate o deliciosas copitas de cognac", el francés hablaba orgulloso de las potencialidades del nuevo arte y elogiaba el trabajo fílmico que comenzaba a desarrollar en Santiago por entonces el viajero italiano Salvador Giambiastinni, recién llegado a Chile.

En 1933, además, se instaló frente al teatro otro famoso club de recreación popular: el cabaret "Viena", en la dirección de Alameda de las Delicias 2993. La presencia de este centro nos bosqueja el ambiente popular y noctámbulo que todavía imperaba alrededor del Teatro Politeama y del Portal Edwards todavía en esos años. Según publicidad en la revista "En Viaje" de ese año, en donde se exalta su proximidad con el "Politeama", el cabaret ofrecía la mejor variette, dos orquestas y "lindas muchachas bailarinas", permaneciendo abierto desde las 10 a las 4 de la mañana.

En Bascuñán Guerrero casi llegando a la Alameda, en tanto, estaba el "Atenas", lugar propietado por un italiano y del que ha escrito algo Oreste Plath, pues fue en su tiempo un sitio concurrido hasta por figuras públicas, como el propio Presidente Arturo Alessandri Palma, de modo que su perfil era bastante más alto que otros boliches cercanos al "Politeama".

Demás estaría detallar la cantidad de otros bares, clubes, cantinas, restaurantes para nictófilos y cabarets que existieron en el lugar, y de los que hoy sobreviven algunos tristes ejemplos con aspecto más decadente que próspero.

Vista actual del ex pasaje Politeama, donde estaba el teatro, hoy llamado pasaje Arturo Godoy. El edificio blanco del centro es la fachada del ex Estadio Chile, que se ubicó en la antigua planta del teatro.

OCASO DEL COLISEO

Como muchos otros teatros y coliseos, los últimos días del "Politeama" estaban dedicados casi enteramente a la exhibición de películas. Las proyecciones se hacían con una vieja máquina Ernemann fabricada por la firma Zeiss Ikon. A pesar de todo, siguió en actividades teatrales y bailes hasta el final de su existencia.

Todo acabó abruptamente el 10 de febrero de 1941, según recuerda García, cuando un catastrófico incendio lo dejó reducido a cenizas y de forma definitiva. Como la mayor parte del edificio era de madera, el fuego se volvió incontrolable y arrasó con rapidez al popular teatro santiaguino, arrebatándole al edificio del portal comercial y al barrio completo uno de los espacios que habían estado entre sus principales atractivos históricos.

La gente, fantasiosa e incapaz de aceptar con resignación el triste destino del querido teatro, hizo correr el rumor de que el "Politeama" se había hecho arder a sí mismo, como un suicidio, al ver la decadencia en la que había entrado el Portal Edwards y la caída de la época esplendorosa que antes le proveía de abundante público en este lugar.

En sus terrenos vacíos y calcinados se instaló ese mismo año el Teatro Móvil, en el que, según tenemos entendido, tuvo participación importante don Luis Valenzuela Arís, Director del Teatro Nacional. Fueron habilitados después, como canchas deportivas y cuadriláteros pugilísticos hasta que, en 1948 durante el Gobierno de Gabriel González Videla, fueron expropiados para iniciar el proyecto de construcción del que sería otro hito de la historia de la ciudad, allí sobre los restos del desaparecido coliseo: el Estadio Chile, inaugurado al año siguiente pero reconstruido en 1969, hacia el final del Gobierno de Eduardo Frei Montalva. En tanto, el fastuoso Portal Edwards fue demolido tras el fatídico terremoto de 1985, siendo reemplazado por el soso edificio comercial que existe en nuestros días... El callejón siguió llamándose Politeama hasta noviembre de 1989, cuando fue rebautizado Arturo Godoy en homenaje al gran pugilista nacional que hizo importante fracción de su carrera en este estadio.

Pero esas historias pertenecen a otros capítulos de la ciudad... La del Teatro Politeama, ya había concluido.

3 comentarios:

  1. Aquí en mi Blog recortes del Teatro Coliseo... ¿Será el Mismo de este Blog?

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  2. Veamos, pues: déjeme el link acá y revisamos.

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  3. (me contó un tío) Que mi abuelo, don Juan Corales G "El Señor Corales" en compañía de un yerno y un sobrino, iban al Politeama a ver los noticiarios extranjeros, que relataban la Segunda Guerra Mundial.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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