martes, 13 de marzo de 2012

LO QUE QUEDA DE UN VIEJO HOMENAJE DE LA CIUDAD A LOS PIONEROS DE LA IMPRENTA

Vista de la plazoleta original, en la Alameda de las Delicias, con las cuatro figuras.
Coordenadas: 33°26'49.45"S 70°39'51.15"W (antes, aprox.) - 33°26'20.19"S 70°38'37.71"W (actual)
La vida de las estatuas en Chile es inquieta y agitada, de lo menos parecida al estado estático y monolítico, como buen país cuya conciencia ha sido formada por el terremoto, el aluvión y la costumbre de perderlo todo en segundos. Las inauguran, las cambian de lado, las reestablecen, las sacan otra vez para el avance del "progreso"; las mandan a juicio, pasan a bodegas y se las roban; las echan al olvido y después, reaparecen erigidas en otro lado que no tiene relación con el original. Es decir, en Chile las estatuas caminan, como decía en tono sarcástico un ex profesor de publicidad de mi educación superior.
Pues esta misma aventura errante tuvieron que vivirla por la ciudad dos estatuas de gran valor histórico, que hoy están instaladas a ambos lados de la entrada del acceso poniente del ascensor panorámico en el Cerro Santa Lucía, aquél que da por el lado Castillo Hidalgo. Corresponden a las figuras de los pioneros de la imprenta occidental Johannes Gutenberg y Johann Fust, aunque quizás pocos se detengan a mirarlas.
Los catálogos publicados por el Consejo de Monumentos Nacionales no dan demasiada información sobre la procedencia y el origen de estas estatuas, salvo por verificar que fueron instaladas en el conjunto original de una plazuela de la Alameda de las Delicias a la altura de la actual Avenida Brasil, al rededor del Monumento a los Escritores de la Independencia y que, como hemos visto en otra entrada, era un obelisco o "pirámide" con medallones laterales en homenaje a José Miguel Infante (1778-1844), Manuel Gandarillas (1790-1842), Manuel de Salas (1743-1851) y Camilo Henríquez (1766-1826).
Acercamiento a una imagen antigua de la Alameda de las Delicias, donde se observa el conjunto conmemorativo tal cual lucía a fines del siglo XIX. La fotografía es de  los archivos de la Colección César Gotta (Argentina).
El artista Andrés Staimbuck, oriundo de Dalmacia, fue uno de los encargados de montar las esculturas de la aquella flamante plazoleta, inaugurada por el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna el 4 de mayo de 1873. Staimbuck también fue el autor de la hermosa Ermita gótica del Santa Lucía, la misma donde hoy descansan los restos del ilustre ex Intendente de Santiago.
Fue en torno a la plazuela, en cada uno de los vértices de la base del obelisco, que se levantaron las estatuas de cuatro pioneros en la creación, uso y difusión de la imprenta: Johannes Gutenberg (c.1398-1468), Peter Schöffer (c.1425-1502), Johann Fust (1410-1466) y Laurens J. Coster (1370-1440). Así, los maestros de la escritura en la Independencia de Chile convivían rodeados por los maestros creadores de la Imprenta. Se los hallaba en una placilla enclavada en lo que antes había sido la ex Quebrada de Saravia sobre la Alameda de las Delicias.
¿Cómo llegaron a Chile las esculturas? Podría tenderse a creer que las figuras de Gutenberg, Fust, Coster y Schöffer fueron solicitadas por Vicuña Mackenna junto con la innumerable otra cantidad de estatuas y piezas ornamentales solicitadas a Europa para la remodelación del Cerro Santa Lucía. Documentos del Consejo de Monumentos Nacionales aseguran que las figuras formaban parte de un intento particular de venta, al parecer frustrado, y así habían llegado a Santiago. Empero, según el libro "Arte de la Fundición Francesa en Chile" publicado por la Municipalidad de Santiago el año 2005, estas estatuas fueron adquiridas en realidad por una transacción de $ 12.000 de la época, realizada en 1871 (antes de la Intendencia de Vicuña Mackenna).
Imagen de las cuatro estatuas en un catálogo de Val D'Osne.
Así quedó el monumento después de los graves incidentes de 1905. Imágenes publicadas por la revista "Sucesos", en 1905.
Volviendo a la información publicada por el Consejo de Monumentos Nacionales, la Intendencia de Santiago se interesó después en la compra de las estatuas que no había sido completada entre particulares y ofreció por ellas lo suficiente para usarlas en otro monumento de la ciudad, de los tantos que Vicuña Mackenna le procuraba a su urbe. La idea fue aplaudida, pero supongo que principalmente que por aquellos que sí estaban cerca de la lectura que Gutemberg, Schoeffer, Fust y Coster nos habían facilitado.
Estudiando los catálogos de la célebre fundición parisina Val D'Osne, verifico que las estatuas corresponden a la oferta de esta casa artística. Como sea que llegaron a Chile, entonces, podían haber interesado fácilmente al Intendente Vicuña Mackenna ya que, en esos años, seguía remodelando el Santa Lucía precisamente con cargamentos de estatuas, pilas de jardín y otros objetos decorativos de la misma casa Val D'Osne.
Sin embargo, a la sazón el pueblo chileno rara vez reconocía los valores de la imprenta y de la escritura, por lo que es probable que jamás haya comprendido bien el sentido de la plazuela y de su homenaje. La plebe no tardó en llamarla peyorativamente como la Plaza de los Cuatro Monos, aludiendo a las estatuas de los cuatro pioneros de la imprenta. Veremos que algunos fueron capaces de hacerle cosas peores al conjunto conmemorativo.
Vista general de la actual ubicación de las dos estatuas recuperadas.
Ubicación actual del obelisco, en Parque Forestal.
En octubre de 1905, comienzan las violentas revueltas conocidas como "Huelgas de la Carne", tras decisiones de gravar el ingreso de carne argentina perjudicando el acceso a precios convenientes del producto en los estratos más populares. Unas 10 mil personas iracundas y enardecidas se reunieron en la Estatua de O'Higgins de la Alameda, pero la movilización terminó convertida en un festival de saqueo y de destrucción, que convertiría a Santiago en tierra de nadie... Tan lejos de las bondades de la imprenta y de los escritores, las chusmas volcaron toda su ira contra la ornamentación pública y también contra la propiedad privada en medio de las protestas, arrancando plazas de cuajo desde La Moneda hasta Estación Central, y arremetiendo contra todas las fuentes, monumentos y pilas que encontraron a su paso.
Muchos vándalos y delincuentes metidos en esta movilización, varios de ellos totalmente borrachos según se constata en la prensa de entonces, las emprendieron contra el sector de la Alameda de las Delicias justo donde estaba el conjunto. El saqueo y barbarie la destruyeron totalmente, al igual que el antiguo estanque y la fuente de Neptuno y los hipocampos, que estaban cerca de este tramo y que era todo un símbolo de la Alameda.
La pobre plaza terminó arrasada, por lo que se decidió trasladar definitivamente lo que quedó del obelisco que rinde tributo a los escritores, sacándolo de la Alameda para siempre.
Estatua de Gutenberg.
Acercamiento a la imagen.
Las estatuas de los pioneros de la imprenta que rodeaban la "pirámide", desaparecieron echadas al hombro como trofeos de vándalos. Permanecieron perdidas hasta casi un siglo más tarde, cuando la Municipalidad de Santiago pudo identificar y recuperar dos de ellas, destinándolas a la entrada del entonces recién entregado ascensor panorámico del Cerro Santa Lucía. Son las de Faust y Gutenberg.
Como no hay referencias a quién corresponde cada una desde que fueron reinstaladas, las revisiones de otras estatuas repartidas por el mundo y en los propios catálogos de la casa Val D'Osne que aquí reproducimos, nos permite identificar que el primero, Faust, está a la izquierda y el segundo, Gutenberg, a la derecha del acceso.
Aunque las imágenes del catálogo ilustrado Val D'Osné nos permiten saber cómo eran las estatuas de Schoeffer y Coster, imágenes de esculturas similares instaladas en sitios de alto atractivo al turismo histórico, como las de Frankfurt y París, corroboran el origen efectivo de ellas en los talleres metalúrgicos, pues pertenecen al mismo diseño y modelos. También permiten imaginar cuál sería el elegante aspecto con el que lucirían las cuatro juntas en espacios públicos.
Estatua de Fust.
Acercamiento a la imagen.
Las figuras parecen seguras en donde hoy están. Quizás faltaría cumplir colocando los nombres de quienes corresponden en sus pedestales, pues en la actual situación, no queda más que adivinar quién es quién. Además, la estatua de Fust tiene un lamentable daño: en lugar de sostener un libro impreso, como lo hacía originalmente, ahora aparece levantando una inocente vara metálica y con la mímica de echarse encima a la enciclopedia recién impresa.
Aunque las dos figuras rescatadas se hallen ahora en el Santa Lucía y no cerca de su sitio original de emplazamiento, nos parece que éste sería el lugar correcto en la actualidad para mantenerlas y acercarnos así a la voluntad de Vicuña Mackenna, en el sentido de darles un cobijo que permita tenerlas en exposición permanente y relativamente digna, a costa de su poco lucimiento.
Sin embargo, el que falten dos de las cuatro imágenes nos coloca en otro alcance sobre el escenario de ausencias y piezas perdidas del Santa Lucía, algunas de ellas extraviadas en circunstancias extrañas y controversiales.

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