martes, 6 de marzo de 2012

LEYENDAS Y EPISODIOS DE DON AURELIO DÍAZ MEZA

Imagen de don Aurelio Díaz Meza, en sus años trabajando ya en Santiago (Fuente imagen: "Leyendas y episodios chilenos" de Ed. Talcahuano, 1970).
El 13 de abril de 1879, acabando de comenzar la Guerra del Pacífico, nació en Talca uno de los más grandes periodistas nacionales: Aurelio Díaz Meza, talentoso escritor, dramaturgo, investigador histórico y profundo amante de su patria, a la que dedicara largos tratados abundantes de narración convertida en homenaje y poesía solemne.
El talento periodístico de Aurelio era casi innato. De temprana formación humanística, los 15 años ya era redactor del diario "La Libertad" de su ciudad natal, donde se inicio en esas artes antes de viajar a Santiago cinco años después para trabajar en diarios más grandes y de mayor tiraje. A los 35 años trabajaba como reportero del diario "El Chileno", pasando desde allí a distintos medios como "El Provenir", "La Nueva República", "La Tarde", "El Imparcial", "El Diario Ilustrado", "La Nación", "Las Últimas Noticias" y "El Mercurio", con lo que su pluma deslizó tinta por todas las principales casas periodísticas de Santiago.
En "Las Últimas Noticias" escribía como Fray Melchor, desde donde proclamó una ardua campaña en favor de la candidatura arzobispal del sacerdote Crescente Errázuriz. También fue director de la revista "Sucesos". En enero de 1907, fue enviado a la Araucanía por el "Diario Ilustrado" para servir de corresponsal sobre la vida de los indígenas mapuches. De esta experiencia, que le permitió una valorización especial de este pueblo y que también se reflejará en su forma de relatar la historia, recibió la inspiración y el testimonio para publicar el ensayo titulado "El parlamento de Coz Coz" y que, si bien permaneció prácticamente olvidado por la cultura oficial, fue republicado en años recientes por grupos de activismo indigenista. Allí, Díaz Meza retrata las dificultades de la vida del pueblo mapuche; los abusos, vejaciones y despojos que sufrían, pero también y sin idealizaciones, de los conflictos dentro de los propios indígenas: sus rencillas internas, sus incapacidades de aunar intereses y el predominio de diferencias radicales entre grupos que todavía existen, de hecho, en alguna forma.

Además del valor que cobró para Aurelio la presencia del elemento mapuche en la historia de Chile, al que coloca en un nivel tan protagónico como el del español en la formación del elemento nacional sintonizándose en la visión nacionalista, como la que en esos mismos años había sido diestramente cultivada por Nicolás Palacios y luego por Francisco A. Encina, el periodista tuvo un evidente influjo de cultura indígena sobre su propia persona y sus demás trabajos, pues aparece retratado en algunas caricaturas de época usando prendas propias de este pueblo (nos han parecido tan interesantes estos dibujos que los hemos reproducido con una etiqueta alusiva al respecto).
A partir de 1906, Aurelio había comenzado a incursionar paralelamente a su oficio periodístico en actividades de dramaturgia, tanto en el rol de autor como de empresario teatral. Destacó por varias obras de comedias y operetas, pero especialmente con su zarzuela de temáticas araucanas "Rucacahuiñ", de la que fue escritor y director, contando con la música del maestro García Guerrero y permaneciendo largo tiempo en cartelera. También destaca su sainete "Martes, jueves y sábado". Fue ovacionado por su obra "Bajo la selva" de 1914, un drama histórico por el que fue congratulado con la medalla de oro del Consejo Superior de Letras.
Dedicado a estas actividades, en 1915 descubre y presenta ante el público santiaguino a la futura estrella dramática nacional Alejandro Flores, para incorporarlo a su compañía que hacía presentaciones en el Teatro Nacional. La influencia de los libretos, los diálogos fluidos y amenos, y la búsqueda permanente de la atención del espectador comenzaron a reflejarse en la forma de escribir de don Aurelio, cruzando así la mutua nutrición de sus dos vocaciones.
Ese mismo año, su educación humanística vuelve a manifestarse con fuerza y comienza a realizar una exhaustiva investigación histórica que aún sigue sorprendiendo a los profesionales de la historia de Chile, y que comenzara a publicar en el diario "El Mercurio" de Santiago. Su interés no era producir una recopilación de hechos al estilo de las que se habían realizado desde Palma o Barros Arana en adelante, sino más bien un trabajo de verdadera crónica retrospectiva, que también sirviera de tributo a su propio país.
Caricatura del periodista, firmada para don Aurelio con dedicatoria por el dibujante de la revista "El Peneca" Walter Barbier en 1914 (Fuente imagen: "Leyendas y episodios chilenos" de Ed. Talcahuano, 1970)
La serie conocida empezó a aparecer en el decano con su firma: artículos y ensayos que cubrían distintos hitos y facetas de la vida nacional desde sus orígenes, en forma entretenida y bien documentada, poniendo énfasis en la reconstrucción de los diálogos, los contextos de cada momento y la importancia de los personajes que son los actores de esa gran obra de teatro que es la historia nacional: frailes, conquistadores, aventureros, gobernadores, amotinados, escuderos. Habla tanto de autoridades como de hombres comunes y corrientes; de hechos fundamentales de la colonia como de minucias de la vida en el Santiago de entonces. Abarca vertical y horizontalmente el relato, con sus orígenes y sus alcances, de extremo a extremo.
Emigró con su monumental trabajo hasta el diario "La Nación", en 1921. Al entrar a la redacción se comprometió a publicar, especialmente los domingos, sus trabajos de historia que abarcaban desde los inicios de la colonia hasta los tiempos del Ministro Portales. Se gana una sección propia titulada "Crónicas de Aurelio Díaz Meza", que todavía tenía en 1931 y que conservó algunos años más antes de su muerte. Fue tan importante su trabajo que, mientras seguía trabajando en "La Nación", fue llamado también por el diario "Los Tiempos" para publicar allí sus nuevas crónicas históricas, bajo el epígrafe "Del tiempo antiguo" y con el pseudónimo de Sancho Garcés.
Habiendo acumulado un archivo enorme de trabajos propios en estos formatos, Aurelio decide reunir los principales de ellos en 1925 y presentarlos ahora en volúmenes o tomos, con el título genérico de "Leyendas y episodios chilenos", decisión que lo consagró como uno de los más grandes exponentes de su tipo en las letras de nuestro país. Pero no todos estuvieron de acuerdo con su decisión de dar tal nombre a tan extraordinario trabajo: Emilio Vaisse, bajo su conocido pseudónimo de Omer Emeth, criticó con una intención positiva el título de "Leyendas y episodios chilenos", declarando que era un nombre demasiado modesto y que podría inducir a errores y hacer creer que se trataba de un trabajo ligero, cuando en realidad era un enorme ensayo histórico de incalculable valor cultural y buen respaldo documental.
El primer tomo de esta obra maestra fue prologado por alguien a su altura: don José Toribio Medina, lo que da un respaldo de la seriedad y veracidad del trabajo realizado, independientemente de las observaciones que pudieran hacérsele desde ahora. De hecho, Medina había tenido tiempo de observar muy de cerca la investigación acuciosa que daba solidez a "Leyendas y episodios chilenos", donde anota en el prólogo con fecha 23 de julio de 1925 del primer volumen "Crónicas de la Conquista":
"...llegamos ya a saludar la aparición del libro que el lector tiene en sus manos y que su autor, don Aurelio Díaz Meza, ha intitulado, con razón, Crónicas de la Conquista, que importa una verdadera historia anecdótica en que, a la vez que se destacan las grandes figuras de la Conquista en detalles que nos permiten apreciar sus caracteres, las pasiones y propósitos que las animan, campean la relación bien ordenada y el diálogo chispeante, vigoroso y todo bien fundado, no en la mera fantasía sino en el dictados historiales que el autor ha sabido beber en fuentes documentales, para darles animación y vida propias. He sido de los primeros en estimular a su autor a que reuniera en ese volumen sus relatos, en la seguridad de que prestaría con ellos un verdadero servicio a la historia nacional, familiarizándonos con los primeros pobladores españoles de esta tierra y contribuyendo a que se despierte en ellos el amo al estudio de nuestra historia patria de la Conquista...
Reciba por ello mis felicitaciones quien de esta tan artística manera ha sabido sacarlos a escena y hago votos por que los próximos volúmenes de las Leyendas y episodios chilenos se mantengan a la altura de este primer tomo de las Crónicas de la Conquista".
Atesoro un grueso ejemplar con tamaño de enciclopedia de "Leyendas y episodios chilenos", regalado a mí por mi abuelo materno, cuando era niño, luego de que un vendedor de libros usados pasara por su vieja carnicería de calle Uruguay en el barrio de Gran Avenida. Es un edición de la Editorial Talcahuano, publicada en 1970-1971 con un cuño seco del escudo familiar de don Pedro de Valdivia en la tapa. Desde él he sacado la mayor parte de la información biográfica que aquí publico sobre el autor, incluidas sus imágenes, que escasean injustamente en la internet. Este libro fue, además, uno de los primeros textos no escolares de mi propiedad. Manuel Acuña Peña escribe en la presentación del mismo:
"A lo largo de esas páginas uno va asistiendo al nacer y crecimiento de la nación chilena. Van brotando, como bajo una varita mágica, la anécdota picaresca, el diálogo chispeante, la reflexión sesuda. Traza bosquejos del pasado, pinta personajes, les imprime movimientos y vida, dentro de una amenidad tan florida que sus páginas aprisionan al lector y lo obligan a proseguir hasta la última narración".
Y Aurelio dice allí de su propia obra, confesando la naturaleza de sus inspiraciones y motivaciones para indagar en la historia chilena:
"Los archivos de la Real Audiencia, de la Capitanía General, del Consulado, de los Jesuitas y muchos otros que se conservan en la Biblioteca Nacional me han proporcionado y me seguirán proporcionando abundante material, interesantísimo y original, a medida que vaya descifrando los innumerables manuscritos de procesos civiles y criminales, que se ventilaron ante la Audiencia durante dos siglos de la vida colonial, y los incontables documentos que pasaron por la Capitanía, por el Consulado y por los archivos conventuales.
Todas estas piezas constituyen un tesoro inagotable para los escritores enamorados del pasado misterioso y atrayente y que deseen servir a su patria, vulgarizando su historia social, cuyos detalles, insignificantes al parecer, dan generalmente, la explicación a los más grandes acontecimientos".
Es de hacer notar, sin embargo, que en nuestros días cuando se habla de autores de historia social siempre se menciona de preferencia a escritores formados en las escuelas de orientación de izquierda surgidas hacia mediados de siglo, existiendo el antecedente temprano que representa Aurelio Díaz Meza. Quizás han obrado en contra de su reconocimiento el que su visión de la historia social sea muy remontada, a los orígenes de Chile, fuera de los períodos de temáticas obreras y movimientos sociales, además su no relación con las descritas corrientes políticas y el provenir del mundo del periodismo. De todos modos, su prestigio era de tal brillo entonces que fue aceptado como miembro de la selecta Sociedad Chilena de Historia y Geografía, desde donde intentó combatir la imagen prejuiciosa y peyorativa que a veces se tenía de la cultura mapuche.
Caricatura de Díaz Meza firmada por Portero en 1917 (Fuente imagen: "Leyendas y episodios chilenos" de Ed. Talcahuano, 1970).
En 1926, la serie histórica continuó con el volumen "En plena colonia". Prosiguió preparando trabajos como "El advenimiento de Portales" y "La Quintrala y su época", además de la continuación de sus trabajos periodísticos en los principales diarios de Santiago. Era tanto su prestigio que el Gobierno de Chile escogió como colaborador con un texto suyo para presentarlo como parte de la exposición preliminar del libro de expositores chilenos para la Feria de Sevilla de 1929, donde aparece su trabajo "La industria de Chile durante el coloniaje".
Pero estaba escrito que a muchos de sus últimos trabajos no los alcanzaría a ver en imprentas. Don Aurelio falleció de neumonía, a las 3 de la mañana del 19 de junio 1933, en el pensionado del hospital de San Vicente. Su infatigable e hiperactivo carácter había estado manifiesto sólo unos días antes de caer hospitalizado. Con 54 años, su partida estremeció a todo el ambiente periodístico e histórico local. En su tumba, Alejando Flores lo recordó como su maestro con las siguientes palabras:
"Allá por el año 1915, cuando la embrujadora luz de las candilejas empezaba a guiñarnos amorosamente, fue Aurelio Díaz Meza quien nos sustrajo a la monótona vida del barrio para poner en nuestro entusiasmo moceril la ansiada perspectiva del triunfo. En efecto, llegó un día hasta mi casa de la Avenida Independencia y con la palabra sencilla y persuasiva, me convenció de que mi porvenir (que entonces se arrebujaba en una vieja capa española de poeta incipiente) estaba en el teatro".
En forma póstuma se publicaron algunos de sus libros como el de la Quintrala y sus volúmenes "Patria Vieja" y "Patria Nueva", con lo que quedó cerrada la secuencia de publicaciones históricas de su autoría; fuentes inagotables de información, anécdotas y aventuras que alimentan la investigación de posteriores busquillas de crónicas.
"Leyendas y episodios chilenos" es sin duda el mejor trabajo de Aurelio Díaz Meza, pero en este artículo no es más que la punta de iceberg de todo el trabajo que legara este extraordinario periodista y hombre de letras de nuestra historia, injustamente desconocido por muchos de sus propios colegas en nuestros días y con su memoria mal pagada entre los chilenos de hoy.

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