martes, 6 de marzo de 2012

GEOLOGÍA, ARTE ORNAMENTAL E HISTORIA AMERICANA: DEL PEÑÓN DEL HUELÉN A LA ESTATUA DE CARACAS

El Peñón y la Estatua de Caracas en 1874.
Coordenadas: 33°26'27.12"S 70°38'40.57"W
La Estatua de Caracas es una de las más importante del Cerro Santa Lucía, quizás la segunda después del famoso Neptuno de la fuente homónima. Por su tamaño, proporciones, insólita posición y valor simbólico, constituye un tesoro entre las obras que se hallan en este lugar. Sin embargo, los turistas apenas la alcanzan a ver allí en la entrada Poniente del paseo, pasando por su lado fugazmente en los furgones que los llevan a las terrazas del Castillo Hidalgo y del Caupolicán, en los típicos furgones o buses que suben el camino de adoquines del cerro.
A su vez, esta estatua está instalada en uno de los peñascos más característicos y grandes del paseo, que ha señalado el límite Oeste del cerro desde los tiempos en que los antiguos habitantes del valle del Mapocho le colocaron el nombre de Huelén, es decir, cerro del Dolor según Vicuña Mackenna, cambiado a Santa Lucía por los conquistadores hispanos. Precisamente con ese nombre ha sido llamada la imponente roca: Peñón Huelén o Piedra del Huelén. Semeja, desde algunos ángulos, a algunas de las piedras ciclópeas de los menhires de Carnac.
Hay algo curioso en este monumento y en su vecina, la Estatua de Buenos Aires: ambas se ven muy distintas a lo largo del día, cambiando la percepción de sus detalles y formas conforme cambia también de posición la caída del Sol sobre las mismas. Llama la atención el que crezca vegetación precisamente sobre el gran Peñón del Huelén, además.
Vamos retrocediendo hacia el pasado para comprender la naturaleza de esta estatua y su curiosa ubicación sobre la gran roca, además de los planes americanistas frustrados que se tenían con relación a su poética instalación en el cerro.
Antigua entrada del Santa Lucía, vista desde el Sur. La roca con el nombre Huelén es el peñón donde se montó la Estatua de Caracas después de tomada esta foto. La inscripción con el nombre de la roca aún se conserva.
EL PEÑÓN DEL HUELÉN
La roca sobre la que está instalada esta estatua ha sido llamada Peñón del Huelén. Allí se hizo grabar en 1873 el antiguo nombre que los indígenas daban a esta formación rocosa, inscripción que aún perdura tanto en la cara Norte como en la Cara Sur de la misma piedra enorme, clavada como una estaca en las faldas del cerro.
La formidable piedra mide 12.6 metros de altura, y su diámetro es de 5.30 metros. Benjamín Vicuña Mackenna, en su "Álbum del Santa Lucía", calculaba que el peso de semejante piedra debía rondar las 780 toneladas métricas.
"Si hubiera sido de oro -escribe el Intendente- habría representado el peso y el valor exacto de la indemnización de guerra (mil millones de pesos) que la Francia pagó a la Alemania después de las campañas de 1870".
Un detalle interesante de ella es que se mantiene casi igual que antes de ser intervenida, pues sus formas no han recibido alteración notoria desde la instalación de la estatua y la inauguración del parque. Y como muchas otras rocas y peñones del cerro, ésta muestra una extraña falla hacia su parte más alta, semejante a una fractura que la hace parecer compuesta de dos piezas ensambladas. La llamada Piedra Tarpeya ubicada cerca de la Plazoleta Pedro de Valdivia, hacia la mitad Norte del cerro, también muestra una falla similar, por lo que la explicación a este capricho geológico ha de encontrarse en el propio origen del Santa Lucía.
Por su situación independiente del resto de las formaciones geológicas del cerro, se cree que esta roca pudo ser resultado de un formidable derrumbe en épocas impensadas en la historia del mismo. De hecho, con un poco de imaginación se podría especular más o menos el lugar del cerro desde el cual habría precipitado hasta su actual posición, adquiriendo naturalmente un aspecto como de monolito o menhir que, obviamente, Vicuña Mackenna no iba a dejar pasar para su plan de ornamentación del cerro, como veremos luego.
Curiosamente, Vicuña Mackenna sugiere en su "Álbum del Santa Lucía" la posibilidad de que esta roca enorme haya sido la piedra de colosales proporciones que se derrumbó hacia la ex Calle del Bretón, hoy calle Santa Lucía, durante el fatídico terremoto de 1647. Lo extraño es que el propio autor había aclarado antes en su "Historia crítica y social de Santiago", de 1869, que la roca derrumbada en ese sismo que destruyó casi entera a la ciudad, no correspondía realmente al Peñón del Huelén, sino a otra que acabó siendo removida antes de la conversión del cerro en el parque.
Vista del Peñón del Huelén y del Jardín Elíptico en 1874, poco antes de la instalación de la Estatua de Caracas.
 
Vista del mismo acceso al cerro y la Estatua de Caracas, hacia 1920. Curiosamente, este sendero se ve mucho más verde y vivo que en nuestros días. Imagen del banco fotográfico del Museo Histórico Nacional.

LA PRIMERA INAUGURACIÓN
En 1872, el Intendente de Santiago don Benjamín Vicuña Mackenna, inicia gestiones para convertir el antiguo cerro rocoso y estéril del Santa Lucía en un paseo inspirado las culturas del mundo clásico de la Europa Romántica, tarea titánica en la que se puso a disposición del proyecto a ingenieros, artistas y una tropa de reos de la cárcel de Santiago que trabajaron intensamente en esta majestuosa obra por la que el Intendente casi arruinó su propia fortuna, en el afán por concluirla tal cual la había soñado.
Antes de instalada la Estatua de Caracas, el paseo del Cerro Santa Lucía tuvo una inauguración parcial realizada el 17 de septiembre de 1872, exactamente dos años antes de la inauguración oficial de los trabajos que, por entonces, recién comenzaban a ejecutarse.
Para esta ocasión, del lado Sur de la roca que mira hacia la Alameda de las Delicias, se grabó sólo el nombre "HUELÉN". Estas tipografías esculpidas directamente sobre la piedra aún se conservan y son leídas por los cientos de turistas que llegan diariamente hasta él. También incluye la fecha de 1541, aludiendo al año en que el peñón entero del cerro aún era territorio indígena y el mismo de la fundación de Santiago, según la voluntad del intendente.
La principal inscripción es, sin embargo, la que da la bienvenida a los visitantes, por la cara Norte de Peñón del Huelén, hacia el frente del tránsito por la actual Calle Santa Lucía y los vehículos que acceden al paseo por esta entrada. Su texto dice:
PASEO
DE
SANTA LUCÍA
INAUGURADO SOLEMNEMENTE EL 17 DE SEPTIEMBRE DE 1872
OBRA DE DIOS
EL PUEBLO CON SUS OFRENDAS LA HIZO SUYA
Aunque no tenemos datos concretos a nuestra vista sobre quién fue el escultor que cinceló estas inscripciones en el peñón, por su calidad suponemos casi con gran seguridad que fue don Andrés Staimbuck y quizás sus alumnos, pues era el mismo experto en cantería que talló en roca las piezas de la Ermita del Santa Lucía y que dirigiría, después, la colocación de la Estatua de Caracas sobre esta misma roca. Todos estos textos estaban entonces en dorado, además del tallado, pero esta característica se fue perdiendo en el tiempo.
No era ésta la entrada exacta al paseo en aquel entonces, sin embargo, sino que se encontraba un poco más al Sur, entre las rejas del Portal de los Guerreros, así llamado por la presencia de dos estatuas de guerreros-faros que actualmente ya no están en el cerro.
Vista actual de la roca y la estatua.
Vista actual del mismo conjunto. Además de la estatua, se observa cómo se ha extendido la plazoleta del ex Jardín Elíptico y el crecimiento de la hermosa palma chilena junto al camino de acceso al cerro.
EL ORIGEN DE LA ESTATUA
Una de las ideas iniciales del proyecto de remodelación del cerro incluía la construcción de estatuas homenajeando con profundo sentido americanista a 11 capitales de América Latina como hermanas en la lucha por la Independencia, distribuyéndolas por el que iba a ser entonces el mencionado acceso principal del paseo, por la ex Calle del Bretón.
Las razones de Vicuña Mackenna para este homenaje se explican en su fervoroso americanismo, algo que se manifestó muchas veces en sus acciones y escritos. Fue por una campaña de su iniciativa, por ejemplo, que se erigió en la Alameda de las Delicias la estatua del Libertador José de San Martín, primera dedicada al héroe en el mundo e inspiración para que la Argentina colocara después una propia en Buenos Aires. También tuvo una participación esencial en la intromisión chilena en favor del Perú, durante la guerra contra la flota española de 1865-1866. A esta inclinación del intelectual, en nuestros días, algunos historiadores han tratado de ponerla en entredicho y han convencido a algunos incautos, pero atrincherándose en otras publicaciones del autor realizadas en el calor de la Guerra del Pacífico.
Sin embargo, no tardó mucho en ser renunciada su tan querida idea de rendir tributo a las capitales americanas, ante las limitaciones de financiamiento, como veremos. Por su proximidad con la causa libertaria del continente, entonces, se había escogido primero a Caracas y a Buenos Aires, en representación de las patrias de Bolívar y San Martín respectivamente, como las primeras homenajeadas en este proyecto. También obró en favor de esta elección la cercanía chilena con la Argentina y la expectativa que generó en Venezuela la noticia de este noble plan teniendo lugar en Santiago de Chile.
La dos obras, de tres metros de altura, fueron encargadas en julio de 1872 a la famosísima casa de fundiciones artísticas Val d'Onsé de París, a través del Consulado de Chile en Francia. Se solicitó el llamado bronce de Keller como material para las estatuas, a pesar de que la fundición tradicionalmente trabajaba el hierro, como lo demuestra la innumerable cantidad de otras piezas ornamentales de su factura que se encuentran en Santiago y en todo Chile.
Basadas en los modelos de catálogos de la compañía más ajustes y adiciones para darle un carácter individual a cada una, ambas estatuas fueron moldeadas por el célebre escultor francés Mathurin Moreau, de modo que tienen un incalculable valor adicional ligado al prestigio de su nombre. Son esculturas de evidente inspiración clásica y coronadas por muros y almenas alusivas a las fortalezas. La de Caracas, particularmente, extiende con generosidad un racimo de vid, quizás símbolo de la vida nueva, joven e independiente.
El sello de Val d'Osné está a los pies de ambas esculturas, sobre el escudo de cada país a cuya capital representan. No es muy visible por su altura, pero los acercamientos permiten confirmar este detalle.
La Estatua de Caracas y su hermana y vecina la Estatua de Buenos Aires.
PROBLEMAS FINANCIEROS
La verdad es que la idea de Vicuña Mackenna de rendir tributo a toda la América Latina era una quimera en esos momentos, pues el presupuesto difícilmente habría alcanzado para realizar semejante empresa de conmemoración y homenaje continental, curiosamente gestado en los albores de la Guerra del Pacífico y cuando las relaciones con los países vecinos no pasaban por alguno de sus mejores momentos.
En su memoria y rendición de cuentas de 1873, el ilustre intendente se ve en la necesidad de admitir que no era posible financiar las 11 estatuas, pues el costo total programado no podía pasar de 8 a 10 mil pesos y, según los informes del Consulado en Francia, el valor habría sido del doble.
Por las razones expuestas, entonces, se optó sólo por las dos estatuas que hoy existen: la de Buenos Aires y la de Caracas, a un precio de 20.000 francos. La sola Estatua de Caracas costó unos 3.000 pesos, según Vicuña Mackenna. La expectativa era, probablemente, que a futuro y gradualmente se completara el proyecto.
Por datos aportados por el Intendente, se sabe también que se pagó una tercera estatua con la efigie de Santa Lucía de Siracusa, que daba su nombre al cerro por la voluntad de Pedro de Valdivia, para ser instalada junto a la Ermita. La estatua también mediría tres metros de altura, como las otras dos de las capitales. Sin embargo, por las mismas restricciones de presupuesto, esta idea debió ser desechada en 1873, cuando ya se estaba a punto de comenzar su construcción.
Generalmente, se explica sólo por esta falta de dinero el que sólo las estatuas de Caracas y Buenos Aires hayan sido fundidas e instaladas. Sin embargo, considerando que éste era un proyecto a largo plazo que podría haber sido retomado en futuros períodos bonanza económica, la situación de la Guerra del Pacífico y el distanciamiento diplomático producido entre Chile y las demás repúblicas latinoamericanas quizás provocó el desinterés por concluir la voluntad de Vicuña Mackenna de rendir homenaje a todas sus capitales. Y un hecho adicional avala nuestra impresión: ésta sería, al parecer, la misma razón por la que se abortó también la instalación de una estatua para el Presidente Mariano Ignacio Prado del Perú y la resistencia del Callao de 1866.
MONTAJE E INAUGURACIÓN DE LA ESTATUA
Cabe señalar, sin embargo, que la inauguración del año 1872 fue sólo sobre el trazado del paseo del Cerro Santa Lucía, pues los trabajos de Vicuña Mackenna se extendieron por dos años más y la inauguración total de la primera etapa de obras planificadas tendrá lugar sólo en 1874, precisamente con la presentación de la Estatua de Caracas ante la ciudad, como símbolo de la gran intervención realizada en el cerro por la iniciativa de la Intendencia de Santiago.
La descrita situación de dos inauguraciones para el paseo y ambas en días 17 de septiembre, ha llevado a creer erróneamente a muchas fuentes que las obras, propiamente tales, fueron abiertas al público recién en 1872, cuando la verdad es que para entonces recién se empezaban y sólo estuvieron concluidas en el señalado par de años después.
Precisamente para señalar la inauguración de 1874, fue montada la recién llegada Estatua de Caracas sobre el Peñón del Huelén, a merced de esfuerzos increíbles por parte de los trabajadores, con grandes dificultades y casi encima de la fecha de inauguración, poco después de la entrega de la Ermita. Fue una proeza subir sus cerca de cuatro toneladas hasta el lugar donde se encuentra. Este montaje formidable fue dirigido por el tallador Stainbuck, como dijimos, el mismo escultor de las piedras de la Ermita.
En la cara interior del peñón, al Oriente y sobre el sendero de entrada, Vicuña Mackenna ordenó grabar la siguiente inscripción, acompañada de un bigote de grecas decorativas:
A
CARACAS
17 DE SEPTIEMBRE DE 1874
Los retrasos impidieron que la Estatua de Buenos Aires alcanzara a llegar y a ser montada para la inauguración. Permaneció varios años en la Plaza República Argentina, de la Alameda de las Delicias, antes de ser colocada, finalmente, en el lugar que se le había reservado entre las grandes rocas del acceso al cerro. Veremos, en una futura entrada, las vicisitudes que pasó este monumento antes de quedar definitivamente instalado en la roca vecina al Peñón del Huelén.
Así pues, la segunda inauguración del cerro y de la estatua coincide con la entrega de las obras a la Municipalidad de Santiago, el 17 de septiembre de 1874, en la víspera de las Fiestas Patrias y luego de los afanosos trabajos por tener listo todo para el corte oficial de cintas.
Inscripción en la roca, vista desde el lado interior.
EL JARDÍN ELÍPTICO
A los pies de esta enorme roca, los arquitectos y diseñadores del parque propusieron a Vicuña Mackenna la instalación de una pequeña plazoleta que limitara con la ex Calle del Bretón y que rodeaba el área de ingreso del paseo. La supervisión de estos trabajos fue realizada don Pedro Streit, jardinero jefe de las obras que seguía los planos del arquitecto Pedro Aldunate. Sin embargo, la construcción de este jardín aéreo fue, específicamente, un logro del albañil Pedro Sánchez, bajo la dirección de Streit.
Los trabajadores le llamaron el Jardín Elíptico, tanto por su forma como por le hecho de que estaba originalmente rodeado de una cerca que le daba la vuelta completa, dejando en su interior al Peñón del Huelén y a un costado a la caseta o kiosco de vigilancia del acceso principal que, como hemos dicho, al momento de la inauguración se encontraba en la entrada Poniente del paseo, actualmente utilizada por el tránsito vehicular.
El Jardín Elíptico fue concebido, así, a la sombra del inmenso peñasco sobre el cual se montaría la Estatua de Caracas. Vicuña Mackenna acota que su acogedora apariencia se debía a "la eterna frescura y lozanía de las plantas escogidas que lo forman". Sin embargo, las fotografías antiguas muestran algunas diferencias con respecto a su actual aspecto: antes era dominado por pequeños arbustos con pretensiones de crecer como árboles que, en realidad, no llegaron a ser tales.
Con visibles modificaciones, esta pequeña placilla sobrevive hasta nuestros días con su verdor profundo. Por su antiguo nombre, algunos lo confunden incluso con el Patio Circular, que se encuentra del lado Norte, frente al Castillo Hidalgo. Después del imponente peñón sobre el cual se encuentra la Estatua de Caracas, su característica más distintiva es la palma chilena que creció bella y esplendorosa en él.
Una curiosidad de este sitio es que las remodelaciones de la calle Santa Lucía lo han colocado en una posición tan inclinada que no ha podido convertirse en rincón de amoríos horizontales como los que hay , prácticamente, en todo el resto de la cara Poniente del cerro.
Vista desde la cara frontal del peñón, con las inscripciones que sobre él se grabaron presentando el paseo a los visitantes.
Un modelo en minitaura del diseño de la Estatua de Caracas, existente en la Piscina Escolar de la Universidad de Chile, en Mapocho. Éste pertenece, particularmente, al Trofeo Andrés Bello extendido por el Embajador de Venezuela don José Abel Montilla, al Club Deportivo de la Universidad de Chile en 1944.
LA ESTATUA Y EL PEÑÓN EN NUESTROS DÍAS
Hoy, este peñón se mantiene firme y sólido en el mismo sitio, a diferencia de las rocas de esa misma ladera del cerro, que están gravemente agrietadas y amenazando con desplomarse. Una lástima, porque el zigzagueante camino que ascendían por este perfil del cerro era uno de los más interesantes y demandantes de esfuerzo físico en todo el paseo. El terremoto de 1985 empeoró mucho esta situación.
El Jardín Elíptico ha sido asimilado por el verdor del resto del cerro, pero aún son reconocibles sus formas a los pies de la enorme roca, casi al borde de la calle Santa Lucía. Sobre el peñón, allí junto a la estatua y como en los tiempos en que fuera inaugurado el paseo, todavía crecen esas plantas de agave pita, con sus hojas largas y de bordes aserrados. Las plantas trepadoras del sector le dan un aspecto salvaje e indómito al conjunto. Algunas piezas esculpidas en roca y un par de faroles de iluminación de modelo clásico lo decoran.
La roca tiene, en su costado que da hacia la calle, un extraño "corte" que puede haberse originado por una falla anterior de su estructura, similar a la que tiene en lo alto. Como provee de sombra en las horas de Sol cenital y se encuentra exactamente a un lado del sendero para peatones, algunos escolares o parejas la llaman sugerentemente El Refugio, como caricatura a la denominación que reciben cirtas grutas de los circuitos de trekking o montañismo.
Por la parte interior de esta roca, junto al camino empedrado paseo, se encuentra la caseta de control y vigilancia del acceso Poniente al cerro. Quizás las rejas que le fueron instaladas hace algunos años no sean totalmente estéticas ni se fundan exactamente bien con el paisaje del cerro, pero ciertamente lo han convertido en un lugar mucho más seguro que antes. A un costado se encuentra la piedra original que ordenara inscribir y colocar el Corregidor Zañartu en el Puente de Cal y Canto al momento de su inaguración, en el siglo XVIII, pero está en muy mal estado. Hablaremos a futuro de esta pieza.
Tanto el Peñón como la Estatua de Caracas forman parte de la declaración de Monumento Histórico Nacional que se extendió sobre todo el Cerro Santa Lucía, por Decreto del Ministerio de Educación Pública N°1.636 del 16 de diciembre de 1983. Hasta su fallecimiento en febrero de 2009, el escritor Miguel Serrano vivió cerca de esta entrada del cerro y siempre insistiendo en armar un parque de estatuas precisamente en este lado del paseo, que se vería en realidad hermoso con la enorme roca y la Estatua de Caracas como fondo de postal. Lamentablemente, hasta ahora nadie ha acogido la idea.
Los textos originales grabados por Staimbuck en el peñón ya no son de oro. Ahora, sólo están reforzados con pintura negra en sus concavidades, pero de todos modos se hacen perfectamente legibles.

3 comentarios:

  1. Muy buena info! ¿De donde obutuvieron todos esos datos?

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  2. Muy buen texto! ¿De donde sacaron toda esa información?

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  3. La mayor parte es del Album del Santa Lucía, de don Benjamín Vicuña Mackenna.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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