miércoles, 7 de marzo de 2012

EL VERDADERO E INMORTAL GUATÓN LOYOLA

El famoso y auténtico Guatón Loyola, que de huaso no tenía mucho, salvo las ganas (Fuente imagen: diario "El Mercurio", suplemento "Revista del Domingo" de 1980).
Durante largo tiempo había estado postergando una entrada especial a la célebre figura del Guatón Loyola, cuya cueca describiendo su famosa pelea en un rodeo con el puñete que lo dejara KO, es una de las canciones más insistidas en ramadas, chinganas, fondas y hasta en los supermercados, los malls y despachos noticiosos en vivo durante los períodos de Fiestas Patrias, cuando se trata de recordar la chilenidad ya sea por sinceridad o por oportunismo (más por lo segundo, sospechamos).
El Guatón Loyola ha pasado a ser un icono cultural y una abstracción potente en nuestra historia, constituyendo casi una leyenda del folklore y las tradiciones, con una presencia tan arraigada en el imaginario chileno que algunos llegaron a poner en duda la existencia de este personaje, que fuera incluido por Francisco Mouat entre los "Chilenos de raza" de su libro.
La inmortalidad del Guatón Loyola está, principalmente, en la cueca que lleva su nombre y que relata la paliza que recibiera en sus correrías por territorio huaso. Fue escrita por el Flaco Gálvez, humorista, libretista y hombre de radio y televisión en esos años. Algunos músicos y folkloristas más puristas restan puntos a esta pieza musical por las estilizaciones de su estilo y sus diferencias con las cuecas de tradición más urbana, pero no cabe duda de que se trata de una de las más características de Fiestas Patrias y también una de las más pintorescas, precisamente por su alusión satírica al personaje de marras.
El Guatón Loyola en su boda con doña María Luisa Triveli, en el Templo de los Padres Franceses en 1957. Aunque fue un padre de familia responsable, se le recuerda también como enamoradizo y aventurero incorregible (Fuente imagen: diario "El Mercurio", suplemento "Revista del Domingo" de 1980).
EL GUATÓN LOYOLA DE CARNE Y HUESO (...Y GRASA)
Hartas veces se ha escrito sobre el mítico Guatón Loyola, pero no siempre con precisión. Hubo una época en que los más radicales no creían en su existencia o en la riña que se le adjudica como razón de tener una cueca propia. Otros hablaron de él como un huaso campesino, un vendedor viajero, un jinete de rodeo, el dueño de una ramada o un estudiante de agronomía, entre otros títulos que no eran reales.
La verdad es que Eduardo Loyola Pérez era un conocido martillero público y privado, muy solicitado en el ambiente de los remates y las ferias de ganado. Él mismo, siendo un citadino, mantenía una estrecha relación con la vida rural, bailando cueca campesina y vistiendo frecuentemente de impecable huaso, en fiestas o encuentros sociales. Vivía en la avenida Manquehue de Las Condes, entre Apoquindo y Los Militares hacia donde ahora está el Parque Arauco y en un departamento que después quedó para su familia, pero en una época en que este paisaje aún estaba sólo parcialmente urbanizado y las propiedades se hallaban rodeadas de estancias y chacras.
Apodado el Negro Loyola y después el Guatón por su gruesa contextura, este hombre de nariz aguileña y tez morena pasó su temprana infancia en Quillota, en una familia residente del fundo "Esmeralda", siendo el menor de 11 hermanos a los que se adicionó un sobrino adoptado por sus padres cuando Eduardo tenía 4 años. Crecieron bajo un régimen sumamente disciplinario y conservador, con rezos diarios de rosario en donde hasta los empleados de la casa eran obligados a participar; también con prohibición de que los varones jugaran con las 5 niñitas y donde se les impedía a todos comer con los adultos, para no oír sus conversaciones "de grandes". Eduardo pasaba siendo castigado en este hogar, pues solía arrancarse para ir a jugar fútbol y volvía sucio y desastrado. Había comenzado a gestarse su irreverencia y temeridad.
La familia se trasladó a Santiago cuando el futuro Guatón tenía 7 años. Se establecieron en una chacra de la entonces suburbana zona de Gran Avenida José Miguel Carrera. Matriculado en el jardín del Colegio María Auxiliadora de San Miguel, su rebeldía le llevaba a molestar a las compañeras levantándoles las faldas o mojándolas. Cuando hizo el chiste de alzar los vestidos de Sor Juanita, acabó ganándose la expulsión. "Las faldas siempre le dieron dolores de cabeza", contaría años después su hermano Ramón Loyola.
El régimen estricto de la casa continuó en la adolescencia y los hermanos debían estar todos los días a las 8 adentro. En esa época, ingresó al Colegio San Pedro de Nolasco. A los 14 años, sin embargo, comenzó a "hacerle los puntos" a una dama, pero lo acusaron con su mamá y fue tal su terror al castigo, que permaneció un día entero encaramado en la copa de un árbol, recibiendo comida que le mandaban sus hermanos. También protagonizó algunas peleas por amor, en aquellos años.
EL "SEÑOR" LOYOLA
Hombre elegante, galante y apasionado, pero también audaz y temperamental, comenzó a trabajar de martillero. No ganaba demasiado, pero tenía un buen pasar social y viajaba mucho. Su condición de "afuerino" no fue suficiente para hacerlo sentir amedrentado en el ambiente bravo de los huasos del campo, ni intimidado por alguno de los borrachines que frecuentaban los rodeos. Era un sibarita reconocido: gustaba de comer en abundancia y, antes de cada almuerzo, se echaba adentro tres empanadas con vino tinto, como recordaba su amigo Eduardo Durán, industrial y Director del Matadero Lo Valledor.
Aunque siempre fue enamoradizo, la mujer de su vida fue doña María Luisa Trivelli, a la que conocía desde la infancia pero con la que formó una relación tras su aventura en Parral, contrayendo matrimonio con ella dos años después de emparejarse, en diciembre de 1957, en la Iglesia de los Sagrados Corazones, de los Padres Franceses de la Alameda. Sin embargo, decían algunos de sus amigos que seguía igual de aventurero y mujeriego que cuando soltero.
La pareja tuvo dos hijas: María Luisa y Bernardita, esta última con mucha importancia en lo que ha sido preservar el recuerdo de su padre en nuestra sociedad. A pesar de sus inclinaciones a las correrías y la jarana, sin embargo, don Eduardo Loyola era severo en la casa y se le identificaba como padre exigente. Ambas niñas fueron ingresadas al Compañía de María y constantemente reclamaba contra el aspecto de sus novios, acosándolos con observaciones o preguntas escrutadoras, pues "los únicos pololos que estaban en condición de pasar sus exámenes eran los peladitos de la Escuela Naval", según diría después María Luisa. En la casa estaban prohibidos los chicles, las uñas largas, los excesos de cosméticos y las quedadas de visitas hasta muy tarde.
Y aunque la tradición lo prefiere recordar como un huaso, mito reforzado por algunas fotografías donde aparece vestido de tal, el Guatón Loyola fue más bien un dandy de gustos "cuicos", vestido con ropas "Flaño" y "Scappini", con calcetines de hilo o lana y pañuelos de seda con bordados, adicto a los perfumes, talcos y pomadas. A pesar de esto, tenía por amigos desde adinerados banqueros hasta sujetos a patas peladas, sin distingos. Machista, autoritario y tradicional, amaba tanto los asados al aire libre que realizaba los propios en una parrilla que mantenía en el balcón del departamento de Las Condes, dejando la casa entera pasada a carne por varias horas al día.
A pesar de los antecedentes que existían en relación al verdadero Guatón Loyola, por alguna razón explicable sólo en la inclinación vernácula de los chilenos hacia el olvido, su identidad se fue perdiendo y muchos investigadores posteriores a la muerte del personaje fueron embaucados por fantasiosos o mitómanos. En una "Revista del Domingo en Viaje" del diario "El Mercurio" de 1999, por ejemplo, el periodista Juan Pablo Meneses cae en la trampa de unos vendedores viajeros de la Corporación Social de Agentes Comerciales que, con fotografía y todo, lo convencieron que Loyola era otro vendedor del gremio, que había viajado en una gira de comerciantes chilenos a Europa en 1968. La versión no tardó en ser rápidamente desmentida a ese mismo diario por la hija del Guatón, Bernardita Loyola, quien le recordó a los editores revisar una entrevista anterior de 1980 hecha directamente a su familia y amigos por Luz María Astorga, y publicada en el suplemento "Revista del Domingo" del mismo diario.
El célebre Guatón Loyola bailando cueca, una de sus mayores aficiones (Fuente imágenes: a la izquierda "El Mercurio", a la derecha "La Estrella de Iquique").
LA PELEA EN LA MEDIALUNA, SEGÚN BÉCKER
Según la letra de la cueca, el Guatón Loyola tuvo su recordada pelea en el rodeo de Los Andes, cuando recibió un puñetazo que lo dejó tiradito y gateando bajo las mesas. Se sabe que el rodeo original de la escaramuza (que no eran para nada raras en los regados y etílicos rodeos antiguos) era el de Parral, sin embargo, pero fue cambiado en la letra porque el de Los Andes era más famoso y popular.
Hasta ahí está claro todo... Sin embargo, los detalles varían entre un autor y otro.
De partida, no hay consenso sobre quién le dejó el ojo en tinta al martillero: se habla de un huaso, un santiaguino patudo con las mujeres, de un jinete, de un turista extranjero, de un marido celoso, de un borracho pendenciero, etc. Una de las versiones más conocidas es la que difundió el cronista y ex académico Germán Becker Ureta, también en el suplemento "Revista del Domingo", donde asegura que la pelea empezó cuando un huaso alto y corpulento se acercó a la barra de la ramada del rodeo de Parral -cuando ya había terminado el espectáculo y casi todos se habían retirado-, exigiendo que el cantinero le sirviera una caña de vino.
Se encontraban bebiendo un trago cerca de la escena el martillero Loyola y su amigo Alejandro Gálvez, quien sería el encargado de escribir la inolvidable cueca. El huaso ebrio se enojó por la negativa del cantinero y le tiró un golpe por encima de la barra, logrando esquivarlo pero provocándolo a llamar a carabineros para que se hicieran cargo del borracho odioso.
Sin embargo, la prepotencia del borracho había alborotado las malas pulgas de Loyola quien, confiando en su fama de ser bueno para los combos, se acercó pidiéndole al cantinero no llamar a la policía al tiempo que decía enérgico: "No, no, déjamelo a mí". Lamentablemente, el huaso estaba entrenado en las peleas en estado etílico: puso su espalda contra el mostrador y la guardia en alto, dándole una paliza de lujo al pobre Loyola ante la mirada de Gálvez que, inspirado en la situación, después registró los detalles en la cueca "El Guatón Loyola", dedicada a su temerario amigo.
La versión de Bécker es interesante y muy ajustada a lo que uno podría esperar de la sorna expresada en la letra de Gálvez, pero la verdad es que su testimonio está acompañado de otros datos que han sido puestos en duda o desmentidos, lo que le quita credibilidad a su relato. Por ejemplo, decía allí mismo el escritor que, habiendo conocido en persona a Loyola y alcanzando una estrecha amistad con Gálvez, el Guatón fue estudiante de Agronomía en la Universidad Católica, además de integrar el equipo de fútbol de la casa de estudios, llegando a ser reserva de Fernando Riera.
VERSIÓN DE LA GRESCA SEGÚN SUS CERCANOS
Una versión que merece más crédito, entonces, es la que fuera reportada por los propios familiares y amigos del Guatón en el señalado reportaje de 1980 redactado por la periodista Luz María Astorga.
La razón de la pelea habría sido la imprudencia de uno de los asistentes que encendió el irascible carácter del Guatón, cuando ya había terminado el segundo día del rodeo de Parral y no saldrían más novillos, siendo la hora en que los huasos y los espectadores partían a tomarse unos tragos. Las puertas del corral fueron cerradas por El Temblor y el Pancho Pistolas, mientras el público comenzaba a retirarse a remojar la garganta.
Entre los sedientos estaba el Loyola y unos amigos, acompañados por una bella muchacha que lo tenía medio entusiasmado (que en otras fuentes, hemos visto descrita como una china o huasa). Todo parecía normal y tranquilo hasta que un señor argentino (señalado en otras fuentes como un santiaguino) se acercó al grupo de forma imprudente, intentando coquetear con la dama y, en un momento, le pone encima una mano, desatando la ira del entonces joven y enérgico martillero.
El Guatón pesaba ya unos 90 kilos y, según se dice, tenía fama de buen peleador; pero cometió un error de principiantes en el arte del puñete callejero: se confió demasiado olvidando que estaba pasado de copas y lejos de sus plenas capacidades. La pelea fue un espectáculo bochornoso para su prestigio, donde además de recibir de lleno varios puñetazos, el pobre tiraba combos sin control ni destino, dando "golpes sólo llegaban a una especie de bar de madera", por lo que terminaría "molido y con las manos llenas de astillas", según anota Luz María Astorga. Cuenta su mito que debieron sacarlo a rastras y que desde allí durmió la borrachera y los machucones hasta el día siguiente.
El drama para el Guatón Loyola es que, atrás de él y sin que lo notara, miraba su frustrada exhibición boxística Alejandro Astorga, quien tomó algunos apuntes de lo sucedido y después los traspasó a la letra de la canción que daría el don de la eternidad al agredido, como premiando su sacrificio.
Según reza la tradición, el incidente de Parral habría tenido lugar un día domingo de 1954 (algo confirmado por su viuda), ya en horas de la noche, aunque otros especifican que fue en días de Fiestas Patrias, quizás intentando hacer más interesante el mito.
Recreación humorística de la pelea del Guatón Loyola, realizada en el canal Mega el año 2006, con el actor y comediante Gustavo Becerra encarnando al popular personaje (Fuente imagen: diario "La Cuarta").
LA VERSIÓN SEGÚN EL PROPIO LOYOLA
Pero sucede que Eduardo Loyola fue entrevistado en los años sesenta sobre su pelea y cuando su cueca ya era un verdadero hit del folklore nacional. Los periodistas del diario "El Llanquihue" de Puerto Montt lo ubicaron en Purranque, consultándole detalles de su epopeya de 1954 y publicándolos en un artículo que Mouat pudo revisar entre los archivos de la viuda de Loyola.
El popular Guatón de carne y hueso, cuenta allí que todo había comenzado como una broma surgida durante un viaje a Parral que realizaba con Mario Cassanello, Alejandro Gálvez y otros amigos, mientras se encontraban en el fundo de don Santiago Urrutia Benavente, conocido vecino del sector que era apodado Don Chanca. La noche de un domingo, estando en el casino del rodeo, tres tipos pasados de copas entraron y comenzaron a molestar a las damas que atendían las mesas, en cuya defensa saltaron Loyola y sus amigos. Hubo un intercambio de provocaciones entre ambos grupos pero la cosa se calmó. Sin embargo, cuando el Guatón se encontraba después en la barra, los pendencieros aparecieron otra vez y empezaron nuevamente los insultos y los clarines de guerra, hasta que se desafiaron directamente a pelear.
La inminente gresca fue detenida por carabineros que se encontraban en el lugar, intentando llamar a los sujetos a la calma. No obstante, al no poder apaciguar los ánimos, uno de los uniformados se hartó y les dijo que, si querían pelear Loyola y el provocador, lo hicieran pero que nadie se metiera.
Así fue que comenzó la mocha delante de todos los presentes, con unos y otros alentando al suyo. Pero, en un tropiezo, Loyola cayó al piso, algo que intentó ser aprovechado por su rival tomando firmemente una silla y tratando de rompérsela encima, ataque que el Guatón logró esquivar arrastrándose bajo las mesas, tal como dice su cueca. Y, mientras trataban de arrebatarle la silla al tipo, uno de los amigos de Loyola se metió la mano en la espalda para tomar un manojo de llaves, acción que entre la borrachera y la adrenalina el agresor creyó que se trataba de una sacada de pistola, así que soltó la silla y huyó despavorido hacia el exterior pidiendo auxilio, por el lado de la estación, sin que jamás volvieran a verlo.
Fue así como concluyó una de las más famosas peleas de las que se tenga registro en la historia de Chile, a pesar de ser bastante menos espectacular de lo que muchos hubiesen querido y de lo que dice el propio mito urbano creado a su alrededor.
NACE LA CANCIÓN DEL GUATÓN
Como testigo de la memorable pelea en el rodeo de Parral, Gálvez concibió esa misma noche la famosa canción en melodía estilizada de cueca. Según Bécker, el Flaco Gálvez oficiaba, a la sazón, como Director de la Barra de la Universidad de Chile y tenía un cargo público: "era funcionario de Impuestos Internos y ejercía el cargo de inspector de alcoholes. Según amigos comunes, esto era como amarrar perros con longanizas". Agrega el periodista Marcelo Garay, de "La Cuarta" (14 de septiembre de 2006), que Gálvez escribió la letra "cuando el Guatón dormía la mona, tras la sacada de cresta", siendo así que iba a pasar "a la historia como el clásico weón rosquero al que le aforran en medio de una tomatera por cuico".
Se cuenta además que, cuando el Guatón despertó de su fallida aventura etílico-pugilística, Gálvez corrió a mostrarle la cueca que había compuesto en la noche y se la cantó allí mismo, burlándose de él. La tocaron tal cual en el rodeo de ese día lunes. Avergonzado e intimidado, Loyola sólo habría atinado a responder: "¡Me cagaron la vida!" (o "Pucha, estos gallos me fregaron", en otra versión menos soez), pero Gálvez intentó consolarlo asegurándole: "No te preocupís, Guatón, si de Parral no sale", equivocadas palabras que fueron confirmadas por el actor César Arredondo, quien también conoció al famoso martillero y quien participó de una recreación de la histórica pelea echa el año 2006 para el canal Mega de televisión, actuando en la ocasión en el papel de Don Chanca, como hemos dicho el anfitrión de la fonda donde tuvo lugar el incidente.
En la entrevista de "El Llanquihue", el propio Loyola reconoce que Gálvez escribió la cueca esa misma noche usando por base la música del tema "Aló, aló" del Dúo Rey-Silva, aportando más detalles sabrosos del asunto:
"Yo volví al otro día -confesaba a los reporteros-. Esto había ocurrido la noche del domingo. Antes los rodeos duraban tres días: sábado, domingo y el lunes para correr el Champion. Como a la una de la tarde del lunes fui a la medialuna, y me pidieron que presentara a una de las candidatas a reina del rodeo. Lo hice, había mucha sonrisa en todas las caras. Apenas hube presentado a la candidata, comenzaron los gritos. '¡Que bailen una cueca!'. Y bailamos. Y ahí me sorprendieron. Porque comenzó la cueca y salió la historia de la pelea de la noche anterior. La habían ensayado y todo".
Gálvez entregó después su obra al entonces debutante dúo musical "Los Perlas", quienes la grabaron en 1956 y la incorporaron para siempre en su repertorio de canciones, con la previa solicitud hecha al autor de cambiar el escenario de la tragicomedia del Guatón Loyola desde Parral a Los Andes. Y, así, la canción fue presentada al público chileno por "Los Perlas" con la siguiente y definitiva letra:
En el Rodeo 'e Los Andes, comadre Lola Le pegaron su puñete al Guantón Loyola Le pegaron su puñete al Guantón Loyola
Por dárselas de encachao', comadre Lola Lo dejaron pa' la historia al Guantón Loyola En el rodeo 'e Los Andes, comadre Lola.
Combo que se perdía lo recibía el Guatón Loyola Peleando con entereza bajo las mesas, comadre Lola. Combo que se perdía lo recibía el Guatón Loyola, bajo la mesa sí, como estropajo el Guatón Loyola el otro gallo arriba y el gordo abajo, comadre Lola Quedó como cacerola, comadre Lola, el Guatón Loyola.
El dúo "Los Perlas" vendió más de 10 mil copias de su disco y "El Guatón Loyola" se volvió una de las más conocidas cuecas de temática huasa, todo un clásico del género en nuestros días. Al abundante legendario folklórico del Guatón y su canción se han sumado otras interpretaciones de músicos, como la del Dúo Rey-Silva, Las Consentidas, Los Hermanos Campos, Los Hermanos Lagos, Los Chinchineros y Altamar, que también la grabaron extendiendo su popularidad y vigencia.
"El Guatón Loyola", versión de "Los Perlas" http://www.goear.com/listen/acbd47f/el-guaton-loyola-los-perlas
"El Guatón Loyola", versión de "Los Hermanos Lagos" http://www.goear.com/listen/a95e368/el-guaton-loyola-los-hermanos-lagos
EL SALTO A LA INMORTALIDAD
Si bien Loyola era "afuerino", gracias a la cueca propia la tradición fue convirtiéndolo desde allí en "una especie de retrato del huaso chileno" según continúa escribiendo Luz María Astorga, creándose alrededor suyo la leyenda que lo identificaría también como "un poco enamorado, bueno para el tinto, rosquero y aniñado", tal como la fama el hombre del campo chileno. A pesar de ello, Loyola siempre sintió un poco de vergüenza por el incidente que dio origen a la canción, resistiéndose a hablar de ello. De hecho, nunca conservó alguna copia del tema musical es su casa y se incomodaba cuando alguien lo reconocía como el mítico Guatón, aunque su hija Bernardita se alegraba con estas situaciones.
Afectado por un cáncer intestinal que le hizo bajar de peso pero parece que no de ánimo, estuvo dando la lucha durante ocho años de tratamientos y duras dietas, que lo alejaron de sus queridos asados de prietas con chunchules, empanadas y botellones. La economía familiar se vio comprometida cuando ya no pudo continuar trabajado y su salud se agravó cuando acababa de llegar a Santa Cruz para establecerse con su esposa, debiendo ser trasladado de urgencia a Santiago en un helicóptero, donde fue operado. Permaneció hospitalizado un tiempo y, aunque tenía aún deseos de vivir, fallecería el 28 de agosto de 1978, a la edad de 58 años. Sólo un pequeño mensaje en el obituario de "El Mercurio" lo recordó aquella vez, siendo sepultado sin estridencias por sus familiares y amigos más cercanos.
No todo ha sido desidia y olvido hacia su memoria, sin embargo: en conmemoración del incidente que lo hizo inmortal en el folklore y aferrándose al mito de la letra en la canción, la Municipalidad de Los Andes realiza año a año desde principios de milenio y durante las Fiestas Patrias, el Festival Folklórico Nacional del Guatón Loyola, pero insistiendo oficialmente que toda la historia del personaje ocurrió en el mismo rodeo andino mencionado por la cueca y hasta reproduciendo supuestos testimonios de viejos vecinos que lo habrían conocido, que lo vieron alojarse en el Hotel Continental o que sabían de sus idas y venidas a través del ferrocarril trasandino.
Así pues, la leyenda del Guatón ya ha superado al personaje real que fuera don Eduardo Loyola Pérez.

2 comentarios:

  1. Yo soy de Los Andes, y es bastante claro el tema de que el Guatón Loyola no es de Los Andes (habría pasado por ahí, tal como vd. señala), y así podría devolvérsele la identidad de la canción a Parral. Lo que considero eso sí una injusticia, es que no se le devuelva el nombre de Los Andes a una canción que sí se gestó allí: "Si vas para Chile". Donde dice "el pueblito se llama Las Condes", originalmente decía "el pueblito se llama Los Andes". La mujer a la que Chito Faró dedicó esta canción era mi tía bisabuela, de la cual Chito Faró estaba perdidamente enamorado. Sin embargo como entonces el alcalde de Los Andes no quiso recibir a Faró para darle la autorización de usar el nombre de la ciudad en la que este habitó un tiempo y en la cual se inspiró para escribir la canción desde Mendoza, el alcalde de Las Condes le ofreció una gran suma de dinero a Chito Faró para comprarle los derechos de la canción. Éste se la vendió, y fue el propio alcalde quien cambió Los Andes por Las Condes. La casita linda y chiquita el año pasado fue arrasada por un aluvión, y su entorno aún se mantiene en parte como señala la canción, salvo por la instalación de una planta hidroeléctrica que ha alterado un poco el paisaje.

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  2. Yo soy de Los Andes, y es bastante claro el tema de que el Guatón Loyola no es de Los Andes (habría pasado por ahí, tal como vd. señala), y así podría devolvérsele la identidad de la canción a Parral. Lo que considero eso sí una injusticia, es que no se le devuelva el nombre de Los Andes a una canción que sí se gestó allí: "Si vas para Chile". Donde dice "el pueblito se llama Las Condes", originalmente decía "el pueblito se llama Los Andes". La mujer a la que Chito Faró dedicó esta canción era mi tía bisabuela, de la cual Chito Faró estaba perdidamente enamorado. Sin embargo como entonces el alcalde de Los Andes no quiso recibir a Faró para darle la autorización de usar el nombre de la ciudad en la que este habitó un tiempo y en la cual se inspiró para escribir la canción desde Mendoza, el alcalde de Las Condes le ofreció una gran suma de dinero a Chito Faró para comprarle los derechos de la canción. Éste se la vendió, y fue el propio alcalde quien cambió Los Andes por Las Condes. La casita linda y chiquita el año pasado fue arrasada por un aluvión, y su entorno aún se mantiene en parte como señala la canción, salvo por la instalación de una planta hidroeléctrica que ha alterado un poco el paisaje.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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