martes, 6 de marzo de 2012

EL EDIFICIO DEL DRAGÓN DE SAN PABLO: UN GUARDIAN TUTELAR DE MOSAICOS

Actualización: fotografías del artista italiano entonces residente en Chile, Bongiorno Filippo, en el boceto del proyecto. Él fue el autor de este mosaico del dragón, hacia 1957-1958. Imágenes gentilmente proporcionadas por su nieto con intermediación de nuestro amigo Felipe Bengoa, de Enterreno Chile. Según la información aportada, el artista y su familia marcharon después a Perú, hacia principios de los setenta, y desde allí regresaron a Italia.
Coordenadas: 33°26'4.07"S 70°39'25.76"W
Éste debe ser uno de los edificios más reconocibles de la capital chilena, a pesar de no constituir ninguna maravilla arquitectónica ni particularmente un homenaje a la urbanística santiaguina. Su fachada es inconfundible, instalada allí aproximadamente desde finales de los años cincuenta según nos informan algunos de sus residentes, con su iracundo dragón manifestando pretensiones de ser una bestia oriental armada con miles de cuadritos en teselas y paciencia también de chino, en otro de los mosaicos figurativos más grandes que debe haber en toda la ciudad.
Es curioso este colorido icono: en plena era de las inmensas pantallas leds y las proyecciones láser, seguramente el mosaico ya no tiene nada espectacular que ofrecerle al observador contemporáneo, pero su innegable condición de curiosidad dentro de nuestra ciudad aún llama la atención de sus habitantes, resultando del todo inevitable preguntarse hoy qué diantres hace un dragón de tales proporciones colgando del muro allí, a pocas cuadras del río Mapocho.
Son 5 pisos de estilo sencillo y funcional, quizás con tintes de liviana estética Art Decó y quizás una pizca de estilo Manhattan funcionalista según he escuchado a personas más versadas en estas materias, pero muy, muy reducido para mi impresión. El primer nivel de sus pisos está enteramente dedicado al comercio y aloja a varios locales. Casi se pierde entre los accesos a estos negocios la puerta de fierro que señala la entrada de este edificio: Amunátegui 783, esquina San Pablo. La azotea es usada hoy por un gran cartel publicitario, además.
Toda la fachada del edificio está cubierta de este puntilloso mosaico de piedras de color gris azulino. Sólo el primer piso tiene un recubrimiento de un rompecabezas de placas con color y textura lítica, lamentablemente en muy mal estado muchas de ellas, o simplemente desaparecidas en algunos fragmentos.
El frente que queda despejado justo en el punto de la esquina, ausente de ventanas y que se extiende liso por los cuatro pisos superiores, fue el bastidor sobre el cual los artistas dibujaron -siempre con los mosaicos- el colorido dragón que le da la característica principal al edificio. Se lo confeccionó como si bajara amenazante por el muro hacia la calle, con sus alas plegadas y sus garras clavadas sobre el concreto, para la publicidad de una vieja casa de electrónica que allí hubo (no un restaurante chino, como algunos creen) justo en los bajos: la "Casa Dragón". Aunque su aspecto base es el de un clásico dragón europeo, tiene algunos detalles inspirados evidentemente en las versiones orientales de las mismas criaturas míticas, como dijimos.
Su presencia podría confundir a la percepción, pues el dragón que le da el apodo al edificio parece más un aviso publicitario (pasaría perfectamente por el de un restaurante chino, por ejemplo) que un detalle ornamental; y en parte lo es, pues la casa artística o bien el talentoso que lo hizo dejó su sello inscrito en el muro, cerca de la temible lengua de flecha de la bestia, también con estos trocitos cuadrados: "MORANITE". Esta marca está hecha con los mismos colores del mosaico del dragón: celeste, rojo, amarillo, verde y negro.
El Edificio del Dragón (que he visto siendo llamado aún Casa Dragón, aludiendo a la desaparecida tienda) se encuentra en estado un poco descuidado, por dentro y por fuera. Aparentemente, sólo su dragón se mantiene impecable, porque gran parte del primer nivel y del interior de la construcción ha sido vandalizada o dañada por el descuido y la falta de mantención.
Que me perdonen los residentes pero, de hecho, todo el interior del primer piso se ve casi abandonado e inhóspito, con horribles grafitis que le dan el toque de bajo barrio Harlem del setenta, cuando pude visitar el lugar por última vez. Ni siquiera me animo a publicar fotografías acá de esos espacios.
No se tratará, así, de una de las esquinas más connotadas y elegantes de esta ciudad, pero sin duda este edificio y su dragón de colores son una de las más curiosas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Por desgracia en Santiago existen bellísimos edificios y otros tantos que han demolido en pos de la modernidad, llenando la ciudad de moles y cubos fríos y de muy mal gusto arquitectónico.
La autoridad debiera fiscalizar más el hermoseamiento de la capital.

Anónimo dijo...

En ese edificio, funcionaba un negocio que vendía artículos eléctricos (Cable, enchufes, etc) que se llamaba Casa Dragón y era junto al Coloso (Teatinos con San Pablo), uno de los locales del rubro electricidad, más grandes del sector.

LiessaMo dijo...

Siempre me ha maravillado ese mosaico, nunca he entrado al edificio y que pena que esté en malas condiciones.
Comentario a parte, Harlem es lindo limpio y no está lleno de grafitis pandilleros.

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