viernes, 10 de febrero de 2012

RECUERDOS INCONCLUSOS DE UNA PASADA POR EL PASEO AHUMADA EN LOS 80 (PARTE II)

Vista de Ahumada en la época, hacia el Sur, con la esquina del Banco de Chile y las Farmacias Ahumada atrás.
Coordenadas: 33°26'36.46"S 70°39'1.52"W (inicio) 33°26'18.83"S 70°39'4.02"W (final)
En la primera parte de esta entrada, ya vimos algo sobre los personajes y lugares populares del Paseo Ahumada en los años ochenta, con verdaderos iconos de la ciudad que allí se podían encontrar, muchos de ellos olvidados o definitivamente perdidos en el tiempo. En esta segunda parte corresponde ver el tramo final de Ahumada y las sorpresas que acogía esta calle peatonal en ese sector, quizás uno de los más activos de todo el barrio comercial central.
Entre 1985 y 1990 hubo innumerables ejemplos de las artes callejeras en este lugar: payasos, guitarreros, cantantes, humoristas, muchos más que en nuestros días. Un dúo de folkloristas era curioso: el sujeto alto tocaba el charango y su compañero muy pequeño y curcuncho tocaba la guitarra, de modo que parecían ejecutar instrumentos proporcionalmente cambiados. Un músico gordito y ciego, por años llenó de tonadas y valses la entrada a las galerías al edificio Portal Fernández Concha, por el lado de Huérfanos. Cantaba tan bellamente que muchos se detenían a oírlo un par de minutos antes de entregarle una moneda, dando realmente pena ver hoy vacío ese lugar que ocupaba sentado en una banca. Otro músico tocaba el acordeón en la cuadra anterior; y recuerdo cuando una pareja de turistas argentinos reconoció las melodías de su querido tango porteño en el instrumento y comenzó a bailar allí, en la calle, mientras todos miraban el espontáneo espectáculo que, al terminar, el acordeonista celebró apuntando a una cámara de seguridad recientemente instalada sobre ellos y diciendo: "Saluden, porque nos están transmitiendo en vivo", con lo que sacó risas y seguramente más monedas para su tarrito.

Veamos un poco más sobre estos personajes y sitios que tan bien conociera toda una generación por la que aduve a la deriva, en aquel entonces.
Una reliquia numismática: la ficha original de los videojuegos "Delta 15".
El gentío pasando por la segunda cuadra de Ahumada durante horas de la tarde, hacia 1990.
PALACIOS DEL VIDEOGAME
Los videojuegos de Ahumada eran atracción todo el año: en cimarras, en ocio de la tarde, en holgazaneo nocturno, en vacaciones, fin de semana, etc. El más popular estaba en la segunda cuadra y era el subterráneo de los famosos juegos "Diana", en un espacio que ahora ocupa una multitienda y que, en sus inicios, había pertenecido a la clásica boîte y restaurante "Waldorf". No era mi sitio favorito de juegos, como he dicho ya en otra entrada de este blog, pero ciertamente era un importante lugar de reunión dentro del paseo, especialmente para compañeros de clases y las parejas. Casi siempre se encontraba lleno, sin importar la época del año en la que nos encontráramos.
Al frente, en los oscuros subterráneos desaparecidos donde se encontraba también un salón de pool y el cabaret "Plaza Pigalle", había otra central de videojuegos más pequeña a la que acudía todavía en mis tiempos de universitario. No tenía muchas cabinas de juego, pero era más probable encontrarlas desocupadas aquí que en otros puntos de la congestionada Ahumada. Hacia el final de esa época, además, se instaló otro centro de juegos electrónicos casi en la esquina con Agustinas, llamado "Games Center" y del que también he hablado algo en este blog. Fueron maravillosos cuatro pisos de entretención exactamente al lado del local de "Los Pollitos Dicen", lamentablemente cerrados en los años noventas y ahora asimilados por una gran multitienda vecina.
El paseo Ahumada atraía a la juventud con varias propuestas tecnológicas y tiendas especiales como la moda de "El Rincón Juvenil", sin duda, pero uno de los centros más importantes para los encuentros adolescentes en Ahumada en aquellos años ochenta era, muy especialmente, el centro de videojuegos "Delta 15", del que hablé extendidamente en otra entrada ya. Era un lugar magnífico para pasar mañanas, tardes y parte de las noches, allí al lado de la "Feria del Disco", entre Ahumada y Huérfanos. Todos los concurrentes habituales no conocíamos de algún modo y, a los de más edad, les daban ciertas ofertas especiales por cortesía de la casa, como fichas adicionales por cada compra. Muchos records de videojuego se batieron en secreto en esas salas vibrantes, que para varios de nosotros era la razón principal de una visita al Paseo Ahumada. Una pizza individual horneadas en la calle (casi puro tomate, queso barato y orégano) o una de las primeras rosquillas en venta (ya entonces ofrecidas como "donuts") en los locales llegando a Plaza de Armas, bastaban para sobrevivir a la jornada sin despegarse demasiado rato de la palanca de juegos ni morir de fatiga.
"Delta 15" fue tan popular por entonces que muchos otros centros le plagiaban sin escrúpulos el nombre y su título nos perseguía, así, por todo el verano y las vacaciones, pues muchos balnearios de la Zona Central también tenían sus propios "Deltas", como sucedía en El Quisco. La casa matriz de Ahumada, sin embargo, desapareció súbitamente, dejando a todos los clientes con los brazos colgando y las monedas en los bolsillos.
Las elegantes arcadas del edificio Hotel Crillón. En aquellos años, dentro de este edificio, en su galería comercial, se encontraba una hermosa réplica de la estatua griega Áuriga de Delfos, lamentablemente trasladada desde allí por los actuales dueños del complejo.
¿Quién recuerda los encuentros de estudiantes y las parejas del Savory Dos y Tres?
"LES ROTHEQUES" EN LAS PUERTAS DEL BANCO
Las escaleras, columnas y puertas cerradas del Banco de Chile en Ahumada, allí frente a la desaparecida fuente de aguas de esta misma cuadra donde estaban los "Delta 15" (y al frente de ellos), eran el escenario de los larguísimos shows nocturnos de un conjunto que más tarde fue bautizado como "Les Rotheques". Sus rutinas eran un aluvión de chistes, improvisaciones, algunas falsas tallas "espontáneas" (en realidad libreteadas) y un enorme guión con canciones, toques de guitarra, historias de humor, scketches y bromas a cada segundo. Si mal no recuerdo, sus integrantes se hacían llamar Indio, Raúl, Guatón, Juan Pablo y, si no me equivoco, creo que Pato de "Los Atletas de la Risa" trabajó con ellos en sus inicios o tuvo alguna cercanía con ellos.
El contenido de sus rutinas horrorizaba a las señoras más recatadas, y las mamás de los cabros chicos dados a la noche hacían lo imposible para que ninguno de sus rapaces fuera a aprender una enciclopedia de garabatos y chistes picantes que allí eran vertidos, ante la gran concentración de público que llenaba sus presentaciones, muchas veces interrumpidas por carabineros. En alguna ocasión, los humoristas debieron salir corriendo súbitamente con la guitarras al divisar a la fuerza pública, mientras uno de ellos gritaba sin dejar de correr: "¡¡¡Chao chiquillos, disculpen, vamos a tomar onceeeeeeee....!!!". Otras veces, ellos mismos provocaban ladinamente la suerte: por ejemplo, cantaban una versión del tema de "Los Prisioneros" titulado "¿Por qué no se van?" y, justo cuando coreaban esta frase en el estribillo de la canción, se llevaban una mano a la frente como haciendo un saludo militar.
Nadie estaba libre en ese sitio: chistes contra el gobierno, contra los maricones, contra las mujeres, contra los celosos, contra los ricos, contra los pobres, contra los tontos, contra los feos... A veces hasta agarraban a algún tipo del público para palanquearlo sin piedad, bastándoles cualquier detalle como excusa: recuerdo un sujeto flaco del que se burlaron inmisericordes por su gorro de lana, tipo chilote, llamándolo "cabeza de teta" ante la risa del resto de los presentes. En otra oportunidad, haciendo una rutina en la que alguien supuestamente disparaba una pistola imaginaria en una historia de humor sobre charros bandoleros, algún chistoso en los pisos altos del edificio del frente dio un tiro con un fulminante o una salva pequeña justo cuando lo hacía el actor. Todos en el público saltaron en su metro cuadrado y volvieron las cabezas: un tipo grueso y de pelo corto se reía desde su ventana. Los humoristas, en lugar de enojarse, sonrieron y parecieron agradecerle el "aporte" a la rutina, aunque había que tener agallas y ser temerario en esos días hacer semejante simulación de un balazo en pleno Paseo Ahumada.
Todas las noches de viernes y a veces las tardes de los sábados, estaban allí. Recuerdo que el año 1986 iba con mi hermano y con un amigo y vecino de entonces, "Perico" Quevedo. Ya me sabía de memoria sus chistes, pero de todos modos iba sagradamente después de sacrificar todas mis pocas monedas en los videojuegos. Aunque todos tenían un rol dentro de las rutinas, el Indio Carlos era el más "bandejero" y locuaz del grupo, diría que el líder natural, además de sobresalir por gordo, por la larga cabellera y los rasgos que le valían el apodo; Raúl, en cambio, muy moreno, bajito y enclenque, era el más inquieto y bajaba constantemente al público a hacer sus payasadas o a pedir monedas "de a cincuenca y de a cien, por favor" (los cuños más altos de la época), poniendo una extraña y ronca voz parecida a la de algunos tonis circences, pero que mezclaba con una forma de modular semejante a la de alguien con daño cerebral.
"Les Rotheques" eran muy populares ya entonces, pasando a hacer presentaciones en teatros, ferias y clubes nocturnos a fines de los ochenta. A principios de la década siguiente estaban muy activos y aparecieron en algún programa de televisión, creo que en "Cuanto vale el show", pero como invitados. Fue tan emocionante volver a verlos entonces, que hasta me gané un reto de mi polola de esos días, quizás incapaz de entender los recuerdos que yo asociaba a un show tan rasca. Grabaron videos como "Les Roteques" I y II, usando este nombre entonces (sin la "h" al centro). Sin embargo, habían sucedido desmembramientos y sólo quedaron en el grupo tres de los fundadores que veíamos siempre en el Paseo Ahumada: el Indio Carlos, Juan Pablo y el Chico Raúl. También grabaron un nuevo video humorístico de bajo presupuesto en 1995, llamado "Cago de miedo" (parodiando el nombre del filme "Cabo de miedo"), dirigido por Alejandro Angelini -el mismo director de los videos del dúo "Dinamita Show"- y donde trabajó una legendaria musa de los espectáculos nocturnos de entonces: la exuberante vedette Anisse Lark. Sin embargo, el grupo reducido ya a trío apareció ahora con el nombre de "Lotsrohteks", extraño giro que supongo relacionado con dificultades legales en el uso del nombre original, o algo así.
Creo que fue por problemas con la justicia y diferencias con el grupo que el Indio se retiró en esa misma década, de modo que "Les Rotheques" quedó reducido a sólo dos de los humoristas que trabajaron por tantos años en este lugar del Centro de Santiago: Raúl y Juan Pablo. Ambos volvieron a las calles, pero han realizado también importantes presentaciones en festivales y otros escenarios. Su lugar en las puertas del banco había pasado a ser ocupado en la segunda mitad de los ochenta o un poco después, por otra camada de humoristas callejeros: "Los Atletas de Risa", quienes realizaron uno de sus varios videos comerciales allí grabados, precisamente con el dúo "Les Rotheques", en 1998. También han hecho presentaciones con el maestro Daniel Viches en la "Carpa del Humor", una década más tarde. Hace pocas semanas aparecieron en el programa de La Red "Mentiras Verdaderas", con su rutina parodiando al astro mexicano Juan Gabriel.
"Los Atletas de la Risa" con el dúo "Les Rotheques" (ambos abrazando al Guatón, a la derecha), en video humorístico de 1998 grabado en la misma entrada del Banco de Chile que fue escenario de ambos grupos en los años ochenta.
LA CASA DE LA MÚSICA
Frente a este sitio que servía de escenario a "Les Rotheques", y antes de pasar a llamarse "FeriaMix", estaba la disquería más importante de Ahumada: la "Feria del Disco". Tenía dos locales: uno en la entrada, casi en la esquina con Alameda, y éste, que era su casa histórica y que aún se conserva llegando a Huérfanos. A veces venía hasta acá el "Abuelo Bailarín" del que hablé anteriormente, a hacer breves exposiciones de su cumbia de locos.
Obviamente, en esos años se llamaba "Feria del Disco" aludiendo no a los CD de nuestro días, sino a los discos de vinilo que se vendían en enormes estantes y anaqueles, donde uno los podía ir consultando como si se tratara de los archivadores de una fastuosa librería. Y ciertamente, había algo de bibliotecología en el acto de consultar ese stock de música en plástico, pues era un ejercicio instructivo. Quizás la mayor parte de sus ventas, sin embargo, eran los cassettes: esas viejas cintas que morían frecuentemente estranguladas en los cabezales de un personal stereo o walkman y que debían ser rebobinadas por un lápiz cuando el motorcillo del equipo reproductor ya estaba demasiado gastado.
Eran los días en que comenzaba a sonar el mal llamado rock latino y los chilenos creían estar construyendo ingenuamente un movimiento musical común con los artistas argentinos, aunque en realidad ellos ya tenían vida propia y audiencia en su país desde mucho antes que el pop se masificara en la escena juvenil de Chile, luego de la virtual ruptura que significaron los años setenta con movimientos musicales y experiencias rockeras anteriores. Ya he comentado antes algo al respecto, a propósito de las visitas al galpón de los instrumentos Yamaha en la Alameda, también por esos mismos años o un poco antes. "Feria del Disco" no se abstrajo de este fenómeno de moda nacional, pero sí ofrecía también una gama interesante de ofertas y propuestas musicales que no formaban parte de la existencia para la venta más popular de las pocas disqueras de entonces.
Hacia el fondo, uno podía encontrar en la tienda música de corrientes alternativas melódicas, progresivas y electrónicas, aunque los precios limitaban mucho el acceso a los discos y la economía priorizaba al económico cassette. Allí se podía encontrar a los pocos fans de la misma música que le gustaba a uno, así que, con frecuencia, había también intercambio de teléfonos y luego de álbumes. Recuerdo una caja con obras de Jean Michel Jarré, Vangelis, Tomita, Kitaro y músicos por el estilo. Poco rock pesado, sin embargo, ya que eso era contenido para tiendas especializadas como fue después "Rock Shop" de Providencia. Aun así, no podía haber un crítico del fenómeno del pop latino que no diera una pasada periódica a los estantes de la "Feria del Disco" en esos años, porque no existía otra forma de estar al día con los nombres y trabajos de la música internacional, así que la gran tienda era visita necesaria en cada jornada de entretención por el Paseo Ahumada, especialmente esos inolvidables días viernes. "Emerson, Lake and Palmer", "Yes", "Génesis" o "Rush" casi no se podían conseguir por otra vía, aunque había que armarse de paciencia y esperar que aparecieran.
En el piso inferior estaba la música selecta, de película y algunas muestras de jazz, blues y otras tendencias, poco populares en esos años dentro de nuestro público. Era el sector menos conocido de toda la "Feria del Disco", pero la curiosidad y el tiempo libre motivaron a muchos a explorar esas salas ocultas del negocio, donde la chispa cultural les encendió por primera vez, quizás, el conocimiento e interés por la música de Wagner, Liszt, Verdi o Beethoven, además de ser un buen sitio para encontrar regalos para el cumpleaños de las mamás con un CD de José Carreras o Plácido Domingo, cuando comenzaron a llegar estos soportes al comercio chileno.
Después de la época de tiendas como "Colt 70", sin duda que la "Feria del Disco" fue una experiencia novedosa, popular y vanguardista que puso al día a los paseantes de Ahumada con mucho de la cultura musical que acá sólo era medianamente conocida y donde la radio tenía el monopolio de toda la difusión, cuando no era vía programas de videoclips como "Magnetoscopio Musical" de Rodolfo Roth o "Más Música" con Andrea Tessa. Sin embargo, al pasar los años y cambiar la importancia de la industria discográfica, la tienda hoy llamada "FeriaMix" fue dejando atrás ese clima familiar y acogedor que tenía con sus clientes, casi como biblioteca de consulta y aprendizaje para todos los que llegábamos hasta allá.
 
Maltratada fotografía del espacio que ocupaba "Games Center". Hoy, el aspecto de este sitio se encuentra totalmente remodelado y asimilado por una multitienda vecina.
LA BATERÍA DE ELVIS JUNIOR
Hacia las últimas cuadras de Ahumada antes de llegar a Compañía, tocaba ya entonces su armatoste de tarros, ollas, cajas y tambores industriales, el baterista loco llamado Héctor Benavente, más conocido como Elvis Junior por su pretensión de parecerse al Rey del rock and roll, aunque eligió el instrumento más equivocado para esa pose. Si bien su arte resultaba un tanto lesivo a la audición, era entretenido verlo especialmente en las tardes o en salidas de jornadas, así como aperitivo o bajativo según el ánimo del día. Aunque suele hacer hasta ahora presentaciones, también en el Barrio Matadero y cerca de Bellavista, hubo una época hacia fines de los ochenta, en que se aparecía con cierta regularidad por este lado del paseo, cerca de donde estaban las últimas fuentes de agua antes de tocar con la Plaza de Armas, hoy retiradas.
Elvis Junior apareció mencionado en el "Santiago Bizarro" de Sergio Paz, época en la que ya declaraba 35 años dados a este oficio de aporrear la batería artesanal con la que cantaba intentos de rock clásico y twist esperando algunas monedas del público. Dice allí que la inspiración la recibió de su padre, que era profesor de música. Oriundo de Valdivia, Elvis Junior tuvo una fugaz temporada por la televisión, en el "Japening con ja", que lo hizo más popular pero que no pareció señalarle mejores rumbos. En otro programa le regalaron una batería de verdad, profesional, pero tras largo tiempo tratando de dominarla, la vendió y regresó a sus más familiares tarros y envases vacíos para su percusión característica, desafinada y estrepitosa, conservando sólo una caja y un platillo de aquélla.
Dudo que Elvis Junior me recuerde, pero él también está ligado a mis aventuras en el balneario de Cartagena, hacia los años que antes he señalado. Nos encontrábamos siempre en el Paseo del Rompeolas y después de sus sesiones de batería marchaba hasta un conocido kiosco al final de la Playa Chica, en la terraza, que estaba siendo arrendado por un modisto italiano de cierto prestigio entonces, en ese verano de 1985, junto a otros amigos y colaboradores, entre ellos un sujeto gay de gran altura, vestido de forma que habría parecido estrafalaria al estándar de la moda chilena de esos años, y también con un tipo que hacía excelentes caricaturas y retratos de los asistentes. El negocio vendía jugos naturales y algunos sándwiches, bautizándoselo "Il Picolo Naturista" por los italianos, atendido por la novia chilena del mismo diseñador de moda. Estaba al lado de la entrada a la entonces repleta pista de patinaje y skateboard que existía al final del paseo, y que hoy se observa tan triste y vacía. Nunca olvidaré un sencillo afiche pegado en un poste metálico junto a este local, donde una debutante banda llamada "Los Prisioneros" anunciaba con "cara de malos" de sus integrantes, en ese verano, el reciente lanzamiento de su primer LP ("La voz de los '80").
En este lugar, y luego de algunas sesiones en los muchos centros de videogames que había por Cartagena, Elvis Junior también hizo buenas migas con el joven cuidador del acceso al recinto de la pista de patinaje, donde todos asistentes eran conocidos y entrábamos gratis: un compadre tan parecido al actor Silverster Stallone que le apodaron "Rambo" y "Rocky"; también estaba El Flaco, joven de largo abrigo negro, como de gángster; una hermosa, joven y rubia bailarina de ballet llamada Kathy, que hacía sus elongaciones y danzas con los patines puestos en la pista; también una muchacha, creo que llamada Marcela, que con 13 años medía un metro ochenta y allá encontró pololo, de paso: un tipo rubio y delgado de casi dos metros, ideal para sus proporciones. Elvis Junior era otro conocido entre todos ellos y se lucía en los patines. Solía llegar inquietamente allí luego de sus días trabajando como músico de calle con su batería; y como era pequeño, para poder sentarse en el "Il Picolo Naturista" solía colocar una silla sobre otra, para quedar a la altura del mesón por el que se atendía a los clientes. Supongo que le fue bastante bien allá hasta que, ese mismo año, otro sujeto más viejo y un poco engreído comenzó a hacer exactamente lo mismo en el sector de Playa Chica, tocando su batería de tarros y restos de artefactos eléctricos, con lo que comenzó a robarle público.
Tras aquel año volví a encontrar a Elvis Junior varias veces en Ahumada y otros lados. Quizás ya creía que ésta iba a ser su rubro de jubilación, cuando vinieron restricciones municipales que le pusieron en aprietos y que ya no le permiten exhibir su "arte musical" de cantante y pseudo-rockanrollero en vivo todos los días, debiendo tenderse en la calle dando explicaciones en grandes papelógrafos de cartón sobre su mutismo y pidiendo monedas como lo haría cualquier mendigo, ya no como el músico que creía ser en esos años ochenteros. Su rostro juvenil que recuerdo allá en Cartagua o Cartagena Vice, como le decían al balneario por entonces, no es el mismo: se observa cansado y envejecido, con medio siglo a cuestas no sólo en el cuerpo, sino ya en su alma.
Elvis Junior en la actualidad, en imagen publicada en vitrinearte.wordpress.com
El "Chicken Inn" y el local de la "Polla Gol", tercera cuadra de Ahumada de entonces.
MÁS RECUERDOS Y PERSONAJES
Quien sí ha sobrevivido intacto a aquellos años, salvo por algunas canas y una guata que antes no tenía, es el célebre canilla que fuera apodado "Rambo Chileno", por el disfraz que empleaba para vender el diario "La Segunda" (aunque "¡La Siuuuunnnndaaaaa!", suena su característico grito) y los cartones del "Kino". Según contó también al autor de "Santiago Bizarro", una vez en sus inicios, una vieja argentina fue a denunciarlo de puro metiche a carabineros "por terrorista", luego de verlo vestido como el personaje de Stallone en la calle. Pasea por toda la longitud de Ahumada, aunque es fácil advertirlo entre la segunda y tercera cuadra. Llamado en realidad Sigisfredo Venegas, también se disfrazaba de karateca, de copetudo millonario, de presidiario y de barrista del club de sus amores (Colo-Colo), entre otros. Últimamente ha hecho noticia por su creativa presentación como "el vendedor de palomas", reuniendo a las aves con unas migas o cereales que arroja al suelo y ofreciéndolos a la venta imaginaria para los transeúntes. Como él sí contaba con licencia, cuando vendía diarios y quería avisar a colegas ambulantes de la proximidad de carabineros ("movimiento de tropas", en la jerga de los comerciantes de Ahumada), el inquieto y movedizo "Rambo Chileno" sacaba un potentísimo y anormal grito ofreciendo "La Segunda", que era advertido por todos como la indicación de alerta.
Ahumada era también calle de muchos "loquitos" conocidos por la sociedad santiaguina. Uno de ellos siempre andaba por este sector cerca de la plaza, aunque alguna vez lo encontré por calle Tenderini y otros rincones cercanos. Era bajito, de pelo corto, un tanto grueso de contextura y hablaba como alguien quejumbroso a la vez que tentado de la risa todo el tiempo, marcando las frases sílaba por sílaba además de siempre sonreír mientras las decía, al tiempo que tocaba un hombro de su interlocutor con su mano, por extraña manía. Agradecía incluso cuando no recibía ninguna moneda. Era de una enorme simpatía y se podía tener -por entonces- una conversación cuerda con él a pesar de todo, pues tenía esa clase de trastornos "funcionales" como el que hoy se observa en otros famosos "loquitos" de Santiago como el Divino Anticristo del sector Metro Universidad Católica. Saludé y conversé muchas veces con el tipo del que hablo, cada vez que lo veía pidiendo monedas con su terno o abrigo roñoso y dado de baja por algún dueño anterior. Empero, lamentablemente su esquizofrenia (o lo que sea que tenía) fue avanzando y consumiéndolo: la última vez que lo vi, creo que en las galerías del edificio Eurocentro de Ahumada con Moneda, estaba enajenado y murmurando incesantemente entre ticks y muecas descontroladas: "Auxilio... SOS... Ayuda... SOS... Auxilio...". Tras eso, desapareció. Fue una pena que se perdiera de la ciudad de tan triste forma.
No siendo un loco pero sí un caso severo de excentricidad, el mago René Álvarez constituía ya entonces todo un personaje nacional, por sus salidas en televisión y su relevancia en el gremio de los comerciantes callejeros, además de haber alcanzado la presidencia de la Corporación Cultural de Artistas Peatonales. Más conocido como Mago Palito Show, este vendedor de trucos sencillos siempre destacó por sus frases de remate para cada acto de magia e ilusionismo, con los que "deja loco al amigo", según sus palabras. Su nombre artístico proviene al parecer de uno de estos trucos, en los que se vale de un palito como de helados. Se colocaba casi al final del paseo con su clásico sombrero de copa, pasando desde allí directamente a la Plaza de Armas, cerca del Sagrario, donde se mantiene hasta ahora. Su equipo va montado en un carrito con ruedas, acompañado de música pregrabada, un micrófono y un amplificador. Algunos locales comerciales, galerías y ferias lo contratan para promocionarlos y atraer clientes haciendo locuciones en el exterior. Sus enormes y expresivos ojos claros ya no funcionan como antes, sin embargo: el Mago Palito que alguna vez fuera contratado por los asesores del propio General Pinochet para algunas de sus fiestas privadas, hoy está quedando virtualmente ciego y sus exhibiciones para vender trucos se han reducido mucho, simplificándose a pequeñas presentaciones de magia allí frente a la plaza.
Luis Cornejo, en tanto, se encontraba al final de esta ruta cultural y artística del Paseo Ahumada, allá frente a la Plaza de Armas. Fue famoso no sólo por sus libros con temática social como "Barrio bravo", "Show continuado" y "La silla iluminada", sino porque también los vendía personalmente allí. Era un caballero amable y simpático, usaba a veces una boina tapándole la calva y exponía sus libros sobre una mesita sencilla. Como había aparecido en un comercial sobre un popular producto descongestionante nasal, muchos lo reconocían también por este rol, apodándolo el Pela'o del Mentolátum. Le dediqué una entrada propia a don Luis Cornejo en los primeros artículo que publiqué en este blog, donde mencioné la ocasión en que, siendo aún adolescente, lo sorprendí revelándole que conocía la mayoría de sus libros hasta entonces publicados, incluso los de temáticas más crudas, tal vez pensando que su público eran sólo adultos con criterio formado. Don Luis falleció en 1992, llevándose otro importante fragmento de la historia de este paseo.
Y, FINALMENTE, LOS INDESEABLES
No todos eran simpáticos y queridos personajes, sin embargo. Una colección de lanzas, carteristas y cabros pelusas acosando a la gente y a otros niños, merodeaban desde la mañana hasta la madrugada. Algún par de veces vi alguno siendo detenido, cuando esta escena era todavía una novedad y no parte de lo que uno ve habitualmente en la Ahumada de nuestros días.
También había una gran cantidad de delincuentes menores rondando por allí, entonces, aunque de ninguna manera en la cantidad que pueden verse hoy por el centro de la capital. También era famoso el Paseo Ahumada por la gran presencia de homosexuales, la mayoría de ellos inofensivos y lidiando con las miradas acusadoras de esa época, pero entre los cuales había un puñado de insoportables tipos que se metían en los locales de videojuegos o de música frecuentados por los adolescentes, a "estirar las manos", o que solían protagonizar alguna escandalera callejera a pito de nada. Fue esta época en la que vimos por primera vez, también, a las primeras niñitas floreteras realizando discretas ofertas sexuales vinculadas para la prostitución infantil para pervertidos, bajo la fachada de ventas de ramos de flores, horrible práctica que ha sido gradualmente desbaratada, por fortuna.
Recuerdo que había también algunos falsos mendigos y mujeres que llevaban a sus bebés con el pañal húmedo o bien los pellizcaban para provocarles el llanto y motivar así que les regalaran dinero. Un supuesto paralítico hasta se metía a los "Delta 15" a demostrar sus talentos psicomotores a escasas cabinas de la mía, todas las tardes, tras cada jornada pidiendo monedas. Algunas denuncias de esto hechas por reportajes de televisión en esos días, provocaron gran estupefacción e indignación de la ciudadanía. Como en todos los aspectos de la vida humana, pues, la oscuridad nunca ha estado ajena a Ahumada. Un par de delincuentes con aspecto y caras de gorilas quisieron abordarme a mí y a mi polola una vez allí también, saludándome de súbito y diciendo que me habían conocido "en Tongoy" mientras se preparaban para trajinarme cerca de Compañía; pero no sé si fue una cadena con candado y todo que usaba entonces como cinturón rockero, o bien mi respuesta de no haber estado jamás en Tongoy hasta entonces, lo que les frustró de seguir adelante y se perdieron entre la multitud, para mi alivio.
Por supuesto, lo que entonces podía considerarse como controvertido o dramático en el Paseo Ahumada, palidece ante el actual escenario que allí se hace visible, donde muchos problemas han empeorado y donde la presencia de esos artistas y charlatanes que antes le daban vida a estas cuadras se ha reducido de forma notoria, mientras los sobrevivientes alegan estar severamente amarrados a horarios y días específicos para poder actuar.

3 comentarios:

Xhris D'uval dijo...

Felicitaciones....
Me agrada leer este tipo de rincones web, con información digamos....diferente, pero muy nacional y localista, información que debiese estar grabada a fuego en cualquier chileno gozador y bohemio, que se digne de tal.

A juicio personal, una buena otrora mezcla: Humor + bellas mujeres.

Y hablando de bellas mujeres chilenas....si, por supuesto como olvidar a esa delicia morena llamada Anisse Lark,....la de las caderas enormes!
unas adorables y enormes caderas, como para afirmarse en ellas y entregarse al placer extremo y desenfrenado.

Verla bailando y balanceando aquellas enormes caderas, era placer de los dioses...y cuando volteaba, ella dejaba ver su también muy enorme y adorable culo natural.

Si mi pasión por esta gran hembra, fue algo exagerada.... lamento haberla plasmado quizá acá, pero admiro demasiado ese hoy lamentablemente extinto género revisteril y más aún cuando tuvimos tanta buena, talentosa y deliciosa mujer.

Te dejo desde yá, mi buena voluntad de quizá colaborar y aportar aún más acá, a esta tu magnífica retrospectiva "huachaca" críolla....en la medida que tu así lo requieras o aceptes.
Aunque tal vez no lo creas, existen muchísimas personas que nos deleitamos con estos buenos sitios con contenido....humano. Lamentablemente, muy pocas de ellas, se atreven a proclamarlo y agradecerlo públicamente hoy en la web.

Gusto

Chris



ANISSE dijo...

GRACIAS POR LO DE CADERAS DE ENSUEÑO!!!! PERO DEJEME DECIRLE MI QUERIDO CRIS QUE COMO EL VINO, AHORA ESTOY AUN MEJOR!!!! JAJAJA SALUDOS DESDE VIÑA DEL MAR..... ANISSE.....

ANISSE dijo...

AHHHH Y RECUERDEN SOLICITAR TODOS MIS DVDS Y PELICULAS DE AQUELLOS AÑOS A anisseproducciones@gmail.com, o al +569.6.904.31.23 ahi hablen con mi productora Margarita Lara... besitos a todos!!!!

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