miércoles, 29 de febrero de 2012

LA CONDUCTA DEL PUEBLO CHILENO CON LOS ENEMIGOS EN LA GUERRA DEL PACÍFICO, SEGÚN EL SACERDOTE ITALIANO BENEDICTO SPILA

Grabado litográfico con la imagen de la Iglesia de San Francisco en Chillán, publicada por Recaredo S. Tornero en su "Chile Ilustrado" de 1872, pocos años antes de comenzar la Guerra del Pacífico y hacia los días en que Fray Spila se encontraba en la región, la que abandonó para volver a su patria en 1882 y escribir allá su trabajo de defensa a Chile frente a las afirmaciones de su coterráneo Caivano.
El siguiente es un interesante texto tomado del extraordinario y poco conocido documento "Chile en la Guerra del Pacífico", publicado por el sacerdote italiano R. P. Fr. Benedicto Spila de Subiaco, en 1883. Acá en Chile fue publicado por la Imprenta del Ñuble, en Chillán, con traducción de don Juan Franzani, otro ilustre y valioso italiano de su época. Fray Spila se había desempeñado como guardián del Convento de San Francisco de Chillán, conociendo muy de cerca al pueblo chileno y especialmente a los pobres, al hombre de campo y a los rotos, por quienes realizó grandes esfuerzos en su servicio religioso. Su motivación para escribir "Chile en la Guerra del Pacífico" nace del interés de refutar por completo a su compatriota el cronista e historiador Tomás Caivano, quien acababa de publicar en Italia y en plena Guerra del Pacífico un libro titulado "Historia de las Américas", donde hacía una verdadera caricatura del conflicto y adoptaba para sí con gran entusiasmo, muchos de los mitos y propagandas vertidas en Perú contra el enemigo chileno, en pleno desarrollo de la conflagración. El siguiente texto corresponde al capítulo IX del libro del franciscano italiano,"Conducta del pueblo chileno con los enemigos", páginas 70 a 73, que hemos adaptado a ortografía actual:
Cualquiera que conozca el indigno tratamiento que recibieron los chilenos en Lima y en todo el territorio peruano cuando se declaró la guerra, creerá sin duda que los peruanos habrán sufrido igual suerte en Chile. Esta conjetura es natural, porque es natural en el hombre, cuando no es guiado por la religión y por la sana política, vengar las ofensas inferidas a sus compatriotas haciendo sentir el peso del rigor a los conciudadanos de los ofensores. Es una lógica indigna, es cierto, no pudiéndose en justicia hacer responsables, en tierra extranjera, a los pacíficos ciudadanos, de cuanto se comete en otras partes por sus compatriotas; pero el hecho es innegable, debido al inicuo instinto de las represalias.
Las demostraciones hechas en varias ciudades de Italia contra los franceses por las ofensas inferidas en Marsella a la colonia italiana por la cuestión de Túnez, es suficiente para confirmar esta triste verdad.
Sin embargo, en Chile se dio un ejemplo de tan extraordinaria generosidad, que ha llamado la atención de todos los extranjeros, los que por esto le hicieron públicas demostraciones de admiración. En el largo período de la guerra, los peruanos residentes en Chile han gozado de aquella seguridad y paz, que la hospitalaria República de Chile dispensa a todo extranjero. Sólo en la ciudad de Concepción, una docena de bullangueros se permitieron algunos actos hostiles en contra del fotógrafo Palomino, peruano que, imprudentemente, los provocó con palabras ofensivas para su patria; demostración de cuatro gritos, que sin embargo fue censurada por los periódicos y por toda aquella culta sociedad.
Fue tan proverbial la generosidad del pueblo chileno con sus enemigos, que la viuda del contralmirante Grau mandó a sus hijos a colegios de Valparaíso para instruirlos y educarlos.
Para conocer hasta dónde llegó la nobleza de sentimientos del pueblo chileno, bastará saber que la noticia de la muerte de Grau, contralmirante peruano, produjo un verdadero dolor en toda la República (1). Grau, como ya dijimos, marino de bellísimo corazón, remitió a la viuda del ilustre Prat los objetos que éste poseía al tiempo de su heroica muerte, acompañándolos con la sentida carta que hemos reproducido en otra parte, y desde aquel momento, Grau ocupó un lugar de preferencia en el corazón de los chilenos.
De ahí el sincero dolor que manifestó a la noticia de su muerte. Semejante sentimiento se expresó en la prensa y en las más solemnes circunstancias, y el señor Carlos Castellón (actual ministro de guerra) hablando en la plaza de Concepción a un auditorio, justamente entusiasmado por la captura del "Huáscar", que dejaba a la escuadra chilena el dominio del Pacífico, no trepidó en afirmar que la copa de la más pura alegría, que en aquel momento embriagaba todos los corazones, era amargada por una gota de hiel, por la muerte del ilustre Grau, que por sus nobles acciones se había hecho digno enemigo de Chile.
Con esto, se puede fácilmente deducir que cómo se habrá portado el pueblo chileno con los prisioneros. Llegados a la capital y hospedados en magníficos cuarteles, gran parte de la sociedad de Santiago los visitó con tierno afecto, como habría podido hacerlo con sus propios soldados, les distribuyó regalos y fue pródiga hasta de dinero, llevando tan lejos su generosidad y afable trato con aquellos infelices, que algunos periódicos las censuró suavemente, porque con tantas muestras de bondad habrían podido creer que las merecían por sus acciones, cuando eran sólo natural efecto de la compasión.
Y mientras la sociedad de Santiago mostraba tanto lujo de nobleza, el gobierno le señalaba para su estadía la ciudad de San Bernardo, que es el temperamento más suave de la provincia de Santiago, y lugar de recreo de los grandes señores de la capital.
¡Qué contraste entre los sentimientos del pueblo peruano y aquellos del pueblo chileno!: los peruanos expulsan de su suelo a los pacíficos chilenos, con pérdida de sus bienes y con peligro de la vida, los chilenos consienten en sus ciudades y tiene por ellos toda clase de consideraciones; los periódicos de Lima llegaron hasta negar el evidente heroísmo de Prat y de la tripulación de la Esmeralda, y los chilenos reconocen públicamente el valor de Grau y de los marinos del "Huáscar" y se entristecen por la muerte de aquel simpático contralmirante; los peruanos emplean los prisioneros chilenos en los trabajos de las fortificaciones y los relegan a regiones inhabitables, y los chilenos los reciben con excesiva generosidad y eligen para su residencia uno de los lugares más amenos de la Republica.
Esto habla demasiado en favor o en contra de una nación: esto dice que deberán pasar todavía algunas generaciones, antes que el Perú alcance el grado de civilización a que ha llegado Chile.
Segunda edición del libro de Fray Spila (Roma, 1887)
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(1) Cuando se recibió la noticia de la captura del "Huáscar", en todas partes se oyeron protestas de simpatía para el contralmirante Grau, cuyo mérito era apreciado en su justo valor. Cuando a la tarde el telégrafo anunció la muerte de este distinguido marino, que había sido comunicada por los navíos chilenos que volvían del combate, en medio de las más legítimas manifestaciones de alegría que produjo aquella victoria, hubo una explosión de un general sentimiento de dolor.
La prensa de aquel día dejó imprimido (sic) en caracteres indelebles tales súbitas transiciones de sentimientos tan contrarios, en los grandes centros de las poblaciones de Chile.
Barros Arana, Histoire de la Guerre du Pacifique, 1.r partic. p. 100.
NOTA ADICIONAL: "Historia de las Américas" no fue la única vez en que Tomás Caivano actuó como publicista histórico para el Perú. Un famoso y posterior trabajo suyo hecho a solicitud directa de Lima y titulado "Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia", retoma y desarrolla muchas de las afirmaciones que anteriormente vertidas y que fueron desmentidas por Spila, en algunos casos con enfoques temerarios y francamente bizarros... Gran diferencia con Spila, además, que realizó su publicación en favor de Chile bajo su propia iniciativa personal y su peculio. A pesar de esto, mientras el libro de Caivano fue reeditado al menos 16 veces, el de Spila sólo contaba con la edición de 1883 y otra aumentada de 1887 pero en Roma, hasta hace pocos años cuando fue republicado en versión facsimilar por Ediciones Patria Nuestra, por iniciativa del investigador Marcelo Villalba y con prólogo del profesor militar Enrique Cáceres. Fray Spila falleció en 1928 y, hasta donde tengo entendido, el único reconocimiento realmente importante que pudo recibir como agradecimiento chileno apenas publicó "Chile en la Guerra del Pacífico", fue un Voto de Gratitud extendido por la Municipalidad de Valparaíso el 8 de octubre de 1883.

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