sábado, 19 de febrero de 2011

EL ATAQUE DE LOS TROLLS VIRTUALES... COSAS DE LA INTERNET

Es curioso ver cómo la internet saca lo bueno y lo malo de la gente, pero principalmente y por sobre todo, lo malo. Lo más malo, de preferencia.
Las instancias de opinión son muy valiosas, y admito que es entretenido argumentar y debatir cuando aparece algún personaje lanzando juicios al aire y sin fundamento alguno, constumbre tan nacional y que parece que compartimos con muchos otros pueblos de habla hispana. Los debates son otra cosa: hacerlo por internet me resulta como batirse a duelo con títeres de fieltro y espadas de cartón, colocados en las manos, simulando una justa... Desgraciadamente, sin embargo, la mejor forma de ganarse enemigos es demostrando tus puntos o destacándote en algo: hay todo un tribunal de sintomáticos del sesgo cognitivo Dunning-Kruger esperado la oportunidad para abrir válvulas de presión de gas caliente.
Luego de la premiación del programa Contenidos Locales de BiblioteRedes en diciembre del año pasado, donde obtuve el primer lugar gracias a mi blog Urbatorivm, el segundo premiado, autor de un excelente microdocumental sobre una familia de pastores del Norte Chico, fue entrevistado por un orgulloso diario de su región. Pero en la página de la noticia apareció el infaltable troll mirando en menos su trabajo, poniéndole en duda la calidad y generalizando con sentencias anodinas de que los dineros se malgastaban en artes inútiles como el documentalismo de este caso. Demás está decir que se notaba como el personaje nunca había visto el documental de marras.
No me sorprende, sin embargo. Yo mismo, que soy cualquier cosa menos un winer, he conocido de cerca la acción de los trolls, inconteniblemente envidiosos y emporcadores incorregibles. No me refiero a los divertidos Bart Simpsons virtuales que usan la internet como una especie de tablero de travesuras y provocaciones ingeniosas, y que han sido llamados internacionalmente (impropiamente, para mi gusto) como trolls con icono meme y todo… Me refiero a aquellos que, tal como el troll del mito pagano, odian y desprecian los logros de otros, así que nunca les falta oportunidad de reclamar en su tono terminal. Como viven en la amargura y la desdicha, parten de entrada con este ánimo, peleando y abusando de los adjetivos, antes de verificar incluso las diferencias esenciales de su opinión con la del interpelado; y a partir de ese reclamo, declarar que todo el resto de la unidad a la que pertenece el punto discutido es una porquería, una basura o una mierda digna de nada. Y, por supuesto, jamás proponen solución o pruebas de sus exposiciones, porque son incapces de crear, mejorar o corregir algo siquiera.
La política está llena de trolls. Se los identifica por estar pronosticando siempre que el gobierno de turno estaría al borde de caer o colapasar, cuando en realidad ése es su deseo, no el fruto de su análisis de actualidad (en éste y en otros, y en toda la historia a decir verdad). La narración de la historia también los tiene, con escritores que parecen obsesionados con destruir la memoria de José Miguel Carrera, Diego Portales o Arturo Prat (pero que, obviamente, caen de rodillas ante el altar de sus propios héroes). La opinología que envilece nuestra televisión y que mató al verdadero periodismo de espectáculos, es arte purista de trolls. Y de esta internet, ni hablar: hasta yo he caído en la tentación de responder como troll cuando mi inocente opinión comienza a ser reprochada por un cuadrillazo de duendes misteriosos que, sin argumentos para refutar, deben echar mano de entrada al insulto y a la descalificación.
Pero, específicamente, ¿qué es el troll al que nos referimos?… El General Patton, por ejemplo, decía con sorna que siempre seremos criticados por tres clases de personas: los que hacen lo mismo (nuestra competencia), los que hacen lo contrario (nuestros enemigos) y, por sobre todo, los que no hacen absolutamente nada… Es decir, los trolls de este banquete.
El troll virtual es alguien que, como el perro del hortelano, no come ni deja comer: Le molesta que todos los demás hagan algo que él no puede hacer o que manejen conocimientos, accesos y capacidades de los que él carece. Como el mítico duende o monstruo nórdico que refunfuña y sabotea a cuanto puede entre los bosques, el troll de la internet se basa en el anonimato y en su pequeñez para atacar a toda forma de vida que amenace la comodidad de su status quo. Así, todo aquél que no opine como él, es un ignorante; todo el que le plantee con algo sólido pero que no le gusta, es un mentiroso; aquél que lo refuta es un tonto. Lo irónico del caso es que el polidefectuoso invariablemente es él: ignorante, mentiroso y tonto. A ello agregaríamos hipócrita y deshonesto. Sus argumentos siempre giran en torno a mandar a estudiar o a leer a otros, cuando él mismo no lee ni estudia, sino que toma del aire opiniones ajenas, oídas a la pasada; las decora, las exagera y las vomita como suyas. La equidad y la balanza de los fundamentos son conceptos que le resultan desconocidos, porque sus creencias o sus especulaciones inclusive, son leyes; irrefutables dogmas de fe. Y cuando los argumentos se le acaban, los falseará si es necesario; después de todo, internet aguanta toda clase de afirmaciones. Además, él es un troll.
Es por eso que el troll siempre podrá encontrar algo malo en todo lo que mire, sin ningún análisis profundo, porque refleja su propia existencia en el resto. Mi blog matriz ha recibido las críticas más inverosímiles por lo mismo, pues los trolls han reclamado alguna vez por razones tan descabelladas como que “fomenta el centralismo y hace pensar que Santiago es Chile”, o bien el discurso de otro angelito que alegaba acusándome de “intentar mantener una falsa neutralidad política”… Por supuesto que mientras el primero que reclamaba nunca ha hecho una versión propia al estilo de mi blog para su propia región, el segundo era de esa secta de gente que se creían dueños por derecho propio de la gestión cultural chilena y que con los cambios de dirección de fuerzas políticas (en parte provocadas por su propia indolencia y tras aburrir al electorado) han quedado parcialmente marginados de la actividad, por lo que les resulta necesario atacar las iniciativas de todos los otros que no vayan a misa hasta su iglesia.
Los trolls festinan con la desgracia de otros, porque gozan verificando cómo los demás caen al mismo pozo en que están ellos. Mientras veía el documental “Un hombre aparte” en el Parque Forestal, hace pocos días, un troll del público aplaudía y celebraba con alegría la oscura miseria en que cayó el empresario Ricardo Liaño, retratado en dicho trabajo. Recuerdo también cómo se burlaron del aspirante a artista René de la Vega algunos periodistas, cuando intentaron proponer que había “terminado” como obrero de la construcción; y resulta que el frustrado cantante construía en realidad un edificio completo con sus propias manos y ahora arrienda sus habitaciones… Llegó más lejos que ellos, por lo tanto. Otras víctimas de los trolls han sido José Aravena, el empresario apodado “El Padrino”; no se cansaron de calumniarlo e inventarle historias siniestras que no fueron ciertas. Lo mismo con Fernando Ubiergo, cuando decían que su canción “Agualuna” ni sonaría en la OTI, festival que ganó rotundamente; y cuando Cecilia Bolocco fue coronada Miss Chile, ese año la prensa pedía que el primer lugar fuera declarado “desierto”, poco antes de ganar el Miss Mundo; y humoristas como Chino Navarrete o Felo triunfaron en el Festival de Viña del Mar luego de sendos artículos pronosticando su fracaso… Desgraciadamente para los trolls, habemos algunos cazadores de enanos con muy buena memoria.
Los trolls virtuales operan igual que los de otros medios y ejemplos recién revisados, pero con la ventaja innegable del anonimato y la trinchera in situ de la internet, que lo pone a conveniente o segura distancia del león al que le tira la cola. El troll es cobarde, de modo que el escondite se vuelve, más que su guarida, su casa propia. Si ataca, lo hace en masa, en la chusma, disfrutando el cuadrillazo, del linchamiento vía internet; y es que lo que el troll hace en el mundo virtual difícilmente podría hacerlo en el mundo real (salvo entre la masa, como siempre). No es capaz. Incluso cuando finge valor y coloca su nombre con apellido pretendiendo verse desafiante, sabe que está a resguardo, por ser el nombre de un inubicable don nadie.
Hay ciertas formas de liquidar al troll, sin embargo. La primera es hablarle en su propio leguaje pero retornando en cada vez al nivel de uno. Subir y bajar; es como acerle “chinitas” en una piscina. Eso los perturba y les hace pasar del insulto al tartamudeo escrito. Generalmente arrancan cuando se ven en problemas, aunque siempre salen a pedir ayuda a otros trolls. Lo incómodo de esta técnica es que se alarga un poco y sube la intensidad de la discusión con el amargado, atrapado en su complejo dual de inferioridad y superioridad, por lo que requiere de algún grado de atención y talento retórico. Tarde o temprano, el troll es colocado en su lugar pero como nunca escarmienta, emigra a otras tierras virtuales buscando una nueva aldea donde parasitar.
La segunda forma es más efectiva pero requiere un cerebro frío: matarlo de hambre. No darle de comer, como el aviso que hemos usado a la cabeza de esta entrada. El troll es un tipo resentido y ocioso, generalmente envidia mucho y sufre íntimamente. De ahí que suele tener tanto tiempo para responder, atacar y seguir buscando muros virtuales para pintar sus toscos y torpes grafitis de letrina que pretende pasar por graciosos. La atención lo alimenta, y como es de poca astucia, no se da cuenta realmente cuando sus argumentos (si es que los tiene) están quedando a la deriva. Le ofende más el ataque directo a su ego, por lo que intentar tomarlo en serio no es plausible. Conviene más marginarlo, discriminarlo, responderle brevemente para dejar al descubierto su pobreza mental pero sin darle relevancia alguna, para que así siga peleando sólo. Total, es un troll, y no rectificará jamás. Dejar de seguirle el juego y darle el mínimo de atención que merezca es dramático para él: sería como quitarle el público a la bailarina nudista o apagarle la luz a la polilla.
Otra forma recomendable de enfrentar los ataques de un troll es tratar de forzarlo a una línea de argumentos, la que él mismo cometa el error de iniciar. Aquí hay que esforzarse por hablar desde el nivel del hombre renacentista al del Neanderthal que se refugia detrás del nic. Ya dijimos que no entienden de debates, pero sí se asustan cuando su ego es comprometido. Como es torpe, mal instruido y habla más desde las vísceras que desde la razón o el conocimiento, el terrorista de internet está obligado a ser movedizo y vacilante, porque no es capaz de proponer y defender con seriedad un argumento. Si se le obliga a concentrarse en una vía de discusión, clotea… Como es ocioso, flojo, generalmente tiene mucha energía acumulada y el sabotaje o la calumnia son sus formas de canalizarlas, pero su forma de “debatir” es arrojar cuanta piedra, palo o heces tenga a mano, probando con uno y otro argumento, abriendo al discusión en un abanico interminable y peleando por quedarse con la última palabra (cualquiera sea, aun si es alguna brutalidad), bajo su convicción de que con ello es el que rió al último. Arrebatarle esta posibilidad es como castrarlo.
En definitiva, el troll es un ser diminuto e inferior pero con la poderosa arma de las comunicaciones frente a él: intenet más un teclado. Y si el ignorante no entiende cómo es que los demás no piensan igual que él, el necio, simplemente, no lo acepta…
He ahí, entonces, el nido de gestación de los trolls irrumpiendo en nuestros foros y posteos, intentanto -siempre en vano- destruir lo mismo que son incapaces de crear.

viernes, 18 de febrero de 2011

CUANDO LAS HUELLAS DEL TERREMOTO AÚN ESTABAN FRESCAS

Cuando ocurrió el terremoto de marzo de 1985, no bien terminaron las sacudidas sentí una tentación indescriptible por salir a mirar la ciudad, contra la voluntad de mis familiares, y ver cómo lucía Santiago tras el tremendo golpe de aquel año, convertido en una especie de paisaje urbano en versión apocalíptica de sí mismo: calles polvorientas, muros desarmados como si sus ladrillos nunca hubiesen estado pegados antes de derrumabarse y gente reflejando en el rotro una capital a la deriva, perdida y agonizante.

25 años después, con el megaterremoto de febrero de 2010 que está a poco de cumplir su primer año, sentí la misma obsesión incontenible de salir a mirar la ciudad cuando aún no bajaba la tierra en suspensión ni el polvo de los escombros de semejante castigo, y esta vez sin adultos reprochándome mi curiosidad. Además, ahora iba armado de un recurso especial: la cámara que en aquellos años de infancia no tenía a mano.

Publiqué en este mismo blog, dividido en varias partes, los registros de imágenes que tomé de los edificios del sector más central de la ciudad con sus respectivos daños a consecuencia del catastrófico sismo, complementados con datos sobre los mismos y algunos guiños también a los informes que fue publicando en dos o tres partes en Consejo de Monumentos Nacionales, a medida que avanzaba su catastro de daños sobre edificios patrimoniales.

Aunque lo mantuve publicado hasta julio del año pasado, decidí bajar las entradas y las fotos porque su peso y tamaño estaban dificultando la navegación por el blog. Pero, para no perderlas las reuní todas con la información correspondiente en un trabajo de edición especial para ponerlo a disposición como libro digital, que subí al servicio Issuu.com en septiembre del año pasado, hacia la proximidad de las Fiestas Patrias, como un recordatorio de los eventos del año del Bicentenario de la República.

Mi elefante blanco se intitula "Terremoto. Huellas frescas" y reune las principales imágenes que tomé durante esos dos largos días de peregrinar por una ciudad profundamente dañada e injuriada a raíz del terremoto, aunque ciertamente mucho menos que con aquél de 1985, pese a estar asociado a una catástrofe peor.

He aquí este libro digital:

Lo dejo acá, entonces, para quienes se interesen en recordar parte de las postales de destrucción y agrietamientos que nos dejó el terremoto del 27 de febrero de 2010 y que, aunque ya estén un tanto invisibles en nuestra ciudad, siguen aún muy patentes y evidentes bajo las fachadas, los estucos y las apariencias; y casi igual de tristes en amplios sectores de la zona más devastada en el Centro-Sur del país, como se sabe.

RETRATO DE SANTIAGO POR UN "ROTO PICANTE" (BiblioRedes, viernes 18 de febrero de 2011)

Artículo "Entrevista a Criss Salazar: Retrato de Santiago por un “roto picante", del website BiblioRedes, viernes 18 de febrero de 2011. Link a artículo original: http://www.biblioredes.cl/node/19600 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
Gracias a la originalidad, pulcritud y honestidad de los textos de su Blog Urbatorivm, Criss Salazar obtuvo el Primer Lugar en el Concurso El Mejor Contenido de Nuestra Cultura Local. En la siguiente entrevista, Criss nos habla de su trabajo y nos introduce en lo mejor, lo peor y las excentricidades del Gran Santiago.
"Un roto picante que nació en Santiago de Chile, en diciembre de 1971. Intentó ser diseñador gráfico, comunicador social y publicista sin grandes lucimientos, con algunos estudios en ciencias políticas y administrativas”, así se autodefine Cristian "Criss" Salazar.
Un tipo desgreñado, deslenguado, culto y meticuloso a la hora de investigar y de escribir. La originalidad, pulcritud y honestidad en sus textos, lo ha llevado a obtener entre otros premios, el primer lugar en el Concurso El Mejor Contenido de Nuestra Cultura Local, de la Comunidad de Contenidos Locales-Chile a la Vista, del Programa BiblioRedes, con el Blog Urbatorivm, en donde retrata lo mejor, lo peor y las excentricidades de Santiago y, más aún, de quienes somos parte de esta ruidosa ciudad.
¿Cómo nace Urbatorivm?
- Nace de un interés surgido en la época en que comencé a trabajar en una agencia en pleno Centro de Santiago (y luego me mudé a mi departamento cerca del Santa Lucía, y descubrí que había poca o nula información sobre los edificios, patrimonio, monumentos e historia de las calles. Como coincidía que trabajaba y vivía a escasa distancia de la Biblioteca Nacional, la curiosidad me llevó a ir a buscar información allá con comodidad y bastante tiempo. Me llamaba la atención que si en internet hay tanta información sobre ciudades como Buenos Aires o México, escaseaba tanto la relativa a Santiago de Chile.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL LADO B DE LA HISTORIA URBANA (Contenidos Locales, lunes 14 de febrero de 2011)

Artículo "El Lado B de la Historia Urbana - Cristian Salazar, bloguero destacado de Contenidos Locales", publicado en el website Contenidos Locales el lunes 14 de febrero de 2011 (Clic sobre la imagen para ampliarla).
Extracto del artículo:
"Desgreñado, deslenguado, culto, meticuloso a la hora de investigar y de escribir. Así es Cristian "Criss" Salazar, quien además se autodefine con su particular estilo: "Criss es sólo un roto picante que nació en Santiago de Chile, en diciembre de 1971. Intentó ser diseñador gráfico, comunicador social y publicista sin grandes lucimientos, con algunos estudios en ciencias políticas y administrativas (...)."
La originalidad, pulcritud y honestidad en sus textos lo ha llevado a obtener, entre otros premios, el primer lugar en el Concurso El Mejor Contenido de Nuestra Cultura Local, de Contenidos Locales del Programa BiblioRedes, con el Blog Urbatorivm, en donde retrata lo mejor, lo peor y las excentricidades de Santiago y, más aún, de quienes somos parte de esta ruidosa ciudad".

miércoles, 9 de febrero de 2011

UN CURIOSO "SENDERO ESTELAR" EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO

Virgen del Carmen en la Capilla del Sagrario.
No he podido encontrar ningún dato relevante a la situación que aquí vamos a describir sobre el perfecto equilibrio ciertos elementos en el diseño de la Catedral de Santiago, allí junto a la Plaza de Armas. Más bien, parece ser que se tratará de una novedad hacer notar esta característica del templo, además de la relevancia que tiene el símbolo de la estrella octogonal en la misma y que, como hemos dicho en las dos entradas anteriores, podría tener una relación con la figura de la Virgen María y su asociación a la Estrella de la Mañana, particularmente con la advocación del Carmen.
Hemos visto en la última entrada que el Santuario de La Tirana tiene un gran cantidad de símbolos de posible connotación esotérica, principalmente una cúpula que retrata un mapa de la bóveda celeste con un cielo azul y estrellado con una estrella octogonal al centro; es decir, Venus, la posible entidad aludida tras la imagen de la Virgen del Carmen.
Resulta, pues, que en la Catedral Metropolitana tenemos no una representación popular, sino 20 de ellas, más otra enorme que podría estar oculta en la bóveda sobre el altar principal. A diferencia de las representaciones de La Tirana, sin embargo, las de acá de Santiago no son mapas de constelaciones, sino abstracciones de cielo azul y estrellas, más sencilla y escueta. Están en las naves laterales del templo, distribuidas en 10 por lado a modo de tragaluces, con uno al centro de cada una. Se presentan separadas en compartimentos propios (decorados con muchos simbolismos muy especiales, además) formados por arcos de medio punto que conectan a las gruesas columnas que hacen las divisiones entre ambas naves laterales y la central mayor. Pero tan curioso como el cielo es el suelo: las baldosas estás distribuidas en diseños geométricos de efectos ópticos casi estroboscópicos, y en los que sucede lo insólito: cada vez que uno se coloque exactamente debajo de alguna de las 20 cúpulas celestiales, los pies quedan justo encima de una estrella de ocho puntas formada por estas baldosas en el suelo. Es decir, el centro de las cúpulas está perfectamente alineado con las estrellas del suelo, pesadilla de matemática e ingeniería que fue pensada y resuelta con alguna intención de ninguna manera azarosa ni menos producto de un capricho innecesario.
Seguir observando el conjunto sólo acrecienta la curiosidad: frente a cada una de estas perfectas coherencias de la línea cenital que une estrellas con cúpulas, está cada uno de los altares laterales, consagrados a distintas figuras e imágenes propias dentro de la Catedral. Esto es, en otras palabras, una especie de ruta trazada a propósito en su arquitectura interior y con estaciones en el mismo sendero, cada una señalada con el símbolo de la estrella de Venus que hemos visto proveniente de antiguas tradiciones paganas que también parecen haber tenido su influencia sobre el cristianismo y otras religiones. Éstas, a su vez, están en línea con las cúpulas estelares del cañón superior de cada nave, por lo que relación entre ambas sólo puede ser deliberada.
A las cúpulas laterales pequeñas se suma una número 21, la más grande, que se encuentra sobre el altar mayor como hemos dicho, y se adivina su relación con las otras porque también tiene estrellas incorporadas a su diseño, aunque en su caso están en las nervaduras de la  concavidad pero que, curiosamente y quizás tampoco por azar, también suman ocho, como las puntas de la estrella venusina. Por la extraña forma que tiene este templo, además de su carencia de ábside, se puede pasar por detrás del altar a través de ambas naves laterales, allí donde está la cripta de Diego Portales, unidas precisamente por el pasillo al fondo de la nave central. Así pues, se retoma al otro lado de la pasada por entre esta gran cúpula estrellada, el camino por la segunda nave lateral, como si se señalara una ruta continua entre ambas a través del pasaje tras el altar.
Las cúpulas celestiales de las naves laterales. Su tragaluz central está en perfecta alineación cenital con las estrellas octogonales del piso.
Una de las estrellas octogonales del piso, a su vez en perfecta línea con las cúpulas superiores (las que están frente a cada altar menor).
¿Cuál puede ser el origen de este extraño patrón de cúpulas estrelladas alineadas perfectamente con las estrellas octogonales del piso? La relación entre ciertas simbologías crípticas y la arquitectura religiosa son conocidas, especialmente gracias a la influencia de la masonería, que ha tenido enorme incidencia en el oficio. Sin embargo, en el caso de la Catedral de Santiago se debe tener en consideración que este edificio corresponde al tercero de los allí construidos, a partir de 1748 bajo los planos de Matías Vásquez Acuña y por veinte años más de trabajos. Reparaciones a incendios y remodelaciones se realizaron cerca de 1775, seguidas de una gran intervención encargada hacia 1780 al célebre arquitecto italiano contratado durante los años de la Colonia, don Joaquín Toesca. Al morir éste, las obras fueron seguidas por su alumno Juan José Goycolea a partir de 1799. Sin embargo, como dos autos papales de 1840 y 1873 elevaron el templo al rango de catedral, la sociedad santiaguina de los tempranos tiempos de la República comenzó a mirar con desdén la arquitectura de su edificio, especialmente por la sencillez de su fachada que no era considerada a la altura de lo que merecía la Catedral de Santiago. La idea de hacerlo más grande y bello comenzó a cundir.
La remodelación definitiva fue una decisión del Arzobispo Mariano Casanova, hacia los últimos años del siglo XIX. El enorme proyecto fue encargado al arquitecto Ignacio Cremonesi, quien inicia labores hacia 1896, basándose en un planteamiento de inspiración románica para el nuevo templo. Es en esta época que, según mi impresión, habrán nacido las cúpulas que quedarían alienadas con las estrellas venusinas del suelo, por lo tanto, cuyo diseño semeja bastante a la estrella islámica, también octogonal. La Catedral de Santiago fue reinaugurada con este aspecto en 1906, aunque después se le cambió su antigua torre por las dos paralelas que existen ahora. En 1912 se terminaron de construir los altares de mármol y algunos detalles de la decoración interior, por lo que es posible también que la curiosa alineación cenital de elementos del techo con el suelo haya sido concretada en este período.
En 1846, además, se le había comenzado a levantar la Capilla del Sagrario, adyacente y conectada con el templo. La obra se encomendó inicialmente al arquitecto alemán Francisco Stolf, pero problemas presupuestarios obligaron a Monseñor Valentín Valdivieso suspenderla. La fase final de construcción del recinto fue encargada al arquitecto Eusebio Chelli a partir de 1858, en base a la Capilla de San Pedro y San Pablo que existe en Roma. Para construirla, sin embargo, se retomó una idea original de Toesca que involucraba colocarla en el sitio preciso donde ahora se halla, inaugurada en 1863, el mismo trágico año del Incendio de la Compañía de Jesús a no mucha distancia de allí.
Consagrada a la Virgen del Carmen desde aproximadamente el cambio de milenio, la Parroquia del Sagrario tiene una característica que es única e inconfundible y que la podría conectar directamente a la ruta de estrellas venusinas que existe en las naves laterales: su piso, a los pies de la Sagrada Patrona del Ejército de Chile y por excelencia la Protectora de Chile, está construido por una geometría de baldosas formando también perfectas estrellas octogonales, similares a las que están afuera bajo cada bóveda estelar. Es, para la imaginación, una confirmación de la conexión entre la actual Virgen del Carmen que allí acoge y la representación atribuible a Venus, desde nuestro punto de vista. Además, si se realizara la ruta de esas estrellas de ocho puntas bajo las cúpulas partiendo por la nave derecha, tras pasar por detrás del altar mayor y avanzar en sentido opuesto sobre las estrellas de la nave izquierda, el paseante llegaría al final de ésta quedando justo al frente de la entrada al Sagrario donde ahora está la Virgen del Carmen, como si completara con ello un circuito que no sabemos si es fruto de la casualidad o de alguna bien concebida ruta por las raíces místicas y venusinas que quizás estén relacionadas con la tradición de esta advocación particular de la Santa Madre o con alguna poética coincidencia.
Cabe recordar que la efigie de esta Virgen del Carmen en la catedral fue objeto de un extraño atentado incendiario, que a algunos suspicaces e imaginativos con la suficiente información, motivó a especular sobre conspiraciones esotéricas y otras teorías. Sucedió el 18 de abril de 2008, cuando un sujeto le prendió fuego casi destruyendo la imagen y obligando a someterla a largas reparaciones. Lo intrigante, para algunos especuladores, fue que esta acción se cometió un día viernes, que es el día de Venus o  Veneris dies, y más encima en el mes de abril o mes de Venus en el mundo antiguo, por lo que la fecha podía prestarse fácilmente para conjeturar en un supuesto atentado contra la naturaleza venusina de la tradición de la Virgen del Carmen, como la que hemos ido describiendo aquí. Además, sucede dicho ataque en el año 8 del actual milenio, que es el número distintivo de la estrella de Venus. Sin embargo, las perturbadas facultades mentales del tipo que provocó el incendio difícilmente podrían servir para argüir alguna clase de conspiración cósmica en el atentado. De hecho, el mismo sujeto apareció después implicado en otros incendios intencionales provocados, en esta ocasión fuera de Santiago.
Estrellas "venusinas" en las baldosas del Sagrario, a los pies del altar de la Virgen del Carmen. Aunque son posteriores a las que se encuentran en las naves laterales, "alguien" procuró que fueran del mismo diseño que aquéllas, cumpliendo con algún curioso canon simbólico. Estas baldosas reemplazaron el viejo parquet de madera del Sagrario cuando la misma capilla fue transformada.
Otra vista de una de las cúpulas estrelladas.
Un hecho interesante sucede afuera de la catedral, además. Como se recordará, los trabajos de remodelación de la Plaza de Armas comenzaron en 1998, año en que aún ni siquiera comenzaba a ser escrito el famoso libro de Dan Brown que ha servido de especulaciones e interpretaciones creativas para tantos otros casos de los simbolismos arquitectónicos y urbanísticos aquí y en el resto del mundo, a veces muy poco científicas y muy mal documentadas. Pero, tras ser inauguradas las obras el año 2000 y con algunas críticas al aspecto que quedó en la plaza de acuerdo al proyecto de los arquitectos Pérez de Arce, Bianchi, Caamaño y Salas, se advirtió de inmediato un par de detalles intrigantes que han generado cierta especulación y que siguen siendo interpretadas con distintas teorías especulativas y leyendas populares, algunas más sensatas que otras, pero todas más o menos dignas de una trama propia del "Código Da Vinci" o de argumentos de ese estilo:
  1. El primero de ellos es la línea meridiana que corre por eje Norte-Sur en la plaza (ajustado a la inclinación de la ciudad), justo frente a la estatua de la virgen del escultor y místico Domingo García-Huidobro en la altura del Portal Fernández Concha, pasando por la Fuente Ayacucho y la placa del kilómetro cero que ha desaparecido de allí en tiempos recientes. Algún día hablaremos con más detalle de esta característica de la Plaza de Armas.
  2. El segundo detalle intrigante es una línea más gruesa que corre por los adoquines al costado de la plaza y frente a la Estatua de don Pedro de Valdivia. La línea pasa sobre tres representaciones coloniales de Santiago ilustradas en su momento por Felipe Guamán Poma de Ayala, por Alonso de Ovalle y por Amadeo Frezier, hechas aquí en bajorrelieves de bronce colocados en el suelo. Lo curioso es que esta línea se extiende en perfecta rectitud desde la estatua de Valdivia hasta la entrada lateral de la Catedral de Santiago, allí donde creemos que comenzaría la curiosa ruta interior venusina alineada entre estrellas y cúpulas. También haré a futuro alguna entrada a este respecto, pues hay mucho más que decir de ella.
No sabríamos decir desde cuándo se están incorporando esta clase de simbologías un tanto herméticas a la Catedral de Santiago de Chile y quizás también a su entorno. No muchos advierten el detalle sorprendente de que las puertas de madera labrada del mismo templo, muestran una hermosa cruz con ramas y flores de rosal enredadas alrededor, una imagen de innegable origen rosacruz (o, cuanto menos, de esa connotación), ese movimiento cristiano tan negado del catolicismo oficial pero que dejó sus huellas en el mismo. ¿Provendrá de una posible relación de este tipo la curiosa ruta de estrellas venusinas por las naves centrales y el Sagrario de la catedral?
Dejamos planteadas estas observaciones con sus preguntas correspondientes. Algún valor tienen, sin duda, pues aun si los intentos por buscarle vínculos o relaciones fueran todos errados, existe una imperturbada e indiscutible intencionalidad de establecer estos nexos simbólicos entre las estrellas y las cúpulas, dentro de la más importante de las edificaciones religiosas de la ciudad de Santiago.
La estrella alineada con las cúpulas queda invariablemente frente a cada uno de los altares laterales, en este caso el de Santiago Apóstol.
Símbolos muy posiblemente rosacruces en las puertas de la catedral, que han pasado prácticamente inadvertidos. Otra teoría poco difundida sobre el viejo cáliz desaparecido de la Catedral sugiere que éste pudo haber sido confeccionado por los Jesuitas Bávaros de Calera de Tango usando material del meteorito Veas-1 encontrado en San Joaquín. A futuro abordaré también este interesante tema.

lunes, 7 de febrero de 2011

EL REINO PERDIDO DE LAS NOCHES BOHEMIAS EN MAPOCHO

Vista del Barrio Mapocho desde la estación, en marzo de 1919.
Coordenadas: 33°26'3.49"S 70°39'10.99"W (Bandera con San Pablo)
Luego de más de seis fatigantes años de recopilación e investigación, al fin me encuentro en condiciones de presentar estos pequeños adelantos sobre la historia del Barrio Mapocho, tomados del proyecto para el cual preparo ya la publicación de un libro dedicado enteramente a este popular sector de Santiago, surgido y crecido en las riberas del principal río de la ciudad.
Barrio Mapocho es como el baúl del tesoro pirata: se sabe que existe pero nadie lo encuentra. Y es que nos acostumbramos a ver esas riberas en permanente desgracia y decadencia: magníficos puentes coloniales destruidos, o un Mapocho salido de madres destruyendo la ciudad; un enorme mono de neones ya desaparecido, hoteles demolidos, burdeles desalojados, tranvías fantasmas y trenes extraviados en estaciones del tiempo. Hasta las viejas pérgolas pasaron ahora por la picota.
Pero la percepción engaña: Mapocho tuvo un esplendor recordado por los que sobreviven, acaso la más poderosa concentración bohemia que se ha visto en la ciudad y de la que hoy tenemos sólo una tenue imitación o reflujo. Nada se le parece ni se le parecerá: barrios como Plaza Ñuñoa, Bellavista, Lastarria o Brasil no han de acercarse siquiera a lo que ocurrió en la conjunción de la vida en las riberas, con su antropología de cantinas y boîtes, esa de literatos, poetas, pintores y periodistas que se llevaron a la tumba su propia época. Neruda, Plath, Paschín, Isaías Cabezón, De la Vega, Recabarren, Rojas Jiménez, Nicomedes Guzmán, Teófilo Cid, De Rokha, Rakatán, Mundt… Compartían espacio con rufianes como el Cabro Eulalio, el "Zanahoria" o la ninfa fatal Berta “La Coja”, que era terror de los borrachos. Por sus calles transitadas hasta la amanecida, rebosaba un fuerte comercio de sopaipillas, pan amasado, tortillas, pequenes y huevos duros. A esta fauna se sumaban cuidadores, copetineras, prostitutas y sus chulos; y la tentación bohemia salpicaba hasta Balmaceda, Amunátegui, Teatinos, incluso la ribera chimbera. Sus adoquines reflejaban nombres luminosos de bares, clubes, cafés, salones de baile, billares, fuentes de soda. Semejaba un enclave porteño en pleno río, carácter reforzado por la energía vital de la estación y los buses de la Terminal Norte. Culto a la diversión en todas sus formas: gula, bebida, sexo furtivo, bailables y fiesta. También peleas y justas armadas, pues muchos mártires de la noche tuvo esta bohemia, ganándose sus cuadras el mote de Barrio Chino.
Aunque ese reino de la noche pereció, sus huellas y fósiles aún son visibles, cuales vestigios de la infinidad de boliches en el expediente dorado mapochino. De los más antiguos era “El Guatón Bar” de Enrique Valenti, por ejemplo, que tenía cuarteles hacia 1910 en calle Puente 884, misma esquina que ocupará después el “El Sansón” en los treintas, a los pies del desaparecido hotel "Excélsior". Más atrás de la misma arteria, en el 798, se hallaba “El Café Ochoa”, llamado así por el apellido de su propietario. Pero los más célebres eran de Bandera: el “Zeppelin” del número 856, quizás primer cabaret nacional, fundado en 1926 por Carlos Simon, pasando después al Negro Tobar, empresario auténticamente gestor de la bohemia “moderna”. El local acabó como depósito de ropa y luego centro de llamadas, y ahora es una tienda de perfumes. Tuvo por vecino a “La Antoñaña” de Félix Gómez, luego en manos de Selim Carraha. Y al otro lado, el restaurante “La Estrella de Chile”. Cerca estaba “Las Torpederas”, otro viejo cabaret relevado por el “Tabaris” del célebre Padrino Aravena. El 868 que fuera entonces del “Patio Criollo”, allí bajo el Hotel Bandera, es hoy una pollería peruana. Y el “Teutonia”, refugio de anarquistas y revolucionarios, tuvo su casa en el 837-843 de un edificio ya desaparecido, número que fuera sede también del “Inés de Suárez”, un tiempo después. En los altos de estos locales estaba el café “París de Noche”, favorito de Mr. Huifa, el más grande periodista deportivo nacional. Y el “Hércules” con sus famosos platos de guatitas, se hallaba al frente, en el 840, donde existía hasta hace poco un centro de llamados. El “Zum Rhein” , en cambio, dominaba al pasaje del número 823, hoy ocupado por un restaurante chino llamado “El Diamante”. El 815, al lado, era del “Oro Purito”, ahora restaurante “Far West”. En la esquina estaba el “Venezia”, de los preferidos de Neruda; y en el 808 el “American Bar” de don Héctor Gioro. “El Dragón” rugía al lado de la actual galería comercial Bandera, en cuyos altos anidó “El Ciclista”; el primero es hoy una tienda de ropa; el segundo se esfumó con incendios y terremotos. Más al sur, por la cuadra del 700, estaba “El Shangay”, después llamado “La Cabaña”.
Antiguo cartel de "El Jote" (Fuente imagen: "El Santiago que se fue", Oreste Plath).
Cartel de neón del cabaret "Tabaris", 1951 (Fuente imagen: filme "Uno que ha sido marino", de José Bohr).
En San Pablo 1070 estaba “El Jote”, después “Orleans” y hoy “El Imperio”; al frente el “Bar Central” del 1063, de la estimada doña Martita, que hoy es un boliche peruano. En la cuadra del mercado vigilaba las alturas “La Playa Chonchi”, en cuyos comedores se alojaba hasta hace poco el restaurante “Ruina del Machu Picchu”. Hacia el poniente estaba “El Club Alemán” frente a Capuchinos y el “Café del Mexicano” en esquina con Morandé. Cerca, el “Sí, sí, mi nena”, y en el 1155 el “Súper Bar”. Aillavilú, callejón famoso por “La Piojera”, albergó también a “El Victoria”, “El Sótano de Gussa” y el “Chicha y Chancho”, antro para valientes o suicidas donde también corrió sangre. El 856 de Morandé era de “La Querencia”, hoy “Donde Piñita”. En General Mackenna dominó el “Valparaíso”, aunque la clientela lo llamaba “El Huaso Adán” porque su propietario atendía vestido a esta usanza. Al frente, en el demolido espacio del número 1169, estaba “La Clínica”. Más allá, un club bajo nivel de la calle llamado “El Hoyo”, por esta característica. De cara a la Plaza Venezuela se encontraba “El Canario Navegante”. Incluso en calle Rosas había otros locales viviendo de la luz del Barrio Chino, famosos en los treintas: el “Torre Eiffel” del número 1023, que es hoy una tienda de artículos de costura y confecciones.
En fin, la lista sería interminable. Todavía en los ochentas quedaban algunos últimos bastiones, agónicos de estas generaciones, dando la lucha. Y aunque perdieron la guerra contra el tiempo, aún existen esos espacios alguna vez suyos, convertidos ya en sosas tiendas. Locales que fueron escenarios donde brillaron el Trío Moreno, Chito Faró, Porfirio Díaz, el "Ciego" Aravena o Jorge Abril, resonando en ecos de noches interminables de foxtrot, jazz, chachachá, rumba, conga, cueca, tango, mambo… Nostálgica armonía del paraíso para los noctámbulos.
Esto fue una extinción, por lo tanto. Una extinción masiva... Por eso es, entonces, que nada se aproximará a la epopeya de la bohemia perdida del Barrio Mapocho y quizás sea mejor así, guardando su baúl de tesoros desaparecidos en la idealización de un mito sin parangón en la historia de la ciudad de Santiago.
Garita de Mapocho en 1920, frente de la Estación Mapocho en Plaza Venezuela. Atrás se observa parte del desaparecido edificio El Buque, el Hotel Central y un murallón de la ex Calle Zañartu donde está "La Piojera".
Tranvías de Mapocho en 1930, doblando cerca de Puente hacia y desde el Mercado.

miércoles, 2 de febrero de 2011

EL TRAGO "TERREMOTO" EN EL CALENDARIO 2011 DE LA DICOEX, DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE CHILE)

(Clic sobre la imagen para ampliarla)
Grata sorpresa: aparecemos mencionados en el Calendario 2011 dedicados a "Tragos chilenos tradicionales", por el Gobierno de Chile - Ministerio de Relaciones Exteriores - Dirección General de Asuntos Consulares y de Inmigración / Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior DICOEX, publicado en diciembre 2010 - enero 2011).
Dice en el texto del mes de marzo, relacionado con el trago Terremoto:
"El que ha seguido la huella de este trago es Cristian Salazar Naudón en su "Apología del Terremoto". Su hipótesis es que "tendría un eslabón perdido en la historia de nuestra cultura vinícola popular..."

martes, 1 de febrero de 2011

"LA RIBERA" (UN CUENTO DE MI AUTORÍA)

Éste es mi cuento titulado "LA RIBERA" (de Cristian Salazar Naudón), ganador del Primer Lugar en la categoría “Mejor que el Vino” del PRIMER CONCURSO LITERARIO DEL CENTRO CULTURAL MANUEL ROJAS de Barrio Yungay en Santiago, el 19 de enero de 2011:
El Negro llevaba al hombro su diaria recogida de leños blanquecinos, de esos escupidos por el Mapocho sobre los pedregales estériles de la vega. Era temprano aún, a esa hora en que los demás niños de su edad pasaban junto al puente de camino a las escuelitas carrascalinas, por este lado del barrio riberano.
Fue entonces cuando descubrió al Pulga y al Pollito casi arrodillados en la orilla misma, unos cuantos metros por allá, en el lado de los arenales. Era fácil reconocerlos, pues siempre andaban juntos, como dos criaturas disímiles en un contrato simbiótico: el primero, con su cabeza negra de pelo corto y chuzo; y el segundo con sus cabellos rubios y lacios, envidia de cualquier altanero con presunciones de ancestros europeos. Aunque eran inquietos y siempre activos, ahora parecían sumamente atentos a algo allí en el borde, permaneciendo agachados alrededor del misterioso objeto de sus distracciones.
Tentado también por el gusanito de la curiosidad, el muchacho marchó hasta donde estaban sus amigos, vecinos de las miserias ribereñas. Cuando comenzó a distinguir algo como una figura humana frente a ellos, con toda seguridad lo que les tenía cautivados, el Negro soltó su carga de leña y partió raudo, haciendo sonar las gastadas zapatillas sobre piedras sueltas y cantos redondeados por siglos de erosión.
Al llegar hasta ellos, ninguno se volteó. No es necesario, pues sabían que era él. Y allí estaba el cuerpo del infeliz, medio flotando sobre las turbias aguas del Mapocho y con el pecho encallado sobre las rocas y el banco de arenas. El Pulga, siempre en cuclillas, intentaba moverle la mano con un palo seco. No lo conseguía, pues el rigor mortis era más resistente que su precaria herramienta.
- ¿Le buscai algún reloj? –le preguntó el Negro, sorprendido aún con la escena.
- Puede ser… ¿te atrevís a tocarlo? Nos vamos fifty-fifty.
- ¿“Fifty-fifty”? ¡Qué estai diciendo, hueón, si seríamos tres poh! Además, ¿cómo no cachai que si tenía reloj, ya se le echó a perder con el agua?
El Pulga y el Pollito se miraron con cara de cómplices, sintiéndose realmente tontos tras el comentario del Negro… Tenía razón.  Resignado, el primero arrojó la rama al caudal y se sentó en el suelo húmedo, devolviendo la mirada al cadáver. El Pollito en cambio, perdido en su propia órbita, dio un largo bostezo, señal inequívoca de que estos dos habían estado otra vez en alguna de sus frecuentes correrías nocturnas.
- ¿Tendrá zapatos? –preguntó el Pollito echando para atrás su pequeña e infantil chasquilla dorada- Esos sí podríamos venderlos.
- Nunca quedan con zapatos –respondió el Negro mientras se sentaba a su lado, también mirando al finado que yacía con la cara sumergida en el agua-. Siempre se los gana el río primero.
Pero el Pulga no parecía convencido. Los pies del muerto estaban bajo el agua suficientemente turbia para no ver nada de ellos más bajo las pantorrillas. Se inclinó tratando de distinguir algo al final de esas piernas cortas, apenas cubiertas por un pantalón desgarrado, pero no lo consiguió. Miró repetidamente, y casi acercó sus manos sobre el cuerpo, pero los escrúpulos resultaron más fuertes que sus ambiciones.
Al ver tanta porfía, el Negro volvió a ponerse de pie y, sin señal alguna de repulsión, se metió con zapatillas y todo al agua, tomó una de las piernas del regordete muerto y con gran dificultad la levantó, sacando afuera el extremo: un pie desnudo, pequeño y ancho, de uñas sucias y gruesas.
- ¿Me creís ahora? –espetó con algo de ofuscación-. Entiende, gil: no tiene zapatos, no tiene billetera, no tiene joyas, ni anillos, ni cadenas… ¡no tiene ninguna hueá! ¡nada!
Es ahora el Pollito el que parecía intrigado. Se acercó gateando sin incomodarse por mojar sus rodillas y manos en el borde del río. Miró con detención al muerto, casi como si esperara una última señal de vida de su parte… Pero nada sucedió. Estaba helado, hinchado y tieso como una tabla.
- Bueno, es un fiambre no más, no un tesoro –le dijo el Pulga al Negro. ¿Y sabís siquiera de qué se hueá murió? ¿Se habrá tirado solo este también?
El interrogado cambió su expresión. Todavía sosteniendo el pie frío en sus jóvenes manos, llenas de pequeñas heridas y raspones, permaneció en silencio un rato, como si meditara una respuesta. Entonces, de súbito comenzó a voltear al cadáver, usando todas sus fuerzas de preadolescente. Al verlo complicado, por fin los otros dos se animaron y participaron del intento. El Pulga fue el último en incorporarse.
El cadáver cayó sobre su propia espada salpicando agua inmunda en todos los sentidos. Se reveló ante ellos, entonces, una cara horrible, inflamada, con los ojos abiertos y turbios. Un hombre mayor, de unos 60 años; labios gruesos y barbas canosas. Entre éstas y el cuello de la camisa, la garganta estaba abierta brutalmente, de lado a lado. La tráquea y ambas arterias habían sido pasadas por el filo de la hoja, y el agua había lavado el corte hasta dejarlo casi blanco, como un jamón a medio rebanar.
Se quedaron contemplando ese rostro y esa horrible cortada por un largo minuto.
- ¿Se lo merecía o no? –preguntó el Pulga, aún sin sacarle de encima los ojos.
- Sí –respondió muy convencido el Negro, apretando los puños-. Lo recuerdo... Seguro que fue en el Pío Nono. Se lo había ganado hace rato… Por viejo culiao degenerao.
Acto seguido, le dio un fuerte puntapié a las costillas del muerto; tan fuerte que lo desencalló de su anclaje de rocas y comenzó a llevárselo la corriente, río abajo; primero lentamente, luego con fuerza.
Una lágrima de ira tibia cayó por la mejilla del rapaz, y entonces salió del agua apresurándose por ocultarla, para ir a buscar sus maderos dejando atrás este sitio. Y el Pollito, siempre inocente y abstraído de todo contexto, recogió una de las piedras y la arrojó de pura travesura contra el muerto arrastrado por las aguas… Pero ya estaba lejos, y el guijarro ni siquiera cayó cerca de ese bote cadavérico, flotando con los brazos abiertos y la mirada congelada en dirección al cielo infinito que jamás sería suyo.
- ¿Y tú, querís dormir o vamos a machetear un rato al mercado, mejor? –le consulta el Pulga.
- Vamos, poh ¡Alcancemos al Negro!

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