viernes, 16 de diciembre de 2011

RÉQUIEM PARA LAS PIEZAS DE UNA VIEJA CALDERA (O ALGO ASÍ)

Coordenadas: 33°26'43.87"S 70°39'14.79"W
Es difícil tener la oportunidad de observar tan de cerca reliquias tales como estas piezas, de antiguos sistemas de calderas de los sótanos en los edificios de Santiago Centro. Además de no ver jamás el Sol, muchas de ellas han terminado destruidas o vendidas como chatarra, al hacerse su mantención más cara que la opción de sustituirlas por nuevos y más eficientes sistemas de calefacción.
Fue hace tiempo... El jueves 6 de agosto del año 2009: estaban en la acera estas antiguas piezas de la caldera del edificio-portal de Nataniel Cox con Alameda Bernardo O'Higgins, el de la Caja del Seguro Obligatorio que fuera diseñado por los arquitectos Ramón Lecaros Matte y Samuel Aránguiz Latorre, levantado en 1943. No conozco mucho la ingeniería de estos artefactos, pero me parece que corresponden a las celdas-radiadores del aparato, que en ese momento estaba siendo desarmado tras tantos años de servicio y en el punto final de su vida útil. Al mismo tiempo, desde los subterráneos del edificio se escuchaba una poderosa sonajera de golpes y martillos, anunciando que los trabajos de desmantelamiento del sistema de calefacción -ya fuera de servicio- aún continuaban.
Tras tantos años de oscuridad y de trabajo generando calor, las pesadas y corroídas piezas de la antigua caldera volvieron a ver la luz del día sólo para esperar su triste destino, quizás en algún basural o taller de compra de metales. Estaban tal cual aparecen en las fotografías, frente a la entrada del edificio en Nataniel Cox 47, alineadas en el suelo como las partes del esqueleto fósil de una bestia extinta.
El administrador del edificio dijo que las botarían. Si acaso fue así, es una lástima que esta clase de osamentas no vayan a parar a ningún museo romántico, aunque sea de esos que nadie visita ya, pues no tardará en llegar el día en que nunca más pueda tenerse posibilidad de conocer estas reliquias de los años cuarentas (o antes). Lo mismo nos sucedió ya con muchas locomotoras de la primera época del ferrocarril chileno. Las imagino adornando una plaza, con niños jugando alrededor de ellas como si fuesen los restos de un robot enemigo o una nave espacial derribada... Pero bueno, éste es el costo de progreso.
No resistí las ganas de tomar estas imágenes y las dejo aquí como último registro de las viejas partes oxidadas de la deshuesada caldera, al cierre de su larga aventura de utilidad para la ciudad, allí frente al Barrio Cívico... Ojala haya tenido una buena vida.

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