lunes, 28 de noviembre de 2011

"JAZZ A LA VEGA": COMENZÓ UNA NUEVA ÉPOCA PARA LA MÚSICA EN LA CIUDAD

Coordenadas: 33°25'43.60"S 70°38'57.63"W
La Vega Central y sus barrios adyacentes fueron semillero y escenarios de grandes artistas nacionales, como el Guatón Zamora, Mario Catalán, Roberto Parra, Hirohito y su conjunto de cumbias, entre muchos otros ejemplos. El tiempo fue haciendo que esta característica del gran mercado de abastos de La Chimba se fuera perdiendo, pero en años recientes se ha producido un enorme y sorprendente regreso de la antigua tendencia, cuya última manifestación ha sido recién en el fin de semana, con el exitoso festival "Jazz a la Vega", realizado los días 25 y 26 de noviembre, a partir de las 19:00 horas y hasta pasadas las 22:00 de la noche.
Con entrada liberada para un escenario montado frente a la Plaza de Remates del recinto veguino, este extraordinario encuentro pretende ser el primero de una nueva tradición jazzística que comienza desde ahora en La Vega Central. Se inauguró con un coctel, brindis de honor y visitas de autoridades como la Alcaldesa de Recoleta doña Sol Letelier, además de los presidentes de los sectores y locatarios que conforman la Comunidad de la Vega Central.

Participaron grandes figuras relacionadas con la academia Projazz y la organización general corrió por miembros del Colectivo Mapocho, importante grupo de trabajo en la difusión y protección del patrimonio urbano de esta parte de Santiago, que concibió y propuso el proyecto del festival a la Comunidad de La Vega durante el año anterior. Los apoyos corrieron por el Consejo de la Cultura y algunas empresas privadas. Destacan las figuras de Senaquerib Astudillo, a quien tuve ocasión de conocer en persona durante este encuentro y quien es fundador del Colectivo, al igual que el joven y talentoso Andrés Pérez, saxofonista y clarinetista vinculado a Projazz y también al grupo del Mapocho. Pérez es, además, el productor de este encuentro.
Los artistas eran presentados en décimas, siguiendo una secular tradición veguina y chimbera. El programa incluyó un verdadero desfile de figuras, talentos y repertorios. De cada músico de apoyo podría hacerse un artículo completo sobre su trayectoria y aportes a la música nacional, a pesar de que muchos de ellos son aún muy jóvenes, de modo que por espacio, me remitiré sólo a los músicos y artistas principales que allí mostraron su propia luz opacando a la de los focos.
LA PRIMERA NOCHE
La primera jornada, con inauguración y partida del festival, comenzó con un invitado de categoría excepcional: el maestro Valentín Trujillo. No suelo andar tomándome fotografías con estrellas, pero la tentación de pedirle una imagen al Tío Valentín es demasiada, pocos minutos antes de que subiera al escenario a hacer gala de una experiencia mezclada con talentos fuera de series. Un hombre extraordinariamente sencillo, a pesar de tendría todas las razones del mundo para la arrogancia y la soberbia. Como se recordará, recién el año pasado, 2010, recibió un homenaje especial en el LI Festival de la Canción Internacional de Viña del Mar.
Trujillo es un tesoro viviente, y lo sigue demostrando sin problemas: bajo un Sol inclemente de la tarde, volvió a lucirse con su dominio absoluto del teclado, con su capacidad de improvisar y traer a colación canciones con sólo una palabra que recuerde títulos o letras, como en sus tiempos al servicio de "Sábados Gigantes". Incluso se permitió un repaso breve por algunos clásicos temas que conocieron sus dedos sobre el piano: desde la cortina musical de "Profesor Rossa" hasta el jingle de la "Teletón" con el número de la cuenta de depósitos. Los presentes fuimos deleitados con clásicas canciones de George Gershwin y Frank Sinatra, mientras el Tío Valentín era acompañado por la brillante voz de Rodrigo González, y especialmente para esta ocasión por la batería de Cristóbal Massis y el contrabajo de Cristián Orellana. En una ironía en vivo, González presentó a Trujillo como "una joven promesa" de la música nacional.
El segundo plato fue un gran vuelco en el ambiente: la extraordinaria artista Moca con su "Jazz Killer Show", uno de los experimentos escénicos nacionales más curiosos e interesantes que están en cartelera, dirigidos a su vez por la que, con toda seguridad, ha de ser una de las mejores voces y show-women que pueden oírse actualmente en Chile. Con un repertorio de canciones que se remontan a los años de las entreguerras y a la época del cabaret, con mucho de perfomance y multimedia, la increíble versatilidad de Moca (Mónica Castillo) repasa temas en francés, alemán o inglés mientras una proyección va dándoles traducción al castellano.
Moca es una mezcla equilibrada entre esas vamps del cine blanco y negro y una pin-up de Alberto Vargas. Hija del consagrado músico Juan Castillo, sus referentes van desde Marlene Dietrich y Edith Piaf hasta Liza Minelli e incluso Beyonce. "Mi sueño es cantar en Las Vegas -dijo graciosamente esta diva-, pero por ahora haré lo más parecido que es estar en La Vega". Sacó risas, aplausos y admiraciones.
Esta primera noche concluyó con otros de los clásicos que no requieren de mucha presentación: la agrupación de músicos "Locomotora del Swing", liderada por el carismático y querido maestro trombonista Parkímetro Briseño, con amplia trayectoria en el espectáculo, la bohemia y la televisión chilenas.
Armado de un equipo magistral de músicos de su generación, Briseño llevó hasta el escenario un largo racconto de los repertorios de mambo, swing y foxtrot de los salones de baile en los años cuarenta y cincuenta, esos mismos que llenaron de notas los aires rancios y vaporosos del antiguo centro noctámbulo en Barrio Mapocho, por allí en calle Bandera. La entretención fue instantánea y los de la "Locomotora del Swing" hasta debieron subir de nuevo al escenario tras haberse despedido, a pesar de que la noche había avanzado ya.

El maestro Valentín Trujillo y sus músicos acompañantes.

La extraordinaria Moca "Jazz Killer Show".

"Locomotora del Swing", con el maquinista Parkímetro Briceño al mando.
LA SEGUNDA NOCHE
Andrés Pérez, productor y organizador de este particular encuentro, también subió frente al público en calidad de músico, pasadas las 19:00 horas del sábado 26, con su banda propia: los jóvenes jazzistas de "Andrés Pérez Quinteto". Una presentación brillante era la que habría de comenzar en ese momento.
Pérez es un caso especial: corresponde a un perfil de nuevos talentos capaces de destacar simultáneamente en muchas áreas de trabajo a la vez, no sólo en su matriz de músico saxofonista. Hay algo un poco renacentista en su quehacer, que se refleja en su primer trabajo solista de 2009: "Santiago Vivo", pues el autor es un especial observador y encariñado con la vida urbana de Santiago, muy particularmente con la del Barrio Mapocho y su pasado al servicio de la vieja bohemia, inspirando varias de sus composiciones. Hay pinceladas de sociología y de cronista en su obra, por lo tanto.
Los artistas del segundo turno pertenecen al mismo semillero donde se formaron Pérez y sus colegas Agustín Moya, Cristián Gallardo, Cristián Orellana y Marcelo Maldonado. Se trata de la "Conchalí Big Band", una feliz iniciativa de Gerhard Mornhinweg puesta en marcha en 1994, y que agrupa a adolescentes de la comuna de Conchalí que son iniciados y dirigidos en las artes del jazz y del swing orquestal.
El resultado de la experiencia de Mornhinweg quedó demostrado fuera de toda duda: muchachos recién saliendo de la niñez y con un dominio envidiable del saxo, clarinete, guitarra, bajo y piano, reproduciendo canciones populares del ambiente adicto a Sinatra, como "Cheek to cheek", "I've Got You Under My Skin" o "New York, New York". Realmente fueron ovacionados por el público.
El cierre del festival veguino quedó a cargo de "Jazzimodo", fundado sobre la voz privilegiada de Paz Court y los teclados de Lautaro Quevedo. Con letras en castellano, inglés y francés, el grupo nace el año 2005 y llegan a este encuentro como exponentes consagrados del jazz pop con arreglos electrónicos.
De seguro, "Jazzimodo" es un ejemplo de enormes proyecciones. Su presentación se hizo poca a causa del tiempo disponible. Podrían haber estado una hora más en el escenario sin que bajara el entusiasmo o la atención que concitó su excelente show, me parece.
En fin, la noche terminó en La Vega con un gran aplauso para todos los participantes de este primer festival de "Jazz a la Vega". Y con ello quedó atrás la vieja época en que los veguinos lanzaban lechugas o repollos a los artistas revisteriles y bataclánicos del Hipódromo Circo, el Teatro Balmaceda o el Luna Park, comenzando, así, una nueva etapa de grandes espectáculos que ha escogido a sus canchas y patios como proscenios.

El talento de "Andrés Pérez Quinteto".

"Conchalí Big Band", de Gerhard Mornhinweg... Semillero de estrellas.

"Jazzimodo", con la nota final digna de este magnífico encuentro.

1 comentario:

Cristian Mancilla Mardel dijo...

Uno de los buenos espectáculos que me estoy perdiendo por andar tan lejos.
A propósito de ProJazz, recuerdo que presentaron la película "La calle de la vergüenza", de Kenji Mizoguchi (1956), en enero del año 2006. Se trata de una de las tantas joyas del cine japonés que fue rescatada aquel día para la cultura nacional. Se nota, pues, que ProJazz tiene un evidente compromiso con la difusión cultural.

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