domingo, 2 de octubre de 2011

SOBRE LAS RECETAS Y PROCEDIMIENTOS DE LA MEDICINA POPULAR DE ABUELITAS

Óleo "El niño enfermo", de Pedro Lira (Museo Nacional de Bellas Artes). Muestra todo el dramatismo de una escena de enfermedad infantil en una familia modesta, con la madre y la abuela intentando aplicar medicinas caseras en el pequeño.
La medicina popular y casera de antaño estaba llena de interpretaciones extrañas sobre los efectos de determinadas materias de uso doméstico en la salud del afectado por enfermedades de todo tipo. La niñez de muchos quedó marcada por las épocas en que eran de uso más corriente tales prácticas y había, en consecuencia, una gran cantidad de chistes que se hacían sobre la rusticidad e incomodidad de estos procedimientos, gran parte de ellos más cercana a la superstición que a la medicina, pero que se veían fomentadas y vigentes por los porfiados que se negaban a ir al "matasanos" e insistían en probar con secretos de naturaleza y cosas por el estilo.
Sobre lo anterior, recuerdo un chiste de Condorito, quien después de declarar que su suegra doña Tremebunda estaba gravemente enferma, recibió como consejo de una vecina recurrir a una receta curandera que consistía en cocer un choclo y ponerle los pelos en los pies de la paciente; pero al volver a encontrarse ambos, Condorito le comentó afectado que su suegra había muerto: al parecer entendió mal la instrucción y partió por la mitad a la vieja cuando trataron de "amarrarle los pelos a los pies"... Otro chiste famoso fue el del comediante Ernesto Ruiz, El Tufo, en los años ochenta (rutina que conocí gracias a los roñosos y viejos cassettes de la colección de mi amigo Leito Cordero): decía de un tipo que, tras contraer una enfermedad de transmisión sexual en un burdel, recibió de sus amigos consejos tan absurdos como: 1) Espolvorearse azúcar flor en sus genitales, dormir "a poto pelado" y esperar que las hormigas llegaran en la noche a comerse "todo lo malo"; 2) Echarse allí mismo caca de gallina, que según otro amigo era también "secreto de naturaleza, te vay a acordar de mí"; y 3) Untarse la entrepiernas con alquitrán, esperar que se seque y golpearla con un martillo para que se caiga llevándose "todo lo malo" en el descascarado.
Estos poco elegantes chistes no estaban tan perdidos con respecto a cómo eran algunos toscos y radicales procedimientos de la medicina popular, como veremos, aunque parece que el mal recuerdo de los años donde aún quedaba algo de herencia de la medicina galénica (con prácticas francamente bárbaras, en algunos casos), pudo crear la imagen de que esa forma de medicina doméstica y menos científica podía llegar a ser cruel y brutal.
No todos los procedimientos andaban lejos de ser efectivas curas para malestares, sin embargo: algunos sí tenían cierto valor científico demostrado más cerca de nuestra época, lo que demuestra que la tradición no anda necesariamente por una cuerda separada del conocimiento empírico. Muchas "meicas" y santiguadoras, componedoras de huesos y machis sabían por generaciones de estas propiedades de esta medicina popular y las usaban con eficacia en algunos pacientes.
Aunque no recomendaría seguir estas instrucciones, he aquí algunas de esas muchísimas recetas y procedimientos de la medicina de abuelitas, que actualmente aún es visible en algunas casas modestas y en comunidades campesinas o indígenas, según cada caso:
CALAMBRES: Se producen por deshidratación, pérdida de sales del cuerpo y también por consecuencia de esfuerzos físicos constantes. Las soluciones son las siguientes:
1) Aplicar por contacto botellas con agua tibia o caliente sobre la zona acalambrada, combinada con masajes con los dedos.
2) También se daba sorbos de agua con sal a los afectados, en una o dos cucharadas por litro. De alguna manera, las abuelitas sabían que el problema derivaba de la pérdida de sales.
DESCALCIFICACIÓN: Una de las enfermedades más corrientes de nuestros días entre los adultos mayores, en otra época era combatida con una receta tan sencilla como barata: todos los días, juntar en una taza jugo de limón y sumergirle un huevo de gallina. En un lapso de una noche, el calcio de la cáscara del huevo se diluye en el ácido y queda blanda, como una bolsa. A continuación, el paciente bebe esta mezcla cada mañana y así diría adiós a los riesgos de osteoporosis, dolores reumáticos o debilidad en la resistencia de sus huesos.
DIARREAS: Eran consideradas muy peligrosas, especialmente entre niños y ancianos. Un estudio realizado por estudiantes de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Chile nos ha servido para aprender más de este asunto:
1) Se fríe un huevo en aceite, se lo coloca dentro de un paño negro y se envuelve con él al estómago del niño enfermo, fajándolo. Ni idea de cuál sería el principio activo en esto.
2) Aquí la cosa se pone fea: bosta de caballo o incluso de cerdo, hervida con manzanilla o menta. Se toma como infusión de té y se supone que cura del mal intestinal.
3) La medicina más terrible quizás sea la llamada azúcar de perro, blanco de perro o flor blanca, correspondientes a excrementos secos de perro que era molidos y dados al niño enfermo diluidos en agua. A veces se le ponía un poco de paico, menta, manzanilla o azúcar (de la de verdad) para "mejorar" semejante asquerosidad, ante la que muchos hubiésemos preferido seguir con la diarrea. Me consta que algunos consideran este procedimiento como un mito, pero el estudio mencionado lo constató vigente en la comuna de Renca. Hemos oído que provendría de las tradiciones rurales, del campo.
4) Entre varios procedimientos adicionales de orden más ritual, está el de enterrar el pañal con el contenido de la diarrea, taparlo con ceniza y hacer la señal de la cruz con una vela encendida.
DOLOR DE CABEZA: Las soluciones más populares para dolores neurálgicos y jaquecas, especialmente para el malestar en los niños, consistían en las siguientes:
1) Hacer un cucurucho o cambucho en forma de embudo con papel de diario, colocando la punta estrecha en el oído del afectado, parcialmente inserto en la entrada del canal auditivo. A continuación, se encendía fuego el otro extremo del cucurucho produciéndose una corriente interior de aire que “sacaba lo malo” desde el interior del oído. Se supone que el paso de aire por el cambucho “sonaba” más fuerte en proporción al dolor que afectara al paciente.
2) Darle de beber al afectado un té preparado con ramitas de planta de ruda, parcialmente azucarado si es necesario para mejorar el gusto. La ruda tendría propiedades analgésicas y antimigrañas incomparables.
DOLOR DE ESPALDA: Malestares musculares, dolores de columna o tortícolis se atribuía comúnmente a la temida “corriente de aire”, mal supuestamente producido por cambios bruscos de temperatura o ventilación y que se usó para explicar muchas muertes súbitas e inesperadas de otros siglos.
1) Universalmente, los dolores de espalda se combatían desde antaño con “ventosas”, para las cuales se prendía una vela sobre un pequeño pocillo y sobre la cual se colocaba un vaso de vidrio boca abajo. Al sofocarse la vela y producirse el vacío interior del vaso, se formaba un chupón con la piel sobre la cual estaba el artilugio, lo que era interpretado como “sacar el aire” de la espalda. Este procedimiento existió por muchos años tanto en la medicina casera como en la oficial, tal como antes sucedía con las sangrías, existiendo en las familias más acomodadas hasta un equipo o set para realizarle “ventosas” a un afectado.
2) Otra técnica es cubrir la espalda con papeles de diario y verter cuidadosamente sobre ellos la esperma de una o más velas encendidas. La idea es que el calor hará de analgésico natural.
DOLOR DE ESTÓMAGO: Los cólicos, puntadas o ataques estomacales no suelen ser buen síntoma, pero en otros años eran combatidas con formas muy simples de infusiones o hierbas:
1) Hervir en un litro de agua un puñado de manzanilla (flores y ramitas), y beberla en lugar de agua corriente durante todo un día.
2) Hervir una ramita de planta de ruda y beberla caliente, si se quiere acompañada de canela, mate o té para mejorar su gusto. Como hemos dicho, la ruda tendría propiedades analgésicas.
3) Lo mismo que la ruda, pero con ramitas de menta.
4) Lo mismo que en el caso del dolor de espalda con las hojas de diario y la esperma de vela, pero aplicada a la zona abdominal… Cuidado con un eventual incendio, o perderá mucho más que sólo el dolor.
DOLOR DE MUELAS: Hasta las abuelitas sabían que lo único eficaz contra el dolor de muelas era una visita al dentista. Pero como los malvados dientes suelen atacar en fines de semana, vacaciones o momentos donde la atención es imposible, se puede reducir el malestar de las siguientes formas:
1) Se aplican paños tibios o calientes sobre el área de la mandíbula afectada, por la mejilla.
2) Gárgaras de alcohol puro cada cierta cantidad de rato (sin tragárselo, por supuesto, aunque a más de alguno le cueste).
3) Si el dolor es persistente y se puede identificar una carie o lesión en el diente que lo provoca, se recomienda moler una aspirina o analgésico parecido, disolverlo en una cucharadita de agua, untarle un algodón y dejarlo sobre la cavidad del diente.
4) Más antiguamente, se aplicaban sobre la carie o cavidad dentaria bolitas de algodón empapadas en creosota, una especie de brea que servía de tapadura provisoria.
DOLOR DE OÍDOS: Es parecida a la situación del dolor de muelas, pues si se trata de algo persistente su solución definitiva se admite en manos de un profesional de la salud, no obstante que el malestar puede ser contrarrestado o amortiguado con técnicas como:
1) Aplicar calor sobre el lado de la cabeza que se halle comprometido, a través de paños mojados con agua caliente o botellas con agua tibia.
2) La solución del cambucho o cucurucho, descrita para el dolor de cabeza, también servía para el dolor de oídos.
EMPACHOS: Se habla de “empachos” para referirse a un supuesto estado de niños pequeños, principalmente, que no pueden digerir bien su alimentación o bien que se “hastían” de cierto tipo de comidas, produciendo desórdenes y alteraciones en su nutrición habitual. Las soluciones para tan extravagante diagnóstico eran igualmente curiosas:
1) Se ralla el cuesco de una palta un vaso con agua y se lo da a beber en uno o más tiempos al afectado. Se lo puede endulzar para no hacer tan desagradable su ingesta.
2) Si el problema persistía, se requería la ayuda más “profesional” y se sometía al niño afectado a una sesión de pellizcos suaves y tirones de la piel de “la colita” (glúteos) en la zona del coxis, mientras es acostado boca abajo o en las piernas de su terapeuta. Cada tirón que “sonara” con un crujido era una buena indicación de que el “empacho” estaba siendo contrarrestado. Todavía existen populares “quebradoras” o “sacadoras de empachos” en barrios periféricos y pueblos chilenos, por alguna razón mayoritariamente mujeres.
IMPOTENCIA SEXUAL: Hubo una época en que la odiosa mala hierba de la ortiga en cualquiera de sus dos variedades, grande (Urtica dioica) o chica (Urtica urens), servían como una solución de emergencia para la impotencia sexual masculina, según la tradición. Debe ser uno de los costos más caros por homenajear la virilidad y los placeres de alcoba, pues consistía en cortar una rama de ortiga y azotarla repetidamente sobre la zona genital que se niega a responder a los encantos de la excitación sexual. Las conocidas propiedades urticantes de la planta también provocarían una mágica reacción masculina luego de semejante tortura… Con buenas palabras, cualquiera entiende.
INSOMNIO: Si no se puede dormir en horarios normales para hacerlo, la solución es:
1) Cortar tres a cuatro hojas frescas de naranjo, hervirlas en el equivalente a un tazón de agua y beberla con azúcar para mejorar su gusto.
2) También se puede hacer lo mismo pero con leche en lugar de agua y un poquito de canela, caso en el cual el efecto somnífero se garantiza aún más.
HEMORROIDES o ALMORRANAS: Corresponden a las inflamaciones de las venas y tejidos en torno al ano; uno de los más desagradables y dolorosos males que afectan la vida diaria. Existen varios posibles tratamientos para este incómodo estado:
1) En los tiempos del bidet, se podía hacer un lavado de unos 15 minutos de la zona rectal con agua tibia y sulfato de magnesio que se compraba en la botica, lo que aliviaría los dolores y disminuye la inflamación.
2) Lo mismo, pero con agua hervida con ramas de plantita de la ruda, cuyas propiedades antisépticas mejorarán un poco la situación de la zona afectada. En algunos casos, se recomienda hacer esta cocción con ajo y clavos de olor, quizás para dignificarla un poco.
3) Lo mismo pero con agua de manzanilla, matico y boldo. Las recetas varían entre uno, dos (combinados) o los tres ingredientes mencionados.
4) Aplicar vaselina o aceite de oliva en la zona irritada para aliviarla y aislarla de la zona de contacto con las telas.
5) Como la zona hemorroidal suele estar afiebrada o irritada, otra recomendación es enfriar una papa, cortar una rebanada en forma alargada e introducirla en el ano para aliviar… Se recomienda abusar del método.
HERIDAS CUTÁNEAS: Las heridas producidas por erupciones de piel (acné, fuegos labiales) o pequeños accidentes cotidianos (afeitado, raspaduras), eran combatidas antaño de las siguientes formas:
1) Las heridas más frescas y las causadas por el acné podían ser desinfectadas con piedra de Alumbre o mal llamada piedra lumbre, sulfuro de aluminio-potasio que se muele y diluye como una sal en agua para hacer la solución antiséptica que sirve para facilitar la cicatrización y reducir el sangrado.
2) Lo mismo con agua de matico, llantén y manzanilla, aunque se recomienda también beberlas durante el tratamiento.
HERIDAS VENÉREAS o INFECCIOSAS: Las heridas producidas por enfermedades de transmisión sexual (sífilis, gonorrea) o por infecciones fácilmente contagiosas (impétigo, herpes), requerían de ser tratadas con las siguientes formas derivadas de la proto-medicina galénica:
1) Con una solución de permanganato muy diluido en agua, razón por la que eran muy comunes en los lupanares, donde también se usaba esta sustancia para funciones de aseo de baños y desinfección ambiental. En las heridas se aplicaba dos o tres veces al día por contacto a través de un algodón empapado en la solución, hasta que las costras o lesiones desaparezcan.
2) Antes de la masificación de la penicilina, se usaba también el mercurio como solución tópica, cuyas propiedades tóxicas se creían útiles al combate de chancros y heridas provocadas por enfermedades como la sífilis, según la creencia procedente de Europa. De ahí un antiguo dicho “Una noche con Venus y toda una vida con Mercurio”.
3) Había otros productos que se usaban también de manera local en las heridas, pero más asociados a enfermedades venéreas, como el “sulfureto” y el nitrato de plata. También eran abundantes al fondo del botiquín de los viejos burdeles.
HIPERSEXUALIDAD MASCULINA o SATIRIASIS: Si el marido manifestaba un apetito sexual exageradamente exigente y una libido incontenible, la complicidad de las antiguas damas tenía como solución conseguir un fragmento de la mencionada piedra de Alumbre (o piedra lumbre, como se le conoce más popularmente), para dárselas a sus fogosos amados disuelta en la comida en proporciones y manipulación parecida a cómo se utiliza la sal corriente de cocina. Su efecto sería como el de una impotencia inducida, semejante a la que producen algunos antidepresivos o bloqueadores hormonales (y debo confesar que, no hace mucho, conocí estos terribles y humillantes efectos farmacológicos de los antidepre en carne propia). Por esta razón, hasta hace algunos años aún era famosa la leyenda de la presencia de esta piedra en las comidas que se daban a comunidades de varones internos en recintos penales o cuarteles del servicio militar, para que no se inclinaran hacia malas costumbres. Hasta existe la receta mítica de los “porotos con piedra lumbre” en el imaginario popular chileno.
MENSTRUACIÓN IRREGULAR: La solución clásica para las mujeres que tenían retrasos o adelantamientos reiterados de sus ciclos menstruales, era la plantita de la ruda que debe ser consumida en forma de té o infusión pero con ramas frescas de la planta, por lo que sus usuarias solían tener un ejemplar propio en la casa, generalmente en los jardines, ya que su fuerte aroma dificulta tenerla como planta de interior. Se supone que el consumo de agua de ruda adelantaba o cortaba la menstruación según el momento del ciclo de fertilidad en que se hallara la mujer. Al respecto, un dato curioso es que las rudas también eran bastante comunes en las “casitas de tolerancia” o burdeles antiguos (incluso estigmatizadas por esta relación), no sabemos si por esta propiedad sobre la menstruación o bien por capacidades abortivas que también se le adjudican como parte de dichas posibilidades sobre el ciclo de la mujer.
OBSTRUCCIONES RESPIRATORIAS: Generalmente provocadas por resfriados, alergias, anginas, gripes, asmas y bronquitis, afectan de preferencia a los niños y a los ancianos, dificultándoles respirar o causando sonidos extraños en su pecho ante el esfuerzo de una inhalación-exhalación dificultosa.
1) Las abuelitas salían a recoger los coquitos aromáticos y/o las hojas frescas de los árboles de eucaliptos y preparaban una especie de caldo hervido con ellos dentro de un tarro, caldero u olla pequeña, invitando al enfermo a respirar o inhalar directamente los vapores de esta cocción, para lo cual a veces le tapaban la cabeza con un paño o tela destinado a concentrar estos humores sobre la respiración del afectado. Este acto mejoraría la condición de la mucosa nasal, reduciría la producción de secreciones, disolvería las obstrucciones y funcionaría como expectorante.
2) También se sugería colocar papeles de diario entre las ropas o el pijama del afectado, bajo la premisa de que conservar el calor facilitaría abrir las vías obstruidas en garganta, tráquea o bronquios.
3) Al salir versiones comerciales de ungüentos de mentol y vaselina, como el popular “Mentholatum”, las abuelitas recomendaban untarlo sobre pecho y espaldas del afectado, a veces incluso colocando papeles de diario encima… Procedimiento totalmente contraindicado por los expertos en nuestros días.
ORZUELOS: Son inflamaciones de las glándulas sebáceas de los párpados, allí en la raíz de las pestañas, producidas por presencias bacterianas que atacan especialmente a los niños. La medicina popular recomienda varios procedimientos para combatir un orzuelo, pero destacan dos fórmulas que, curiosamente, pertenecen a filosofías higiénicas diametralmente opuestas:
1) Frotar una sortija o anillo de oro sobre un chaleco o tela de lana natural, con mucha energía, hasta que se caliente con la fricción. Mientras está con esta temperatura, se coloca sobre el ojo en la zona del párpado afectada por el orzuelo. Se supone que el calor, aliado de las propiedades “especiales” del oro y la lana, permitirá acelerar la erupción infecciosa de la zona comprometida sin necesidad de usar métodos invasivos, o bien comenzará a descender la inflamación incluso sin necesidad de que se ésta se drene.
2) Atrapar una mosca, ojala de buen tamaño, tomarla con cuidado y frotar la zona cloacal de su abdomen (el “poto”, en términos más fáciles) sobre el área comprometida por el orzuelo. Se supone que este acto acelerará el tiempo de la infección y así comenzará a desinflamarse antes. Por supuesto, los médicos no adhieren a esta propuesta y sugieren, en su lugar, aplicar sobre el orzuelo varias veces al día compresas de tela mojada en agua caliente; nada de moscas gordas.
RESFRÍOS o CATARROS: La molesta condición del resfriado cumple un ciclo propio, pero puede ser aliviado en parte con los siguientes procedimientos:
1) Tomar una o dos cebollas de buen tamaño, molerlas, pasarlas por cedazo y beber todo el jugo en un vaso. Esto bajaría la irritación de la garganta y despejaría parte del malestar de la enfermedad.
2) La misma anterior, pero agregando jugo de limón y miel a gusto.
3) Moler un cuesco de palta en agua tibia y agregarle una cucharada sopera de miel, para ser bebida por el enfermo.
4) Hervir una ramita de la mencionada planta de ruda y beberla como una infusión (hoy se sabe que la ruda es abundante en vitamina C, por cierto).
5) Lo mismo con ramas y/o coquitos de eucaliptos… Si sobrevive a este tecito, se le pasará el resfrío.
6) En medio litro de agua, cocer de dos a tres dientes grandes de ajo, con aproximadamente una taza de limón, cortes de las cáscaras y dos cucharadas soperas de miel de abejas. Debe beberse unas dos veces al día.
7) Hacer una mezcla de jugo de limón puro y miel de abejas, y beberla dos o tres veces al día o usarla como endulzante para el té. Es una de las más sabrosas invenciones que quizás existan entre la clásica medicina casera.
TENIAS o GUSANOS INTESTINALES: El quizás más famoso parásito que afectó alguna vez a la población, especialmente a niños y en los campos, era la lombriz solitaria identificable por dejar formas aplanadas en las deposiciones fecales del paciente, que corresponden a sus segmentos con huevos. La solución para tan abominable parásito era barata y sencilla: se recomendaba moler una cantidad variable de pepitas de zapallo (calabaza), a veces con ajo y cebolla. Hay relatos de chilenos en la Guerra del Pacífico donde se cuenta de los frecuentes contagios con este parásito en territorio peruano y cómo era eliminado gracias a que los demás soldados jugaban generosamente las pepas de zapallo para proceder a usarlos en eliminar al molesto alojado. El enfermo debía ser sometido a una dieta de uno o más días a base de esta mezcla, hasta que se produjera la expulsión del parásito por la vía digestiva. Cuando el paciente sintiera que evacuaría al intruso, se recomendaba hacerlo en una bacinica o depósito donde previamente se colocara un poco de leche (se creía que la tenia salía buscando “el olor”). El cuerpo y los segmentos de la tenia salían con relativa facilidad, pero la cabeza, al final de su longitud, presentará dificultades porque posee ganchos y ventosas que dificultan desprenderla, por lo que quizás la acción deba ser asistida por el propio paciente o por ayudantes de confianza. Finalmente, para evitar contagios y la reaparición de la enfermedad, se sugería quemar el cuerpo del parásito.
TIÑA: Hay ocasiones en que esta enfermedad producida por hongos y más asociadas a las mascotas ataca a niños, produciendo “pelones” muy visibles y poco estéticos en el cuero cabelludo. Llamada más técnicamente dermatofitosis, cuando se presentaba en seres humanos una solución eficaz era aplicar algodón o paños mojados en orina del propio afectado o de algún familiar directo, una o dos veces al día, hasta que la lesión desaparezca. Se usa frotándola sobre la misma, como si se tratara de una solución antiséptica. Desconocemos si el tratamiento realmente influye en combatir la tiña, pero ciertamente motivará al paciente a desear la más pronta curación posible.
VÁRICES: Las hinchazones de venas en las piernas dejan de ser un asunto meramente estético cuando causan dolores en el paciente, algunos casi invalidantes. Las abuelitas tenían los siguientes consejos para combatirlas:
1) Lavar y dejar reposando las piernas en agua tibia con sal y vinagre, lo que se supone mejorará paulatinamente la circulación. Se debe ser constante en el tratamiento.
2) Estrujar varios limones hasta obtener una cantidad abundante de jugo. Cortar fino un apio entero, dejarlo remojando en medio litro de agua, estrujarlo y sacarlo. Se mezclan ambos líquidos, se aplica una cucharada de sal y se mojan paños con los que se frotan las várices diariamente.
VERRUGAS: Es conocido el procedimiento que se usaba en el campo para combatir esta poco elegante enfermedad, caracterizada por la aparición de granos y lesiones de piel producidas por el virus del papiloma. Consiste en las siguientes dos técnicas:
1) Cortarle un mechón de cabello al afectado sin que éste lo note, para lo cual se recomienda recogerlo de una pasada por peluquería o bien cortárselo mientras duerme. A continuación, el mechón debe ser enterrado en un lugar húmedo o en un jardín, para que se degrade naturalmente. La teoría es que al descomponerse el cabello el enfermo se curará sólo de las verrugas y no le regresarán jamás.
2) Una variación incluye cortarle el mechón de cabello al afectado consciente de la acción, o que él se lo corte a sí mismo, pero antes de enterrar el mechón debe ser empapado con un poco de sangre obtenida de la misma verruga, con un corte de hoja de afeitar o de aguja esterilizada. El resto es igual que en procedimiento anterior.

6 comentarios:

  1. jejeje, entretenidísimo....y la pintura es realmente linda.

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  2. Mi querida abuelita me tiraba la cola para quitarme el empacho y tengo vagos recuerdos de esos piñizcones pero con ceniza...
    muy entrete tu blog...

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  3. Buen punto. He sabido que las cenizas eran usadas antes como reemplazo del polvo talco... Saludos.

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  4. Por mi parte, puedo dar fe de que en lo que se refiere a hierbas medicinales, la medicina de las abuelitas sí funciona; en mi casa casi no usamos medicamentos alopáticos, lo que es más sano (sin mencionar que te sale más barato)

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  5. Podrías agregar el Lueki y el uso de barras de azufre.
    Saludos.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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