lunes, 17 de octubre de 2011

PRÍNCIPE DE GALES: PASAJE PARA UN SUEÑO MONÁRQUICO

El pasaje Príncipe de Gales, en fotografía que tomé en junio de 1997. La vista de la Torre Entel que se observa ya es imposible en el lugar.
Coordenadas: 33°26'34.27"S 70°39'23.92"W
Príncipe de Gales es el nombre de una de las más importantes avenidas de la comuna de La Reina y de una estación Metro que se encuentra a sus puertas. Sin embargo, existe un pasaje muy pintoresco y poco conocido a pesar de estar sólo una cuadra y media del Palacio de La Moneda, causando toda clase de confusiones a quienes no conocen de su ubicación o bien a los que confunden una dirección con la de aquella avenida mencionada. Aunque creo haber leído el nombre de uno o dos personajes de importancia viviendo allí todavía en los años sesenta, en el "Diccionario Biográfico de Chile", parece que muy pocos reconocen y recuerdan este rincón.
Las líneas del viejo tranvía aún se conservan en la calle Morandé y sus adoquines parcialmente ocultos, en ese tramo desde el que surge este corto pasillo hacia el Sur, a espaldas de la Torre Entel, entre las calles Amunátegui y San Martín. Es un barrio lleno de recuerdos añosos de la ciudad, con fachadas neoclásicas y algo vetustas que, en algunos casos, han perdido ya gran parte de su esplendor y se hallan en evidente retirada. Fue en aquella buena época suya que esta cuadra vio nacer el pasaje, con casas que guardan cierta relación arquitectónica con las que uno encontraría en la manzana residencial modelo del barrio París y Londres, semejanza que no es casual, como veremos.
El curioso pasaje aparece desde un proyecto urbanístico-residencial ejecutado entre 1933 y 1934 por el arquitecto Ernesto Holzmann Ferreira, nacido en Valparaíso en 1899 y que fuera miembro de la Asociación de Arquitectos de Chile. Su nombre puede leerse en algunas fachadas, aún. No tengo del todo claro cómo era el aspecto de estos terrenos específicos antes de tirarse los planos sobre ellos, pero podría especular que correspondían a antiguas viviendas bajas que fueron demolidas y a patios solares, considerando cómo se veían otros sectores de este mismo lado del barrio en aquellos días.
Vista actual del pasaje, desde su conjunción con calle Moneda.
Vista de la esquina poniente, del edificio de Prat Echaurren. Nótese las grecas con swásticas en la decoración de la fachada.
Vista del edificio de la esquina oriente, que actualmente es ocupado por la aseguradora de salud Cruz Blanca.
Las viviendas del pasaje fueron concebidas por Holzmann como residencias particulares de dos a tres pisos, pareadas pero independientes entre sí, con un diseño propio para cada una aunque dentro la uniformidad la cuadra interior bajo el estilo arquitectónico Tudor de clara influencia inglesa, con tintes de neoclásico y neogótico. Hay casi una inspiración medieval en los frontispicios, como almenas en las cornisas, escudos decorativos, fachadas imitando pequeños castillos y arcos conopiales en puertas o ventanas de vidrieras, con vanos principalmente verticales.
Es inevitable advertir una suave semejanza de este pasaje con la estética y el estilismo del barrio París y Londres: el arquitecto es hijo de Ernesto Holzmann Ramírez, el autor de aquel proyecto en los ex terrenos franciscanos de la Manzana Residencial Modelo, que trazara con Roberto Araya y que se ejecutara unos diez años antes que este pasaje de Príncipe de Gales. De hecho, se dice que el propio Holzmann Ferreira habría asistido a su padre en la realización del proyecto París y Londres, de modo que le sobraban razones para tomar inspiración de esta experiencia antes de titularse profesionalmente en 1929 en la Universidad de Chile y, después, planificar ésta, su propia versión de un vecindario europeísta.
Los edificios de los accesos al pasaje son distintos porque, si bien datan de la misma época de los hechos por Holzmann Ferreira, pertenecen a otros proyectos y arquitectos, dominando en ellos un neoclásico ausente de los elementos de connotación Tudor que caracterizan el interior de esta calle sin salida y con forma de "T" estrecha. El de la esquina poniente de Príncipe de Gales con Moneda, corresponde a una residencia diseñada por el arquitecto Alfredo Prat Echaurren con sólo una semejanza relativa al resto de la obra ejecutada por Holzmann, pero más sobria y simple ya influida por el art decó, actualmente ocupada por una empresa. Tiene el detalle de mostrar una línea de grecas con forma de swásticas justo en la cara del vértice, entre el zócalo y el segundo piso. En la otra esquina, la oriente, se encuentra una casona palaciega con columnas decorativas, balcones de balaustras y dinteles ornamentales sobre los accesos, actualmente ocupada por una conocida firma de seguros de salud.
El vecindario dentro del pasaje debió tener cierto glamour y ostentación en su mejor época, tanto por sus características particulares como por su proximidad al entonces exclusivo Barrio Cívico de la capital. Supongo que el nombre alusivo al Príncipe de Gales debió ser un vestigio de la gran expectación y buen recuerdo que dejó la visita del Príncipe Edward unos años antes. Si bien estuvo en Chile junto al Príncipe George en 1931, una visita anterior de 1925 causó mucho más impacto y una huella imborrable entre los chilenos poco acostumbrados entonces a la presencia de este tipo de celebridades en nuestro territorio, que pudo verse reflejada en la posterior decisión de bautizar con su alto título a este pasaje de Santiago Centro, de tan británicas pretensiones.
Edificio hoy ocupado por el popular bar y restaurante "La Chimenea".
El edificio antes ocupado por la clínica antigua y luego por residencias y oficinas en las que alguna vez trabajé. Ahora aloja al restaurante japonés "Akita".
Típica entrada de arco en diseño Tudor.
Otro de los accesos con arcos conopiales Tudor.
El nombre del lugar no fue la única evocación a las coronas y alfombras del Reino Unido. Por muchos años funcionó en dos edificios dentro del pasaje, en los números 89 y 90 (ambos casi frente a frente, cruzando la calzada) una Clínica London, antiguo centro de salud de la ciudad cuyo nombre aún se leía años después de retirado éste, sobre los accesos a los lugares que ocupaba. Desconozco si guarda alguna relación con la clínica homónima que existió después en calle Almirante Barroso, identificada como un centro de operaciones de la DINA de los años setenta, pero sí recuerdo que el recuerdo de ésta de Príncipe de Gales fue objeto de algunas burlas y asociaciones ingeniosas durante la detención del General Pinochet en The Clinic (of London).
Tuve ocasión de trabajar por casi todo el año 1997 en este pasaje, como aprendiz de diseño y, seguidamente, en mi práctica profesional. Lo hice en una desaparecida empresa de telecomunicaciones y publicidad que se encontraba en el número 87, en parte de lo que había pertenecido a la también desaparecida clínica, donde después funcionó una inmobiliaria, según me parece. Fue la oportunidad de conocer bien el pasaje y convertirlo en un lugar donde transcurría gran parte de mi día. La vista imponente que entonces tenía de la Torre Entel al fondo del pasaje ya es imposible, pues apenas se la distingue ahora atrás de edificios de cristales altos e imponentes, levantados por la misma compañía de telecomunicaciones.
Corrían historias un tanto siniestras en aquellos años en que conocí mejor este pasaje y la verdad es que, por prudencia y escrúpulos, preferiré callarme muchas cosas sobre lo que supe de personajes decadentes que vivían en él. Eran corredores tenebrosos, con puertas donde no se sabía si atrás había una habitación o un pasillo hacia el infierno.
En el edificio que conocí los residentes compartían un baño, al fondo, y dominaba en todos ellos la desconfianza. Por ejemplo, sucedió una vez que un viejo guatón cargando un platillo con una fruta y que, al parecer, creía que el edificio entero era suyo, casi me provocó irme a las manos cuando me vio en uno de esos pasillos y, no sabiendo que yo trabajaba allí al lado, comenzó a interrogarme imprudentemente exigiendo explicarle la razón de mi presencia, al final de una tarde con la noche ya cayendo allá afuera. La súbita y oportuna aparición de otro empleado que era conocido suyo y que corrió a alcanzarme en la salida, salvó la incómoda situación.
Con relación a las dependencias de la ex clínica, en tanto, se rumoreaban otros relatos chocantes que jamás confirme, como la existencia de un discreto centro abortivo clandestino y otras cosas. La presencia de prostitución y la cocaína (y "de a mala", reclamaban) fueron otros fantasmas que rondaron por estos lados.
Otros personajes del pasaje eran tan pintorescos como penosos. Mi oficina compartía el segundo piso del edificio, por ejemplo, con una anciana abandonada que solía calentar su comida sobre una estufa de parafina que mantenía encendida todos los días. Un día se le quemó, olvidada en la estufa, dejando un olor horrible que duró varias horas en todo el lugar. En otra ocasión rodó escala abajo y debió ser asistida por otros residentes, mientras se halló postrada en la cama que ocupaba buena parte de su pequeño cuarto. La Vieja del pasillo, le decían todos, y en una conversación me confesó alguna vez que había sido una acaudalada comerciante, que cayó en desgracia económica y ahora sobrevivía con sus dolores de huesos y sus penas en esa pieza que le facilitó caritativamente el dueño del recinto. "Tuve todo: dinero, propiedades, un negocio, una botillería -se quejaba mientras le prestaba un brazo para que caminara a su pieza- ¡y míreme cómo vivo ahora!".
Acceso a "La Chimenea", en el número 90. Aún se distingue el nombre "London", de la antigua institución médica que ocupaba parte del pasaje.
Vista del fondo del pasaje, con edificios que evocan arquitectura de castillos y ventanas con arcos.
Trabajaba con nosotros otro ser extraño y trágico del pasaje heredero de la corona inglesa: el Car'e Chaucha, le decían por lo mofletudo y enclenque. Era un profesor titulado de profesor que nunca pudo arrimarse a un buen empleo, viviendo ahora como junior de la agencia (había sido compañero de humanidades del dueño), almorzando gracias a los platos que la Vieja del pasillo le regalaba y contando historias ridículas nacidas de sus delirios de militar frustrado, razón por la que le apodaron también con el mote de El Mariscal. Alguna vez hice una caricatura suya vestido a la usanza prusiana de la era Bismark, y el dibujo recorrió varios departamentos y otras oficinas y agencias más a través del fax, desatando su ira.
Lamentablemente, la fama del Car'e Chaucha como acosador con las mujeres y cierto incidente que lo develó como poco honrado, le hizo ganarse el desprecio de la mayoría de los demás integrantes de tan extraña comunidad. Cuando la empresa estaba por cambiarse de dirección, terminó sus días de allegado en el pasaje intentando acomodar vehículos por propina y durmiendo en el suelo de una oficina, a modo de cuidador nocturno, según supe. Nunca más tuve noticias de él ni de su drama, después de aquellos años.
Por fortuna, prácticamente toda la mala fama real o inventada que acumuló el pasaje en sus peores años, ha desaparecido ya. Muchos personajes oscuros murieron y otros se marcharon escapando como las cucarachas de la luz encendida. En uno de los edificios más vistosos se encuentra desde hace muchos años el popular bar y restaurante "La Chimenea", uno de los centros de recreación y de eventos favorito del centro de la capital y donde son frecuentes las exposiciones, reuniones de clubes, cuecas en vivo y catas de vino. Son tres pisos que hemos visitado en reiteradas ocasiones y con varios círculos de amigos o cofrades, sobre cuya entrada en el número 90, aún se distingue parte de lo que alguna vez había sido el nombre de la antigua institución que se hallaba en el pasaje: "LONDON".
Otros números conocidos de empresas u organismos que se instalaron hace tiempo en Príncipe de Gales y que ya forman parte de su historia, son el 84 de la sede del ex INJ (Instituto Nacional de la Juventud) ahora ocupado con la sigla INJUV, a la que cambió luego de un escándalo de corrupción que lo afectó precisamente en los años en que yo trabajaba por allá. Conocido es también el Hotel Tabita, que se presenta al público como Residencia Familiar en el número 85, y que explica la presencia de turistas con pesadas maletas que suelen aparecer también por el pasaje y por sus restaurantes.
En donde estuvo alguna vez la oficina de mi trabajo y más de las antiguas dependencias de la ex clínica, en el 89, se realizó una enorme y positiva remodelación que transformó al edificio permitiéndole acoger ahora al restaurante "Akita", un importante centro de venta y despacho de sushi y otras delicias japonesas. Fundación Tierra Esperanza se instaló en el número 78; la sociedad Gestión Inmobiliaria Ltda., en el 80; el Consejo Nacional de Instituciones Privadas de Formación (CONIFOS), en el número 67. Al fondo, en el número 70, la presencia del centro de belleza Belle Siluette confirma ya que la época de féminas siniestras y sombrías en el pasaje, ha pasado al olvido.
Este es el Príncipe de Gales de nuestros días, entonces: con mucho pasado pero también con bastante futuro. Sólo cuando se resuelva el problema que representan las cantidades de automóviles que se desde hace décadas estacionan en masa y a jornada completa en este lugar, ocupando espacio de la acera y dificultando el tránsito peatonal (quizás la solución sea convertirlo en estacionamiento sólo para motocicletas, que desde no hace mucho cuentan con espacio propio allí), este pasaje podrá completar por fin una buena convivencia con los visitantes y convertirse en ese cómodo y atractivo sitio de inspiración británica al que ha aspirado ser desde sus orígenes.

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