lunes, 26 de septiembre de 2011

EL "SILABARIO HISPANO AMERICANO" DEL PROFESOR DUFFLOCQ Y LOS BUENOS DÍAS DE LA EDUCACIÓN CHILENA

Portada del histórico silabario de Dufflocq, ilustrada por Coré.
Hubo una época en que la educación chilena realmente parecía marchar a la vanguardia de América Latina, en parte influida fundacionalmente por insignes personajes que llegaron desde otras regiones a introducir procedimientos y filosofías de la instrucción, como Andrés Bello, Jules Jariez o Domingo Faustino Sarmiento, además de prodigiosos educadores nacionales como Darío Salas, Manuel Montt, José Abelardo Núñez, Diego Barros Arana, los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui, Antonia Tarragó, Valentín Letelier, Isabel Le Brun, Pedro Aguirre Cerda, Gabriela Mistral y tantos otros que merecerían capítulos propios para describir su inmenso pero a veces poco conocido legado en la enseñanza escolar y superior del país.
Este sistema educacional se constituyó, también, en un mecanismo de mejoramiento de las condiciones sociales y accesos de los niños, generación tras generación: además de facultades que le son intrínsecas, como haber reducido el analfabetismo a niveles que llenan de orgullo la historia de la instrucción en Chile, el régimen de obligatoriedad y asistencia a las escuelas permitió implementar planes de combate a la desnutrición infantil con raciones para los alumnos, que lograron erradicar del país este flagelo hacia inicios de los años ochenta, tras una larga y fatigante lucha dada por gobiernos muy distintos entre sí.
Hay un hito que simboliza el éxito y la trascendencia que llegó a tener gran parte del modelo chileno original de educación dado a la luz en la primera mitad del siglo XX, antes de que se perdiera el control del timón y se produjera la debacle que actualmente tiene al sistema por las cuerdas. Se trata del trascendente "Silabario Hispano Americano" de Adrián Dufflocq Galdames, una de las hazañas más grandiosas e internacionalmente reconocidas que se hayan producido por estas tierras, para el sustento y facilitación de la instrucción escolar, reflejo de esos buenos tiempos para las proyecciones de la educación nacional.
SILABARIOS ANTERIORES
Antes de la obra de Dufflocq, existieron algunos silabarios precursores de esta clase de manuales destinados a introducir a los niños en la lectura. Inclusive, está el temprano antecedente de una pequeña "Cartilla o silabario para uso de las escuelas", impresa y publicada en 1810 por el ilustre carrerino, escritor, periodista y futuro ministro chileno José Manuel Gandarillas, en su propia imprenta de Buenos Aires fundada en el exilio, constituyendo el primer silabario propiamente tal conocido en América Latina.
Y curiosamente, si en la Argentina un chileno introducía los silabarios, en Chile lo hizo un argentino refugiado por nuestras tierras, coincidiendo su esfuerzo con los inicios de la alfabetización en Chile y la fundación de la instrucción primaria: el "Método de lectura gradual" de Domingo F. Sarmiento, publicado en 1849 por la Imprenta de Julio Belin en Santiago y en 1857 por la Imprenta del Mercurio de Recaredo Santos Tornero de Valparaíso. Se componía principalmente de combinaciones de letras formando sílabas, sin dibujos ni esquemas, para que el aprendiz las entendiera por el método de asociación y repetición gráfico-fonética, a diferencia de antiguos manuales donde se priorizaba la memorización.
Más tarde, ya en la generación de educadores correspondiente a la segunda etapa de desarrollo de la instrucción pública, Claudio Matte publica el legendario "Nuevo método (fonético, analítico-sintético) para la enseñanza simultánea de la lectura y escritura compuesto para las escuelas de la República de Chile", en 1884, impreso por la Imprenta de F. Brockhaus en Leipzig, Alemania. Este manual, cuyo largo nombre fue cambiado popularmente al sencillo título de "Silabario Matte" y "El Ojo" (por el primer dibujo instructivo y palabra a aprender que aparecía en sus páginas), se basaba en un texto europeo y fue una verdadera revolución en el método aplicado a los silabarios, al incorporar ilustraciones que hacían más ameno, interesante y fácil su uso entre los niños, asociando la palabra ya no sólo a la forma en que ésta es escrita y pronunciada, sino también al concepto representado en la imagen respectiva que las acompañaba. Fue declarado texto oficial y pasó desde allí a varios países de América, constituyéndose en uno de los textos pioneros del habla hispana que recurrieron asociación visual de palabras, grafismos y conceptos, método que jamás volvería a desprenderse de los silabarios publicados acá, desde allí en adelante. Es, además, un importante hito de la comunicación gráfica, que varias veces ha pasado inadvertido en los estudios sobre la historia del diseño en Chile.
No menos importante fue, ese mismo año, el lanzamiento del "Silabario Lector", del célebre profesor José Abelardo Núñez, aunque es conocido especialmente por las aparentes alusiones que se hacen a su persona y su rol en la inteligencia chilena durante la Guerra del Pacífico, en la obra "Adiós al Séptimo de Línea" de Jorge Inostrosa.
Si embargo, el golpe más grande dado por los educadores chilenos se iba a gestar en años posteriores, cuando la educación primaria del país ya era obligatoria y se hallaba consolidada después de todo su primer siglo de ordenamiento y estructuraciones.
Portadas de los silabarios de Domigno F. Sarmiento y de Claudio Matte.
ORIGEN DEL SILABARIO DUFFLOCQ
Basándose en el método y el estilo del silabario "El Ojo" de Matte, el sagaz y astuto profesor chileno Adrián M. Dufflocq Galdames, comenzó a elaborar unas cartillas propias y hechas a mano, para enseñarle a leer y escribir a su pequeño hijo. Nacido en 1905, el educador era también un hispanista apasionado y un amante de la lengua castellana, actuando como escritor y editor de la que sería su magna obra ante la historia de la educación mundial.
Dufflocq advirtió que estaba creando una obra que podía ser revolucionaria para la instrucción elemental y decidió publicarla este nuevo silabario, que estaba destinado a ser, quizás, el más importante de todos los que se han producido en la lengua castellana. Él mismo lo definió como un método fónico-sensorial-objetivo-sintético-deductivo que innovaba de manera radical sobre el material existente hasta entonces.
"Mi libro -explicó una vez, en una entrevista- tiende a enseñarle a leer al niño con el mayor rendimiento y con el mínimo esfuerzo".
En un acierto notable, lo tituló "Silabario Hispano Americano", reflejando con ello y de paso, también, la inspiración latinoamericanista e hispánica con que está concebida la colorida obra de principio a fin, aportando entre sus páginas información sobre otros países de la comunidad española y americana, y reproduciendo además sus banderas.
"A los niños de habla española -dice el autor en la dedicatoria-, con mi fervoroso deseo de hacerles llano y fácil el camino en este primer paso del conocimiento de nuestra hermosa lengua".
Esta pasión hispanista de Dufflocq también se revela en muchos de los textos del silabario, tales como "Antonio viajará a España", "España está en Europa" y "A la Madre Patria le debemos el hermoso idioma que hablamos". Ha de ser ésta, entonces, además de su vocación pedagógica, otra importante motivación del autor para gestar su silabario.
A la izquierda, una reedición moderna del silabario de Matte. A la derecha, portada de una de las innumerables ediciones "piratas" del silabario Dufflocq.
Aviso publicitario para el manual complementario para los instructores y la edición del silabario adaptada para el uso de alumnos adultos, en el marco de la Campaña Nacional de Alfabetización.
LOS DIBUJOS DE CORÉ
Además de la eficiencia de su propuesta, el "Silabario Hispano Americano" contaba con las ilustraciones a color del joven pero magistral artista Mario Silva Ossa, más conocido por su pseudónimo Coré, quien ya estaba familiarizado con los dibujos para niños y de orientación educacional a través de su trabajo en la revista "El Peneca". Aportó gráficas de una belleza y de un romanticismo extraordinarios en el manual de aprendizaje, evidentemente inspiradas en el estilo y estética de las ilustraciones de los cuentos clásicos, dándole más encanto aún al silabario.
La tapa con los dos niños sentados sobre unas vocales debe ser una de las portadas más famosas e internacionalizadas de toda la historia del diseño gráfico y editorial chileno. Varios personajes aparecidos en el libro gozaron también de fama popular: el duendecillo de la dedicatoria, el gigante de los cuentos que aparecen hacia el final de la obra, o los dos niñitos negros que en una hoja advierten con un cartel, tomando palabras del propio autor:
"El idioma castellano es el más fácil del mundo para aprender a leerlo y escribirlo como lengua materna".
A pesar de la importancia que Coré ya tenía en el mundo editorial, su vital aporte al "Silabario Hispano Americano" contribuyó a la trascendencia de su nombre y a la consagración de su firma como la de uno de los ilustradores más importantes de la historia de la gráfica chilena, admirado y reverenciado por muchas generaciones posteriores. En las páginas del libro, además, deja sentado el hecho de poseer un estilo que le era característico y tan propio, elogiado por maestros posteriores del mundo del cómic y de las artes gráficas.
Desgraciadamente, Mario Silva Ossa, el poeta de la gráfica, murió en un trágico atropello por un tranvía, sólo cinco años después del lanzamiento de la primera edición del silabario. Fallecido con 37 años recién cumplidos en estas circunstancias que nunca quedaron muy claras, la leyenda dice que fue arrollado mientras cruzaba la calle, distraído haciendo un dibujo en su libreta de ilustraciones.
PUBLICACIÓN E IMPACTO
El silabario de Dufflocq apareció por primera vez el 15 de febrero de 1945, según comenta Manuel Peña Muñoz en su "Chile: Memorial de la Tierra Larga". Con 10 mil ejemplares era, por supuesto, la primera edición de innumerables otras que tendrían lugar hasta nuestros días. Orgullosamente, el autor declararía en el prólogo de una de esas varias ediciones posteriores de la obra (los destacados son originales):
"Con este nuevo método -único en su género-, el alumno tiene la satisfacción de TRADUCIR POR SÍ SOLO lo que hay escrito en este libro, bastando únicamente que lo guíen al comienzo de cada lección".
La presentación del libro fue un suceso notable, desatado prácticamente de inmediato. Figuras como el chileno miembro de la Real Academia Española don Pedro Lira Uquieta y la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou, declararon públicamente su admiración por el trabajo de Duffloccq y lo promovieron como uno de los más grandes esfuerzos por la alfabetización y la educación americana. La querida Juana de América escribió del silabario, mezclando su lírica con la seducción que le inspiraba la obra:
"Beber en el viejo vaso de estaño magullado; beber, luego, en la copa de cristal puro, donde la luz pone, gozosa, su iris. Aprender a leer en los antiguos textos pasados, y aprender a leer en el Silabario del gran pedagogo Adrián Dufflocq Galdames, lujo de los ojos, gracia para el entendimiento del niño".
"¡Ah! ¡Cuánto tienen que agradecerle madres y maestras a este hermoso talento creador, a ese puro corazón intuitivo que ha hecho para los niños de las Américas un libro perfecto!".
De alguna manera, el "Silabario Hispano Americano" fue también un ataque frontal contra el analfabetismo, tanto en niños como en adultos, incorporándoselo a programas de alfabetización en zonas rurales del país después de sus primeras ediciones y dados los excelentes resultados que certificó el Ministro del Trabajo don Juan Pradenas Muñoz, en mayo de 1947. En febrero de 1953, tanto el silabario como su libro complemento "Texto de Escritura Hispano Americano" fueron declarados material oficial de las Escuelas Primarias del Ejército de Chile, "en atención a los excelentes resultados obtenidos en todas las unidades", según confirmación del General del Brigada don Ernesto Medina Parker. Finalmente, en 1964, el libro fue aprobado por el Ministerio de Educación para entrega y uso en las escuelas fiscales y particulares de Chile.
No es exagerado establecer en millones de personas, entonces, las que aprendieron a leer en distintas épocas y lugares gracias a esta maravillosa obra del profesor Dufflocq.
Páginas interiores del silabario Dufflocq, en una versión blanco y negro.
El profesor Adrián Dufflocq Galdames, en 1962 (revista "En Viaje").
ADOPCIÓN INTERNACIONAL DEL SILABARIO
Sorprende la rapidez con que el silabario comenzó a ser tomado por otros países hispanoparlantes, empezando por la propia España, que por decreto del 13 de diciembre de 1948, declaró de utilidad el "Silabario Hispano Americano" y su manual de complemento "Texto de Escritura Hispano Americano". Duffloqc, siempre hablando desde su hispanismo, fue un eterno agradecido de este gesto y escribió al respecto, en su mismo silabario:
"...tengo la grande e íntima satisfacción de haber sido honrado por España -la cuna de nuestra lengua y de sus letras- con la aprobación de este silabario y de otras tres obras didácticas del autor. A la Madre Patria, a quien todo le debemos en esta tierra en que nacimos, su sangre, su espíritu y su gracia y el acervo de su alta cultura, rindo un cálido homenaje de admiración y de respeto a sus valores intelectuales, que hoy y siempre se esfuerzan por mantener en el alto sitial que ocupa en el mundo el armonioso lenguaje de Cervantes".
El propio Dufflocq pudo hacer una sorprendente demostración en la Madre Patria, que le permitió expandir más aún el prestigio y la popularidad de su silabario: en el Instituto Ramiro de Maetzu de Madrid, a fines de 1951, le enseñó a leer y escribir a un grupo de 20 niños españoles de 5 y 6 años, en solamente 42 días, valiéndose de su manual. Los resultados fueron verificados y aplaudidos por José Mendo Remacha, director del instituto.
Otro país que aprobó el "Silabario Hispano Americano" en sus programas de educación fue Bolivia, por decreto del 10 de junio de 1957, destinándolo a las escuelas primarias y los Centros de Alfabetización de la República, por lo que también ha sido de vital importancia en el vecino país para el combate del analfabetismo. En Argentina y México se inscribió la obra en 1948 y 1954, respectivamente. Hacia los cincuenta, el Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos comenzó a regalar el libro como parte de un plan de alfabetización de regiones pobres de América Latona.
Así pues, para abril de 1962, la revista "En Viaje" Nº 342 de la Empresa de Ferrocarriles del Estado titulaba soberbia uno de sus artículos: "El Silabario Hispano Americano alfabetiza a todo el continente". Ese mismo año, se lanzó su edición 24°, con 300 mil ejemplares distribuidos por todos los países de América.
Avisos publicitarios del "Silabario Hispano Americano".
TRASCENDENCIA DE LA OBRA
Desde entonces, el "Silabario Hispano Americano" ha tenido más de 100 ediciones posteriores oficiales, sin contar las republicaciones que se han hecho de manera no autorizada en Chile y otros países, que quizás pueden estar cerca en número de las ediciones formales realizadas por editoriales como Lord Cochrane y especialmente la Zig Zag. Muchos ejemplares antiguos son altamente cotizados por los coleccionistas de nuestros días.
Además de su función educativa, la obra marcó profundamente a las generaciones que se formaron con él en sus escritorios y pupitres. Peña Muñoz dice al respecto, recordando con nostalgia la impronta que llegó a tener en la familia chilena:
"...su presencia inconfundible en las casas trae inmediatamente reminiscencias de la niñez, en épocas escolares, con sabor a otoño, a naranjas dulces, a camisa recién planchada y a lápices de cera para pintar una casa con un sol en un cuaderno de croquis de color salmón".
La combinación de talentos entre Dufflocq y Coré ha sido capaz de producir, entonces, una pieza de trascendencia perpetua. Parece increíble que en plena época de la comunicación digital y del acceso de los niños a los estímulos de los nuevos medios de comunicación, el "Silabario Hispano Americano" siga teniendo vigencia y utilidad, lo que habla de la calidad de la obra. Aunque sus dibujos luzcan hoy dignos de una enciclopedia vetusta y aunque sus cuentos resulten ingenuos al tipo de relato de nuestros días, hay un cariño popular por el silabario que sólo es proporcional al servicio que aún puede ofrecer, formando niños en el acceso al mundo ilimitado de la lectura y el aprendizaje en nuestra lengua materna.
EL LEGADO DE DUFFLOCQ
El profesor Dufflocq siempre protegió su obra, pero no por alguna la enfermiza obsesión con los derechos de autor (como sucede en el editorialismo de nuestros días), sino buscando garantizar el acceso generalizado de la población al silabario. En 1958, por ejemplo, fijó su precio en sólo 400 pesos, una cantidad muy accesible para apoderados y alumnos de entonces, y que se mantuvo por varios años más en un esfuerzo por frenar a especuladores y comerciantes ambiciosos. En la edición de 1962, además, el Dufflocq procuró regalar grandes cantidades de libros a los programas de alfabetización del continente y a las escuelas pobres: 100 mil unidades, equivalentes a un tercio del tiraje de aquella edición.
El profesor también fue capaz de imponer una filosofía de servicio educacional que ojala nunca se hubiese perdido, ni siquiera parcialmente. Entrevistado por la señalada revista "En Viaje", declaró sobre el poder e hito sin parangón de su "Silabario Hispano Americano", además de su propio legado:
"Enseñar a leer no es una ciencia, es un arte y creo que el idioma castellano es el más fácil del mundo para aprender a leerlo y escribirlo como lengua materna, pues le falta un soplo para llegar con precisión a esa inmutabilidad de las matemáticas, vale decir, de la ciencia más exacta que ha ideado el hombre hasta nuestros días".
"Los resultados que se obtienen con mi Silabario exceden las aspiraciones de los maestros que lo utilizan".
"Es sencillo y práctico para los niños y adultos, pues estos últimos aprenden solos: basta para ello darles unas cuantas explicaciones previas".
Adrián Dufflocq Galdames falleció en 1984. Fue uno de los hombres más positivos y benéficos para el hispanoamericanismo; un grande en los hechos, en la obra concreta, y no en el mero discurso ideologizado y abstracto de otros. Nos dejó, con ello, este extraordinario legado y testimonio de los buenos tiempos de la educación chilena, cuando nuestra pedagogía chilena marcaba pautas internacionales que hoy nos llenan de orgullo, pero también de esperanzas para el punto crucial en que se encuentra ahora nuestra historia educacional.

6 comentarios:

  1. Soy uno de los millones que aprendió a leer con el Silabario Hispano Americano y el niño que llevo adentro, muy profundo en mi corazón, lo lleva a todas partes, jamás se separa de su primer texto de estudio.

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  2. Según tengo entendido, El Ojo es la traducción del silabario alemán, pero mucho no servía porque al ser un método fonético, no correspondían los dibujos, con el orden del alfabeto, aún así se usó por mucho tiempo.

    También entiendo que Coré murió porque fue arrollado, pero lo que no se sabe a ciencia cierta si se suicidó o fue accidente, pues era un tipo con una profunda depresión. Cuando murió, salió de su casa con el pretexto de comprar cigarros....

    La gran mayoría de los originales de la revista El Peneca de Coré, están en manos de Manuel Peña, quien tiene muchos deseos de montar una exposición con estas láminas, pero espera que alguien se ofrezca a hacerla. Llegaron a sus manos a través de una hermana de Coré, que las encontró en un desván, y no sabiendo que hacer con eso, fue a una conferencia de manuel y se las dió. A Manuel lo pueden ubicar a través del CCE y así pueden corroborar esta información.

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  3. Hola amigos y muchas gracias por este reporte tan completo sobre este silabario y su creador.Yo también soy uno de los millones de niños chilenos que aprendí con este libro,en los años sesenta.Muchas gracias.
    Jorge Morales Vivanco

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  4. Muy bueno el artículo, sólo conocía al profesor Adrián Dufflocq por su nombre en el Hispanoamericano.Sin duda en hombre que dejó un legado a la humanidad, no creo exagerar. Muchas gracias don Adrián, yo también aprendí a leer y a escribir en su maravilloso libro.
    Claudio.

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