miércoles, 9 de febrero de 2011

UN CURIOSO "SENDERO ESTELAR" EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO

Virgen del Carmen en la Capilla del Sagrario.
No he podido encontrar ningún dato relevante a la situación que aquí vamos a describir sobre el perfecto equilibrio ciertos elementos en el diseño de la Catedral de Santiago, allí junto a la Plaza de Armas. Más bien, parece ser que se tratará de una novedad hacer notar esta característica del templo, además de la relevancia que tiene el símbolo de la estrella octogonal en la misma y que, como hemos dicho en las dos entradas anteriores, podría tener una relación con la figura de la Virgen María y su asociación a la Estrella de la Mañana, particularmente con la advocación del Carmen.
Hemos visto en la última entrada que el Santuario de La Tirana tiene un gran cantidad de símbolos de posible connotación esotérica, principalmente una cúpula que retrata un mapa de la bóveda celeste con un cielo azul y estrellado con una estrella octogonal al centro; es decir, Venus, la posible entidad aludida tras la imagen de la Virgen del Carmen.
Resulta, pues, que en la Catedral Metropolitana tenemos no una representación popular, sino 20 de ellas, más otra enorme que podría estar oculta en la bóveda sobre el altar principal. A diferencia de las representaciones de La Tirana, sin embargo, las de acá de Santiago no son mapas de constelaciones, sino abstracciones de cielo azul y estrellas, más sencilla y escueta. Están en las naves laterales del templo, distribuidas en 10 por lado a modo de tragaluces, con uno al centro de cada una. Se presentan separadas en compartimentos propios (decorados con muchos simbolismos muy especiales, además) formados por arcos de medio punto que conectan a las gruesas columnas que hacen las divisiones entre ambas naves laterales y la central mayor. Pero tan curioso como el cielo es el suelo: las baldosas estás distribuidas en diseños geométricos de efectos ópticos casi estroboscópicos, y en los que sucede lo insólito: cada vez que uno se coloque exactamente debajo de alguna de las 20 cúpulas celestiales, los pies quedan justo encima de una estrella de ocho puntas formada por estas baldosas en el suelo. Es decir, el centro de las cúpulas está perfectamente alineado con las estrellas del suelo, pesadilla de matemática e ingeniería que fue pensada y resuelta con alguna intención de ninguna manera azarosa ni menos producto de un capricho innecesario.
Seguir observando el conjunto sólo acrecienta la curiosidad: frente a cada una de estas perfectas coherencias de la línea cenital que une estrellas con cúpulas, está cada uno de los altares laterales, consagrados a distintas figuras e imágenes propias dentro de la Catedral. Esto es, en otras palabras, una especie de ruta trazada a propósito en su arquitectura interior y con estaciones en el mismo sendero, cada una señalada con el símbolo de la estrella de Venus que hemos visto proveniente de antiguas tradiciones paganas que también parecen haber tenido su influencia sobre el cristianismo y otras religiones. Éstas, a su vez, están en línea con las cúpulas estelares del cañón superior de cada nave, por lo que relación entre ambas sólo puede ser deliberada.
A las cúpulas laterales pequeñas se suma una número 21, la más grande, que se encuentra sobre el altar mayor como hemos dicho, y se adivina su relación con las otras porque también tiene estrellas incorporadas a su diseño, aunque en su caso están en las nervaduras de la  concavidad pero que, curiosamente y quizás tampoco por azar, también suman ocho, como las puntas de la estrella venusina. Por la extraña forma que tiene este templo, además de su carencia de ábside, se puede pasar por detrás del altar a través de ambas naves laterales, allí donde está la cripta de Diego Portales, unidas precisamente por el pasillo al fondo de la nave central. Así pues, se retoma al otro lado de la pasada por entre esta gran cúpula estrellada, el camino por la segunda nave lateral, como si se señalara una ruta continua entre ambas a través del pasaje tras el altar.
Las cúpulas celestiales de las naves laterales. Su tragaluz central está en perfecta alineación cenital con las estrellas octogonales del piso.
Una de las estrellas octogonales del piso, a su vez en perfecta línea con las cúpulas superiores (las que están frente a cada altar menor).
¿Cuál puede ser el origen de este extraño patrón de cúpulas estrelladas alineadas perfectamente con las estrellas octogonales del piso? La relación entre ciertas simbologías crípticas y la arquitectura religiosa son conocidas, especialmente gracias a la influencia de la masonería, que ha tenido enorme incidencia en el oficio. Sin embargo, en el caso de la Catedral de Santiago se debe tener en consideración que este edificio corresponde al tercero de los allí construidos, a partir de 1748 bajo los planos de Matías Vásquez Acuña y por veinte años más de trabajos. Reparaciones a incendios y remodelaciones se realizaron cerca de 1775, seguidas de una gran intervención encargada hacia 1780 al célebre arquitecto italiano contratado durante los años de la Colonia, don Joaquín Toesca. Al morir éste, las obras fueron seguidas por su alumno Juan José Goycolea a partir de 1799. Sin embargo, como dos autos papales de 1840 y 1873 elevaron el templo al rango de catedral, la sociedad santiaguina de los tempranos tiempos de la República comenzó a mirar con desdén la arquitectura de su edificio, especialmente por la sencillez de su fachada que no era considerada a la altura de lo que merecía la Catedral de Santiago. La idea de hacerlo más grande y bello comenzó a cundir.
La remodelación definitiva fue una decisión del Arzobispo Mariano Casanova, hacia los últimos años del siglo XIX. El enorme proyecto fue encargado al arquitecto Ignacio Cremonesi, quien inicia labores hacia 1896, basándose en un planteamiento de inspiración románica para el nuevo templo. Es en esta época que, según mi impresión, habrán nacido las cúpulas que quedarían alienadas con las estrellas venusinas del suelo, por lo tanto, cuyo diseño semeja bastante a la estrella islámica, también octogonal. La Catedral de Santiago fue reinaugurada con este aspecto en 1906, aunque después se le cambió su antigua torre por las dos paralelas que existen ahora. En 1912 se terminaron de construir los altares de mármol y algunos detalles de la decoración interior, por lo que es posible también que la curiosa alineación cenital de elementos del techo con el suelo haya sido concretada en este período.
En 1846, además, se le había comenzado a levantar la Capilla del Sagrario, adyacente y conectada con el templo. La obra se encomendó inicialmente al arquitecto alemán Francisco Stolf, pero problemas presupuestarios obligaron a Monseñor Valentín Valdivieso suspenderla. La fase final de construcción del recinto fue encargada al arquitecto Eusebio Chelli a partir de 1858, en base a la Capilla de San Pedro y San Pablo que existe en Roma. Para construirla, sin embargo, se retomó una idea original de Toesca que involucraba colocarla en el sitio preciso donde ahora se halla, inaugurada en 1863, el mismo trágico año del Incendio de la Compañía de Jesús a no mucha distancia de allí.
Consagrada a la Virgen del Carmen desde aproximadamente el cambio de milenio, la Parroquia del Sagrario tiene una característica que es única e inconfundible y que la podría conectar directamente a la ruta de estrellas venusinas que existe en las naves laterales: su piso, a los pies de la Sagrada Patrona del Ejército de Chile y por excelencia la Protectora de Chile, está construido por una geometría de baldosas formando también perfectas estrellas octogonales, similares a las que están afuera bajo cada bóveda estelar. Es, para la imaginación, una confirmación de la conexión entre la actual Virgen del Carmen que allí acoge y la representación atribuible a Venus, desde nuestro punto de vista. Además, si se realizara la ruta de esas estrellas de ocho puntas bajo las cúpulas partiendo por la nave derecha, tras pasar por detrás del altar mayor y avanzar en sentido opuesto sobre las estrellas de la nave izquierda, el paseante llegaría al final de ésta quedando justo al frente de la entrada al Sagrario donde ahora está la Virgen del Carmen, como si completara con ello un circuito que no sabemos si es fruto de la casualidad o de alguna bien concebida ruta por las raíces místicas y venusinas que quizás estén relacionadas con la tradición de esta advocación particular de la Santa Madre o con alguna poética coincidencia.
Cabe recordar que la efigie de esta Virgen del Carmen en la catedral fue objeto de un extraño atentado incendiario, que a algunos suspicaces e imaginativos con la suficiente información, motivó a especular sobre conspiraciones esotéricas y otras teorías. Sucedió el 18 de abril de 2008, cuando un sujeto le prendió fuego casi destruyendo la imagen y obligando a someterla a largas reparaciones. Lo intrigante, para algunos especuladores, fue que esta acción se cometió un día viernes, que es el día de Venus o  Veneris dies, y más encima en el mes de abril o mes de Venus en el mundo antiguo, por lo que la fecha podía prestarse fácilmente para conjeturar en un supuesto atentado contra la naturaleza venusina de la tradición de la Virgen del Carmen, como la que hemos ido describiendo aquí. Además, sucede dicho ataque en el año 8 del actual milenio, que es el número distintivo de la estrella de Venus. Sin embargo, las perturbadas facultades mentales del tipo que provocó el incendio difícilmente podrían servir para argüir alguna clase de conspiración cósmica en el atentado. De hecho, el mismo sujeto apareció después implicado en otros incendios intencionales provocados, en esta ocasión fuera de Santiago.
Estrellas "venusinas" en las baldosas del Sagrario, a los pies del altar de la Virgen del Carmen. Aunque son posteriores a las que se encuentran en las naves laterales, "alguien" procuró que fueran del mismo diseño que aquéllas, cumpliendo con algún curioso canon simbólico. Estas baldosas reemplazaron el viejo parquet de madera del Sagrario cuando la misma capilla fue transformada.
Otra vista de una de las cúpulas estrelladas.
Un hecho interesante sucede afuera de la catedral, además. Como se recordará, los trabajos de remodelación de la Plaza de Armas comenzaron en 1998, año en que aún ni siquiera comenzaba a ser escrito el famoso libro de Dan Brown que ha servido de especulaciones e interpretaciones creativas para tantos otros casos de los simbolismos arquitectónicos y urbanísticos aquí y en el resto del mundo, a veces muy poco científicas y muy mal documentadas. Pero, tras ser inauguradas las obras el año 2000 y con algunas críticas al aspecto que quedó en la plaza de acuerdo al proyecto de los arquitectos Pérez de Arce, Bianchi, Caamaño y Salas, se advirtió de inmediato un par de detalles intrigantes que han generado cierta especulación y que siguen siendo interpretadas con distintas teorías especulativas y leyendas populares, algunas más sensatas que otras, pero todas más o menos dignas de una trama propia del "Código Da Vinci" o de argumentos de ese estilo:
  1. El primero de ellos es la línea meridiana que corre por eje Norte-Sur en la plaza (ajustado a la inclinación de la ciudad), justo frente a la estatua de la virgen del escultor y místico Domingo García-Huidobro en la altura del Portal Fernández Concha, pasando por la Fuente Ayacucho y la placa del kilómetro cero que ha desaparecido de allí en tiempos recientes. Algún día hablaremos con más detalle de esta característica de la Plaza de Armas.
  2. El segundo detalle intrigante es una línea más gruesa que corre por los adoquines al costado de la plaza y frente a la Estatua de don Pedro de Valdivia. La línea pasa sobre tres representaciones coloniales de Santiago ilustradas en su momento por Felipe Guamán Poma de Ayala, por Alonso de Ovalle y por Amadeo Frezier, hechas aquí en bajorrelieves de bronce colocados en el suelo. Lo curioso es que esta línea se extiende en perfecta rectitud desde la estatua de Valdivia hasta la entrada lateral de la Catedral de Santiago, allí donde creemos que comenzaría la curiosa ruta interior venusina alineada entre estrellas y cúpulas. También haré a futuro alguna entrada a este respecto, pues hay mucho más que decir de ella.
No sabríamos decir desde cuándo se están incorporando esta clase de simbologías un tanto herméticas a la Catedral de Santiago de Chile y quizás también a su entorno. No muchos advierten el detalle sorprendente de que las puertas de madera labrada del mismo templo, muestran una hermosa cruz con ramas y flores de rosal enredadas alrededor, una imagen de innegable origen rosacruz (o, cuanto menos, de esa connotación), ese movimiento cristiano tan negado del catolicismo oficial pero que dejó sus huellas en el mismo. ¿Provendrá de una posible relación de este tipo la curiosa ruta de estrellas venusinas por las naves centrales y el Sagrario de la catedral?
Dejamos planteadas estas observaciones con sus preguntas correspondientes. Algún valor tienen, sin duda, pues aun si los intentos por buscarle vínculos o relaciones fueran todos errados, existe una imperturbada e indiscutible intencionalidad de establecer estos nexos simbólicos entre las estrellas y las cúpulas, dentro de la más importante de las edificaciones religiosas de la ciudad de Santiago.
La estrella alineada con las cúpulas queda invariablemente frente a cada uno de los altares laterales, en este caso el de Santiago Apóstol.
Símbolos muy posiblemente rosacruces en las puertas de la catedral, que han pasado prácticamente inadvertidos. Otra teoría poco difundida sobre el viejo cáliz desaparecido de la Catedral sugiere que éste pudo haber sido confeccionado por los Jesuitas Bávaros de Calera de Tango usando material del meteorito Veas-1 encontrado en San Joaquín. A futuro abordaré también este interesante tema.

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