jueves, 30 de diciembre de 2010

EL DESAPARECIDO "MUSEO" DE LA OFICINA SALITRERA DOLORES

Mis compañeros de viaje, entre las colecciones del "museo", en 1997
Coordenadas:  19°40'39.72"S 69°56'31.86"W
Algún día dedicaré un espacio propio a la maravillosa oficina salitrera de Dolores, en la Pampa del Tamarugal, un tesoro que concentra prácticamente toda la historia de la región en su espacio: vestigios arqueológicos de Tarapacá, las ruinas del antiguo poblado de trabajadores calicheros y el escenario de una de las más importantes batallas de la Guerra del Pacífico, librada el 19 de noviembre de 1879, existiendo un conjunto conmemorativo de este hecho histórico allí en tan interesante sitio.
Por ahora, quisiera dedicar este texto a un pintoresco sitio que existía dentro del complejo de Dolores: un "museo" improvisado por los propios visitantes que acumulaba gran cantidad de piezas, artículos y reliquias que los viajeros encontraban entre las ruinas o los ex campos de batallas del sector, y que eran colocados en el pretil alrededor del monolito conmemorativo de la batalla.
Era un lugar único, confiado a la buena fe de los turistas. La condición era colocar allí lo que uno encontrara y no sacar ninguno de los objetos expuestos, entre los cuales alguien había escrito sobre una modesta tabla el título "Museo de Dolores", con la advertencia casi en tono de súplica de no llevarse las piezas exhibidas, durante los años noventas.
Fue en febrero de 1997 que llegamos allá, a las tres de la tarde bajo un sol infernal sobre la más reseca aridez, apenas compensada por la sombra de esos estoicos tamarugos que dan el nombre a esta histórica pampa. Ahí, cuidadosamente colocados sobre todo el bajo murallón de albañilería que rodea al monolito conmemorativo de la batalla, estaban las colecciones que habrían sido fascinación para un anticuario: lozas, porcelanas, cerámicas, piezas artísticas, platos, ollas, cacerolas, cubiertos, piochas, insignias, envases, etiquetas, botellas, latas, etc... Todos testimonios de siglos de presencias en estos lugares del Desierto de Tarapacá, al norte de Iquique.
Algunas etiquetas en latas antiguas son realmente antiguas, de estilos franceses o Art Nouveau. Hay cestos, paneras y fragmentos de lo que alguna vez fueron lujosas tazas y platillos, probablemente orgullos de herencia familiar a la hora de la once. También había trozos de riendas y herraduras. Una que otra herramienta de los viejos trabajadores que tuvo este sitio del que ya no se conserva en pie ninguna de esas casas hechas con adobes y con bloques canteados de la propia roca calichera, que abunda. Todas estas casas están en ruinas, como si una lluvia de ácido las hubiese erosionado. Sin embargo, la sequedad del ambiente conservaba a las piezas casi tan bien como lo estarían en una vitrina museológica, al menos aparentemente.
Entusiasmados, recorrimos con grandes esfuerzos el infernal pueblo en ruinas. No nos costó encontrar cajitas de té en lata, carretes de hilos antiguos, tazas quebradas y, en mi caso también, el trozo de una rienda de cuero muy grueso y duro. Respetando el acuerdo o contrato moral del visitante de la Oficina Dolores, dejamos en la improvisada exhibición todas estas reliquias, aumentando sus colecciones.
Mientras revisamos lo que otros han encontrado y aportado, uno de mis amigos encuentra un pequeño lagarto del desierto, que suelta su propia cola y escapa pretendiendo haberse zafado del imaginario depredador, mientras su extremidad desprendida salta y se retuerce en el suelo, en una técnica frecuente entre este tipo de reptiles. Parece increíble que entre tanta sequedad pueda haber vida, sin duda, pero las mismas corrientes subterráneas que permiten la existencia  los tamarugales y que facilitaron la desaparecida industria salitrera en la zona, son las que dieron la posibilidad de existencia al conjunto de personas que aquí existió alguna vez, y que ahora son sólo fantasmas, que existen a través de esas reliquias del "Museo de Dolores" entre los escombros salinos del otrora activo poblado.
Tras inspeccionar algunos detalles de la geografía donde se dio la batalla, nos retiramos de Dolores concientes de estar compartiendo un valioso y apreciable secreto, del que también formamos parte como todos los visitantes de la salitrera lo hacían en esos años, cuando todavía quedaba algo de respeto y prudencia para con nuestros sitios históricos, característica que no ha sido tan propia de nuestro incorregible pueblo, desgraciadamente.
Poco tiempo más duró esa maravilla al alcance de la mano del visitante, sin embargo... Cuando regresamos a la Pampa del Tamarugal durante el verano de 2001, confirmamos con estupor que el "Museo de Dolores" había sido arrasado, totalmente saqueado y ya no quedaba ninguna de sus reliquias, probablemente idas a parar a las vitrinas de la ambición de comerciantes de antigüedades, de colecciones particulares o en situaciones aún peores. El pauperismo cultural se impuso, desgraciadamente.
En años posteriores, se ha tratado de reponer aquella colección de piezas alrededor del monolito con nuestros hallazgos y descubrimientos de los visitantes, pero nada semeja ya las "colecciones" que alcanzamos a conocer aquella vez, en 1997.
Fue el lamentable final de uno de los sitios más pintorescos y curiosos de interacción directa y participativa con el visitante que hayan existido en el Norte Grande de Chile.
Registro en video de nuestra visita al "Museo de Dolores" en febrero de 1997.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook