lunes, 30 de agosto de 2010

NEPTUNO Y ANFITRITE, LOS DIVINOS AMANTES DEL BARRIO BELLAS ARTES

Ubicación original de las imágenes enfrentadas de Neptuno y Anfitrite junto a la lagunilla del Parque Cousiño (hoy O'Higgins) en 1915, en el álbum fotográfico de Santiago de Jorge Walton. Curiosamente, allí se reproducen al pie de la imagen dos afirmaciones controvertidas sobre las obras: que corresponden en realidad a "Adán y Eva" (tal vez se creyó popularmente esto en esos años) y que fue donada por don Matías Cousiño, referencia de la que tenemos dudas. Quizás el origen de ambas leyendas esté en esa misma publicación.
Coordenadas: 33°26'16.23"S 70°38'36.08"W
Desde hace algunos años, una fontana muy particular se encuentra frente a la salida norte del Cerro Santa Lucía, allí donde convergen las calles Victoria Subercaseaux y Santa Lucía con Merced. Es el mismo lugar en el que, hasta fines de los tiempos coloniales, se encontraba una formación rocosa atravesada por un cauce derivado desde el río Mapocho, y que los españoles llamaban el Alto del Puerto. También es el mismo donde estuvo instalada la estatua ecuestre de don Pedro de Valdivia (hecha por Pérez Comendador) entre 1963 y 1967, actualmente en la Plaza de Armas.
La fuente de Neptuno y Anfitrite, a que hacemos referencia, está ahora allí: exactamente en el punto donde comenzaba la vieja estructura natural de rocas, dinamitada a principios del siglo XIX. Actualmente, es el sitio donde hoy se miran de frente dos populares e históricos edificios del barrio: el Hotel Foresta (donde se encuentra el conocido Bar Don Rodrigo) y "El Barco" bauhaus del arquitecto Sergio Larraín. La pileta de agua brota en un pequeño bandejón central, casi en las lindes con la calle Merced.
Neptuno o Poseidón era el dios clásico de los mares. Curiosamente, tiene otro homenaje fontanero dentro del conjunto del Cerro Santa Lucía: en la gran fuente sobre el acceso Sur. También estuvo su efigie en la Alameda de las Delicias, en una fuete frente a la calle Ejército. Según el mito, la divinidad se enamoró perdidamente de una ninfa marina o nereida, llamada Anfitrite o Salacia, a quien descubrió un día bailando desnuda. La sedujo y le pidió compromiso, pero ella se negó. Entonces, intercedió en favor de Neptuno un delfín, logrando convencer a Anfitrite. Desde entonces, existe en el cielo, como gratitud del dios, la constelación de Dolphinus. Es decir, la del Delfín.
Las representaciones de la feliz y poderosa pareja existen por miles: mosaicos, bajorrelieves, esculturas, pinturas, cerámicas. Ha sido retratada desde la imaginación por artistas clásicos de griegos y romanos hasta por maestros pictóricos contemporáneos. La versión que está reproducida junto al Cerro Santa Lucía, sin embargo, correspondería al artista Mathurin Moreau: muestra a ambas figuras parcialmente desnudas, tomando un baño en las rocas del océano, mientras ella le muestra a él unas conchitas marinas, en plena situación de cortejo.
Según el libro "Arte de la fundición francesa en Chile", publicado el año 2005 por la Municipalidad de Santiago en conjunto con expertos franceses de la Asociación para el Salvamento y la Protección del Patrimonio Metalúrgico de la zona de Alto Marne, la obra habría sido fundida en la famosa compañía parisina Val d'Osne, la misma que proveyó la mayor cantidad de las piezas que se ven en el paseo interior del cerro. El mismo documento señala que nuestros Neptuno y Anfitrite pertenecían originalmente a un conjunto escultórico pensado para una cascada ornamental, y aparece retratada en catálogos de la fundición francesa publicados hacia fines del siglo XIX.
Sin embargo, cabe observar que en la Plaza Victoria de Valparaíso y en la Plaza de Armas de Tacna, Perú, por ejemplo, se confirma que las mismas figuras forman parte de fontanas monumentales, en estos dos casos tan parecidas entre sí que ha dado pie al mito de que la fuente porteña fue un "trofeo de guerra" traído desde Tacna o Arequipa al final de la Guerra del Pacífico. La famosa y majestuosa fuente tacneña, de hecho, es un icono de la ciudad y pueden encontrarse en ellas estas mismas dos imágenes divinas pero como parte del conjunto artístico, que también incluye figuras de niños y otras esculturas formando la fontana. Este modelo de fuente tiene otra hermana en el barrio central de Buenos Aires, Argentina, donde también se observan las figuras divinas en la parte más baja de sus niveles y las de niños en los más altos.
Las estatuas de estas deidades llegaron a Chile para el mobiliario ornamental en torno al llamado Campo de Marte, más tarde denominado Parque Cousiño y, en nuestros días, Parque O'Higgins. Permanecieron allí instaladas por la lagunilla cerca de la entrada, en una situación un tanto expuesta no sólo a los elementos, sino también a la desidia de las chusmas, siempre disponibles y tentadas de "invunchear" todo lo que sea bello pero que no le pertenezca. Hubo daños sobre las mismas, por lo tanto.
Algunas fuentes de texto e incluso la propia placa instalada en el conjunto, indican que quien compró las estatuas y las donó a la ciudad fue el empresario Matías Cousiño. Nos acosa una muy razonable duda: quien concibió el renovado parque del Campo de Marte y desembolsó cuanto pudo en tan grande empresa en 1870, fue su hijo también empresario y filántropo Luis Cousiño Squella, no don Matías. Luis llegó a contratar al paisajista francés Guillermo Renner para producir su magnífico paseo que fuera inaugurado, irónicamente, el mismo año en que falleció prematuramente este generoso mecenas. Su padre, don Matías, había muerto diez años antes.
El "Arte de la fundición francesa en Chile" nos informa que la donación pertenece a don Luis y no a don Matías. ¿Quién se habrá equivocando de señor Cousiño, entonces, en las referencias sobre la estatua de Neptuno y Anfitrite, si la información está perfectamente disponible y sería fácil de verificar?
Dejaremos allí esta observación, por mientras, pues nos hemos encontrado con la súbita resistencia de algunas personas que consideraríamos más versadas en este asunto, asegurando que la placa estaría en lo correcto al adjudicar la donación a don Matías, provocándonos alguna inseguridad que resolveremos en algún futuro posteo con más indagación específica a este respecto. Mientras tanto, sí puede establecerse que al corresponder estas estatuas a obras de la casa Val d'Osne, es seguro que están entre algunas de las primeras piezas de esta fundición traídas a Chile para la ornamentación pública.
Cabe añadir que estos dos amantes oceánicos ahora instalados mirando hacia la Plazuela Bello, aparecieron retratados en 1915 en el "Álbum de Santiago. Vistas de Chile" de Jorge Walton S., publicado por la Sociedad de Imprenta y Litografía Barcelona, donde se las señala no como Neptuno y Anfitrite, sino como Adán y Eva. La misma fuente indica a don Matías Cousiño y no a don Luis como la persona que donó tanto el parque como las estatuas, para mayor confusión nuestra.
Recalcamos estas informaciones porque en verdad nunca se tuvo plena seguridad de la identidad de los retratados hasta después de 1997, cuando los investigadores franceses se pusieron en contacto con autoridades chilenas confirmando que correspondían a Neptuno y Anfitrite, efectivamente, y no a otras deidades o personajes del mundo clásico ni del bíblico.
Pero en el Parque O'Higgins ex Cousiño no lo pasaron bien estas estatuas, colocadas en la laguna en una posición muy distinta a la de ahora, de frente una contra otra. Como hemos dicho, fueron objeto de daños y hasta atentados vandálicos, uno de ellos sobre el hombro de Neptuno, que obligaron a someterlo a restauración antes de ser trasladado hasta su actual ubicación, en abril de 2002, durante la alcaldía de Joaquín Lavín Infante, previo acuerdo con el Consejo de Monumentos Nacionales. Se le incorporó el brote de agua y las luminarias que caracterizan su bella presencia nocturna en el alguna vez llamado "puerto" de este barrio tan nictófilo.
En estos pocos años, se han convertido en una de las imágenes más reconocibles y distintivas del Barrio Bellas Artes y sus alrededores.

4 comentarios:

Safo Corleone dijo...

me encanta, siempre que paso por ahí le dedico largo tiempo, la contemplo y me pierdo en ella, simplemente me fascina... pero no conocía la historia, me gusto, tiene hasta delfines...

Josefina dijo...

Que buen blog, pasaré más seguido por aquí. Siempre es bueno conocer más sobre los rinconces de la ciudad donde uno vive.
Saludos,
Josefina
notasyrutas.blogspot.com

CONI dijo...

Siempre me pregunte el por qué de estos dos personajes allí, ahora entiendo :)

Aldor dijo...

Les puedo agregar que soy el diseñador de la fuente y las figuras también existen en el parque de Lota y la viña Cousiño Macul ubicadas en posición similar. El año pasado tuvimos la oportunidad de terminar mejor la fuente gracias a financiamiento privado con la instalación de mejor iluminación, un revestimiento más oscuro y la incorporación de otra bomba y una pestaña de aluminio que produce una cascada mucho más lograda.

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