lunes, 27 de abril de 2009

LOS ELEMENTOS QUE CARACTERIZABAN A LOS BURDELES CRIOLLOS ANTIGUOS (PARTE II)

Imágenes: colección digital de L. Rivas
(Continuación de la entrada anterior)
LOS SILLONES Y SILLAS CLÁSICAS:
Los muebles de estilo francés, algunos más baratos y otros más lujosos, eran parte de la decoración obligada de los burdeles chilenos, en otra evidente influencia de la tradición parisina. Los más ostentosos de ellos eran de diseño Luis XV, aunque el presupuesto alcazaba a lo sumo para los sillones y sofás, además de una que otra mesita o banca.
El estado de mantención en que se encontraban estos mubles, tal como sucedía en las casas, solía ser un indicador del grado de prosperidad en que allí se vivía. La ausencia de buenos muebles era una clara sospecha de la calidad del servicio y de la belleza de las "niñas", factores dilectamente proporcionalmente.
Los abuelos recordaban, además, que las niñas pasaban gran parte del día echadas en estos sillones, por lo que siempre estaban pasados con sus perfumes penetrantes. Algo peligrosos para los clientes, que fácilmente podían ser descubiertos en sus casas, por el olfato, luego de haber andado en alguno de estos sitios. Más peligroso aún, cuando algún visitante creativo solicitaba alguna silla o sillón para satisfacer alguna adición experimental en sus fantasías sexuales, mismas que aparecen muy presentes y reiteradas, también en la fotografía erótica clásica, que toma muchos elementos en torno al desnudo femenino, tomados de la estructura reconocible en los burdeles y los burlesques.
LA VICTROLA:
Como el baile era una actividad de día y noche en los burdeles, el piano no siempre alcanzaba a complacer a toda la clientela y llegaba la hora para las famosas victrolas de la RCA-Víctor, que las regentas solían ocupar con facultades exclusivas de meterle mano a tan valioso artefacto. Habían comenzado a llegar al comercio chileno hacia 1920. El triste perrito que reconoce la voz de su amo fallecido en una victrola, símbolo de la compañía de "la voz del almo", ha de haber sido conocida por primera vez en estos locales de "niñas felices".
Las tocadoras de disco solían estar acompañadas de un repertorio relativamente voluminosos de discos de boleros, cumbias y mambos, todos cantados por buenas estrellas del medio. Así, al ritmo del "Tengo una vaca lechera", clientes y "niñas" se entretenían en lo que era el segundo más negocio del burdel, después del sexo: el baile, equivaliendo, de alguna manera, a los pubs y discotecas de nuestros días. Todo gracias a la victrola.
Cuadro de la pintora Carmen Aldunate.
EL GATO:
El gato doméstico, generalmente uno y nada más, era otro de los personajes típicos que moraban por la casa de remolienda durante todo el día. Equivalía al perro faldero de las prostitutas parisinas que posaron para Toulouse-Lautrec. Si el gato no estaba paseando entre las piernas depiladas de las "niñas", recibiendo una caricia de ninfa cada tres pasos, ronroneaba sobre las piernas de la regenta o dormía cómodamente en las camas de las habitaciones. De ahí proviene un corolario popular chileno: "Más flojo que gato de casa de putas".
Probablemente, el gato era el ser vivo más regaloneado de un burdel, después de la clientela, y el único con autorización a pasear por todos sus rincones, sin restricciones. Pegarle un puntapié o cachetazo al minino equivalía a estrellarse con todas las mujeres de la casa.
Imágenes: colección digital de L. Rivas
LOS ESPEJOS DE MURO O TOCADOR:
Tanto en las salas de baile como en las habitaciones, habían grandes espejos: de trípode, de pedestal o colocados fijos contra las murallas. Los clientes y las "niñas" los usaban de pasada cuando están en las salas o los pasajes de la casa, retocándose para lucir de la mejor manera. Le dedicaban mayor tiempo a los de los baños, camarines o vestidores en sus piezas.
Estos espejos repartidos por la casa también tenían una utilidad ambiental: además de aportar elegancia al establecimiento, daban la sensación de que éste era más espacioso, truquillo perceptual que es usado aún en algunos restaurantes, bares y locales comerciales.
Algunos espejos podían ser de gran valor y belleza. Generalmente, el más fino y atractivo de todos aparecía cerca de la puerta o en la sala principal. Los "buenos" burdeles ponían uno también cerca de la entrada, para que los visitantes se pegaran un último e improvisado "ajuste" en pelo y corbatín, antes de ingresar al salón donde esperaban las "niñas".
Fragmento del Tapiz del Apocalipsis, en Angers
Imágenes: colección digital de L. Rivas
LOS ESPEJITOS INDIVIDUALES:
Era común que las prostitutas estuviesen retocando constantemente sus maquillajes, o bien peinándose con esos peines que llevaban siempre escondidos entre sus vestidos. Por tal razón, otra característica de los burdeles era la presencia de algunos de estos espejos de tocador en sus salas y habitaciones, permanentemente consultados por las "niñas" para mantener intactos sus encantos. Otros eran de bolsillos algo comunitarios, colocados y usados por los puebles de la casa.
Probablemente, este hábito nos haya llegado desde la Europa latina. Sin embargo, el espejo se trata de una de las herramientas más antiguas asociadas al maletín del oficio: aparece siendo usado, por ejemplo, en la representación de una prostituta que alegoriza a Babilonia, en el llamado Tapiz del Apocalipsis que se halla en Angers, Francia, y que data del siglo XIV.
FLOREROS Y JARRONES:
Para acompañar la elegancia románica de tapices y muebles, no era raro que las regentas decoraran la casa con jarrones ornamentales de estilo francés o inglés, generalmente de cierto valor y que eran adquiridos no sin sacrificios en los más selectos locales de venta de los mercados, no obstante que hay quienes dicen que muchos de ellos eran obsequios de los propios clientes, en prenda de satisfacción y lealtad con el negocio.
Los jarrones de loza corriente eran más baratos; los de porcelana coloreada con finos motivos, un lujo. Solían estar sobre los muebles, sosteniendo algunas de las flores que los clientes reiteradamente llevaban a las muchachas, o bien equilibrándose sobre una mesita estrecha, con funciones meramente decorativas.
Imágenes: colección digital de L. Rivas
LAS FLORES Y RAMILLETES:
Solían estar por todos lados de la casa, incluso en muros, al rededor de los marcos de los cuadros, los jarrones etc. Además de darle un sentido femenino y acogedoramente "floral" al burdel, era símbolo de ostentación, pues era corriente que los propios clientes las regalaran a sus "niñas" favoritas cada vez que se presentaban en la casa, como hemos dicho.
Quizás había una intención adicional de disfrazar un prostíbulo como refugio de ninfas, pues las flores eran, además, un motivo frecuente e internacionalmente establecido en sus papeles murales, alfombras y tapices, a juzgar por algunas antiguas fotografías que sobreviven de estos lugares. También había muchas de plástico o de papel, y eran frecuentes en los baños, según la descripción que hace Edwards Bello en "El Roto", quizás para darle algún aspecto más higiénico.
En el caso de Santiago, la abundancia de flores dispuestas por las propias regentas o regaladas por los entusiastas visitantes, era facilitada por la proximidad de las pérgolas de la Alameda y del barrio Mapocho con las principales casas de remolienda de la época.
Imágenes: colección digital de L. Rivas
LOS GRANDES ARMARIOS:
Cada mujer necesita un armario propio. Uno mínimo. Cualquiera lo sabe. Imagínese, entonces, una casa donde habían diez o más mujeres, todas requiriendo cambiarse de prendas veces varias veces al día. También eran refugio para esconderse de clientes insistentes o, lo que es peor, de esposas celosas, según los cuentos populares.
En los burdeles no era raro encontrar armarios en pasillos y patrios: en los dormitorios, se hacía poco el espacio. En cada habitación solía haber un enorme mueble de este tipo, casi tocando el alto techo. Si las ventanas estaban abiertas, mirar hacia los cuartos e identificar en ellos la presencia de grandes armarios era indicio de estar frente a un burdel. Recuerdo, particularmente, los enormes muebles de este tipo que se podían observa desde abajo, en un paradero de la calle Aillavilú de barrio Mapocho, hacia el segundo piso de un ex hotel del lugar. Aparentemente, de la presencia de estos muebles junto a las camas de amor pagado, vendría también la mítica figura sexual del "salto del tigre". La leyenda cuenta que muchas habitaciones estaban, además, secretamente conectadas entre sí a través de estos muebles, en caso de redadas o escaramuzas.

La abundancia de ropas en los armarios no era sólo una respuesta a las necesidades del oficio, según se deduce de los comentarios que hace Edwards Bello en su antes citado trabajo, donde dice:
"En los cajones de la cómoda, bajo el lavatorio, o colgando de alguna percha, guardaban los vestidos hechos ahí mismo por alguna amiga de la patrona que se los vendía a precios fabulosos, sistema magnífico para explotarlas, endeudándolas en tal forma que insensiblemente se hacían siervas. Un vestido sencillo, de satín, y las botas de tacón alto eran su lujo. Las prendas de vestir duraban poco en esa agitación, de tal manera que estaban siempre endeudadas, pero no respetaban al dinero. o le daban ninguna importancia".
Hemos conocido ciertos testimonios de quienes frecuentaban burdeles de barrios santiaguinos cerca de calles San Pablo y Mapocho, en los que se cuenta que algunas casitas de huifa tenían salidas secretas detrás de las puertas de algún armario o closet, para esconder a las chiquillas y los clientes de las redadas policiales haciéndolos escabullirse por pasadizos subterráneos, que conectaban a otros sectores de la casa o a residencias vecinas.
La regenta de "La Guillermina", por su parte, empleaba un armario de estos para trancar la puerta de la casa en la noche. Infortunadamente, en una ocasión en que olvidó hacerlo, un rufián llegó hasta su local, entró sigiloso y, al descubrir a su "niña" favorita en plena sesión sexual con un cliente, la asesinó en su cama. La prensa tituló el caso como el asesinato del armario.
EL AMULETO DEL CHANCHITO:
La exposición en que se encontraban las mujeres en este negocio, las hacía altamente susceptibles de buscar refugio en la magia popular y en las supersticiones de todo tipo, especialmente en la necesidad proveerse de amuletos para la suerte, la fortuna y el bienestar.
Uno de estos amuletos, de los más populares y con características casi de talismán, era un famoso cerdito hecho con un limón y unos palos de fósforos. Aunque esta extraña tradición parece provenir del campo, en los burdeles se lo empleaba con la convicción de que alejaría a los malos clientes, atrayendo sólo a los buenos. Me parece, no obstante, que está muy relacionada con la cultura de adoración porcina que existe en el país.
Consistía en un limón al que se le clavaban cuatro palos de fósforos o mondadientes por un lado, a modo de "patas" del chanchito, y otros dos en lugar de ojos. Con un cuchillo, le tallaban la boca, la nariz roma, la cola enroscada y le levantaban orejas con la cáscara del limón. En la boca abierta, hecha con el corte de una rebanada de la fruta, se le ponía un cigarrillo o un incienso. El chanchito era colocado sobre un plato, por allí por un rincón, y le encendía el cigarrillo igual que en Bolivia y otros países se hace con el famoso ídolo "Ekeko". Si éste se consumía completo, era buen presagio. Por el contrario, si quedaba con sus cenizas a medias, se lo tomaba como una advertencia de peligro o desgracia. Fuera de los burdeles, y ya más en la tradición popular, algunos terminaban el rito quemando entero al pobre cerdito, con sales aromáticas como incienso, mirra y almizcle.
LA PLANTA DE RUDA:
La yerba conocida como Ruta graveolens, o ruda en la jerga popular, era otro artículo relativamente frecuente en los burdeles, destinado también a garantizar la buena suerte y alejar los peligros. Todavía es común que algunos comerciantes tengan alguna de estas plantas de olores intensos en maceteros de algún rincón de sus establecimientos, por la misma razón.
Por lo general, sin embargo, el lugar donde surte sus efectos sobrenaturales es en el frente, y es allí donde debía ser colocada. Si había jardín, también se la enterraba allí.
La planta de ruda tiene una característica especial extra, según la creencia: combate la mala suerte y también neutraliza los maleficios o los "trabajos" brujeriles, algo altamente necesario en el rubro de las prostitutas, donde las envidias y los rencores tenían gran presencia. Por el fuerte arraigo que llegó a tener en Santiago esta pequeña superstición, también dedicaremos a ella algún futuro posteo.
Pero hay una leyenda negra en torno a lo que habría sido la verdadera presencia de estas rudas dentro de los lupanares clásicos: algunos creen que, en realidad, se las empleaba para inducir efectos abortivos sobre las mujeres que resultaban preñadas en su actividad. Sus contraindicaciones para mujeres embarazadas hoy son bien conocidas.
No obstante esta característica, para otros sólo se valoraba la yerba por servir para la regulación menstrual y por sus propiedades medicinales para la digestión y los dolores de cabeza. Con el tiempo, sin embargo, se le habrían dado, adicionalmente, las connotaciones mágicas que la identifican.
LOS RETRATOS VIEJOS:
Una costumbre heredada del campo y de las casas modestas de Santiago, era la presencia de retratos ya amarillentos y de poco glamour colgando enmarcados en las paredes de adobe de las casonas que albergaban a los viejos burdeles, una vez que la fotografía llegó a Chile y adoptó instancias más domésticas de utilidad. Las regentas solían colocar con nostalgias retratos suyo, provenientes de años jóvenes, o bien de familiares fallecidos y otros. Las "niñas" hacían lo propio en sus respectivos espacios.
Parece que esta clase de decoración era más íntima, y solía acumularse en los pasillos o los dormitorios, principalmente. Su presencia se explica, en gran medida, por el ambiente realmente doméstico que lograban tener estos burdeles, casi como una auténtica residencia familiar. Muchas prostitutas eran jóvenes provenientes de zonas rurales del país, aisladas de sus familias reales y donde la única posibilidad de contacto eran esas atesoradas fotografías.
Sin embargo, su presencia no es exclusiva de los burdeles, pues los bares y restaurantes clásicos chilenos también lo han hecho por siglos, ya.
Imágenes: colección digital de L. Rivas
LAS ESTATUILLAS ERÓTICAS:
Siguiendo una costumbre que proviene del mundo clásico, estos burdeles también eran decorados con pequeñas esculturas o estatuillas de connotaciones eróticas, generalmente de idealizadas mujeres desnudas. Este ambiente casi afrancesado fue exportado desde Europa, según presumen algunos recuerdos de viejos concurrentes a las casitas de huifa, pero llegó a ser bastante generalizado en todos estos clubes donde quiera que se hallaron dentro del territorio chileno. La descripción siempre coincide, en mayor o menor medida.
De yeso, loza o de metal, la decoración con figuras y estatuillas tenía también un objetivo de ambientación del local, más allá de la mera función ornamental. En otras palabras, "creaban ambiente" dentro del recinto, enfatizando aspectos femeninos y de sensualidad.
Los motivos frecuentes eran alusivos a estatuas o estilos romanos y griegos, algunas de ellas de gran belleza y encanto, pero tendiendo a ser más bien de factura modesta para el caso de los burdeles.
Quizás por la señalada connotación asociada a los lenocinios, parece ser que en una parte de la sociedad santiaguina no siempre se consideró de buen gusto esta clase de obras cuando eran usadas a nivel doméstico, priorizándose en las críticas la orientación sexual de los desnudos expuestos, por sobre la elegancia europeísta que representaban.

8 comentarios:

  1. Interesantísimo,sería muy valioso, sin duda realizar un trabajo de investigación similar, de provincias, en las cuales,por existir grandes conglomerados de trabajadores la actividad de los prostíbulos ha sido relevante; puertos, salitreras, el carbón, la minería y lugares más bucólicos donde el trabajo agrario masivo permitió la existencia y convivencia de este"negocio" social, con facetas de profunda humanidad y todos los matices que ello encierra.Miguel Ángel Herrera P.

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  2. Uy amigo!... tantas cosas que haría en provincias si la plata y el tiempo me acompañaran... "Los Siete Espejos" de Valparaíso, el "Motores" de La Serena, el "Castillo" de Antofagasta... "Las Vegas de Atacama" fue llamado Pampa Unión. Rivera Letelier ha abarcado apenas una fracción de esas historias innumerables; o los lupanares "con ruedas" (en grandes carretas, como casas rodantes) de los años de colonización de Magallanes y la Tiera del Fuego... Tantos burdeles de la historia fuera de Santiago y para los que pocos o nadie ha escrito algo...

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  3. Pero que buena investigación y tan propio de nuestro país como son las casas de re molienda , entre por una cosa a tu blogg y estoy leyendo todo fascinada .Felicitaciones !!

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  4. Gracias Criss por los favores recibidos.
    Como siempre, te luces en este trabajo de hormiga que haces. Hay un interesante libro publicado por el Centro Barros Arana de la Biblioteca en torno a la prostitución en Chile, con estadísticas y todo. También Paz Errázuriz y Diamela (en los textos), publicaron "La manzana de Adán", sobre homosexuales y travestis de Santiago y provincias.
    Actualmente preparo una exposición para la vitrina del metro Santa Lucía (para septiembre) que se llamará "Paisajes y gente de Chile", con seleccionadas fotografías de nuestro Archivo Fotográfico.
    Esto, una vez que levantemos la de Pissis, actualmente en vitrina y que, tal vez, no has visto.
    Un abrazo y que el cielo te colme de abichuelas.
    Víctor

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  5. Muchas gracias don Vìctor.... Llegaré a Santiago justo para ver su exposición, probablemente. No he visto la expo de Pissis, pues ando lejos. Muchos saludos!

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  6. Amigo, muchas gracias por tanta información, descriptiva y gráfica. no obstante me gustaría saber cuales son tus fuentes (mas allá de las fotos) o si me pudieras recomendar una lectura al respecto, desde ya muy agradecido :)

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  7. Estimado Osvaldo: he usado libros como "El Roto" de Edwards Bello y tesis de alumnos que conocí en su momento, pero la mayoría de la información proviene de testigos de aquella época que conocieron las famosas casitas de huifa, y que estuve recopilando por varios años aunque como algo secundario, hasta que las junté en este artículo. Muchos saludos.

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  8. Excelente entre a esta página en busca de fotos de casas antiguas y nunca imagine lo que encontraría realmente muy buena investigación y de este trabajo tan importante que realizan estas amigas como tía Ruth en rancagua, el bajó en curico, casa rosada también curico, las Malvinas san Carlos, músic Holl en chillan. Elefante blanco en Osorno etc etc etc saludos cordiales a todas estas sacrificadas mujeres

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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