martes, 10 de agosto de 2010

LOS 100 AÑOS DE UNA HAZAÑA DE LA AVIACIÓN: CÉSAR COPETTA Y SU HISTÓRICO PRIMER VUELO CHILENO EN EL FUNDO CHACRA VALPARAÍSO

(Fuente imagen: Postal de colección particular).
Coordenadas: 33°27'19.87"S 70°34'51.79"W (plaza) 33°27'17.43"S 70°34'48.67"W (monolito)
El 17 de diciembre de este año se cumplirán 107 años del primer vuelo de avión registrado por la historia, luego que dos mecánicos de un taller de bicicletas, los ilustres hermanos Orville y Wilbur Wright, lograran levantar del suelo y por algunos instantes la nave autopropulsada que le abriría camino exitosamente a la aviación mundial y pasaría la aplanadora sobre los academicistas agoreros que seguían pregonando que nada más pesado que el aire podría levantar vuelo. Fue el Flyer I, también llamado Kitty Hawk y Wright Flyer. Curiosamente, este avión primitivo se encuentra en orgullosa exibición en el Smithsonian's National Air & Space Museum, en circunstancias de que el Instituto Smithsoniano fue uno de los organismos desde donde se defendió con más severidad el dogma sobre la incapacidad de hacer volar máquinas, llegando incluso a expulsar al profesor Langley por discrepar de este axioma.
A su vez, este año se cumple un siglo desde el primer vuelo nacional, realizado por el aviador César Copetta el 21 de agosto de 1910, en un llano del sector de Ñuñoa, que por entonces era un terreno en la periferia rural de la ciudad de Santiago.
Como se puede calcular, este vuelo pionero en la historia de la aviación chilena sucedió apenas siete años después del efectuado por los Wright y pasados sólo cuatro años de la experiencia del brasileño Alberto Santos Dumont con el epopéyico alzamiento por el aire francés del 14-bis, el 23 de octubre de 1906, primer vuelo con despegue propio sin mecanismos externos de propulsión de partida.
Durante el año 2003, con motivo del centenario del vuelo de los hermanos Wright, se realizó en Santiago de Chile un ciclo de charlas organizadas por el Centro de Estudios Históricos Lircay en dependencias del Club Providencia y de la Aula Magna de la Universidad Bernardo O'Higgins, titulado "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional". En estas interesantes jornadas participaron descendientes de precursores de la aviación chilena, el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio y el Círculo de Amigos del Patrimonio Cultural de Chile. Allí tuve ocasión de conocer a hijos de Luis Omar Page y de Dagoberto Godoy, además de confirmar la importancia en que se hallaban los pioneros chilenos de la aviación con respecto a la historia internacional de la conquista del cielo, como quedó retratado también en un especial sobre la aviación mundial del canal cultural Discovery Channel, también en el aniversario del primer vuelo de los Wright.
Pues bien: uno de los nombres que fueron elogiados durante estas charlas, fue el de César Copetta Brossio, a quien dedicaremos este posteo por la importancia de las fechas que se celebran este año el centenario de su valiente hazaña aeronáutica, que casi coincide en el calendario con las celebraciones del Bicentenario cuya fecha central ya se aproxima. Aprovechamos de aclarar también que su vuelo fue, efectivamente, el primero en el territorio, a pesar de que algunas fuentes le adjudican este logro al pionero internacional de la aviación el italiano Cattaneo, quien en realidad parece ser el primero en cruzar por aire toda la ciudad de Santiago, ya a fines del mismo año en que Copetta había consumado su gesta.
En medio de esta misma obsesión bicentenaria, sin embargo, se han hecho más bien pocas alusiones a este importante episodio de nuestra historia. Salvo por casos como un ciclo de exposiciones en el Museo de Bellas Artes durante el año pasado, la grandeza pionera de la aviación chilena no ha tenido el merecido reconocimiento de otras instituciones o áreas culturales que sí han sido cubiertas con bastante holgura en estos meses (y ni hablar del fútbol). De hecho, estar celebrando el Bicentenario con el histórico Aeropuerto de los Cerrillos (el mismo donde muriera Copetta, además) tristemente desmantelado para un excéntrico megaproyecto inmobiliario, verdadero atentado contra la aeronáutica civil chilena, refleja en gran medida la desidia con que se sigue mirando esta importante etapa escrita en Chile para la aviación internacional.
César Copetta Brossio (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
BÚSQUEDA DEL PRIMER VUELO CHILENO
La fiebre por hacer volar aparatos más pesados que el aire, había llegado tempranamente a Chile. En 1909, por ejemplo, el mecánico alemán Máximo Bischkus había construido un tosco y pesado objeto alado con un motor de 15 HP, montado sobre una estructura de unos 15 metros de altura desde donde sería soltado para realizar su vuelo inaugural, en el Parque Cousiño de Santiago. Por varios días atrajo a los curiosos generando expectación e incertidumbre, pues muchos voluntarios habían ayudado a financiar tan extraña empresa.
Sin embargo, sucedió que el mismo día en que el avión iba a ser probado, una de sus alas amaneció destruida, quizás por acción de manos anónimas. Se cree, sin embargo, que el artilugio de Bischkus jamás habría podido tomar vuelo, pues no tenía ajuste ni a las rudimentarios conocimientos de la aerodinámica de aquellos años.
Aún así, tema pendiente de un vuelo chileno había quedado instalado en la sociedad. Y si los pioneros de la aviación mundial eran dos hermanos gringos con un taller, acá en Chile fueron los hermanos Félix y César Copetta los que, también desde su propio taller, comenzaron a pensar en conseguir la hazaña con las proyecciones comerciales que pudiese tener para ellos. Oreste Plath hace notar que, tal como fue el caso de los Wright, los pioneros de la aviación chilena también estaban relacionados con la reparación de bicicletas y el ciclismo, como los Copetta, Luis Alberto Acevedo y Dagoberto Godoy. El avión es, acaso, el resultado del desarrollo de la bicicleta más que de otro medio de transporte.
Este taller mecánico de los hermanos, hijos de una familia francesa, estaba ubicado en calle Ejército Libertador 755, y allí se dedicaban a dar mantenimiento y asistencia a los automóviles que por entonces recién llegaban a Chile. Todavía existía este local a mediados de siglo, con el nombre de "Garaje Copetta", según un texto de Enrique Flores en "Historia Aeronáutica de Chile", de 1950.
Coincidió que dos jóvenes empresarios chilenos, David Echeverría y Miguel Covarrubias, habían regresado de Francia portando un avión biplano recién adquirido a la Voisin, de madera, metal y género, con un motor Gnome de 50 HP. La idea de ambos era que Chile pudiese celebrar el Centenario con un vuelo de avión incluido, cayendo en manos de los Copetta concretar esta aventura.
Los hermanos Copetta y sus asistentes, diestros en la mecánica, consiguieron armarlo en un fundo de la comuna de Ñuñoa, relativamente cerca de la actual Plaza Egaña, casi sin atención pública y sin la publicidad que otros pioneros internacionales se habían procurado en torno a sus respectivas hazañas, incluso desde antes de ser realizadas.
Fotografía del archivo del Museo Aeronáutico, tomada el día 20 de agosto de 1910, uno antes del primer vuelo, en el fundo Chacra Valparaíso. Se observa al centro al propietario del avión Voisin don David Echeverría, a la derecha los hermanos Copetta y a la izquierda Beltrán Tisné y más atrás Gabriel Robin.
Caricatura de César Copetta celebrando su vuelo. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay)
LA HAZAÑA DE COPETTA
Ayudado por sus colaboradores y amigos, Copetta llegó esa tarde a hacer las inspecciones finales de su avión. Hombre joven, muy delgado, narigudo y de bigotes largos, parecía más bien un muchacho intentando probar alguna de sus nuevas bicicletas y no un carísimo equipo de vuelo que, en el mejor de los casos, podía convertir su vida en un mito y, en el peor, quitársela trágicamente.
El avión de aspecto ligero y con formas híbridas entre una libélula y un gran pájaro, estaba de frente a un llano o potrero dentro del fundo Chacra Valparaíso, de 240 hectáreas, escenario elegido para el vuelo. La propiedad pertenecía a doña Eloisa María de la Cruz, quien se lo arrendaba a don Ramón Cruz Montt, ilustre vecino del sector que dio nombre a la calle aledaña que hoy pasa por el ex terreno.
Don David Echeverría no se mantenía ajeno a los preparativos de la hazaña que estaba por hacerse con su avión, colaborando con los aventureros. César Copetta contaba también con la asistencia de su hermano, allí presente, y del equipo técnico compuesto por Beltran Tisné y el mecánico Gabriel Robin, todos con la ansiedad que significaría participar de un hito histórico que haría leyenda.
Llegaron pocos curiosos además de los nombrados, aunque con cámaras para registro. Para asombro de todos, sin embargo, Copetta lo consiguió: marcaría ese día 21 de agosto de 1910 como aquel en que comenzó la historia de la aviación nacional, justamente faltando poco más de un mes para los grandes festejos del Primer Centenario de la República.
Así pues, los chilenos ya volábamos al celebrar nuestro primer siglo de independencia.
No está claro cuánto voló Copetta, pero la mayoría de las fuentes aseguran que rondó los 10 metros. Las pruebas de vuelo no se deben haber extendido más que unos pocos minutos. El relato de un testigo del vuelo, que es reproducido por el cronista y escritor Alfonso Calderón en su excelente ensayo "Cuando Chile cumplió 100 años", dice lo siguiente:
"Sus grandes alas blancas, su cola, su quilla, le daban el aspecto completo de un ave enorme. Al fondo, el famoso motor Gnome y sobre el suelo el chassis de aterrissage completaban las líneas del magnífico aparato".
La noticia hinchó de orgullo al sentimiento nacional y Copetta, con su mirada inocentona y aspecto un tanto desgarbado, se volvió toda una celebridad, apareciendo retratado en distintas caricaturas de los medios de prensa.
Imagen del vuelo en el fundo ex Chacra Valparaíso. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay)
Etiqueta de un viejo pisco elquino de 1915. ¿Será un homenaje a Copetta o a otro de los pioneros de la aviación nacional? (Fuente imagen: Colección particular).
DESPUÉS DEL HITO
Tras el episodio del joven aviador autodidacta y autogestor, Copetta comenzó a ser llamado "Don César" dentro del naciente ambiente de la aeronáutica, como reconocimiento a su prestigio. Él mismo siguió desarrollando apasionadamente estas tecnologías, cuando con su hermano volvió a los talleres para producir sus propios modelos de aviones con objetivos comerciales. Siguieron con algunas pruebas más en el fundo Chacra Valparaíso, llegando a crear el avión Batuco, primero en cumplir con las exigencias para lograr constituirse en un avión que imitara o superara el logro de los anteriores, y en el cual Luis Omar Page también inscribiría su propia hazaña en la historia de la aviación.
En tanto, otros pioneros nacionaes y extranjeros siguieron haciedo huellas con sus propios hitos en nuestro terruño, como Bartolomé Cattaneo, Luis Alberto Acevedo, Clodomiro Figueroa y Eduardo Molina que, de hecho, realizó su famoso vuelo en el avión Burrito, construido también en el taller de los Copetta en 1912. Acevedo, a su vez, se asesoró con su mecánico francés Pierre Coemme para sus vuelos sobre el Bleriot que mantenía armado y expectante en el Parque Cousiño, ese mismo año. La muerte le alcanzó, sin embargo, en su intento de unir en un vuelo Santiago con Concepción, un fatídico el 13 de abril de 1913, convirtiéndose en el primer mártir de la flamante historia aeronáutica chilena. Trágico destino que tuvo también el famoso Teniente Alejandro Silva Bello, el "perdido" Teniente Bello, que desapareció el 9 de marzo de 1914 intentando unir El Bosque con Cartagena. Eran los costos que el riesgo de estas nuevas tecnologías cobraba a los más valientes y audaces.
En medio de este boom por la aviación, se creó el Aero Club de Chile, el 29 de marzo de 1913. La línea de desarrollo entre los héroes civiles y los héroes militares de la aviación se hacía cada vez más tenue en este período de inicios. La atención y el progreso generado por estos sucesos llevaron al Comodoro Arturo Merino Benítez a crear, en 1928, el Club Aéreo de Chile y al año siguiente la Línea Aeropostal Santiago-Arica que, al extenderse a Puerto Montt y Aysén, dio origen a la Línea Aérea Nacional. El éxito de las visionarias decisiones de Merino Benítez lograron, en 1930, la creación de la Fuerza Aérea de Chile y la Dirección de Aeronáutica, actual Dirección General de Aeronáutica Civil.
Lamentablemente, César Copetta murió de manera trágica cuando ya veía consolidada la aviación nacional, el domingo 27 de octubre de 1940. Los vuelos individuales se habían convertido en su medio regular de transporte y, mientras despegaba temprano del Aeropuerto de los Cerrillos en su antigua nave Morane Parasol, ésta comenzó a presentar problemas precipitándose sobre el sector del acceso a la base aérea. Fue trasladado de urgencia a la Posta 3 de la Asistencia Pública, pero las graves lesiones lo superaron, abandonando este mundo con su vuelo final, el último de todos.
Fue sepultado en el mausoleo de la Sociedad Francesa del Cementerio General y se levantó un monumento en su recuerdo en el lugar donde perdió la vida, homenaje que años después desapareció o fue retirado.
César Copetta, Clodomiro Figueroa y el mecánicos francés Henry Goudou, junto al "Valparaíso", en Lo Espejo, en 1913. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
Luis Omar Page en el "Batuco" construido por los Copetta, en 1914. (Fuente imagen: exposición "Evocación del gran pionero de la aviación mundial José Luis Sánchez Besa, y los precursores de la aviación nacional" del Centro de Estudios Históricos Lircay).
EL HISTÓRICO FUNDO EN LA ACTUALIDAD
Después del epopéyico vuelo de Copetta, el fundo Chacra Valparaíso siguió en manos de doña Eloisa María de la Cruz y bajo administración de Ramón Cruz. Se mantuvo en general como un terreno productivo con trabajadores agrícolas, pues Ñuñoa continuaba siendo en esos años un territorio rural sólo parcialmente urbanizado.
En el "Álbum de la Zona Central de Chile. Informaciones agrícolas" de 1923, el fundo Chacra Valparaíso figuraba como un importante productor de alfalfas y papas, además una prestigiosa y premiada ganadería bovina de raza holandesa, con producción de leche comerciada en Santiago. El terreno habría contado también, hasta su desaparición, un criadero de plantas y flores finas, además de arboledas frutales, con cabañas cómodas para visitantes y pasajeros. Se mantuvo con estas características más o menos hasta los años cincuentas, cuando los cambios de la ciudad la alcanzaron defintivamente.
Chacra Valparaíso siguió siendo rodeada por la urbanización con el correr de los años, ubicándose su parte original más reconocible en el sector de Irarrázaval con Ramón Cruz. Una de las calles que correspondía a sus terrenos conserva todavía el nombre de Valparaíso, por el lado oriente del mismo. Perteneciendo al adinerado Hugo Morandé en los años treinta, además, el sitio de la chacra fue un importante lugar de reunión, recreación y entrenamiento de los nacionalsocialistas criollos, hasta la tragedia de 1938 que puso fin al movimiento. Cabe recordar que su máximo líder, Jorge González von Marées, había sido alcalde de esta comuna.
Desde de 1968, el sector más importante que se conservaba del ex fundo fue convertido en una espaciosa plaza bautizada como Parque Ramón Cruz, constituyendo uno de los puntos de esparcimiento al aire libre más importantes de la avenida Irarrázaval después de la conocida y bohemia Plaza Ñuñoa y de la Plaza Egaña, más identificada con el comercio. Cabe indicar que el parque fue inaugurado junto con la Villa Frei, ese mismo año, por el Presidente Eduardo Frei Montalva, pues todo el ex fundo había sido enteramente alterado por el nuevo plan urbano considerando áreas verdes y áreas residenciales.
El Parque Ramón Cruz es reconocible desde entonces por sus altos árboles y palmeras. Fue ampliado en 1981, pero coexistiendo tranquilamente en sus deslindes con la Villa Frei. No parece haber competencia entre sus áreas verdes, que suman casi 40 mil metros cuadrados, y las áreas residenciales que lo rodean. Es un lugar tranquilo, donde los vecinos suelen salir con sus niños para entretenerlos en los varios juegos infantiles que allí se han instalado.
Vista actual del ex fundo, hoy Parque Ramón Cruz.
Vista desde el Norte de las áreas verdes del parque.
MONOLITO A LA HAZAÑA EN EL PARQUE
Afortunadamente, no ha sido olvidada en el lugar la relevancia de este histórico sito con los sucesos de 1910. Por este motivo, un monolito de roca pulida conmemorando la hazaña de Copetta fue instalado allí en el vértice del parque, sobre la esquina de Ramón Cruz con Irarrázaval, por el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas de Chile en el aniversario del 21 de agosto de 1985. Cabe destacar el esfuerzo permanente que ha hecho tanto el Instituto como el Museo Aeronáutico Nacional por preservar la memoria y el recuerdo de esta epopeya, además de un puñado de otras instituciones.
Inmortalizando tal acontecimiento, dice el texto grabado sobre la placa de piedra colocado en Parque Ramón Cruz:
"DESDE ESTE LUGAR EN LA TARDE DEL 21 DE AGOSTO DE 1910, SE ELEVÓ POR PRIMERA VEZ UN AEROPLANO EN CHILE PILOTEADO POR DON CÉSAR COPETTA BROSSIO"
No sabemos qué sucedió con la placa original de piedra del monolito que tenía esta inscripción, pero en el aniversario del 21 de mayo de 1997 se adjuntó una nueva y más grande, que recuperaba el mensaje de la anterior, pero agregaba más abajo un nuevo saludo a la memoria de Copetta y el primer vuelo nacional, esta vez de parte de la Dirección General de Aeronáutica Civil:
"EN RECONOCIMIENTO A LA HAZAÑA LOGRADA POR EL PILOTO DON CÉSAR COPETTA BROSSIO EL GOBIERNO DE CHILE MEDIANTE D.S. Nº 330 DEL 22 DE ABR 1997 INSTITUYÓ LA FECHA ANIVERSARIO DE ESTA PROEZA COMO EL DÍA OFICIAL DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE AERONÁUTICA CIVIL".
Cada año, en el aniversario del vuelo, la Dirección de Aeronáutica Civil, la Escuela Técnica Aeronáutica, el Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile y las autoridades comunales realizan allí en el monolito del parque una reunión en recuerdo de estas fundamentales páginas de la historia de la aviación chilena.
Monolito conmemorativo del ex fundo Chacra Valparaíso.

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