jueves, 15 de julio de 2010

RECORRIMOS LUGARES CENTENARIOS QUE DESAFÍAN EL TIEMPO (Diario "La Segunda" del jueves 15 de julio de 2010)

Publicado por Juan Carlos Ramírez, diario "La Segunda" del jueves 15 de julio de 2010 (Click encima de la imagen para ampliarla).
Recorrimos lugares CENTENARIOS que desafían el tiempo
Aún quedan en Santiago lugares donde el tiempo parece haberse detenido de sopetón. Cafés, peluquerías, sombrererías, librerías de viejo y bares, donde ni el terremoto ha podido contra ellos. Un circuito patrimonial que surge, espontáneamente, en los alrededores de la Plaza Yungay.
Por Juan Carlos Ramírez F.
Un gato duerme plácidamente frente a una estufa de parafina. Niños y adultos de todas las edades revisan vinilos, libros o juguetes antiguos. Estamos en Libros de Ocasión, también conocida como Librería Muñoz Tortosa. Una tienda enorme y acogedora, donde incluso hay un termo para que el cliente se prepare su café.
Se puede llegar, avanzando por San Diego y pasando por teatros como el Cariola (que aún conserva en la entrada las mascaritas felices y tristes clásicas de estos recintos), locales de reparación de bicicletas o iglesias antiguas, como la impresionante Basílica de Los Sacramentinos (inspirada en el "Sacre Coeur" de París).
El visitante fácilmente puede pasarse todo el día revisando lo que hay. Por ejemplo, hay un ala completa dedicada a libros en francés, alemán e inglés, incluyendo ediciones de la editorial Penguin a mil pesos. También hay anaqueles dedicados al cine con revistas rusas, programas de festivales españoles setenteros o textos de teoría, como el combativo análisis de García Márquez a "El acorazado Potemkin" (1925).
También hay secciones de música, política, sociología e incuso animales. Hablamos de miles de libros, muchos de ellos imposibles de encontrar, como la primera edición en español de "Buenos días tristeza", de Francoise Sagan, a menos de dos mil pesos. También hay vinilos que abarcan desde el folclore de Israel, hasta Frank Sinatra y los Rolling Stones.
Como buena cápsula del tiempo, se venden postales, fotogramas de películas, juguetes, antigüedades y hasta una batería. Realmente uno se da cuenta cuando ya pasó la tarde, pero aún quedan fuentes de soda abiertas, mientras sigue haciendo frío y los autos huyen rutinariamente del trabajo a la casa.
San Diego 1175.
El Santiago que no se fue
Hay ciertos puntos en Santiago que parecen haber detenido el tiempo. O más bien, con el poder de regresar al pasado a quien entra en ellos.
Como Donde golpea el monito. Una sombrería fundada en 1915 por el asturiano José González Noriega, hoy es atendida por la cuarta generación. Verdaderos expertos en boinas, jockeys y por supuesto sombreros -de investigador privado, huaso o tanguero- que asesorarán al cliente con esos modales que la modernidad fue acabando. Su sobria decoración mantiene la elegancia, desde los empaques (con diseños que ya valen por sí solos) hasta los gigantes espejos probadores.
El "monito", una especie de mayordomo mecánico que no para de golpear el vidrio, es un ícono popular que debería estar en poleras o afiches. Y que aún sorprende a los niños. Pero más increíble es el interior de la sombrerería llamada justamente.
Fue traído en 1922 y para Navidad cambia su ropa por el viejito pascuero.
Escuchando sus particulares golpes y mirando el empedrado de las calles cercanas, es fácil imaginar la época cuando circulaban carruajes que iban desde el Barrio de la Bolsa hacia los palacios de Dieciocho o Plaza Brasil. O a la Chimba, epicentro del desenfreno del siglo pasado, que quedaba cruzando el río Mapocho.
21 de Mayo 707 frente a Rosas
Otra cápsula del tiempo es la histórica Peluquería Francesa, fundada a fines del siglo XIX para satisfacer las necesidades estilísticas del barrio Yungay, poblado en esos años por artistas, políticos, empresarios y embajadores. Su ubicación actual data de 1925 y, aparente de su insuperable servicio de barbería y corte de pelo (donde los maestros pueden tomarse más de una hora en dejar al cliente impecable), funciona como museo con fotos, premios, artículos periodísticos, diplomas y hasta discos de oro de Los Tres y La Ley.
"Desde su remodelación en los ochenta, este lugar resiste todo", explica uno de los peluqueros. Y es cierto: sus gruesos muros y pilares de piedra son a prueba de balas.
Al lado está el concurrido bristó Boulevard Lavaud. En el periódico-menú que reparten se explica el concepto: un lugar típicamente francés, donde encontrar comida reconfortante y con buena atención. Son más de ocho habitaciones-ambientes de techos altísimos, mucha madera, afiches de películas y curiosos objetos que van renovándose todo el tiempo. Para estos días fríos, sus "onces" para dos -café, chocolate, jugo, panera y postre por unos $6.500- son notables.
Pero Cristián Lavaud, heredero del francés que se hizo cargo del local en el siglo XX, anuncia que desde agosto comenzarán a funcionar Los coleccionistas y Antiguo Almacén.
El primero es una casona de calle Libertad que ofrecerá desde muebles de diseño retrofuturista hasta reliquias como la máquina de escribir que usaba Pepo (René Ríos Boettiger) o sillones del célebre Hotel City. Lavaud, como buen cachurero, también traerá libros, revistas, discos y lo que pueda ir recuperando del pasado. "Y rescatar el espíritu del primer barrio republicano del país".
Frente a este local estará el almacén que venderá frutas y verduras, "a la antigua"; es decir, con básculas y refrigeración de los sesenta.
Libertad con Compañía de Jesús, Barrio Yungay.
Sobre los techos de Santiago poniente
"Hubo un poco de mala conciencia entre familias aristocráticas de la época", admite el periodista y conocedor del Santiago antiguo Rafael Otano. "Es curioso cómo abandonaron esta zona maravillosa, preocupándose de dejar leyendas negras sobre lo peligrosos del lugar, desvalorizándolo. Cuando, en realidad, es el único barrio verdadero de acá".
Basta comparar las esplendorosas fotos de principios del siglo XX con los talleres mecánicos que dominan los primeros pisos de núcleos arquitectónicos notables, como la avenida Brasil o el sector del metro Unión Latinoamericana. O el mismo Barrio Concha y Toro, con sus calles angostas y laberínticas. Por eso hay que mirar para arriba.
Y precisamente desde las alturas del café del Hostal Tales es posible aproximarse a la gloria de antaño. Cúpulas, guirnaldas o pequeños detallitos "afrancesados", cuando este sector era un París en miniatura. El café es muy bueno y se puede estar horas conversando u hojeando los libros dispuestos en esquinas estratégicas.
Concha y Toro 39.
Otro café y bar antiguo se llama precisamente El café. Aunque en rigor es una vieja casa del Barrio Brasil, sus muebles (donde prima la madera), baldosas originales y los discos de tangos que ponen en las tardes, crean un microclima nostálgico. Además, las proporciones de las mesas y sillas permiten revisar la prensa del día (tienen todos los diarios y revistas), con un espresso doble, soda y pan tostado, sin incomodidades. Además tienen pizza, sándwiches y tragos, por supuesto.
Brasil con Huérfanos.
Y a propósito de tangos, la Confitería Torres ofrece cenas con un conjunto que interpreta clásicos de la "música ciudadana", además, por supuesto, de tragos y café. El local, que ha sido remodelado, conserva el mismo esplendor de 1879, convirtiéndose en el más longevo de Santiago. De hecho, coronaba el "barrio elegante" de la época, poblado de mansiones, como aún puede atestiguar avanzando por calle dieciocho o San Ignacio, donde se encuentra.
Alameda 1570.
Un bar como los de antes
Son las diez de la noche y las voces suenan fuerte. Es el bar Don Rodrigo, favorito de universitarios, intelectuales y habitantes del barrio cercano al Parque Forestal. No sólo es célebre por su piano, interpretado por el talentoso Hernán Lavandero, sino que también por sus precios sumamente convenientes.
Así lo atestigua Cristián Salazar, quien tiene un blog imprescindible: www. urbatorium.blogspot.com. Allí se dedica a investigar las historias ocultas y rescatar ese patrimonio desconocido de la ciudad.
Salazar cuenta que el nombre del bar se basa en un personaje de Pepo. De hecho, en el Hotel Foresta, ubicado al lado, hay una armadura réplica de una de las creaciones del dibujante.
Y no es la única conexión con el mundo del cómic chileno: el dueño de ambos lugares es el mismísimo Guido Vallejos, creador de "Barrabases", la entrañable historieta futbolera que ha vuelto a los quioscos. No por nada, en las viñetas de los partidos, en los carteles de los estados, aprovechaba de poner publicidad de su famoso hotel.
Victoria Subercaseaux 355.

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