jueves, 20 de mayo de 2010

NEONES, NIÑAS FELICES Y AMORES FURTIVOS: APUNTES SOBRE EL “BAR RONNIE”

Casona del ex "Bar Ronnie" en Nataniel Cox, hoy ocupada por "The Pippo's".
Coordenadas:  33°26'55.22"S 70°39'11.87"W
Muchos recuerdan este extraño antro, pese a llevar tantos años ausente ya. No me lo hubiese esperado, hasta que puse el nombre de este bar en un ejemplo didáctico de cómo crear cierto efecto simulando carteles de letras luminosas con un conocido programa de diseño, mientras impartía clases de talleres de gráfica digital, hace pocos años. Mis alumnos eran de todas las edades, pero los mayorcitos comenzaron a reír disimuladamente, reconociendo de inmediato el nombre de este mítico sitio, e imaginando quizás qué clase de vinculaciones sentimentales me llevaron a evocarlo.
El local se llamaba “Bar Ronnie” (¿o "Ronny"?, ya no lo recuerdo bien), y se ubicaba en Nataniel Cox 194, llegando a la esquina de Miguel de Olivares, pasado Tarapacá. Sin embargo, como sucedía con algunos otros centros de recreación de esta avenida (como “El Panameño”, del que hemos hablado en otro posteo), su patente comercial poco y nada se relacionaba con el verdadero negocio que tenía lugar adentro. Salvo por un viejo y rústico mesón al fondo del local, de bar sólo tenía la mitad, cuanto mucho.

Se trataba de un prostíbulo de escasa reputación, que había sobrevivido hasta los ochentas como efecto colateral de los años dorados del negocio del placer pecaminoso en Santiago, época de la que proceden recuerdos como “La Tía Carlina”, “Las Palmeras”, “La Nena del Banjo”, “La Lechuguina” y “La Guillermina”, entre otros famosos burdeles capitalinos.
El “Bar Ronnie”, sin embargo, no gozó del prestigio que tenían sus competidores, ni tuvo visitas ilustres, ni la elegancia tosca de la época, siendo un poco posterior y creciendo ya en la decadencia misma del rubro. Tampoco era el típico burdel clásico, con un living espacioso, un gato, una ponchera y un músico tocando el piano, por lo corriente un homosexual. Por el contrario, era un sitio siniestro, oscuro, apenas señalado por un vibrante letrero de neones rojos y azules, indicando en nombre del local junto a otros tubos luminosos retorcidos, con la aparente forma de una copa. Era, por cierto, uno de los carteles de neones más conocidos de la capital, pues miles y miles de santiaguinos que vivían en la parte Sur de la ciudad lo veían toda la semana al caer la noche, mientras iban de vuelta a sus hogares en la abundante locomoción colectiva que, por entonces, atravesaba la Alameda desde Teatinos para continuar por Nataniel Cox.
Imágenes: colección digital de L. Rivas
El comentado aviso estaba estratégicamente colocado para ser leído en el sentido del tránsito en que se iba por esta calle, precisamente en la entrada que tenía entonces el local, de cara hacia el Norte. Además, contaba con una apertura de la calzada hacia la acera, que servía de cómodo estacionamiento para los vehículos.
Según una leyenda que algo de verdad parece tener, había un enano o sujeto de muy baja estatura, pero muy cascarrabias, que se encargaba de la seguridad o de la administración, espantando a los intrusos e incluso persiguiendo hasta afuera a los que no fueran bienvenidos, como cabros chicos intrusos, por ejemplo, lo que acrecentó los macabros temores infantiles y las historias tenebrosas en torno al misterioso bar, en el que rara vez se podía ver a alguien entrando o saliendo.
También era un enigma la razón de su nombre. Nadie sabía. Algunos niños especulaban con algo de maldad que el burdel pertenecía a un conocido humorista de aquellos años, llamado Ronnie, y que salía entre los comediantes de “El Festival de la Una”. Mi ingenuidad de aquellos años, me llevó a imaginar a Ronnie haciendo presentaciones diarias con sus bigotes pintados tipo chef francés y sus libretos de humor blanco dentro del mentado bar. Era la forma en que muchos podíamos explicarnos dificultosamente la fama del local, con la escasa información disponible e ignorantes entonces de que el sexo servía para la entretención más que para la reproducción.
El “Bar Ronnie”, pese a todo, conservaba o intentaba conservar algunos estándares clásicos del oficio: como era común entre los prostíbulos clásicos, alojaba en una hermosa casona típica del barrio, probablemente de principios del siglo XX, con atractivas fachadas, marcos integrados, dinteles y molduras, además de escudos en su entrada. Hasta donde sé, hacia el interior, por un pasillo estrecho y de paredes acolchonadas, se encontraban las “niñas felices”, generalmente gordas poco agraciadas físicamente, rodeando las poncheras de vino y de pisco barato.
"El Salón de la Rue de Moulins", de Henri de Toulouse-Lautrec.
Los neones chillones del controvertido “Bar Ronnie” se apagaron hacia el cambio de década, coincidente con los grandes cambios políticos y sociales experimentados en Chile.
Hace un par de años, me armé de valor para asomar la cabeza con otro par de valientes, en lo que actualmente ocupa el lugar del “Bar Ronnie”, simulando ser un potencial cliente (nunca lo he sido, aclaro). Quería ver cómo lucía ese local que tantos terrores infantiles inspiraba. Espero que el aspecto no haya cambiado mucho desde los años en que funcionaba el pretendido bar.
Si es así, corresponde señalar que las “chiquillas” están sentadas en una larga hilera de sillones y sofás hacia el lado derecho de quien accede, mientras que, hacia su izquierda, están las piezas reservadas, cuyo ambiente es cortado del resto sólo por la cortina. Al fondo, casi al final, aún sobrevive ese bar que tantas y tantas violaciones al sexto mandamiento ha presenciado.
En la actualidad, su entrada es sólo por el frente de la fachada. Otros neones señalan tanto un nuevo nombre como un más ampliado rubro: “The Pippo’s Bar Show”… No obstante que la antigua casona sigue en el mismo negocio que en aquellos años del “Bar Ronnie”.

1 comentario:

rotten dijo...

yo trabaje hay un tiempo y es un mundo totalmente diferente ,,, es un lugar de ensueño la gente el trato... es lo mejor que me paso laboralmente,socialmente y como persona si alguien sabe como puedo comunicarme con pippos , p si alguien lee esto aca dejo mi email
otporporacp@hotmail.com desde ya muchas gracias saludos francisca : la pancha, la tati, siempre pienso en ustedes como una familia esto va para todos los que compartieron con mi persona besos y exitos

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