miércoles, 5 de mayo de 2010

AYER Y HOY DEL NARANJAL DE LA ERMITA EN EL SANTA LUCÍA

El Naranjal y la fuente en 1874.
Coordenadas: 33°26'25.48"S 70°38'37.69"W
A este encantador rinconcillo de la ciudad le han llamado antes también Jardín de los Naranjos y, por error o corrupción, Patio de los Naranjos, confundiéndolo nominalmente con el que se encuentra en realidad en el Palacio de la Moneda. El originalmente bautizado Naranjal de la Emita, sin embargo, lució en el pasado los arbustos frutales que le dieron su nombre. El tiempo y la vegetación que los han ido tragando, arrancándolos o fusionándolos con el paisaje del Cerro Santa Lucía.
Está ubicado en la cara poniente del paseo, hacia el lado Norte, desde donde se tenía una vista extraordinaria de la ciudad de Santiago facilitada por la inexistencia de grandes árboles y sin altos edificios al momento de ser inaugurado. Es un jardín crecido en torno a la fuente y bajo la Ermita del Santa Lucía, sobre la Plaza Buenos Aires, allí tras la Roca Tarpeya y la Plaza de los Campos Eliseos que corresponde a la Plaza Pedro de Valdivia en nuestros días. Fue uno de los más grandes esfuerzos de todas las obras iniciadas en 1872.

Es el más alto de los alto de los jardines y plazas del Santa Lucía, y el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna tenía la intención de que fuese el más importante y espacioso del cerro, visible desde varias partes de la ciudad. Por eso, hizo instalarle algunos de los árboles más crecidos con que contaba el proyecto y también su pileta francesa Val D'Osne en el centro, rodeada de flores y plantas.
El Naranjal y la fuente, en 2009.
Lamentablemente, en las fotografías blanco y negro que sobreviven, por ejemplo en el "Álbum del Santa Lucía", no puede admirarse el atractivo colorido del jardín. Desde allí se podía ver, un nivel más abajo en el llamado Desfiladero del Paraguay, al hoy desaparecido Balcón Volado, que servía de majestuoso observatorio de Santiago. La fuente desagua una pequeña caída de agua hacia este sector, escurriendo por sus muros empedrados hasta nuestros días.
La plaza estaba contorneada por hermosos jarrones producidos por la misma fundición parisina mencionada, con caras angelicales y finas decoraciones. En nuestros días, todas estas piezas también han desaparecido desde allí. Fue todo un desafío para los trabajadores construir esta parte del paseo en las alturas del cerro, próximas un acantilado de vértigo. Los obreros llamaban a su modo la plazuela de naranjos, según Vicuña Mackenna: "El Jardín Victoria", le decían.
Los cambios del cerro no se han llevado sólo a los jarrones decorativos de este sitio. En una de las remodelaciones, el jardín fue integrado al paseo hacia la Plaza Pedro de Valdivia, por lo que sus flores fueron retiradas y la fuente acabó rodeada de pastelones, ya no más de plantas o arbustos.
También se le instalaron algunos poyos y bancas, y se conservaron los árboles de los costados, pero como estos habían crecido bastante, la plazuela quedó con un aspecto reducido, poco visible y ausente de sus otrora característicos jardines.
Partes esenciales se conservan aún, sin embargo: los enrejados, la fuente y la disposición de los muros. Es uno de los sitios favoritos de las parejas de enamorados. Pero como ya no tiene aspecto de jardín, se le ha llamado Terraza del Naranjal o Patio de Naranjos, como hemos dicho. Sólo un naranjo de frutitas raquíticas queda vivo en este sitio.
En la fotografía de 1874 que aquí publicamos, tomada desde la Roca Tarpeya, aparecía un jardinero dándole mantención al flamante naranjal. Cuando tomamos nuestra imagen aquí reproducida también, un siglo y medio después, coincidentemente había otro jardinero atendiendo la plaza. Aunque la nuestra hemos debido tomarla también desde el observatorio de la Roca Tarpeya, hemos debido esquivar las incomodidades que causa la vegetación en el encuadre. La observación cuidadosa permite reconocer los elementos en común que ambas imágenes mantienen, sin embargo.
El único arbusto de naranjos que hoy queda en el Naranjal.
Vista de la Roca Tarpeya desde el Naranjal.

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