sábado, 10 de abril de 2010

LA TRADICIÓN DE LAS SANTIGUADORAS EN LA CULTURA POPULAR

Ceremonia del "Machitún" mapuche, conducida por las magas machis, en ilustración de Claudio Gay. Las tradiciones cristianas e indígenas se mezclan en las creencias del santiguado en Chile.
El santiguado constituye una especie de exorcismo doméstico en la tradición popular chilena, recurrido en casos donde la enfermedad puede ser confundida con acosos sobrenaturales sobre el individuo. Quien haya sido santiguado por una experta en el oficio, sabe de las extrañas y reconfortantes sensaciones que se tienen durante el rito, como una especie de relajo nervioso y un hormigueo en el cuerpo realmente indescriptible.
No hay duda de que la tradición de las santiguadoras está en camino a su desaparición en Chile, a estas alturas, atrincherada sólo en algunas zonas rurales del país, o de la mano una que otra "meica" o "sacadora de empachos" de barrios pobres. Curiosamente, una sociedad que acoge secretamente a chamanismos exóticos y santerías tropicales (hay hasta políticos en las listas de clientes de conocidos brujos y pitonisas de Santiago) desconoce su propia tradición y arroja al tarro de lo ignorante al santiguado, como si sólo las supercherías más coloridas tuvieran algún valor.
Uno de los pocos trabajos de investigación que se han publicado en el país dedicados especialmente a esta antigua tradición es el ensayo titulado "Animitas, machis y santiguadoras en Chile", del sociólogo Cristián Parker Gumucio, de la Academia de Humanismo Cristiano, publicado en 1992. Aunque se trata de un libro excesivamente concentrado en metodologías de trabajo y procedimientos de investigación, arriba en una exposición interesante sobre la fe popular.
Sin embargo, uno puede reconstruir esta historia siguiéndole la huella en algunas crónicas y en trabajos posteriores de investigación sobre el folklore.
La santiguadora Doña María, en acción (fuente: lanacion.cl)
CARACTERÍSTICAS DE LAS SANTIGUADORAS
Las raíces de las santiguadoras están en una combinación de elementos del cristianismo con otros provenientes del paganismo europeo y del nativo americano, amalgamados durante la formación misma de la sociedad chilena. El padre Alonso de Ovalle, por ejemplo, cuenta en su "Histórica Relación del Reino de Chile" (1646) cómo algunos pudientes vecinos de Santiago hacían llamar a magos machis del Sur para que atendieran sus dolencias.
Santiguadoras y rezadoras hubo muchas en Santiago de Chile en antaño, cuando la línea entre la ciudad y el campo era más tenue que hoy. Suelen ser mujeres mayores, modestas y de vida retirada, con poco nivel educacional pero siempre rodeadas de un halo de prestigio y generosidad entre sus vecinos o amigos, lo que las hace abuelitas queridas. Sobrevivieron en algunas poblaciones populares de la capital hasta épocas recientes, cuando el envejecimiento y la muerte de las cultoras ha ido señalando el final de su dinastía. En general, es una actividad donde la espiritualidad y lo sobrenatural conviven a un paso del mundo más real y profano, generando instancias donde la verdad y lo imaginario se enredan en nudos peligrosos: empachos, males de ojo, corrientes de aire, espantos, etc.
Las santiguadoras solían formarse por tradición familiar, compartiendo sus secretos de manera generacional. Sin embargo, tal como sucede en la difusión de las disciplinas mágicas vinculadas al pueblo mapuche, los conocimientos no siempre eran totalmente revelados. La base cristiana de sus procedimientos, por ejemplo, se valía de oraciones bien conocidas en el culto popular, pero reestructuradas y retocadas con pequeños detalles o alteraciones que la santiguadora conocía y que le permitían presumir de ser tal. No existen sectas ni gremios, sin embargo, por lo que su actuar es particular, similar al de las "meicas", acomodadoras (componedoras) de huesos, yerbateras o "quebradoras de empachos", mezclándose su oferta con la de ellas muchas veces, convertidas prácticamente en curanderas múltiples.
Las santiguadoras que se dedicaban a esta actividad, sin embargo, solían no cobrar por sus servicios. A lo sumo, solicitan un pago voluntario o simbólico. Se creía que quienes lucraran con los conocimientos o poderes los perderían y harían inútiles los esfuerzos, convirtiendo todo rito de esta clase en un fracaso. Pero también se cree que el servicio debe ser pagado para que resulte, así que hay santiguadoras que si bien trabajan sin tarifas, reciben modestas monedas o regalos a modo de pago para el sólo hecho de cumplir con esta condición modal o protocolo.
El rito exige templanza y fortaleza por parte de quien lo practica. Durante todo este acto, según palabras de Vicuña Fuentes, sucedía lo siguiente con la santiguadora:
"...mientras opera y por causa de los maléficos fluidos le sobrevienen bostezos, se le desencaja el semblante lagrimean los ojos".
Me sorprende la precisión de estas observaciones. Es exactamente lo que sucedía con mi abuela Julia, que fue una avezada santiguadora según explicaré más abajo, cuando nos sometía a sus relajadores minutos de santiguado. Los bostezos y las lágrimas cayendo de los ojos eran, para ella, señal inequívoca de que uno "estaba asustado", y nos lo hacía notar al final de cada operación sanadora.
EL "MAL DE OJO"
Las santiguadoras parten de una suposición sencilla: la gente enferma o cae en estados de convalecencia por acción voluntaria o involuntaria de otros. Esta convicción está tomada, en parte, desde mitos indígenas y supersticiones populares. Cuando el "daño" ejercido es voluntario, se debe a la acción malévola de otros (los burdamente llamados "trabajos", actualmente), generalmente valiéndose de un brujo negro.
Según Benjamín Vicuña Mackenna, en "Los Médicos de Antaño en el Reino de Chile" (1877), mucho de este "daño" se manifestaba en la creencia de que los males eran provocados por "la pócima del mal en un cadejo de cabellos, en un alfiler, en una aguja enhebrada, en una sabandija cualquiera". Hechicería, en otras palabras. Esto, por supuesto, cuando el mal es deliberadamente producido.
Si la acción del "daño" es involuntaria, se debe al "mal de ojo", "fascinación" o "enyetamiento", provocado por la acción de un envidioso, también entendido como la comisión de un "daño" sin querer. O bien, puede suceder por una admiración manifiesta de gente con la sangre "gruesa", "pesada" o "fuerte" hacia un niño, especialmente si lo encuentran lindo y lo celebran, perjudicándolo sin intencionalidad. Incluso, los propios padres pueden provocarle un "ojeo" a sus hijos.
Aunque las leyendas del "mal de ojo" son muy creídas entre antiguas comunidades indígenas chilenas, desde donde pasaron a las tradiciones rurales, existen también con gran arraigo en países de Europa, curiosamente. Julio Vicuña Cifuentes escribe en sus "Mitos y leyendas recogidos de la tradición oral chilena" (1915), que el "mal de ojo" proviene de España, donde se le llamaba "aojar", tema que ha sido trabajado por Rafael Salillas en su libro "La Fascinación en España" (1905). De hecho, en España hay una nutrida tradición de santiguadoras.
El "ojeado" suele caer en estado febril, tan cansado que acaba en cama. Puede tener náuseas o vómitos inexplicables. Veremos que uno de los síntomas es la sequedad en un ojo y la hinchazón del párpado. El estado es potencialmente mortal si no se trata, según la supersitición.
Aunque las creencias sobre esta clase de calamidades sobrenaturales sobre el individuo ya tenían poco arraigo en las clases culturalmente más altas de la sociedad santiaguina del siglo XIX, Vicuña Mackenna comenta cómo penetraron estas tradiciones en las costumbres cotidianas, incluso en actos aún reconocibles, como expresar "¡Dios la guarde!" cuando se alaba la salud o el atractivo de una persona querida, precisamente porque así se evitaba el "daño" o el "ojeo".
Mi bisabuela Donatila y su hija, mi abuela Julia. Ambas fueron reconocidas entre sus familiares y conocidos como talentosas santiguadoras.
EL "ESPANTO"
Otra forma de padecimiento mágico sobre una persona es el "susto" o "espanto", no siempre asociado a la acción de terceros. Algunos, especialmente niños, pueden espantarse con escenas naturales (terremotos, tormentas de rayos) o siendo testigos de algo que no debieron ver, como alguna aparición fantasmal, alguna imagen demoníaca o, en un plano más terrenal, un asesinato o accidente fatal. Para todos los casos, el afectado queda presa de un estado de angustia que no le permite regresar a la tranquilidad.
Cuando no hay antecedente que permita explicar el estado de susto que posee al espantado, entonces se puede presumir que habrá sido por malignas influencias externas, ya sea de personas o de espíritus invisibles. Se manifiesta por un estado de terror, temblores, escuchar ruidos extraños y tener alucinaciones perturbadoras. Y es que el espíritu está inquieto: se ha salido o intenta salirse después del "espanto". De este concepto proviene el dicho de "devolver el alma al cuerpo" después de haber pasado un susto o una angustia grave.
Puede que el "espanto" también se manifieste a través de síntomas como fiebres o hinchazones extrañas, pero la santiguadora tiene un rezo especial para estos casos, levemente distinto del utilizado para el "mal de ojo" y, según algunas cultoras, sólo puede realizarse un día martes o viernes, a diferencia del que combate el "mal de ojo" y que no tiene un día específico de la semana para ser combatido.
No se debe confundir el "espanto" con el estado del paciente "espirituado", que significaba poseído por el Demonio u otro espíritu maligno, y donde las posibilidades del santiguado ya no alcanzan, debiendo recurrirse derechamente al exorcismo, para estos casos. En nuestros días, sin embargo, la jerga popular hace sinónimo al estar "espirituado" con sentirse perseguido o asustado.
VULNERABILIDAD DE LOS NIÑOS
Los niños constituyen, como se puede deducir, los principales afectados por el "mal de ojo". Son, por lo tanto, los principales pacientes de las santiguadoras. Se pueden ojear plantas, animales, personas adultas y hasta objetos inanimados frágiles o valiosos (cristales, joyas, cerámicas, etc.), pero por su condición de vulnerabilidad e indefensión, los infantes siempre están especialmente expuestos. Para ellos, el "ojeo" es casi siempre fatal, si no se lo trata a tiempo.
Aunque la leyenda dice que los niños bonitos son los únicos susceptibles de ser atacados por el "mal de ojo" a causa de los atractivos o envidias que despierten en otros, la verdad es que resulta común encontrar en las faldas de las santiguadoras de campos a niños que pueden resultarle bellos más bien sólo al amor incondicional y sin ojos de sus padres, según me parece. El "espanto", en cambio, es más democrático: ataca a lindos y a feos por igual.
Un niño "ojeado" manifiesta los síntomas extraños que evidencian la presencia del mal y que hemos descrito, pero con más gravedad: se les cae o se les hincha el párpado de alguno de sus ojos y la frente comienza a exudar salado en los bebés. Puede haber vómitos y fatigas inexplicables. Los más pequeños también manifestarán súbitas alzas de temperatura. Si la santiguadora no interviene, el riesgo es que el niño termine consumido por la fiebre (tras la cual sobreviene un brusco descenso y la muerte) o pierda el ojo afectado, que se reducirá en la cuenca hasta quedar inutilizado. En otros casos, el párpado seguirá inflamándose hasta reventar.
Hay formas de confirmar si un niño está "ojeado". Una de ellas es pasándoles por el cuerpo tres ramitas de hierbas: si éstas se secan al instante, no hay duda de que está enfermo. Según la información reunida por el estudio de Parker, si un puñado de azúcar arrojada a un brasero no daba su característico olor de caramelo quemado luego de haberla usado para persignar al niño, se estaba frente a otra señal inequívoca de que el pequeño sufre bajo los efectos del peligroso mal.
LA IGLESIA Y LAS SANTIGUADORAS
Vicuña Fuentes explica que hubo una especie de alianza entre los párrocos y las santiguadoras, en algún momento de la historia. Según su ya citado trabajo de 1915, antes se encargaba a los curas párrocos el poner los evangelios a los pacientes sospechosos de estar afectados por el "mal de ojo". Sin embargo, como la cantidad de enfermos y sospechosos de serlo crecía superando las capacidades de los sacerdotes, se autorizó a grupos de mujeres que decían tener talentos especiales de santiguadoras, para que extendieran sus ritos de curación sobre los fieles. Esto explicaría por qué razón no hay hombres que ejerzan la actividad.
Las santiguadoras operaban en base a los Evangelios de San Juan, patrono de las tradiciones esotéricas populares. Las relaciones con San Juan sobrevivieron largo tiempo: cuando el paciente era un niño, por ejemplo, se recomendaba envolverlo en la camisa de una mujer que se llamara Juana. Si era niña, la camisa debía ser de un hombre llamado Juan.
Según los datos recopilados por el mencionado autor, a las primeras santiguadoras se les permitía realizar los rezos de sanación cobrando por ello no más de un medio, equivalente a seis centavos y un cuarto. Desde allí en adelante, proliferó el ejercicio de esta arte, tanto entre santiguadoras autorizadas como otras clandestinas, al punto de que nadie podía distinguir ya las diferencias entre ellas. Esto condujo a la degeneración del oficio, que adquirió más características de superstición que de religiosidad, derivando en varios métodos o estilos según la forma en que se hacía y se ensañaba entre unas santiguadoras y otras.
Esta historia descrita por Vicuña Cifuentes me resulta familiar. Mi abuela materna, Julia, fue una experta santiguadora, como he dicho. También lo fueron su madre y algunas de sus hermanas.
La forma en que la iniciación en estos ritos entró a su clan se debió a una tragedia: la hermana de mi abuela, Marta, perdió su hermoso hijo Rodolfo, que en la familia era llamado cariñosamente como Ruddy. Llevando una vida rural, a los dos años de vida su padre comenzó a vestirlo de huaso y le compró un caballo pony. Sucedió que un día, después de que el niño había ido a pasear en su caballito tras la salida de la misa, comenzó a sentirse mal, a decaer y, finalmente, cayó en cama en estado de casi inconsciencia. El médico del pueblo no pudo descubrir la misteriosa enfermedad que aquejaba a Ruddy y que, entre otros síntomas, le había secado uno de sus pequeños ojitos claros. Cerca del final de su agonía, cuenta la tradición oral de esta familia que el pequeño se arrojaba al piso, con los brazos abiertos, pasando largo rato en el suelo en una acción inconsciente que fue interpretada entonces como que "estaba pidiendo tierra", rendido a la muerte. Después de algunos días, el niño falleció, ante la desazón de la familia.
Cuando fue el cura local a darle la extrema unción al niño y vio sus síntomas, notó de inmediato que estaba bajo los influjos del "mal de ojo", demasiado avanzado para revertirlo ya, según lo interpretó. Entonces, llamó a mi bisabuela Donatila, madre de mi abuela y de la infortunada tía Marta, para enseñarle el rezo de santiguado basado en los Credos y que veremos más abajo, para que así "nunca más lamentara la muerte de ningún nieto", según recuerda mi madre que, de seguro, escuchó esta historia innumerables veces más que yo. Fue así como estos conocimientos entraron en la familia, y mi bisabuela los enseñó entre sus hijas.
PROCEDIMIENTOS DE LAS SANTIGUADORAS
Existen varios manuales no escritos en los que se basaban las santiguadoras chilenas de antaño, con el objetivo de eliminar los "males de ojo" y los "espantos". Hay elementos comunes en todos ellos, pero también variaciones según las ramificaciones que tuvo tiempo de tomar la tradición en tantos siglos de culto, como sucede con todas las supersticiones y creencias populares.
En el caso de mi abuela, una vez que sacaba su pequeño crucifijo para santiguar, la pregunta que comenzaba el rito era siempre la misma: "¿De ojeo o de espanto?". Veremos que esto se debía a que las oraciones cambian dependiendo del mal que pretensa ser contrarrestado.
Según un artículo publicado por el diario "La Nación" del 13 de febrero de 2009, donde se entrevista a la santiguadora María Rey Salazar, ésta solía colocar también un hilo rojo en torno a las muñecas de los niños tratados y ejecutaba la oración con hojas de palqui. Así, pues, cada santiguadora introduce variaciones casi personales al rito, y por eso se abre en tantas ramas y opciones, aunque todas con un tronco común.
Uno de los procedimientos más característicos es hacer un rezo especial al niño, generalmente basado en los Credos. Con un rosario, una cruz o algún anillo de motivos religiosos (preferentemente de plata) la santiguadora hace la figura de la cruz en la cabeza y/o en otras partes del cuerpo del paciente mientras se ejecuta la oración. Lo común es que el rito se haga sólo entre el santiguador y el atendido, sin observadores ni más gente presente. A veces, la santiguadora sopla repetidamente al paciente, como intentando espantar los males que le aquejan. En otros casos, se precisa de la presencia de velas encendidas e imágenes de la Virgen María o de Cristo en la cruz.
El rito incluía hacerle beber al paciente tres sorbos de agua azucarada, a veces con toronjil, también en tres ramitas. Esta hierba es preferida para el caso de los "espantos" de los niños. Tres, además, es un número fuertemente ligado al cristianismo bíblico y también en sus raíces paganas: la Trinidad, los tres Reyes Magos, la triple negación de San Pedro, las tres cruces del monte, la resurrección de Cristo al tercer día, etc. La santiguadora también podía quemar tres terrones de azúcar, tres ajíes o tres ramas de romero en un sahumerio cuyos humores purificarán a la criatura "ojeada".
Cuando el "ojeo" es demasiado y los estragos provocados están más avanzados de lo esperable, es decir, "pasado", el rito debe repetirse durante tres viernes seguidos. Si no hay respuesta, será por nueve viernes. Vicuña Cifuentes agrega que si desde el momento de comenzar a manifestarse el "mal" sobre el paciente, éste no es atendido antes de tres viernes, estará perdido.
Famoso óleo de un exorcismo, de Francisco de Goya.
LA ORACIÓN DE LOS CREDOS
Existe una gran cantidad de rezos y oraciones especiales recurridas por las santiguadoras. Han sido estudiados por autores como Ramón A. Laval en su "Oraciones, ensalmos y conjuros" (1910) y Vicuña Cifuentes en su aquí antes citado libro. Generalmente, se ejercían sin declamación, bajito, casi en murmullo, como solían orar las abuelas, precisamente.
La oración que yo conozco mejor, sin embargo, es la practicada por mi abuela santiguadora durante mi infancia, correspondiente a cinco Credos seguidos persignando la cruz o el anillo para cada parte del cuerpo tratada: cabeza, palma de las manos, pecho y espalda (parecen coincidir con las partes del cuerpo donde fuera herido Jesús durante sus azotes y calvario). Sin embargo, presenta leves diferencias con el rezo original, según veremos.
El Credo tradicional, usado por muchas santiguadoras, se ora una o tres veces (según el rito) por cada parte del cuerpo que es tratada, en nombre de la Santísima Trinidad, y es el siguiente:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra,
y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso,
desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,
creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,
la Comunión de los Santos, en el perdón de los pecados,
la Resurrección de la carne, y la vida perdurable. Amén.
El Credo que rezaba mi abuela, no obstante, era el siguiente, utilizado en la tradición de santiguadoras a la que ella y su madre habían pertenecido:
Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra
y en Jesucristo, su único hijo,
que nació de Santa María Virgen, bajo el poder de Poncio Pilatos,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos
y al tercer día resucitó, subió a los cielos
y está sentado a la diestra del Padre Todopoderoso,
desde ahí va a venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en Dios padre todopoderoso,
en Jesucristo si único hijo,
en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica.
en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén
Se advierte que tienen sutiles diferencias. El Credo era acompañado, además, de un "cierre" o remate del rito que se decía al final de todas las oraciones, y que veremos a continuación.
FORMAS DE CERRAR EL RITO
Si la persona estaba siendo tratada por "mal de ojo", mi abuela remataba el santiguado tras los Credos, trazando las líneas de la cruz en la espalda del paciente con la palma de su mano, mientras recitaba en forma muy silenciosa tres veces, a la altura de la nuca:
Santa Bárbara doncella,
líbrame de esta centella,
como libraste a San Juan Ángel
del vientre de la ballena.
A continuación, decía los dos nombres del paciente, a la altura del cuello. Era la parte más relajante y agradable de todo el ritual, llegando a erizar los pelos. Si el atendido era tratado por "espanto", sin embargo, la frase que se repetía tres veces debía ser la siguiente:
Santa Ana parió a María,
Santa Isabel a San Juan,
Con estas tres palabras,
espíritu, ¡a tu lugar!
Tanto para "ojeo" o para "espanto", luego del remate de la oración, se hacía otra vez la cruz en forma de persignado y se debían beber tres sorbos de agua azucarada. Con ello, el santiguado había concluido.
En su "Folklore Religioso Chileno" (1966), Oreste Plath transcribe otros remates para la oración de tres Credos, distintos a los que conocí en mis santiguadas infantiles. Los Credos, de partida, se hacían de a tres pero sólo en el pecho y la espalda. La oración de cierre decía lo siguiente y debía ser repetida dos veces:
Dios nuestro Señor nos bendiga,
nos defienda y nos dé sus auxilios.
Tenga piedad y misericordia de nosotros
y nos dé sus auxilios,
y nos libre de todo peligro,
terremoto, ventarrón, empacho, ojo, etc.
Y a continuación, se decía tres veces la siguiente frase:
El Señor te bendiga y te guarde,
vuelva a ti señor tu sierva.
Otra forma de cerrar el rezo de los tres Credos es con la siguiente oración, que el mismo autor verifica usada en barrios populares de Santiago:
Yo te santiguo N. N.
Para espanto y cualquier otro quebranto.
Padre mío San Cipriano del Monte Mayor,
líbralo de peste y de ojo.
Santíguate niño en cruz
como la Virgen María
santiguó al Niño Jesús.
Existen también las llamadas Oraciones de Palabras Redobladas, un poco complejas y que, por estar más asociadas a contrarrestar maleficios y actos de brujerías, no nos corresponde abordar aquí.
REZOS ESPECIALES CONTRA EL "OJEO"
Dependiendo del procedimiento, las santiguadoras convocan la asistencia del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, de la Virgen María o de algún Santo en particular cuando se trata de situaciones más específicas que afecten al paciente, preferentemente San Juan, San Bartolomé o San Benito. Aunque los Credos pueden ser los más recurridos, existen algunas letanías y oraciones específicas dentro del repertorio de las santiguadoras. Una de ellas se pronuncia luego de cortar secretamente parte del cabello de la persona sospechosa de haber "ojeado" al niño, sin que lo advierta, rezando lo siguiente mientras se quema el mechón de pelo:
"En el nombre del Padre Eterno te vamos a rezar estos tres Credos, para que no seas más ojeado, ni la persona que te ojeó te vuelva a ojear".
Según Laval, el siguiente rezo es conjurado para el santiguado del "mal de ojo" utilizando las ramitas de romero:
Romero bendito
de Dios consagrado
que entre lo bueno
y salga lo malo.
Otro para santiguar "de ojo" era el siguiente, que conjura al propio Arcángel Gabriel:
Ángel mío San Gabriel
Príncipe de los ángeles,
de la Iglesia rey,
dueño de las Jerarquías,
luz mía,
amparadle noche y día
Dios conmigo, Dios con él,
Dios delante, y yo detrás de Él,
salga el mal y entre el bien,
como la Virgen entró
en la casa santa de Jerusalén.
Apelar directamente a la Virgen María es otro recurso útil, según esta oración de santiguadoras de campo:
Virgen María eres santa, eres pura,
Virgen María protege a este niño
en la noche y en el día.
Sácale el mal de ojo de a poquito
a este niño chiquito,
Virgen María, madre mía,
saca este mal de porquería
en el nombre de la santigua
Del hijo y del espíritu santo. Amen.
REZOS ESPECIALES CONTRA EL "ESPANTO"
Si el niño está con "espanto", en cambio, se convoca de vuelta a su alma llamándola por su nombre con la siguiente oración:
"Espíritu de Fulano, vuélvete a tu centro y a tu lugar, donde Dios te creó".
Existen otras oraciones que sirven simultáneamente tanto para el parto como para el santiguado, recomendadas en la situación de un nacimiento para bendecir y también para prevenir de posibles males. El rezo de San Bartolomé, también rescatado por Laval, es uno de los más recurridos para las casas donde habiten niños recién nacidos o de muy poco tiempo de vida. Además de garantizar un buen parto, permitía proteger a la criatura neonata de la amenaza del "espanto":
San Bartolomé se levantó
pies y manos se lavó
y a Jesucristo encontró.
- ¿A dónde vas, Bartolomé?
- Señor, contigo me iré.
- Volveré, Bartolomé
a tu casa, a tu mesón
te tengo de dar un don
que no mereció varón.
En la casa donde asistas
no caerá piedra ni rayo,
ni morirá mujer de parto,
ni criatura de espanto.
Oreste Plath transcribe la siguiente oración de San Antonio que tiene más o menos las mismas características que la anterior:
San Antonio de Abad, que a la edad de 7 años
a la Virgen serviste,
por el hábito que vestiste,
por el cordón que ceñiste,
por las 3 voces que diste.
San Antonio, San Antonio, San Antonio,
padre mío, San Antonio,
concédeme esta merced
hácelo
(sic) por amor de Dios,
por lo presente y lo ausente,
por lo perdido y aparecido,
por lo posible e imposible,
que no haga cosa ninguna,
para que esta señora se mejore. Así sea.
Plath presenta una versión más corta de este mismo rezo, según constató entrevistando a santiguadoras del sector de Renca, y que se pronunciaba después de los tres rezos hechos con hojas de naranjo, que veremos a continuación.
Un santero, según M. A. Caro, publicado por Recaredo S. Tornero.
REZOS ESPECIALES PARA AMBOS MALES
Plath presenta otro rezo corto como uno de los más recurridos por santiguadoras y "meicas", tanto para el "mal de ojo" como para el "espanto". Se debía hacer tres veces seguidas mientras se persignaba al paciente con una cruz hecha con dos hojitas de naranjo. La oración era la siguiente:
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te demuestre su divina cara,
vuelva el Señor su rostro hacia ti
y te conceda la paz.
El señor bendiga a ésta su divina sierva.
Una oración que también serviría para santiguar "de ojo" y "de espanto" se debía repetir nueve veces en el pecho y en la espalda del paciente, con una cruz. Decía los siguiente:
Yo te santiguo N. N.
en el nombre del Padre,
del Hijo,
del Espíritu Santo.
Dios te libre de enfermedad,
de Ojo y de Espanto.
Otra reproducida por Plath y que también requería un crucifijo para la acción, es la que sigue:
En el nombre de Dios,
de la Santísima Virgen,
y del Astro Celestial Divino.
Salga el Mal
entre el Bien,
como entró Jesús
a Jerusalén.
En el nombre de Dios,
y de la Santísima Virgen,
te santiguo N. N.
Que todo espíritu malo
se ha de retirar.
Según constató también en Renca, este rezo era seguido de los tres Credos, más otras tres Avemarías, y se realizaba en la espalda, cabeza y pecho del niño o paciente. Otro procedimiento más complicado reportado por el autor es el de una oración relativamente extensa, que debía rezarse seguida de tres Credos y de un Señor Mío Jesucristo, haciendo la señal de la cruz sobre el paciente con los dedos pulgar e índice dispuestos como el símbolo. Dicha oración tenía dos partes. La primera de ellas dice:
El Señor pasó antes que el gallo cantara
con una cruz en los hombros, un madero muy pesado
que Jesucristo dejaba.
Caminó la Virgen pura y San Juan la acompañaba,
levanta, Señor a Ti, que en el Monte del Calvario
siete puñaladas dieron.
Se la dan por buen empleado.
Levanta Señor,
que éstas son las siete llagas
que las vimos traspasarlas,
por las chicas, por las grandes.
La segunda parte o continuación, es como sigue:
¿Qué señora será aquella que pasó la cordillera,
será la Virgen María, o San Juan de Magdalena?
A los pies de Magdalena, estaba el Niño Jesús,
vestido de azul y blanco, para clavarlo en la cruz.
Para que Dios me favorezca, y el Dulcísimo Jesús.
Ciertamente, existen más oraciones y letanías relacionadas con la tradición, pero transcribo acá las que están mejor documentadas o las que tuve ocasión de conocer más de cerca, en algunos casos intentando rescatarlas del olvido.

18 comentarios:

  1. Extraordinaria recopilacion. Felicitaciones. A proposito de la nota que te deje en otro lado, aca en el sur todavia quedan algunas santiaguadoras que usan una cruz con ramas de laurel para santiguar, demostrando la mezcla de fe cristiana y fe mapuche de la que hablas. Gracias por poner estos conocimientos al alcance de todos.

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  2. gracias por todo este reportaje muy lindo pero me hubiese gustado lo de las palabras redobladas,yo deseo saber una oracion que se llama algo de las 21,dice un pedacito asi,POR SAN JUAN Y SAN ANDRES AL DERECHO Y AL REVES DE LA CABEZA HASTA LOS PIESetc...SI ES QUE LA SABEN MI CORREO ES saxi@live.cl,cariños y gracias.

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  3. El tema de "poner los Evangelios", que es un ritual no sacramental que muchos sacerdotes hacían antaño (y que hoy muchos rechazan por considerarlo supertiscioso) era bendecir al niño enfermo imponiéndole las manos, haciéndole la señal de la cruz, y con el evangeliario abierto, recitar el Prólogo de San Juan (Evangelio de San Juan 1, 1 - 18) oración muy poderosa, que sintetiza los dogmas de fe.

    Hoy lo que se recomienda desde una recta doctrina católica (y por eso los sacerdotes han dejado de poner los Evangelios) es la Unción de los enfermos, en caso de enfermedad. Esta sería más efectiva pues es de origen bíblico (Santiago 5, 14 - 16), tiene poder sacramental, y Dios no niega nada a quien le invoque bajo un rito sacramental. Al enfermo (sea niño o adulto), se le imponen las manos y se le unge en frente, manos y estómago con un aceite perfumado, consagrado en Semana Santa por el Obispo, recitándose las oraciones prescritas en el ritual.

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  4. hola necesito urgentemente una santiguadora para mi madre...somos una familia de machali rancagua sexta region....ojalá nos puedan ayudar con alguna direccion y nombre...se los pido de todo corazon y con todo mi respeto,gracias...mi mail es pinozuniga@gmail.com ...muchas gracias.

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  5. hola necesito urgentemente una santiguadora para mi madre...somos una familia de machali rancagua sexta region....ojalá nos puedan ayudar con alguna direccion y nombre...se los pido de todo corazon y con todo mi respeto,gracias...mi mail es pinozuniga@gmail.com ...muchas gracias.

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  6. Hola, yo no se santiguar pero lo puedo hacer a mis hijas? leyendo los rezos?

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    1. Creo que no... es como hacerse machi.

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    2. Cualquier persona con fe verdadera puede realizar un santiguado en caso de apuro. Lo recomendable siempre es que lo realice una persona con experiencia. Por experiencia propia, mi abuela también santiguadora de mucho tiempo me cuenta que quien santigua se carga luego de los rezos y por ello el santiguado por la gente antigua es de mucho respeto ya que las personas que suelen hacerlo son muy fuertes mental y espiritualmente.
      Gran recopilación, muy dedicada.

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  7. Muchas gracias...... Yo santiguó hace años ,todo comenzó por mi hijo mayor antes de eso ni siquiera había escuchado de esto.......encontrarme con tanta información fue muy satisfactorio y sorprendida de que se nombre a renca, ya que yo soy de renca.......me gustaría saber como se descargan las santiguadoras después de ver a un niño del mal ojo o espanto,....infinitas gracias

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    1. Donde la puedo ubicar necesito urgente una persona

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  8. Donde ubico una buena santiguadora que no lucre con él tema hay gente que cobra tarifa les dejo mi mail evelyncontrerasv@gmail.com

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  9. Muchas gracias, excelente recopilación, que pena que la gente "Culta" no crea que esto es beneficioso.
    Mis mas sinceras felicitaciones.

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  10. Muchas gracias por esta excelente recopilación, que pena que las personas "cultas" no crean en lo beneficioso que es esto. Muchas bendiciones.

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  11. Mil gracias! Por tratar este Sagrado Legado de la Medicina Espiritual Universal y que traspasa las barreras del tiempo y espacio en la historia de la humanidad dado su amoroso servicio sanador y curativo. Mi experiencia personal data de 40 años atras con la curandera de San Mateo, un pueblito azucarero del Estado Aragua en Venezuela, ella cosia huesos (no se si rezaba otras enfermedades) pero cosiendo huesos era magnifica!. Esta experiencia me gusto tanto, que en el transcurrir recibi la oracion y manos a la Obra. Tambien supe que el padre de una amiga que vivia en San Francisco de Asis, otro pueblito del Estado Aragua cuando veia a un animal enfermo domestico o ganado, se encerraba en su cuarto y oraba, como resultado el animal se curaba. Hoy con esta maravillosa tecnologia he tenido el placer de conocer a las Santiguadoras Canarias y ahora las Chilenas. La Sabiduria Divina siempre esta en el aire y sus Angeles se encargan de llevar nuestras peticiones al Señor. Orar sin cesar con Amor. Bendiciones y Cariños para Todos!

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  12. Me pareció una excelente recopilación y exposición, llegué a esta página buscando la tradición de los sahumadores en países de sudamérica, sin embargo, al parecer en Chile no existe ninguna tradición al respecto, no hay un símil a las sahumadoras o copaleras de México, por poner un ejemplo. Tampoco existe tradición ni costumbre popular que se relacione con el uso de hierbas para limpiar los ambientes. Agradecería enormemente si alguien sabe algo en este sentido, que lo comparta.
    Muchas gracias por esta excelente página.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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