lunes, 15 de marzo de 2010

EL MONUMENTO A LOS ESCRITORES DE LA INDEPENDENCIA EN PLENO CAMINO AL BICENTENARIO

Acercamiento a una imagen antigua de la Alameda de las Delicias, donde se observa el conjunto conmemorativo tal cual lucía a fines del siglo XIX. La fotografía es de los archivos de la Colección César Gotta (Argentina).
Coordenadas: 33°26'49.45"S 70°39'51.15"W (antes, aprox.) 33°26'11.36"S 70°38'15.36"W (ahora)
Si el Intendente de Santiago don Benjamín Vicuña Mackenna hubiese participado del sentimiento de crisis de pobreza y miseria que afecta permanentemente a nuestras autoridades chilenas, probablemente la capital chilena habría tenido mucho, muchísimo menos que ofrecer a la historia en la proximidad del Primer Centenario y ahora en las puertas del Bicentenario Nacional. En efecto, durante el tiempo que tuvo a su cargo Santiago, entre 1872 y 1875, Vicuña Mackenna llegó a arruinar su propia fortuna con tal de transformar la ciudad, pensando en lo que quedaría de ella cien años después y no en inmediatismos políticos ni dividendos de corto plazo. "No hay plata" y "no alcanza", frases corporativas y símbolos de las actuales administraciones comunales (especialmente después del reciente terremoto), no estaban en su leguaje.
Ya hemos hablado del Monumento a los Historiadores de la Independencia, que también hiciera instalar Vicuña Mackenna en la Alameda de las Delicias, a la altura de la Iglesia de San Francisco. Hemos comentado, además, el triste estado en que se encontraba tanto el monumento como la Plaza Tirso de Molina, donde hoy se halla dicho conjunto escultórico, y que ya han sido completamente restaurados.
Resulta que, como indicamos en su momento, el Monumento a los Historiadores de la Independencia tenía también un hermano más abajo en la Alameda, por ahí por donde hoy está el cruce con la Avenida Brasil: el Monumento a los Escritores de la Independencia, inaugurado por el propio Intendente y otras autoridades el 4 de mayo de 1873, junto con la plazuela en la que se encontraba montado y a los jardines del llamado "Óvalo" de la Alameda. La semejanza de ambos proyectos y nombres ha llevado a que se formulen algunas afirmaciones confusas o erradas, como si se tratara del mismo monumento, mas corresponde de otra unidad. Y nos toca hablar de ella en este posteo.
El conjunto monumental en 1875, junto al "Óvalo" de la Alameda. Imagen publicada por Moisés Vargas en "La diversión de las familias. Lances de Noche Buena" (Instituto de Investigaciones Histórico-Culturales de la Universidad de Chile, 1954).
Vista de la plazoleta original en antigua fotografía, en la Alameda de las Delicias. Muestra el aspecto del entorno en un período posterior al de la imagen anterior.
Así quedó el monumento después de los graves incidentes de 1905. Imágenes publicadas por la revista "Sucesos", en 1905.
Tal como en la otra obra, la mano artística del escultor Nicanor Plaza está detrás de los perfiles en relieve colocados en las cuatro caras de la base del obelisco, en medallones de bronce que actualmente se encuentran bajo varias capas de pintura (si es que corresponden a los originales, pues estos parecen de otro material).
Los homenajeados son José Miguel Infante (1778-1844), Manuel Gandarillas (1790-1842), Manuel de Salas (1743-1851) y Camilo Henríquez (1766-1826).
Según la ficha publicada por el sitio web del Consejo de Monumentos Nacionales sobre este conjunto escultórico, Plaza habría sido elegido por su experiencia como escultor de relieves, pues ese mismo año trabajó en dos de los relieves que están en la Estatua del General Bernardo O'Higgins, también en la Alameda que hoy lleva su nombre.
Plaza había traído desde Francia algunos medallones confeccionados por el artista David d'Angers, del que era un gran admirador, por lo que podría especularse que su inspiración surgió por allí, tanto para los rostros del Monumento a los Historiadores de la Independencia como el de los Escritores de la Independencia.
Obelisco actual, en del Parque Forestal.
El obelisco actual del parque. No sabemos si sus medallones serían los originales o copias, pues la información con la que contamos es contradictoria.
El obelisco propiamente tal fue confeccionado en Italia con mármol blanco, y traído a Chile para su montaje. Enclavado en su pedestal, medía cerca de seis metros y medio de altura, originalmente. Los pedestales de cada medallón fueron esculpidos por el artista Andrés Staimbuck, oriundo de Dalmacia, quien ya trabajaba por entonces bajo la supervisión de Vicuña Mackenna en las faenas que convirtieron al Cerro Santa Lucía en un paseo. La hermosa Ermita gótica del cerro que ahora está severamente dañada con el terremoto, es de su autoría.
Para poder bosquejar el aspecto que tenía el monumento recién inaugurado, nos volvemos a remitir a la información publicada por el Consejo de Monumentos Nacionales, según la cual el conjunto se situaba en una plazoleta de la Alameda que la gente llamaba Plaza de los Cuatro Monos, porque en ella se encontraban también cuatro estatuas dedicadas a los precursores de la imprenta occidental: Juan Gutenberg, Pedro Schöffer, Juan Fust y Lorenzo Coster.
El obelisco con los escritores de la Independencia estaba al centro de esta plazuela, ubicada a la altura de Avenida Brasil. Estaba rodeada de una artística reja de metal forjado creada por la casa del artista Garceau. Hablaremos con más amplitud, en algún futuro posteo, de esta plaza y del misterioso destino que tuvieron las estatuas de los precursores de la imprenta.
Pero estaba escrito que el monumento tendría que ser sacado de cuajo desde su lugar. En 1905, se produjeron las violentas revueltas en el mes de octubre conocidas como "Huelgas de la Carne", motivadas por las decisiones de gravar el ingreso de carne argentina al territorio chileno, perjudicando el acceso a precios convenientes del producto, especialmente entre los más desposeídos. Poco después de iniciadas la huelga, el movimiento se transformó en un indecoroso frenesí de destrucción, enfrentamientos y saqueo, y una reunión de más de 10 mil personas en la Estatua de O'Higgins acabó convirtiendo la Alameda en un campo de batalla, donde las chusmas volcaron toda su ira contra la ornamentación pública y también contra la propiedad privada en medio de las protestas, acompañados incluso de niños de vida semi-marginal, por delincuentes juveniles y hasta algunos agitadores extranjeros  (¿le suena familiar?). Jornadas de saqueos, el vandalismo y la ebriedad tomaron posesión de la ciudad por cerca de siete largos y angustiantes días, eligiendo escenarios desde La Moneda hasta Estación Central.
Al parecer, la pobre plaza donde estaba el Monumento a los Escritores de la Independencia pagó duramente por la barbarie del lumpen, y acabó destruida. Entonces, las autoridades decidieron trasladar definitivamente el obelisco, sacándolo de la Alameda de las Delicias para cambiarlo de sitio.
Desde el 13 de febrero de 1934, el monumento se encuentra en el Parque Forestal, a la altura del 100-200 de la calle Merced, muy cerca de la Fuente Alemana.
Recalcamos que el obelisco de nuestro interés no es el que está ahora en la Plaza Tirso de Molina de Recoleta, como han asegurado erróneamente algunas fuentes de internet, confundiéndolo con el de los Historiadores de la Independencia, según ya hemos dicho
Como no está en el antiguo pedestal que lo soportaba, su tamaño es considerablemente menor que aquél que tenía originalmente.
Por desgracia, la ignorancia de la sociedad chilena ha seguido dañando el monumento hasta nuestros días, rayándolo con pintura aerosol y debiendo ser recubierto su mármol o sus bronces (en caso de ser tales, originales) con gruesas capas de pintura, casi como un estuco.
Ojalá que alguien recuerde la existencia de este Monumento a los Escritores de la Independencia en la proximidad de las celebraciones del mentado Bicentenario Nacional, que parecía ser la única distracción de las autoridades hasta el sacudón del pasado 27 de febrero. Aprovechando el levantamiento post-terremoto, además, no vendría nada de mal restaurar el lucimiento de sus materiales originales, por ejemplo, ahora fosilizados bajo la pintura seca, y ello sin contar los infaltables y nefastos graffitis de la chabacanería adolescente (y algunos tontos grandotes también).
Se devolvería en parte algo de la gratitud debida a tan importante pieza artística de la ciudad y a la voluntad de don Benjamín Vicuña Mackenna que, con sus defectos y sus virtudes, nos dejó un Santiago más atractivo, más ornamentado y, sobre todo, más histórico.
Ubicación en el Cerro Santa Lucía de las dos estatuas recuperadas de los pioneros de la imprenta (Gutenberg y Fust) que formaban parte del conjunto de la Plaza de los Escritores de la Independencia en la Alameda de las Delicias.
ACTUALIZACIÓN: para conocer más sobre el destino de las dos estatuas de los pioneros de la imprenta, ir a nuestro artículo al respecto haciendo clic aquí.

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