sábado, 30 de enero de 2010

QUIMANTÚ: LA EDITORIAL DE LOS "MINILIBROS" CREADA PARA "NOSOTROS LOS CHILENOS"

Coordenadas: 33°26'8.31"S 70°38'3.78"W
En mapudungún, Quimantú significa algo así como Sol de Sabiduría, según se interpreta del diccionario español-mapuche de Dióscoro Navarro: Kimn es Saber o aprender, y Antü es Sol. Por eso fue escogido tal nombre para aquella casa editorial que escribiría otro importante suceso en la historia cultural de Chile, no obstante que su vida fuera tan efímera. Más que un Sol, fue una estrella fugaz.
La idea de crear la Editora Nacional Quimantú nace hacia fines de 197o, cuando el recién asumido Gobierno del Presidente Salvador Allende decidió fundar una editorial propia y de orientación popular, sobre los cuarteles de la antigua e histórica casa Zig-Zag. Esto estaba enmarcado en un proyecto mayor llamado "Plan de Democracia Educacional", de orientación cultural y política, al que autores como Bernardo Subercaseaux le atribuyen, además, una intención real de expandir comercialmente las funciones del Estado, haciéndole participar más en áreas productivas e industriales.

El concepto central expresado en una editorial con las características de Quimantú, fue producir masivamente documentos de lectura dirigidos a las clases con menos acceso a la literatura, a precios que pudiesen ser altamente convenientes para el público. Y, en efecto, lo consiguieron.
Dos portadas históricas: el primer y el último números de la colección "Nosotros los Chilenos", de la editorial Quimantú.
ORÍGENES DE LA EDITORIAL
El surgimiento de Quimantú es un tanto controversial. Incluso provocó algunas fricciones dentro de la propia Unidad Popular, pues la comunidad de un discurso ocultaba algunas diferencias que se hacían más grandes y evidentes a la hora de definir y plasmar una línea de interpretación del fenómeno histórico y del propio proyecto socialista de la vía chilena, que se vivía en esos días.
Las autoridades de la Unidad Popular expropiaron los talleres de la Editorial Zig-Zag aprovechando un movimiento sindical que estaba afectando a la empresa de manos privadas y que había paralizado a sus cerca de mil empleados. Al parecer, los dirigentes y operarios habían presionado para que la empresa pasara a manos estatales, persuadidos por agentes políticos. Zig-Zag era, a la sazón, la casa editorial más importante de Chile con casi 70 años se servicio, y muchas publicaciones regulares en pleno auge comercial, especialmente revistas.
Se compraron así los talleres, poniéndolos a disposición de una administración elegida por el propio Gobierno. La sociedad Zig-Zag conservó los nombres y las marcas de sus revistas y tiras más exitosas, no obstante que dejaba de contar con imprentas propias para producirlos. El Gobierno firmó el acta de compra y traspaso el 12 de febrero de ese año, quedándose con la propiedad, maquinarias y talleres de la ex editorial, ubicada en Avenida Santa María 076, en barrio Bellavista, en el edificio donde hoy se encuentra la dirección de escuelas de postgrados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
La dirección fue encargada a Joaquín Gutiérrez, periodista costarricense muy cercano a al Presidente Allende. Pero como mucha actividad de la imprenta fue heredada de Zig-Zag, las primeras etapas de trabajo en la nueva editorial no fueron claras. Sólo después de unos seis o siete meses, comenzó a ordenarse y a orientarse hacia una línea de difusión definida, proceso en el que, lamentablemente, se sacrificaron algunas publicaciones de enorme valor, como la famosa revista-cómic de terror "Dr. Mortis", cuyos contenidos no eran del gusto de la nueva administración.
Quimantú tuvo, como se ve, un lado menos adorable, pero que palideció ante la labor de la empresa y el importantísimo cambio que produjo en los hábitos y accesos de la sociedad chilena con respecto a la lectura, que procederemos a comentar ahora, para comprender su valor y el casi mito que ha logrado tejer en la memoria nacional.
Edificio de Editorial Zig Zag en 1954. La misma editoria después fue expropiada por la Unidad Popular y convertida en Quimantú.
EXITOSA PROMOCIÓN A LA LECTURA
La primera gran hazaña de editorial Quimantú fue motivar la lectura popular como probablemente nunca había sucedido antes, al menos no con libros, pues la lectura tradicional de aquellos años solía estar ligada a la gran acogida que algunas revistas habían tenido en la sociedad chilena. En esto no influían solamente las comodidades de uso y adquisición de sus libros, sino también el gran equipo de vendedores y propagandistas que fueron tomados para llevar las colecciones de Quimantú a cada rincón donde fuera posible.
Sus primeros tirajes no diferían mucho de los libros comunes y corrientes, hasta que comenzó a producir sus famosas colecciones de pequeños libros a bajo precio, que llenaron casi instantáneamente los afanes bibliófilos del pueblo de Chile.
Para el adoctrinamiento directo, existieron colecciones como "Cuadernos de Educación Popular" y "Clásicos del Pensamiento Social". Pero también produjo algunas revistas para distintos públicos, aunque muchas de ellas con la misma orientación progresista e izquierdista que resultaría un tanto proselitista en nuestros días de apatía política, como "Cabrochico", orientada a niños y en la que habría participado el controvertido poeta Rodrigo Lira; o la exitosa "Revista Paloma", dirigida a público femenino. También estaban "La Quinta Rueda", "La Mayoría" y "La Firme"; la revista juvenil "Onda" y la de temas deportivos "Revista Estadio".
Los kioscos y librerías de barrio se llenaron de libros de su sello, vendidos de a miles. Al parecer, esto motivó la introducción de los libros en espacios antes reservados sólo a la venta de periódicos, surgiendo así las promociones de libros que vienen de regalo con la adquisición de una revista.
En la locomoción pública de principios de los setentas, prácticamente todos los usuarios iban leyendo algún librito de la Quimantú, fenómeno inédito, reflejo del eficaz fomento por el que pasaba la lectura, como nunca antes había sucedido en la historia de Chile.
Más portadas de "Nosotros los Chilenos".
"CUADERNOS DE EDUCACIÓN POPULAR"
El adoctrinamiento fue, para nuestro gusto, el área menos interesante o novedosa de Quimantú. Dirigidos por Marta Harnecker y Gabriela Uribe, los llamados "Cuadernos de Educación Popular" sólo parecen responder a la coyuntura de la época, y así lo reconoce la propia colección en la presentación de su primer número, titulado "Explotadores y Explotados", de las mismas autoras:
"Las revoluciones no las hacen los individuos, las ‘personalidades’, por muy brillantes o heroicas que ellas sean. Las revoluciones sociales las hacen las masas populares (...) Es por ello que una de las tareas más urgentes del momento es que los trabajadores se eduquen, que eleven su nivel de conciencia, que se capaciten para responder a las nuevas responsabilidades que surgen del proceso revolucionario que vive nuestro país".
Y, ahondando en el pensamiento profundo de esta difusión literaria, agregan a renglón seguido:
"Los Cuadernos de Educación Popular responden a la necesidad que tiene cada país de producir sus propios textos de educación política para elevar la conciencia de las grandes masas y permitir que sean ellas quienes construyan en forma efectiva y creadora su propio futuro".
Eran libros de unas 60 páginas que comenzaron a aparecer en 1971. Otros "cuadernos" de la colección escrita por Harnecker y Uribe fueron "Monopolios y Miseria", "Dirigentes y masas" y "Alianzas y frente político". También sucedió una ocasión en que se publicó un trabajo tan denostador y virulento contra la figura del prócer Bernardo O'Higgins (por el que Allende siempre manifestó simpatía, al igual que a Rodríguez y a Balmaceda), que el propio gobierno decidió detener su publicación... Y es que, a veces, la política se vuelca contra los propios.
Literatura de carácter doctrinario de Quimantú.
"QUIMANTÚ PARA TODOS"
La primera serie coleccionable fue "Quimantú para todos", una obra que comenzó en octubre de 1971 con "La sangre y la esperanza", de Nicomedes Guzmán, siguiendo con famosas novelas nacionales e internacionales y narradores de carácter más bien ideológico, como Gorki, Gogol o Lavretski.
En el tercer número de la colección, correspondiente "El Chilote Otey" de Francisco Coloane, se señala la intención de esta serie de Quimantú en los siguientes términos:
"Esta colección nace dirigida a satisfacer una amplia necesidad cultural: la de ofrecer lo mejor de la literatura chilena, latinoamericana y universal de todos las épocas a precios al alcance de nuestro pueblo, abriéndole así una ancha ventana hacia la vida".
Recordemos que la editorial respondía también al clima de politización y adoctrinamiento que existía por entonces en la sociedad chilena y en el mundo de la Guerra Fría en general, así que, además de procurar la llegada del libro a todos los sectores del pueblo chileno, Quimantú también reconoció entre sus objetivos principales procurar el clima mental para un "nuevo Chile" que se construía a partir de la conquista del Gobierno por la Unidad Popular.
Entre otros autores, la colección "Quimantú para todos" incluyó a Manuel Rojas, Pablo Neruda, Guillermo Atías y Alberto Blest Gana. Su popularidad llegó a ser tal, que sus tirajes rondaron siempre entre 30 mil y 70 mil ejemplares por número. El último de ellos fue el 47, correspondiente al "Pancho Villa" de Lavretski, a principios de septiembre de 1973.
Dos de los más célebres libritos de la colección "Nosotros los Chilenos": el título "Niños de Chile" de Cecilia Urrutia y "Cuando Chile cumplió 100 años" de Alfonso Calderón.
"NOSOTROS LOS CHILENOS"
Sin embargo, la más importante de las contribuciones sociales que hace Quimantú, está en haberlas puesto al alcance de todas las bibliotecas populares, a muy bajo precio y en enormes tirajes de producción, encabezando estos hitos la colección "Nosotros los Chilenos" y "Minilibros".
"Nosotros los Chilenos" fue una producción extraordinaria, orientada a promover el conocimiento sobre la identidad nacional desde todos los aspectos que fuera posible enfocar un análisis del pueblo chileno: sociedad, historia, artes, cultura, tradiciones, economía, etc. Si bien tenía en varios casos el inevitable acento de la politización en muchos de sus contenidos, su aporte informativo, documental e investigativo es notable e innegable, casi una memoria completa de la historia y la cultura chilena que quedó encargada inicialmente al escritor Alfonso Alcalde y al editor Alejandro Chelén Rojas; y luego, pasó a la responsabilidad de Hans Ehrmann y Mario Vergara. En muchos aspectos, adelantó al afán de revisión retrospectiva de la historia que se vive por estos días, bajo el influjo de la moda "bicentenaria".
Incluso su forma estaba pensada para la comodidad del transporte en el bolsillo del hombre común: las medidas de cada librito eran de unos 18,5 x 14 centímetros y, a diferencia de los textos tradicionales, tenía empaste por el lado más corto, de modo que su lectura era en el formato horizontal del impreso.
Para tan enorme proyecto, se reclutó a escritores como Jaime Quezada, Cecilia Urrutia, Patricio Manns, Nicasio Tangol, Hernán San Martín y Carlos Ossa. Pero el más importante y trascendente de todo este equipo fue, sin duda, el gran antólogo, poeta y cronista Alfonso Calderón, quien publicó en la misma colección el magnífico trabajo "Cuando Chile cumplió 100 años", que muchos consideran el mejor de estos libros de bolsillo de la Quimantú. A la sazón, Calderón tenía 42 años cuando se subió al carro de esta enorme experiencia social y literaria.
Los libros que alcanzó a publicar mensualmente la editorial Quimantú en "Nosotros los Chilenos" empezaron en octubre de 1972 con "Quién es Chile" en el número uno, siguiendo con "Así trabajo yo (I)" y "La lucha por la tierra". Entre sus ejemplares más recordados, están también "Yo vi nacer y morir los pueblos salitreros", "Los araucanos", "Chiloé, archipiélago mágico", "Los terremotos chilenos", "Niños de Chile" (del que hemos reproducido un extracto ya, aquí), "La Antártida Chilena", "Caricaturas de Ayer y Hoy" e "Historia del Ejército", entre muchísimos otros títulos. Todavía es posible encontrarlos en algunas casas de venta de libros viejos, como en el barrio San Diego.
El último libro de "Nosotros los Chilenos" que salió bajo sello de Quimantú, fue "Minerales de Chile", con el número 49, publicado también a inicios de septiembre de 1973. Nunca ha vuelto a existir en la historia de Chile una experiencia semejante a la de esta colección, ni en su éxito ni en su importancia dentro de la sociedad como instrumento de formación en la identidad nacional.
Otras portadas de "Nosotros los Chilenos".
"MINILIBROS"
La otra hazaña de Quimantú corresponde a la colección "Minilibros", que logró llevar hasta todo el pueblo chileno ejemplares de la literatura universal en un pequeño formato de 15 x 10 cms. Hasta 100 mil ejemplares llegaron a producirse por un solo número para esta serie, como las "Rimas" de Gustavo Adolfo Bécquer. Y a veces, se publicaban con más de una edición por número.
De esta manera, "Minilibros" fue, para muchos obreros y trabajadores, la primera vez que conocieron nombres como Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Fedor Dostoyevsky, Emilio Salgari o Armando Cassigoli. También figuraron escritores nacionales en esta colección y le abrió paso a la literatura latinoamericana en Chile, que hasta entonces era más bien patrimonio de la intelectualidad y no tanto del hombre corriente.
El primero de los "Minilibros" fue el cuento "El chiflón del Diablo", de Baldomero Lillo, publicado en julio de 1972. Su edición era muy sencilla y precaria, pero en números siguientes la colección comenzó a volverse más colorida, con portadas en cuatricromía dibujadas por José Orellana, Julio Berríos, Roberto Tapia, Lincoln Fuentes y Guidú, entre otros.
Sin embargo, se estaba por terminar la impresión del número 56 de "Minilibros", con la obra "El escarabajo" de David H. Lawrence, cuando tuvo lugar el alzamiento militar del 11 de septiembre de 1973. Nunca llegó a ver la luz bajo sello de Quimantú, según verificaremos.
Como dato curioso, puedo agregar de mi parte que estos libros todavía tenían gran popularidad en los años ochentas, pues era frecuente verlos en venta en las calles, balnearios modestos y locales de libros usados. Recuerdo que un vendedor, del sector del rompeolas en Cartagena, no sólo vendía varios de estos libros (tengo aún algunos ejemplares comprados en esa época), sino que ofrecía a los clientes la posibilidad adicional de cambiar un minilibro por otro, pagando sólo $10, por allá por 1985.
Portadas de algunos de los "minilibros" de la Quimantú.
EL ABRUPTO FINAL
Como órgano de difusión seriamente comprometido con el derrocado gobierno, las imprentas y talleres de Quimantú cerraron ese mismo día 11 y los militares levantados intervinieron sus instalaciones. El golpe puso fin, de esta manera, a la labor de la casa.
No está todo claro sobre lo que sucedió en este período oscuro en la historia de la editorial. Los militares intentaron continuar con la función social de la editora, obviamente que renunciando a la orientación política que originalmente tenía. Consideraron que Quimantú, a causa de sus generosas intenciones, estaba generando pérdidas y la difusión de grandes tirajes a bajos costos no había tenido el éxito comercial que hubiese podido esperarse para la empresa estatal. A pesar del éxito de la editorial en conseguir sus propósitos principales y sus expectativas sociales, hubo objetivos de mercado que no se habrían alcanzado.
El destino de la casa editorial quedó en manos de la Corporación de Fomento (CORFO), siendo rebautizada como Editora Nacional Gabriela Mistral, que se hizo cargo de las colecciones que estaban siendo impresas por la desaparecida Quimantú. Así, se restauró en 1974 la serie "Nosotros los Chilenos", pero desde el número uno otra vez y ahora bajo dirección de Diego Barros Ortiz, con la colaboración del destacado escritor e historiador Enrique Bunster. "Minilibros" también reapareció en el título que estaba pendiente de la obra de Lawrence.
Pero todo fue en vano, y ambas colecciones no tardaron demasiado en desaparecer, careciendo de la magia romántica y la demanda popular que rodeaba a las anteriormente publicadas por Quimantú.
Por alguna razón que sólo puede explicarse en la actual desvalorización del libro como herramienta cultural, muchos defensores y admiradores de Salvador Allende no dirigen palabras a Quimantú como una de las obras importantes de su mandato, prefiriendo concentrarse en otros emblemas históricos, como la Nacionalización del Cobre o la parte final de la Reforma Agraria. Algunos biógrafos del ex Presidente ni siquiera mencionan a Quimantú, en nuestros días.
La Editora Nacional Gabriela Mistral desapareció unos años después, pero más o menos cuando reaparecía en el mercado la Editorial Zig-Zag, sobre cuyos talleres había sido fundada. Actualmente, existe una nueva editorial Quimantú, pero no nos parece que guarde alguna continuidad real con la primera, salvo en el nombre y en sus orientaciones políticas.
Un ejemplar de la colección "Nosotros los Chilenos" producido en 1974, ya después del cierre de Quimantú y bajo el sello de la Editorial Gabriela Mistral.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Agradezco el invaluable trabajo que haces difundiendo y perpetuando en la web episodios tan importantes de la historia de nuestro país.
Un chileno agradecido.

Daltonico dijo...

buena info... pasa por mi blog.

http://quimantuparatodos.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Los minilibros Quimantù siguen siendo el aporte cultural màs grande que ha existido en mucho tiempo. La calidad de los cuentos y de los autores es invaluable.
Tienes razòn que lo que hoy figura como Quimantù està politizado.
Un abrazo

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