jueves, 21 de enero de 2010

EL PRIMER CASO DE "CORRUPCIÓN" Y "USO ILÍCITO" DE CAUDALES EN LA POLÍTICA CHILENA (UNA PROPUESTA MEDIO EN SERIO Y MEDIO EN BROMA)

Don Pedro de Valdivia (1497-1553): El primer "político" que, a ojos de escandalosos y tremendistas, pudo jugarle chueco a la sociedad santiaguina (aunque bastante menos de cómo nos la juegan ahora).
En varias ocasiones hemos admitido abiertamente en este blog nuestra aversión a la tradicional política partidista entendida como el sectarismo de la politiquería que invade nuestra sociedad, como lo haría el mar en un buque que se hunde solo. Consideramos, de hecho, que cualquiera que presuma de ser amante de la vida cultural y patrimonial de Santiago o de Chile en general sabe que la sombra siniestra de la baja política y sus intereses particulares no reconocidos han sido uno de los factores de mayor daño histórico sobre nuestra ciudad, arrasando la arquitectura, destruyendo tradiciones, aplastando buenas iniciativas de recuperación o mantención, corrompiendo el arte urbano y reduciendo el financiamiento de los proyectos sociales a meras ecuaciones camaradería, amistocracia y oportunismo. En cierta forma, el adjetivo de lo político equivale a una expresión peyorativa, en nuestro lenguaje: la tendencia es que el animal político termine siendo más animal que político, precisamente.
Sacar en cara una lista taxativa de actos de corrupción es uno de esos mareos para los cuales el politiquero chilensis tiene preparado ya un guión corto que, además de entretenerlo y reafirmarlo en sus suposiciones de manera rápida y fácil, le permita zafarse con rapidez del estigma que también pesa sobre sí e intentar refregarlo con similar gravedad en el opositor que se lo enrostra. La teoría del "empate" y del relativismo, en otras palabras: yayas tuyas, yayas mías, y no se habla más de las yayas. Se cree que el problema puede resumirse en el cliché de "mezclar peras con manzanas" como acto impropio, cuando lo que se intenta es pesar toda la fruta en la misma y justa balanza. El politiquero, así, se arroja a la comparación odiosa: si alguien le esgrime los cargos de corrupción que pesan sobre sus fetiches, invariablemente responde arrebatándole el muñeco vudú a su interlocutor para clavarle ahora el mismo alfiler: "¿Y acaso cuando Fulano...?", "Y en los tiempos de Zutano...", "Robó más Perengano...". El debate de la ética, la probidad de las clases políticas, se reduce a la discusión de quién robó más o quién robó menos; quién lo hizo antes, quién después. El bien y el mal en la política, pasan a ser más o ser menos corrupto, porque ser definitivamente no corrupto es imposible, al menos en la mentalidad resignada del politiquero promedio.
Discutir con un politiquero sobre temas de honestidad pública, así, termina siendo un debate de pseudo-historia y hasta logomaquia. Los escándalos de Chiledeportes o Ferrocarriles del Estado son respondidos con las sonatas del Banco Riggs o compras de acciones con privilegios de información. Éstas, a su vez, son contestadas con los fondos desaparecidos desde el Banco Central a principios de los setentas. Si hay un falangistas cerca, se le recuerdan las oscuras intervenciones sobre el comercio en los sesentas, especialmente en las distribuciones de carnes y otros productos agropecuarios. Y así, vamos para atrás.
En estos días de segunda vuelta, de preparativos para la justa electoral definitiva, con los ánimos caldeados ante las "inminencias" que se vienen encima, y cuando el podium y el micrófono han sido reemplazados por la cachetada y el insulto, estos relativistas de la moral, la probidad y la historia harán nata. Politiquería, politicuchos que asegurarán por largo tiempo que la corrupción siga instalada y enquistada en nuestro país que se ufana de sus buenos lugares en los índices de Transparencia Internacional.
Pues bien: si seguimos el hilito de fundamentos "históricos" de los politiqueros chilensis peleándose el cetro del menos inmoral de los inmorales, perfectamente podemos llegar a los inicios de la sociedad chilena, en su más primitivo estado de formación, allí en la penumbra de los tiempos entre el Descubrimiento y la Conquista. En otra demostración de lo anodino que resultan estas chácharas puritanas, es allí donde podremos hallar aquello que en sus dogmas y predisposiciones al escándalo, podría ser interpretado como el primer acto de corrupción política y de uso ilícito de caudales, registrado por la historia en nuestro país, obviamente que con algunas gotas de exageración y afán tendencioso.
EN LOS ORÍGENES NACIONALES
El Conquistador Pedro de Valdivia siempre debió lidiar estoicamente con el problema vernáculo de Chile, que estuvo al borde de hacer naufragar sus proyectos y el de casi todos sus sucesores: la permanente falta de presupuesto.
Los prestamistas y usureros se negaron a extenderle créditos y, juntando todos sus recursos, apenas reunía la suma de $15.000, que se gastaron casi totalmente en los preparativos de su expedición hacia Chile, en 1539. De no ser porque logró convencer al comerciante de mercaderías y esclavos, Francisco Martínez, de que se suscribiese a su empresa conquistadora a cambio de la mitad de lo que se produjera en la futura colonia, probablemente nuestra historia nacional tendría un punto de partida bastante distinto al que hoy le conocemos.
La férrea voluntad de Valdivia de dar curso a sus planes también permitió reunir gente para la conquista de Chile, tarea nada fácil considerando que prácticamente no había interesados en tierras peligrosas y miserables, garantes sólo de vidas sumidas en la pobreza y las dificultades. Diego de Almagro se había encargado de publicitar la más sombría descripción de estos territorios indómitos. Más encima, Pero Sancho de la Hoz había irrumpido súbitamente en medio de los preparativos de Valdivia, contando con mayores recursos y simpatías de las autoridades para emprender la conquista de Chile.
Otra vez, Valdivia estuvo al borde de ver fracasadas sus ambiciones, por lo que debió redoblar esfuerzos para convencer a Francisco Pizarro de cederle la campaña aunque en sociedad con Sancho de la Hoz. Valdivia firmó el nuevo contrato convencido de que debía deshacerse de este intruso tan pronto como la oportunidad se le presentase, y en esta situación salió del Cuzco hacia principios de 1540, en su tortuoso viaje a Chile.
Con unos 20 hombres, Valdivia vio otra vez en peligro sus planes al llegar a Tarapacá, pues sus fuerzas no lograban aumentar y avanzar a los territorios de más al Sur con tan escaso contingente, era prácticamente un suicidio. Esta vez, la incorporación de Francisco de Villagra, Juan Bohón, Juan Jufré, Jerónimo de Alderete y otros hombres a la expedición, le permitió restaurar sus planes y seguir adelante.
101 almas llegó a acumular para salir hacia Atacama. Ni siquiera el intento de asesinarle, por mano de Sancho de la Hoz y otros conjurados, persuadió a Valdivia de dar un paso atrás. Poco después, tomaba posesión del valle de Copiapó.
VALDIVIA EN EL VALLE DE SANTIAGO
Como se sabe, la expedición de Valdivia llegó al valle del Mapocho hacia fines de 1540. El 12 de febrero del año siguiente, fundó la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, sentando la colonia de la que sería la gran ciudad de nuestros días. Originalmente, esta ciudad estaba pensada para ser más bien una posada en el camino hacia el Sur, que era el verdadero interés de Valdivia.
En el mes que continuó, estableció el primer Cabildo, el organismo de mayor poder dentro del territorio después de la Gobernación. Así se hizo elegir Gobernador y Capitán General por voto de los vecinos, quedando a la espera de que sus títulos le fueran reconocidos en Lima. El orden político de Chile había comenzado a gestarse, entonces.
Ciertamente, la influencia de Valdivia sobre los procesos del Cabildo en favor de sus intereses, fueron lindantes en el campo de lo que hoy podríamos asociar a los vicios de corrupción política o del abuso personalista del poder. Sin embargo, no se presentan aún características de enriquecimiento o apropiación ilícita de recursos a partir del ejercicio político, además de que el intervencionismo de Valdivia sobre los organismos locales del poder no está muy lejos de lo que sucedía en cualquier instancia de aquellos años, especialmente en el decantado de los poderes monárquicos sobre el Nuevo Mundo. Habremos de encontrar un acontecimiento muy distinto, más adelante.
Persistía la falta de financiamiento de la empresa, mantenida por entonces gracias a los lavaderos de oro del Marga-Marga. Conspiradores como Solier aprovecharon contra Valdivia los sentimientos de encono y frustración. El levantamiento de los indios de los lavaderos en el Aconcagua y luego la terrible destrucción de la colonia de Santiago, con el ataque del 11 de septiembre de 1541, acercaron las ilusiones de Valdivia otra vez hasta los límites del fracaso. Coincidentemente, había sido enviado con carácter de urgencia al Perú don Alonso de Monroy, con el objetivo de reunir material e insumos para la adolorida colonia. Monroy llegó al Cuzco en noviembre de ese año, siete meses después de haber salido.
En tanto, la situación de la colonia de Santiago era desastrosa. Faltaba todo, incluso las prendas de vestir. Hacia mediados de 1542, la pobreza y el hambre eran tales que todos sospechaban sobre el inminente final del experimento de colonización de estas tierras fatales. Sin embargo, autores como Encina hacen notar que el origen humilde de la mayoría de los conquistadores les permitió soportar las duras condiciones hasta lo impensable, acostumbrados a lidiar con las carencias de una vida dura. Afortunadamente, además, el comerciante y minero Lucas Martínez Vegaso, padre de Francisco Martínez, se enteró de la angustiante situación de la colonia de Santiago por comentarios de Monroy en su paso por Tarapacá de camino al Perú. Martínez Vegaso, amigo de Valdivia, decidió tenderle la mano y mandó un cargamento con armas, ropas y otros productos para socorrer a los infelices.
La carga llegó en la nave "Santiaguillo" (llamado en realidad "Santiago", pero más conocida con ese nombre), al mando de Diego García de Villalón, siendo recibida por Villagra. Poco después, Valdivia obtenía más generosa ayuda económica, esta vez del acaudalado Cristóbal de Escobar, que suscribió a su propio hijo, Alonso, en estos proyectos de conquista.
PERSISTE EL ESTADO DE MISERIA DE LA COLONIA
Sin embargo, Francisco Martínez percibió que la colonia tendría un destino de pobreza interminable, y abandonó sus acuerdos con Valdivia. El 11 de octubre de 1543 presentó un escrito ante los alcaldes de Santiago, donde dice justificando su decisión:
"...pensando que aquel dicho gobernador tuviera mucha cantidad de peso de oro y otras cosas de que hubiese mi parte como tal compañero suyo, he visto que la tierra está perdida y no tiene dicho gobernador un real, sino antes debe $50.000 y ahora para socorrer a su gente y soldados adeuda otros $50.000 y cada día se adeuda más, por donde a mí se me recrece muy gran daño y perjuicio y no puedo ganar nada en tener la dicha compañía, sino antes perder y estar toda mi vida adeudado..."
Valdivia logró desprenderse de este contrato con Martínez pagándole $5.000 de oro, fijados por los árbitros que fueron García de Villalón y Alonso Galiano. Empero, era claro que su situación financiera era -a esas alturas- agobiante y angustiosa, en precisos momentos en que le resultaba urgente continuar recorriendo su gobernación más al Sur del Cachapoal, hasta donde no le había sido posible llegar aún.
Mal le fue a Valdivia en sus nuevas expediciones: los indios del Maule y luego las huestes del terrible Michimalongo en el valle del Aconcagua, le obligaron a retroceder en dos ocasiones hasta los contornos de Santiago. Pese a todo, en 1544 logró implementar una nueva caravana al mando de Bohón, para fundar la ciudad de La Serena, otro poblado-posada a medio camino entre Copiapó y Santiago. Por el Sur, le siguieron San Pedro y Valdivia. En tanto, seguía encargando afanosamente la extracción de oro a los indígenas yanaconas que trabajaban en los lavaderos. Las dificultades y angustias de la incipiente sociedad chilena fueron aprovechadas por Sancho de la Hoz para planear un nuevo atentado contra Valdivia, reclutando algunos gañanes en Santiago para tal propósito. Sin embargo, cuando intentaron suscribir a Villagra al complot, éste dio inmediato aviso a Valdivia, quien ordenó apresar a Sancho de la Hoz pero, por segunda vez, le perdonó la vida.
El conquistador de Chile tenía otras urgencias en mente: arreglar un nuevo viaje al Perú para poder conseguir el sustento de la colonia y el reconocimiento de sus grados administrativos. Ante las dificultades y los fracasos de las misiones anteriores, decidió partir personalmente hasta Lima. Fue aquí, entonces, cuando Chile presencia EL PRIMER CASO DE USO ILÍCITO DE FONDOS POR PARTE DE ALGÚN POLÍTICO que se haya visto en este territorio, según nuestro criterio y estudio.
LA ESCANDALOSA ESTRATAGEMA
Encargó entonces al marino genovés Juan Bautista Pastene, que había llegado a Chile en la nave "San Pedro" y viajado por los territorios del Sur de la Gobernación, echar anclas del navío "Santiaguillo" en el puerto de Valparaíso. Siguiendo cuidadosamente un astuto plan, Valdivia informó a la colonia que había extendido órdenes a Villagra y a Alderete para viajar al Perú en busca de materiales y más hombres para la población. Sin embargo, anunció también una autorización de salida desde la Gobernación junto a los enviados, para cualquiera de los vecinos que quisiera hacerlo. Como condición, sólo debía pagarse en oro una tasa moderada, para matricularse con este derecho.
Valdivia ya no tenía dinero hacia fines de 1547. Los envíos de remesas en cantidades de $60.000 y luego $70.000 para obtener materiales y recursos, lo habían dejado sin oro y sin posibilidad alguna de obtener créditos financieros en el Perú. Para peor, crecía el temor de la inminente llegada de nuevos aventureros dispuestos a tomar posesión de los territorios que se le habían asignado, especialmente hacia el extremo Sur, en el Estrecho de Magallanes. Su situación era, por lo tanto, terminal, a menos que optara por tomar una decisión radical que apostara al futuro de la propia colonia en un juego del todo por el todo. Y así lo hizo...
No sabemos si los cerca de 15 vecinos que pagaron la licencia lo hicieron realmente motivados por la idea de adquirir productos y materiales para la colonia en el Perú o más bien con la esperanza de zafarse de las penurias que por aquí se vivían. Tendemos a creer más bien en lo segundo. Como sea, sin embargo, fueron defraudados: cuando los matriculados llegaron dificultosamente al puerto y abordaron el "Santiaguillo" en Valparaíso, Valdivia, que ya estaba allá esperándoles con la supuesta intención de despedirlos, les hizo llegar la invitación a una comida antes de que zarpasen. Los vecinos bajaron y se registraron en un puesto, dejando en éste registro sobre la cantidad de oro que traían para pagar el monto de la licencia y que ya habían dejado arriba del barco.
Fue en ese momento, entonces, que Valdivia abordó un bote y subió furtivamente al "Santiaguillo", apropiándose de todo el oro aportado por los ingenuos vecinos de la Gobernación. Estos vieron con indignación lo que sucedía, y comenzaron a insultar furiosos a Valdivia, desde la orilla de la costa y desde los dominios de la peor y más humillante vergüenza.
En su desesperación, uno de los ofendidos intentó perseguir en vano el bote de Valdivia. Otro, el escribano Juan Pinel, que tenía intenciones de llevar hasta Granada una modesta suma de dinero para su familia, "se volvió loco de pesar" según Encina. Incluso un músico se enfureció tanto, que destruyó su valiosa trompeta, poseso de la ira incontrolable.
DESAPARICIÓN DE PARTE DEL BOTÍN
Celebrando su hazaña, Valdivia ordenó a Villagra llevarle hasta el barco el inventario con los dineros reunidos que se había hecho en el puesto y los comparó con la cantidad de oro que había ya en la nave. Acto seguido, le ordenó asumir ante los afectados el compromiso de pagar estos montos con el oro que se iría obteniendo paulatinamente de los lavaderos auríferos, solución que no resolvió en nada la molestia y la indignación de los estafados.
El "Santiaguillo" no zarpó inmediatamente ante la indignación embaucada, sino unos días más tarde, por el 13 de diciembre. Veremos que, en tanto, hubo duras reacciones en Santiago, a propósito de todo esto.
Así tenía lugar este primer acto de apropiación de caudales ajenos por parte de nuestra primera autoridad política destacada especialmente para y por el territorio de Chile... Pero parece que no terminó allí la tropelía.
Si bien el conquistador reconoció después haber tomado el oro desde las manos de los burlados pagadores de la licencia, su reporte sobre la cantidad de dinero con el que llegó a Perú, sumaba 100.000 castellanos: $40.000 directamente tomados del oro sustraído en tan escandalosa treta, y $70.000 entre lo reunido por su caudal propio y lo tomado en préstamo. Sin embargo, del informe presentado por don Pedro de La Gasca se entiende que el oro apropiado por Valdivia con su engaño, era en realidad de $70.000... Es decir, $30.000 menos que los reportados por los informes del Gobernador.
Coincidentemente, cuando Pedro de Valdivia llegó a Perú, La Gasca estaba investido con plenos poderes por decisión de la corona, otorgándole al Gobernador un reconocimiento formal como tal y como Capitán General de la Nueva Extremadura, en 1548, asignándosele un sueldo de $2.000 anuales desde ahí en adelante, tomados desde los fondos del Rey; es decir, de los quintos que correspondían a Chile de la corona. En consecuencia, Chile era oficialmente, desde ese momento, una Capitanía General.
Pero no duró mucho su entendimiento con La Gasca. Al poco tiempo, cuando pretendía enfilar proa de vuelta a Chile, La Gasca ordenó su detención luego de recibir información que comprometía a Valdivia en actos que se le habían prohibido expresamente, como embarcar indios peruanos y a agitadores pizarristas como Luis de Chávez, de quien habría recibido una cantidad de dinero a modo de préstamo. Cuando Lorenzo de Aldana quiso subir a sus buques para realizar inspecciones, Valdivia se lo prohibió, por lo que el agente corrió a informar de esto a La Gasca. También preocupaban hondamente las noticias sobre el estado en que había quedado Chile y sobre la muerte de Sancho de la Hoz. El Capitán General fue detenido cerca de Arequipa y obligado a volver a Lima. La Gasca lo recibió agradeciendo la obediencia del detenido.
Tras escuchar testimonios a favor y en contra de Valdivia, decidió liberarlo y eximirlo de los cargos el 19 de noviembre de 1548.
Barca del tipo de la "San Pedro" y la "Santiaguillo".
REACCIONES EN LA COLONIA
Pese a todo, y con el Cabildo totalmente a favor de Valdivia, cuando Villagra regresó a Santiago para asumir provisoriamente la Gobernación dejada por el Conquistador, el 7 de diciembre 1547 el organismo decidió seguir a las órdenes de éste hasta que regresara del Perú, a menos que Su Majestad decidiera otra cosa. Le reconoció a Villagra, mientras tanto, la condición de Gobernador Interino, tal cual lo había procurado Valdivia. Así las cosas, el descontento comenzó a hacerse incontenible en los días inmediatos de ausencia del Gobernador: muchos colonos que habían sido perjudicados económicamente por el nuevo régimen de encomiendas hicieron un frente común de protestas con los que se sintieron estafados por la curiosa decisión de Valdivia. La colonia de Santiago, entonces, estaba en crisis, víctima del acto fraudulento.
La ira popular fue aprovechada otra vez por los conspiradores y enemigos de Valdivia, por cierto. Uno de los cercanos de Sancho de la Hoz, don Juan de Romero, decidió fraguar una nueva asonada y logró suscribir en ella al caballero Hernán Rodríguez de Monroy, quien había intentado planificar pocas horas antes, un golpe para atacar el barco de Valdivia y arrebatarle el oro apropiado. Sancho de la Hoz estuvo al tanto de todos los detalles de la conspiración, pero no se atrevió a asumir la dirección. Rodríguez de Monroy había tratado de integrar a personajes con el peso del alcalde de segundo voto Rodrigo de Araya, el clérigo Juan Lobo y el regidor Alonso de Córdoba.
Sin embargo, la situación aparentemente favorable a los enemigos del Gobernador, se volcó diametralmente cuando Lobo y Córdoba decidieron informar a Villagra de lo que estaba sucediendo a espaldas suyas, sólo un rato antes del momento que se había elegido para iniciar el conato revolucionario, que incluía los asesinatos de Pedro y de Francisco de Villagra, entre otros. Al enterarse de que las autoridades estaban en conocimiento de lo que se venía, Rodríguez de Monroy también se pasó al bando de los delatores, informando del complot por carta que entregó personalmente a Villagra, ese mismo día 8 de diciembre.
Las detenciones comenzaron de inmediato. Romero fue apresado cuando se dirigía a la Plaza de Armas, para reunirse con los demás complotados, y fue colgado de cabeza desde un cepo. Sancho de la Hoz fue detenido en su propia casa por el alguacil mayor Juan Gómez de Almagro, siendo llevado hasta la casa de Francisco de Aguirre, en la esquina Norte de la esquina de Estado con Merced, mientras era escoltado por el propio Villagra. Aunque Sancho de la Hoz no puso resistencia, la molestia en la colonia contra Valdivia era tal, que en el camino estuvieron al borde de ser emboscados por un grupo armado de vecinos. Para fortuna de Villagra, nada ocurrió, pero el camino hasta la casa de Aguirre se le hizo eterno y tensionante.
Luego de enseñársele la carta con la confesión de Rodríguez de Monroy, se ordenó decapitar a Sancho de la Hoz. La ejecución se realizó en la propia casa donde estaba detenido, junto a la Plaza de Armas, resguardada por unos 30 hombres armados ante el temor de que los planes de alzamiento continuaran entre los caldeados ánimos de las chusmas. Luego de la espera, los curiosos y los partidarios del complot vieron pasar la cabeza de Sancho de la Hoz en las manos de un negro, seguida del cuerpo decapitado arrastrado por otros hombres. Villagra se asomó por una de las ventanas y conminó a los presentes a retirarse a sus casas.
Al día siguiente, le tocó su hora a Romero, que fue colgado. Sin embargo, antes de morir confesó a Villagra sobre la identidad de todos los conjurados contra Valdivia. Eran tantos, y había entre ellos nombres tan importantes, que el Gobernador Interino prefirió detener su relato y decidió guardar silencio sobre los detalles de lo que había admitido el condenado. La mano dura con que actuó, sin embargo, consiguió horrorizar a los descontentos ciudadanos obligándolos a la resignación, pese a los ánimos que había desatado la oscura treta de Valdivia.
REFLEXIONES FINALES
Para cuando Valdivia recibió el reconocimiento de Capital General, en 1548, gran parte de los dineros de los que se había apropiado en Valparaíso habían sido ya devueltos a sus enfurecidos dueños, alcanzando los abonos la suma de más de 46.000 castellanos. Obviamente no es un acto de malversación, por supuesto, sino una irregularidad. Sin embargo, el descontento seguía siendo un principio activo en la sociedad santiaguina, que continuó sintiéndose vejada y esperaba con pintura de guerra el regreso del abusivo Gobernador. Si esto hubiese sucedido en nuestros días, no se la habrían perdonado ni con milagros mediantes.
Sin duda que ha de ser una situación atenuante el que los destinos de los dineros apropiados por Valdivia hayan tenido, finalmente, una orientación en favor de preservar la colonia. Tampoco puede minimizarse el hecho de que fueron repuestos, aún cuando esto no reparó el daño causado a los que, de buena fe, habían pagado la matrícula de viaje con oro, conservado a veces con grandes sacrificios y dificultades.
Sin embargo, la estratagema diseñada y realizada por Valdivia para apropiarse de este dinero, cumplió en gran medida con una ambición personal, casi obsesión de conquista y de obtener titularidad en las colonias de América. "Cultura de la corrupción", diríamos en nuestros días siguiendo las denuncias de un conocido político local, pues se interpuso un propósito maquiavélico que los actores creyeron superior y justificado, pero por sobre la honra y los derechos un grupo de ciudadanos de la entonces naciente sociedad criolla.
El politiquero chilensis es testarudo, como hemos dicho. Y uno de sus temas más dolorosos de enfrentar suele ser el caldo de la corrupción, el oportunismo y el enriquecimiento ilícito que abunda en el objeto de sus amores: los políticos, precisamente. Le hemos hecho un pequeño favor a su libreta de anotaciones con este pequeño artículo, medio en broma medio en serio, entonces.
La corrupción política, el engaño para satisfacción de propósitos mezquinos, símbolo inequívoco de la corrupción de la ética de una sociedad, es un buen polvorazo para desenmascarar al habitualmente fanático, histérico y neurótico politiquero nacional, que pasa la mayor parte del día preguntándose a sí mismo cómo es que el resto de la masa no piensan al gusto de su paladar y por qué no aceptan sus argumentos con el mismo limo de la lógica fácil suya. Es frecuente notarlo ensayando respuestas pretendidamente inteligentes para sus "debates" de schopería, para sus plegarias de buena nueva política; para convertir al hereje.
Como hemos visto, sin embargo, si nos subiéramos al carro de la interpretación retrospectiva y abriéramos la discusión de qué fue primero, si el huevo o la gallina en las cuestiones de la corrupción política, del uso indebido o "irregular" de los caudales públicos, de la defraudación de los ciudadanos y de la falta de probidad que muchas autoridades parecieron llevar casi por ADN en su programación personal, podríamos llegar fácilmente a los tiempos en que recién comenzaba a configurarse la sociedad chilena y la identidad nacional, con ese ilícito acto cometido por el Gobernador don Pedro de Valdivia en 1547, aconsejado ya sea por la desesperación, o bien por la ambición, o quizás por ambas cosas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (12) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (72) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (8) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (6) Argentina (30) Arica (41) Armas (23) Arqueologia (76) Arquitectura en hierro (22) Art Deco (34) Art Nouveau (18) Arte (179) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (146) Barroco (53) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (9) Bohemia (162) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (33) Brasil (3) Britanicos (37) Buenos Aires (4) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (14) Calama (2) Caldera (8) California (1) Calles (79) Campo (109) Candilejas (53) Carreteras (55) Cartagena (3) Casonas (99) Cauquenes (1) Cementerios (60) Cerros y montañas (40) Chañaral (1) Chile (1042) Chillan (5) Chiloe (13) Choapa (7) Ciencia (71) Cine (11) Cinema-Teatros (39) Circo (16) Cites-Conventillos (17) Cocina (58) Cocteleria (56) Colchagua (2) Colombia (1) Coloniaje (148) Comercio (188) Comics (30) Compañias (90) Concepcion (8) Conmemoracion (127) Copiapo (30) Coquimbo (21) Criminologia (28) Croatas (6) Cur (1) Curico (1) Curiosidades (240) Delincuencia (62) Deporte (42) Desierto de Atacama (53) Diplomacia (23) Diseño (92) Edad Media (19) Edificios historicos (174) Edificios populares (66) Educacion (72) Egipto (2) El Loa (1) El Maipo (2) El Maule (12) El Tamarugal (24) En prensa/medios (42) Errores (109) Esoterismo/Pagano (74) España (18) Estatuas-Monumentos (122) Etimologia-Toponimia (154) Eventos (47) Exposiciones-Museos (64) Fe popular (142) Flora y fauna (112) Folklore-Tradicion (212) Fontanas (39) Fotografia (24) Franceses (89) Francia (9) Frutillar (2) Gargolas-Grutescos (19) Georgiano y victoriano (25) Germanos (32) Gotico (18) Gringos (31) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (11) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (77) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (38) Hechos historicos (127) Heraldica (29) Heroes (83) Hispanidad (117) Holanda (1) Hoteles (32) Huasco (3) Huasos (60) Humor (62) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (103) II Guerra Mundial (6) Imperio Romano (21) Independencia de America (46) Indigenas (101) Industria (74) Instituciones (167) Iquique (74) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (35) Italicos (43) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (42) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (9) Linares (2) Literatura (121) Llanquihue (1) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (213) Madrid (1) Magallanes (35) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (93) Mineria (50) Misterios (109) Mitologia (158) Mitos urbanos (121) Modernismo-racionalismo (15) Mujeres (77) Musica (68) Navegacion (45) Negros (12) Neoclasico (151) Neocolonial (22) Neorrenacentismo (1) Niños (99) Numismatica (16) Ñuble (5) Obeliscos (16) Orientalismo (12) Ornamentacion (107) Osorno (1) Ovalle (5) Palacios (24) Paleocristianismo (20) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (120) Peñaflor (1) Periodistas (29) Personajes culturales (160) Personajes ficticios (52) Personajes historicos (181) Personajes populares (172) Peru (53) Pesca (17) Petorca (5) Philadelphia (1) Pisagua (1) Playas (33) Plazas y parques (164) Polacos (1) Politica (59) Productos tipicos (81) Publicidad (58) Puentes (35) Puerto Montt (6) Punta Arenas (9) Quebrada de Tarapaca (13) Quillota (2) Radio-TV (53) Rancagua (3) Ranco (1) Reliquias (154) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (44) Rio Tevere (3) Roma (33) Rotos (94) Rusia (1) San Antonio (5) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (50) Santiago (663) Semblanzas (136) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (75) Sociedad (145) Suiza (1) Suizos (1) Tacna (5) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (95) Tecnologia (82) Terrores y fantasmas (94) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (199) Transportes/Estaciones (80) Tucuman (1) Tudor (28) UK (8) Uruguay (1) USA (20) Valdivia (4) Valle de Azapa (10) Valle de Elqui (15) Valparaiso (32) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (3) Websites recomendados (10)