domingo, 13 de diciembre de 2009

SER O NO SER FLAITE: ALGUNOS ERRORES DE COMPRENSIÓN Y PREJUICIOS SOBRE EL CONCEPTO

Famosa imagen subida por un autodenominado "flaite" a su Fotolog... El lucimiento y el exhibicionismo con armas blancas y de fuego es una de las absurdas características que identifican al flaiterío nacional.
El programa "En la Mira", de Chilevisión, debutó el 18 de mayo de este año que ya se va, con su nueva temporada, presentando en pantalla una exposición un tanto sesgada de la subcultura de los "flaites" o "flaytes", esta especie de distrofia sociológica que aún no se define en movimiento juvenil, moda, tribu urbana o, simplemente, estigma social.
Mirando el reportaje, sin embargo, me quedan bastante claros algunos problemas de comprensión de los medios periodísticos y de la propia sociedad chilena sobre el asunto del flaiterío, y me permito hacer esta observación porque fui testigo y contemporáneo del nacimiento de este término que hoy se ocupa tan impropiamente. Los procedo a enumerar de la siguiente manera:
  1. Primero, se cree que la etimología de la palabra flaite estaría relacionada con unas zapatillas llamadas Fly High, Flight High o Flight-T (según las versiones de la historia), popularizadas por el conocido basquetbolista norteamericano Michael Jordan para su línea personalizada Air Jordan. El nombre, acá en Chile, se habría corrompido en flaite, gracias a las falsificaciones y facturas populares de estas zapatillas que algunos fabricantes han copiado y puesto a la venta en precios más accesibles, especialmente en los últimos años, pero de infinita menor calidad.
  2. No hay claridad sobre dónde encontrar flaites en Chile, pese a que abundan en Santiago. Los reporteros del aludido programa los fueron a grabar durante el verano anterior en los populares balnearios de Cartagena y El Quisco, pero podrían haberlos encontrado perfectamente en la capital si hubiesen sabido buscar, con escenas aún más graves y controvertidas que las expuestas en dichos poblados costeros. Ni siquiera tendrían que haber puesto un pie en las conocidas poblaciones de la ciudad donde anidan en su mayoría, (y durament estigmatizadas, por lo mismo) para poder observarlos aún dentro de su ecosistema.
  3. Luego, hay aún una especie de discurso artificial y victimista, complaciente hacia los flaites, al asociarlos al resultado de la pobreza y de la desigualdad social. Se intenta proponer, por ejemplo, que no todos los llamados flaites son iguales y que sólo unos pocos malos elementos motivan un prejuicio en contra de la mayoría. La (anti)enciclopedia de Wikipedia, en otro de sus notorios puritanismos moralistas "políticamente correctos", también intenta sostener que el término flaite está asociado a una calificación clasista e intolerante de parte de la sociedad chilena contra los pobres.
  4. Finalmente, y aunque el programa de Chilevisión quiso establecer la diferencia entre choros y flaites, todavía queda una extraña tendencia a asociar a estos últimos con rotos y choros, como si formaran parte de la misma cultura o del mismo ambiente.
Vamos viendo uno por uno el desmentido de todos estos mitos.
Este gallo ha sido paseado por toda la internet como un flaite "típico". No obstante, es imposible saber por una fotografía si realmente lo es, salvo cuando usa la expresión flaite con una orientación despectiva que arroja el anatema a ciertos personajes por cumplir con algún estereotipo. Originalmente, el anatema de flaite era usado para cualquier sujeto joven con fundadas sospechas de una vida poco "limpia".
Este pobre tipo fue asaltado y luego arrojado a las aguas del Mapocho en Bellavista, por un grupo de flaites que se autoproclamaban "punks" (en mis tiempos, los punks odiaban a los flaites). Hay barrios completos de Santiago que han sido apoderados por flaites de todo tipo (fuente imagen: Chilevisión).
LA PALABRA "FLAITE"
En primer lugar, recuerdo cómo exactamente a principios de los años noventas irrumpió el término flaite entre los que éramos jóvenes y adolescentes esos días, asociándoselo a tipos de extracción baja con hábitos de drogadictos, de tendencias al pandillismo o altamente sospechosos de tener vidas asociadas al hampa o al lumpen callejero. Junkie, le dirían más o menos en la jerga estadounidense.
Es imposible, por lo tanto, que el concepto y el término hayan irrumpido en la sociedad chilena en años más recientes, con relación a las mencionadas zapatillas gringas o sus copias baratas circulando en Chile. Si bien las zapatillas oficiales comienzan a aparecer internacionalmente en 1991 con el sello de la compañía Nike, alcanzan su mayor popularidad con un modelo de 1993, fecha hacia la que recién comienzan a ser conocidas en Chile.
Esto no ha sido óbice, sin embargo, para que desde muy temprano los flaites fueran reconocibles por su afán de usar zapatillas muy ostentosas y extravagantes, consideradas símbolo de estatus entre ellos, algo que, al parecer, proviene de las costumbres que tenían los reos más jóvenes en la vida carcelaria.
Aunque en el coa delincuencial existió por largo tiempo y desde antaño un término "fáiter" o "fáigter" (de inglés fighter, luchador o peleador, que los delincuentes usaban para referirse a sí mismos como un rango de estatus) en casi total desuso ya para este caso, tengo plena seguridad de que el término flaite propiamente, ya existía cuando aún no era asociado a alguna zapatilla o al atleta señalado. Recuerdo una referencia cronológica interesante al respecto: cuando apareció el disco "Zooropa" de U2, en 1993, el tema "The Fly" era mencionado entre nosotros como "The Flai-te" precisamente en alusión a ellos, como una burla que los comparaba con moscas, de modo que la palabra flaite ya estaba posicionada en el lenguaje de algunos en aquel momento.
En aquel entonces, sospechábamos más bien que flaite y flaitongo provenían del inglés flighter, que significa volador, pues era común verlos "borrados", volados hasta la perdición de tanta marihuana o pasta base (el pastero y el angustia son subproductos del ambiente flaite). Muchas fuentes de internet siguen defendiendo esta explicación; pero, para ser franco, nunca he tenido claro si esto era correcto. Hoy tiendo a pensar más bien que el término original partió por fly, también en alusión al vuelo (de la droga), pues lo usábamos como sufijo para burlarnos de amigos y conocidos al colocarlo frente a su nombre: FlaiJorge, FlaiSimón, FlaiPablo.
Como sea, sin embargo, la explicación de una relación más bien reciente entre el origen del término y las zapatillas deportivas, es poco probable.
El incontrolable e incontenible exhibicionismo del flaite: delincuentes juveniles de Santiago Sur, retratados en el diario "The Clinic" con armas en mano e intentando ponerse en actitudes desafiantes.  A pesar del problema social que subyace en una sociedad dominada por las reglas de marginación, acceso o dominio en el mercado, mucha de la tendencia delincuencial del hampa se debe no a la necesidad de cubrir necesidades básicas, como reza el dogma humanista, sino a darle sustento a estilos de vida consumistas y derrochadores de estos mismos personajes.
LAS GUARIDAS DE FLAITES
En segundo lugar, los flaites podrán estar en todo Chile, desde Arica a Magallanes, pero sin duda alguna son fauna típica especialmente de la Zona Central, en particular de Santiago y Valparaíso, pues representan un fenómeno de marginalidad en las más grandes urbes. De hecho, el propio reportaje de Chilevisión dejó expuesto en el tapete que la mayoría de los flaites que fueron observados en Cartagena y El Quisco eran de barrios poblacionales de la capital, que habían emigrado hasta estos balnearios durante las vacaciones de verano como un fenómeno de plaga migratoria.
Si se quieren ver flaites en Santiago, existen innumerables lugares, incluso en el Centro. Generalmente, se asoman asociados a eventos: partidos de futbol, cierto tipo de recitales, fiestas, etc. Se han apropiado de algunas fechas históricas de connotación política, de hecho, aprovechando las noches del 11 de septiembre o del ex "Día del Joven Combatiente" para hacer lo suyo, trastocando totalmente el sentido de aquellas fechas. Además, han convertido las celebraciones deportivas o triunfos nacionales en verdadero frenesí vandálico, especialmente en el sector de Plaza Baquedano. El reciente triunfo de Colo-Colo en el campeonato nacional frente a Universidad Católica, terminó con más de 100 detenidos de ambos lados, además de buses quemados, innumerables acuchillados y hasta un tiroteo en el sector de Mapocho, pues las barras bravas están plagadas también de ellos. Los flaites virtuales, más juveniles, llenan páginas en el Fotolog. Incluso suben fotografías empuñando armas y escopetas hechiceras, muy orgullosos.

También están los flaites que se han apoderado de ciertas tribus urbanas con actitudes radicalmente confrontacionales y patoteras, pues ser "anti" es una excelente oportunidad de canalizar el pandillismo violento, el linchamiento cobarde y el vandalismo injustificado de muchos flaites no asumidos como tales y que prefieren el disfraz de movimientos o tribus contraculturales que nada tenían que ver con ellos en sus orígenes: "antifascistas", "antipokemones", "antisistema", "anticumas" (aunque no lo crean, hay flaites que odian a los cumas), "anticuicos", "antigays", "antiindígenas", "antihuinkas", "antinerds", "antidiscriminación", "anti-anti-discriminación", etc. Las radicalizaciones y profundizaciones de estas tendencias, dicho sea de paso, también se han vuelto peligrosas para sus propios promotores, al perderse el control de las consecuencias: la madrugada del 22 de mayo de este año, por ejemplo, quedó desparramado por la esquina de Ventura Lavalle con Sierra Bella el cuerpo de uno de estos muchachos "antisistemas" al intentar colocar una poderosa bomba explosiva en el lugar. El infortunado tipo ha sido canonizado entre los suyos, por supuesto. Y hace pocos días, el 20 de noviembre, una turba de anarquistas "antisistema", que probablemente ni siquiera conozcan a Bakunin, atacó en el Centro en nuevos incidentes, esta vez protestando contra las cárceles. Irónicamente, terminaron todos detenidos.

No obstante, los "antiflaites" ya les salieron al paso también, para su desgracia: Las barridas y escuadrones buscando darle pateaduras o apaleos a los flaites, han aparecido con incipiente pero peligrosa frecuencia, desde organizaciones de vecinos sofocados por la delincuencia y reaccionando con la ilusión de recuperar la tranquilidad de sus barrios, hasta las infaltables patotas skinheads y otras extranjerías ya instaladas en Chile.
Volviendo a los flaites, hay discotecas, restaurantes y hasta pubs asociados al ambiente flaitongo más tradicional, de ese con sabor a hip-hop y a reggaetón a todo tarro en el metro. Incluso existe una forma particular de "enchular" vehículos que es propia de los flaites, pues estos siempre están buscando captar la atención del entorno a través de actos de ostentación y lucimiento, juicio que está avalado por estudios universitarios sobre los patrones de comportamiento de los delincuentes juveniles y su forma de decorar sus vehículos como símbolos de estatus, por si hubiesen dudas. El ex Inspector de Investigaciones de Chile, José Miguel Vallejos, ha comentado en algunas oportunidades este fenómeno.
Otra forma de descubrir flaites o candidatos a ser tales, se me figura que surge observando sus escasas nociones de comportamiento respetuoso del espacio ajeno. El comentado afán invasivo y de lucimiento se les nota, por ejemplo, cuando van escuchando el reggaetón o cumbia villera a todo volumen en la locomoción pública. Su renuncia al audífono puede deberse, precisamente, a la obsesión flaite por hacerse presente, por destacarse del entorno. Es la misma razón por la que, una vez instalado en su vehículo ("enchuladísimo", como hemos dicho), el volumen de los amplificadores debe ser suficiente para hacer escuchar a todos los barrios que hay a su paso.
Por supuesto que este mal comportamiento no es indicio definitivo de la condición flaite del quien lo practica, pero no me parece coincidencia que muchos de quienes han encarado a estos ruidosos en los vagones del Metro, hayan terminado siendo amenazados en el acto por una cortaplumas o cuchillas tipo mariposa.
Portada de un diario, con un representante del lumpen callejero atacando por la espalda a un Carabinero en el centro de Santiago (un paco que ni siquiera estaba en acciones "represivas"), durante el "Día del Joven Combatiente". Hoy es común que ciertos flaites se refugien en movimientos pretendidamente contraculturales, en movilizaciones sociales o se aprovechen de acontecimientos de connotación política para dar rienda suelta a sus bajas pasiones, algo que no sucedía tanto como hoy. Nótese, por sus vestimentas, que éste era un flaite no asumido, disfrazado con las ropas de tribus urbanas "antisistemas", en circunstancias de que los flaites fueron, antes y por muchos años, objeto de desprecio y conflictos entre estos mismos movimientos.
Estos flaites son más típicos. Aparecen armados en imagen subida a un Fotolog por los propios "modelos" que posan. El desenfrenado afán de lucirse de los flaites es algo que demuestra la distancia y la diferencia que mantienen con las figuras de los rotos y los choros, por ejemplo.
FLAITES vs. POBRES... EL VERDADERO ORIGEN
En tercer lugar (y lo recalcamos), estamos seguros de que los flaites verdaderos NO SON RESULTADO DE LA POBREZA, SINO DE LA MARGINALIDAD MENTAL, tanto la voluntaria como la forzada, que los empuja hasta una periferia cultural fuera de los códigos y valores dominantes. De hecho, existen los llamados cuicos-flaites y más novedosamente los flaitelais, correspondientes a jóvenes con comportamiento y códigos flaites pero de familias acomodadas, que rondaron algún tiempo sectores más elegantes de la ciudad, como Los Dominicos, Vitacura y el barrio Suecia antes de que fuera tomado por los flaites tradicionales.

Los une a todos, sin embargo, una vida para nada austera y dada al derroche, al gasto abusivo en entretención, producto de móviles hedónicos. Es sabido que mucha de la delincuencia juvenil suele estar motivada por la necesidad de cubrir los gastos de ostentar ciertas marcas o lujos ante el sexo opuesto o ante la competencia con sus propio pares por hacer demostraciones de ajuste al modelo de consumismo-capitalista que, en su subcultura, es considerado ideal, según el análisis de J. M. Ávila titulado "Camino a la cárcel", de 1991.
Destacamos esto, también, porque es un mito que todos los jóvenes pobres sean flaites. Y en este sentido, el estatus de flaite sí tiene cierta analogía con un movimiento de tribu urbana sin llegar a ser tal, pues reafirma y confirma cierta intención identitaria del individuo que, voluntariamente e influido por el medio en el que se desenvuelve, decide reclutarse en él.
Además, es un error garrafal de los predicadores de la paz y el amor social, asociar el término a un supuesto estigma contra los pobres. De hecho, el clasismo lo cometen ellos mismos con semejante comparación, y no el que reprocha al flaite por ser tal. Esta vinculación podría estar sólo en el desconocimiento y la ignorancia, pues, desde su origen, se ha llamado flaite a los gañanes juveniles asociados al abuso de la droga y a la vida cercana o directamente delictual en la subcultura del lumpen, como hemos dicho.
El verdadero flaite está un poco más abajo del hampón "profesional" en la escala de involución humana, pero ciertamente mucho más arriba del picante, del piruja o del pickle, mote que se aplica de manera despectiva y peyorativa contra representantes de estratos culturalmente bajos, con frecuencia de manera injusta, por desgracia.
Su origen se encuentra, en realidad, en los llamados "choros de esquina", nombre peyorativo dado en las poblaciones marginales a pandilleros y delincuentes juveniles que no llegaban a ser auténticos "choros" de barrio, como veremos más abajo, sino apenas "de esquina". Aparecen mencionados en el libro de la socióloga Doris Cooper "Delincuencia común en Chile". Publicado en 1994, cuando el fenómeno flaite aún no era bien conocido, esta experta descrbe a los "choros de esquina" como personajes de baja escolaridad que, tal como sucede con los flaites de hoy, sostienen una forma de vida resentida contra el sistema social al testimoniar (especialmente en los medios de comunicación) cómo otras clases sociales acceden con más facilidad al crecimiento y a las posibilidades de consumo que a ellos les serían restringidas en condinciones convencionales de trabajo o desempeño.
El fenómeno descrito es conocido como el Efecto de Demostración de J. Duesenberry, y confirma que la agresión de la delincuencia juvenil en contra de sus víctimas tiene, definitivamente, un componente de odio de clase, de resentimiento hacia los mismos estratos a los que se quisiera poder imitar en su poder de compra y consumo, por más que algunos partidarios del discurso humanista se esfuercen por negarlo. Así, pues, el nivel de consumo de los flaites es insostenible desde su nivel de vida e ingresos, por lo que compensa las carencias para completar el nivel aspirado de consumo recurriendo a la delincuencia y los actos ilícitos.
Dicho de otra manera, considerar que llamar flaite a un flaite es un pecado contra la tolerancia y el humanismo, es tan absurdo como pretender que se ofende a un asaltante armado porque se le llama cogotero o a uno que roba por sorpresa porque se le llamó lanza. De hecho, en la realidad de las poblaciones santiaguinas es corriente que los flaites no sean para nada víctimas, sino victimarios, perturbando el ya bastante difícil vivir de las familias pobres que allí habitan. Es común, por ejemplo, que los flaites sean ruidosos, pendencieros y conflictivos en su vecindario, dados al bullicio y al escándalo, e imponiendo sus exigencias sobre los demás residentes. Cualquiera que conozca una población capitalina sabe esto. Hace un poco, los supuetos "raperos" invitados a un acto cultural en Lo Hermida, terminaron robándose los mismos instrumentos y equipos que les prestaron en el evento. Gratitud flaite, suponemos.
He conocido, además, la angustiante situación de gente que, al llegar de vuelta del trabajo a las poblaciones estigmatizadas de la forma que hemos descrito, deben bajar de la locomoción con un puñado de monedas de $100 para repartirlas entre todos los flaites que se les acercan exigiendo "una mone'a" como peaje en la ruta entre la bajada del microbus y la relativa seguridad de sus residencias. Hay otros barrios donde las pandillas de flaites exigen ser invitados a las fiestas o cumpleaños del sector bajo amenaza de virtual destrucción por saqueo y apedreo de la casa del festejado que no les permita el ingreso. Innumerables casos de quienes se han atrevido a rechazarlos aparecen año a año en nuestros noticiarios, recientemente, también, con un asesinado por resultado.
Más exhibicionismo flaite, en "The Clinic".
TREMENDISMOS "HUMANISTAS"

Así como ha pasado con otros términos al estilo de punga y cuma, sin embargo, muchos gañanes y gandules de poca monta y dados al pandillismo han intentado apropiarse de la denominación flaite para sí, buscando darse prestigio o cierta connotación temible, de que "la llevan", estigmatizando con su propia decisión a las juventudes de estratos modestos al convertir esta definición en una pretendida articulación de tribu urbana.
Un término usado despectivamente y como ofensa, entonces, pasó de ser interpretado primero como credencial o pergamino de aspirantes a choros con poca probabilidad (picaos a choro, en la jerga), a perfilarse como la supuesta tribu urbana de la que se habla ahora. Y, por otro lado, sirvió como denominación clasista e intolerante entre algunos neuróticos mal informados, pues incurren en error quienes llaman flaite a alguna persona sólo por tener modales bruscos o palurdos, pero ausentes de la connotación delincuencial que estaba asociada originalmente a este anatema. El mismo error de quienes creen militar en alguna tribu flaite adoptando sólo elementos del lenguaje, códigos, comportamientos, música, pero procurándose una vida lejos del las fichas policiales. Sería como hablar de un cogotero que no roba o de un alcohólico que no bebe.
Ser delincuente, sin embargo, no es la principal característica de un flaite, sino sus conductas, códigos, vestimentas, formas de hablar y, especialmente, los aspectos desagradables que en general lo definen como estereotipo. No todo delincuente es un flaite. Pero un flaite de verdad, de los que originalmente eran llamados como tales antes de la derivación del término a un supuesto concepto clasista, tenía que ser delincuente, hampón, lumpen o tener algo de éste. De otra forma, la ecuación no resulta.

Es el actual clima de impunidad reinante en Chile, con tribunales de justicia complacientes y un sistema prácticamente incapaz de garantizar la seguridad de las víctimas, el que facilita que se haya convertido en un desprecio clasista toda característica del flaite verdadero, del originalmente denominado así, perdiéndose la alusión a la vida delincuencial o al menos al borde de las conductas ilícitas que implicaba el apodo.
Mucha de esta payasada de confusiones y reacciones tremendistas, se debe también a la plétora de discursos pseudohumanistas que cundieron hace unos años, a propósito de una humorada de un medio de comunicación que abrió una supuesta campaña titulada "Pitéate un Flaite" y que motivó incluso reacciones histéricas en tribunales, de parte de una histriónica diputada que ostenta ahora el cargo de vocera de Gobierno, nada menos.

Cabe señalar que las burlas y del ridiculizaciones de que son objeto los flaites en la Internet, se debe a formas en que muchos se desestresan al ver la impunidad y el desparpajo con que actúan, generalmente desafiantes, imprudentes y siempre peligrosos, real o aparentemente. Desagradables, a fin de cuentas, más aún cuando algunos tratan de hacer apología de estos antisociales que, a su vez, se jactan de ser tales a través de sus canciones, fotografías y exhibicionismos en general.

Las manifestaciones de ridiculización más notables que hemos observado quizás eran la mencionada campaña "Pitéate un Flaite", además de las cartas flaites del juego "Mitos y Meriendas"; y, por supuesto, el "Kipaloco", que se define como el diario flaite, aunque ahora está algo parado, según parece. Quizás ya pasó la moda de lo flaite. Suponemos que cuando dejaron de ser novedad, el tema se enfrió; o nos acostumbramos ya a soportarlos. Youtube también aloja una gran cantidad de videos sobre el tema (como éste, por ejemplo).

Lamentablemente, sin embargo, todas estas muestras caen también en algún grado de acusación gratuita de flaite contra algunos, motivados más por burlas clasistas que por ajuste al concepto que hemos descrito. A pesar de todo, estos testimonios usados para mofa reflejan en parte el increíble fenómeno de marginalidad social y cultural que existe en el Chile actual, realzado por las abismantes diferencias de las clases. Sin duda, estamos en crisis en este aspecto.

Finalmente, un detalle curioso: usualmente se plantea como una cuestión racista y clasista la identificación y la burla hacia el perfil estereotípico del flaite. Sin embargo, en el auténtico ambiente flaite, existe un marcado racismo de parte de ellos mismos: los hombres de ojos claros son considerados en un estatus especial y muchas veces objeto de envidias, mientras que las mujeres rubias son estimadas como todo un trofeo en las "gangas" chilensis.
Algunas de las llamadas "cartas flaites" que circulan en la internet, y que fueron tomadas del juego humorístico "Mitos & Meriendas" (fotolog.com/mitos_meriendas), parodia de "Mitos & Leyendas", creado por un joven muchacho de Chillán.
EL FLAITE NO ES UN ROTO NI UN CHORO... SÓLO ES FLAITE
Por último, es indignante que se crea relacionada la cuestión de los flaites con la cultura de los rotos y choros nacionales que, salvo por su origen en estratos humildes, no tienen ningún vínculo real.
Los rotos son personajes históricos más bien urbanos, con el mismo valor del huaso en el folklore campesino, siempre trabajadores y aventureros, asumidos como mineros, peones, pescadores o soldados. Sí es un clasismo, en nuestra impresión, el asociar al roto con el flaite u otros términos despectivos como punga, chulo o cuma.
Este error deriva, en gran medida, de la ignorancia de las clases ABC1 respecto del perfil social del roto ("roteque"), por falta de contacto, convirtiéndolo en sinónimo de flaite y sus derivados. Inclusive, hace unos años se denunció la existencia de un presunto grupo informal de estudiantes acomodados de la Escuela Militar que esperaban aislar "a los rotos" de la institución, según su declaración de principios, pero definiendo como tales más bien a la figura del flaite o cuma, con la que le estaban confundiendo. Error inconcebible de parte de estos milicos chicos, si consideramos todas las veces que el roto vistió el uniforme con ellos llenando de glorias las páginas de la historia militar chilena.
Los choros, en cambio, asociados de preferencia al puerto de Valparaíso y, en un sentido más amplio, a la marginalidad periférica de las grandes ciudades, son personajes también de cierta raigambre histórica y folklórica, pero que conviven con la vida delincuencial y probablemente hayan conocido algún par de veces en la vida, como mínimo, la vida en la cárcel. Aún así, tienen códigos estrictos que no son de flaites. Hay choros que han hecho leyenda, de hecho; unos para bien y otros para mal. La mayoría para mal, por supuesto: El Rucio Bonito, El Zapatita, El Pate'Lana, El Veneno, El Alma Negra, El Loco Lucho y, más recientemente, El Indio Juan, fueron algunos de los nombres legendarios en el ambiente choro de Santiago.
Quizás esté en el sueño de un flaite llegar a tener la fama y el currículo de un choro; y quizás también algunos pocos de los primeros lo vayan a lograr en la adultez, quién sabe. Por ahí seguramente se postulan delincuentes extra-precoces como los tristemente célebres Miguelito y Cizarro. Pero los caminos en que se desplazan son totalmente distintos y hasta opuestos.
Veamos una a una las diferencias radicales entre estas figuras:
  • Un detalle interesante es que el roto y el choro suelen ser cuidadosos con su higiene personal, su aseo corporal e incluso su presentación. Ambos suelen tener su "mejor ropa" para ocasiones especiales de su vida, casi como un uniforme, generalmente sobrio. Con relación a los rotos, es sabido de sobra que mineros y obreros, pero ejemplo, han sido históricamente exigentes con las duchas en sus lugares de trabajo, disponibles al final de cada jornada. En las cárceles, los choros procuran esta característica como un distingo de los delincuentes comunes y de bajo rango, los "cochinos". El flaite típico, el original al que nos referimos, en cambio, es escasamente higiénico y basta el olfato para notarlo. La vida de vicios suele derivar en despreocupación por el aseo corporal y falta de escrúpulos. Hay más preocupación en el lucimiento de prendas y ornamentaciones que en el higiene. Las ropas parecen tener más atención higiénica que el propio cuerpo que las viste.
  • Rotos y choros tienen un concepto particular de justicia, por supuesto que idealizado y no siempre efectivo: actuar con violencia, por ejemplo, si se es provocado y es justo reaccionar. También hay códigos de no agredir niños, defender a las mujeres, no atacar con armas a alguien desarmado en un duelo, no patear al caído. Pese a desenvolverse en una cultura machista donde no está ausente el lamentable cáncer criollo de la violencia contra la mujer, las féminas suelen ser separadas en caso de pugilatos, pese a ser tan "agallás" como los varones (recordar el caso de Irene Morales, la mujer chimbera que vistió de hombre para ir a la Guerra del Pacífico). Cuando no, son protegidas. Los flaites, en cambio, no manejan ninguno de estos conceptos de lo que es "justo" y, por el contrario, basan toda su comprensión de ello en un egocentrismo y personalismo extremo, ausente de todo principio de justicia o de empatía siquiera. Las mujeres dadas a la pelea de manos son cotizadas y valoradas en este ambiente, y ellas mismas están en una extraña imitación constante de las conductas agresivas de los varones, a quienes intentan emular y alcanzar. Así, hombres y mujeres flaites se agreden por igual, especialmente por celos y venganzas. Es todo un deporte oficial flaite grabarse con cámaras de celulares en riñas callejeras, para después subirlas orgullosamente como videos de internet.
  • Rotos y choros, con frecuencia, no se lo han llevado bien con los narcotraficantes ni con los volados en las poblaciones. En las cárceles suelen reflejarse estas discordias. No es la norma, pero ya ha sucedido que algunos han caído fulminados por atreverse a confrontarlos, dentro y fuera de "la cana". Los flaites, en cambio, suelen tener una relación estrecha con el hampa juvenil del narco, ya sea como clientes o incluso reclutándose como sicarios o "soldados" de las mafias locales, durante su adolescencia. Los flaites menores de edad son muy valorados por los narcotraficantes, por su disponibilidad para el negocio y por su condición de innimputables, sacrosantamente respetada en los tribunales chilenos.
  • El roto y el choro se encuentran alojados en una parte no admitida de la cultura nacional; en la cultura no oficial, e incluso asumen rasgos de contracultura y de subcultura en una sociedad tan extrañamente cínica como la nuestra, dominada por el doble estándar y por el culto a las apariencias. El flaite, en cambio, combina elementos de la cultura oficial (estilos de música, consumismo, vestimentas de moda, etc.) con su vida tendiente a la subcultura sólo en rasgos específicos, como la recreación y la obtención de ingresos (droga, delincuencia, desapego moral, etc.). Como los rasgos de contracultura son tan débiles en su perfil, ponemos en duda la condición de tribu urbana propiamente, que tantos han pretendido darle a la condición de flaite.
  • El roto y el choro consideran que enjoyarse es un "amariconamiento", pues participan escasamente de la decoración o de la ornamentación corporal, resistencia heredada de los conquistadores españoles y de alguna manera también desde los indígenas, reacios al uso de joyas entre los hombres. Visten de colores oscuros y grises desde tiempos coloniales. Popularizaron el gorrito sencillo y cónico del personaje Juan Verdejo. Esta tendencia es observada y comentada tempranamente por Nicolás Palacios en su libro "Raza Chilena". Los flaites, en cambio, siempre utilizan joyas muy vistosas, de estilo bling-bling (muy brillantes) copiado de las adaptaciones del movimiento hip-hop de países latinos. Las vestimentas de orientación deportiva y tela blanca o colorida son las suyas. Las joyas, generalmente baratijas, son sumamente cotizadas en su ambiente: anillos, rosarios, collares con grandes medallones y otras bisuterías. En las riñas se las quitan al vencido, como trofeo. Son devotos por las marcas que sean sinónimo de ostentación y, cuando no, de las copias y falsificaciones de las mismas.
  • El roto y el choro escuchan música popular chilena e incluso suelen tocarla: cueca brava, cumbia criolla, tonadas. También hay algo de esa cumbia tropical y sound que ayudó a gestar músico argentino radicado en Chile, Adrián Chauque, sonido otra vez de moda. Los flaites, en cambio, paracen escuchar sólo música extranjera, ya sea de raíz hip-hop (anglo), reggaeton (centroamericana) o villera (platense), más sus versiones copiadas por grupos locales. Por supuesto que estos estilos existen por sí solos y no nacieron dentro del ambiente flaite, escasamente creativo. No se es flaite sólo por escuchar alguno de estos estilos, obviamente.
  • Los rotos y los choros han bebido históricamente tragos populares como pipeño, chicha vino y cerveza, de preferencia. Llevaron y trajeron aguardiente de las guerras del siglo XIX. Hoy, también les pertenece el terremoto, trago ya adoptado por toda la sociedad chilena y el gusto popular. Los ponches de vino, las garrafas y las barricas son lo suyo, y por eso sus lugares de reunión son esos, las "picás", los que tienen esta oferta en San Diego, Mapocho, Independencia, etc. Los flaites, en cambio, parecen ingerir sólo licores y esos ponches horrorosos de bidones de 5 litros, todos muy económicos y de pésima calidad. Lo hacen con gran desenfreno y frecuentemente mezclados con ingesta de drogas, el estudio realizado por Ignacio Undurraga sobre los "jóvenes de esquina no-escolares" (precursores de los flaites) del Norte de Chile, publicado en 1991 por la Universidad de Chile. Salvo por excepciones como el jote y la piscola, la carta de cócteles flaites está escasamente representada por los tragos populares chilenos. Incluso existe un trago rasca llamado "el flaite", que equivale a un jote pero de bebida cola de marca económica mezclada con el vino tinto.
  • Rotos y choros tienen especial aversión al lucimiento, a la sobreexposición, a veces por autoprotección y para evitar enredos con la justicia. Siempre evitan las cámaras impertinentes por ejemplo (lo he confirmado en mi experiencia tomando fotos en negocios y barrios bravos), y se sienten agredidos con las lentes. Sólo posarán expontáneamente y hasta con gusto siempre y cuando no se sientan invadidos, a veces hasta invitándose solos. Los flaites, por el contrario, adoran llamar la atención, el estatus dentro de sus grupos y la buscan permanentemente, hasta en actos inverosímiles. La imagen lo es todo. Como hemos dicho, los Fotologs están saturados de insólitas fotografías que suben ellos mismos con total desparpajo, mostrando armas o luciéndose en actitudes amenazantes. Es tal su afán que, hacia noviembre de 2008, varios flaites posaron para fotografías publicadas en el periódico "The Clinic", poniendo caras de malos con armas en las manos, algo que sería impensable en un choro o en un delincuente "profesional". Los flaites sólo se sienten importunados cuando las cámaras les caen encima en medio de situaciones comprometedoras con la justicia.
  • Los rotos y especialmente los choros hablan un lenguaje "coa" basado en arcaísmos lingüísticos, conceptos metafóricos de asociaciones y combinaciones de español, mapudungún, inglés e incluso algo de lunfardo argentino. Mucho de este idioma se desarrolla "en la cana", y ha sido estudiado por autores como Julio Vicuña Cifuentes y Aníbal Echeverría y Reyes. El lenguaje de los flaites, al contrario, tiene como base el "spanglish" de latinos y negros en Estados Unidos, además de tropicalismos del reggaeton y sólo secundariamente el "coa" de rotos y choros, que aprenden por convivencia relativa en un mismo medio ambiente. Surge, fundamentalmente, de una transculturización mezclada con una reducción extrema del lenguaje (conceptual y fonéticamente) y sólo derivativamente algunos elementos del "coa" profesional.
  • Rotos y choros son, por lo corriente, patriotas a ultranza donde quiera que estén. Como decía el caricaturista Koke Délano cuando creó a su personaje el roto Juan Verdejo, sean de derecha o de izquierda, siempre tienen "algo de conservadores" (por eso le colocó como segundo apellido Larraín). Generalmente, lucen orgullosos sus pasos por servicios militares y tienen especial empatía con los sentimientos de identidad nacional. Los flaites, por el contrario, parecen odiar a su propio terruño, pues sueñan con vivir en algún ghetto de Manhattan o en algún suburbio tropical, según sus propias y reiterativas declaraciones. Doris Cooper, de hecho, detecta semejanzas entre las caracteristicas del delincuente juvenil chileno con las descritas en los perfiles de Cohen en "Deviance and Control", libro publicado en 1955 donde se analiza a las pandillas que existen en las grandes urbes de los Estados Unidos. Lo de acá lo reconocen permanentemente en sus canciones y páginas webs. Asocian la pertenencia nacional, de paso, a conceptos mínimos y negativos como opresión, policía y "los ricos". No quiero dármelas de sociólogo, pero cualquiera que conozca a estos personajes habrá notado esto.
  • Rotos y choros, finalmente, no suelen tener un preámbulo en las riñas con otros. Un código común es enfrentar de frente al adversario, de manera rápida y eficaz, ya sea por venganza o por ajuste de cuentas. Si lo hacen por la espalda o por sorpresa, es bajo el código de que el agredido "se lo merecía". Los flaites, en cambio, suelen protagonizar largos protocolos de "echada de choriá" antes de entrar a la lucha, si es que ésta llega a concretarse y no se queda en el mero ladrido con muestrario de armas, bailes ridículos, braceos y otros ritos de aspecto simiesco. Sus razones de pelea son anodinas: miradas "feas", celos sobrevaluados o, simplemente, las ganas de buscar pendencia. Tampoco pelean solos, por lo corriente, sino con "piño" (pandilla).
En fin: no confundir ni intentar confundir... Esa es la senda de la verdad.

7 comentarios:

  1. pfffff por eso cero comentario !!!
    de aspecto simiesco .. ke es eso weon facho !!!

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  2. ¿Ah si? ¿Y cómo le habría gustado que dijera al señor Kuma con "conciencia de clase"? Los comentarios son pocos en este blog porque habilité el servicio de foros hace apenas unos meses, cuando comencé a ganar premios... ¿cashó vien er menzaje er zocito picao a bi'o?

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  3. a toda esa mierda de escoria deberian fusilarla.... cortarles las manos,,,, dejarlos morir en el desierto.. que sufran los conshesumadres mal nacidos de mierda...

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    1. seguramente hablas asi porque debes creerte perfecto y sentirte superior a los demas. aprende a respetar ignorante

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  4. Como aporte. Según mi padre y mis tíos, el termino "flaite", era utilizado por los choros de la década del 50 mas o menos, para referirse a lo que ahora llamamos combo, un golpe de puño.Por otro lado recuerdo en una tira de dibujo del "huaso Ramón" del dibujante Vicar (victor Arriaga) que el personaje utilizaba el término con el mismo significado; esto debió haber sido fines de los 80'.

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  5. Como aporte. Según mi padre y mis tíos, el termino "flaite", era utilizado por los choros de la década del 50 mas o menos, para referirse a lo que ahora llamamos combo, un golpe de puño.Por otro lado recuerdo en una tira de dibujo del "huaso Ramón" del dibujante Vicar (victor Arriaga) que el personaje utilizaba el término con el mismo significado; esto debió haber sido fines de los 80'.

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